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Elementos No. 95, Vol. 21, Julio-Septiembre, 2014, Página 47

Andreas Vesalius:
la construcción de la Fabrica

Francisco Pellicer
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En conmemoración de los 500 años de la edición de Humani Corporis Fabrica

Rupturas epistemológicas, este es el concepto con el que podemos connotar a la línea de construcción “Fabrica” con la cual los humanos hemos forjado la cultura. El contexto es único; se sitúa a fines del siglo XV y en el transcurso del XVI de nuestra era: Colón et al. encuentran América y se rompe con la creencia de la superficie plana del planeta; Copérnico ordena racionalmente el cosmos cercano al Sol; Leonardo: la lógica, la intuición, el arte que lo lleva a hacer invenciones premonitorias de la ciencia y la tecnología contemporánea. Este es el caldero de donde surge Vesalius de Bruselas, personaje que rompe con la línea epistemológica galénica, parcialmente errónea, por la falta de coherencia y sistematización en la obtención del conocimiento en parte dada por prohibiciones del poder hegemónico. Andreas Vesalius centra su trabajo con una serie de actitudes y procedimientos que los diccionarios hoy connotan como Ciencia, es decir, el conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales. Parafraseando lo anterior, el quehacer que Vesalius realizó y que hoy calificamos como científico se podría definir como el conjunto de actividades que efectuó en torno y para la obtención del conocimiento mediante el ejercicio racional que se apoya en la instrumentación y observación metodológica, replicable y comprobable por terceros. Todavía más: diría que esta es una actividad que tiene como esencia la búsqueda de la verdad; entendiéndose como verdad la resultante de comparar el modo de operar de la naturaleza con un constructo intelectual –teórico o empírico– inherente al observador, que se lleva al cabo mediante pasos y reglas que es lo que comúnmente denominamos como método científico. Es en la medida que esta comparación se acerca a la identidad, que estamos más cerca del concepto de verdad; en realidad, hacer ciencia no es apegarse a las definiciones engendradas por lo que hoy conocemos como teoría del conocimiento, sino un quehacer más emparentado con la intuición, la artesanía, el arte; en síntesis, es una postura filosófica en relación con los conceptos de verdad y de naturaleza.
    Existiría otro inicio de la misma historia, más renacentista en su concepción, y este diría que el ejercicio de la investigación científica es una actividad que tiene como esencia el divertimento; sí, una actividad lúdica y divertida del intelecto, en la cual la “verdad” forma parte esencial del juego y que en el tiempo de Vesalius y por desgracia también de forma contemporánea y por las mismas razones podría, puede ser tan peligrosa de realizar, que va la vida en ello, de ahí también su riqueza.
    Verdad y verosimilitud: estos dos conceptos son fundamentales para dar un marco de referencia al conocimiento que está a punto de sufrir un quebranto epistemológico. En este sentido, verosimilitud se define como la apariencia de verdad en las cosas aunque en la realidad no la tengan, lo suficiente para formar un juicio prudente. El adjetivo verosímil designaría “lo que tiene apariencia de verdadero, aunque en realidad no lo sea”. Esto contrasta con el concepto muy preciso de verdad: el de la verdad como adecuación entre el entendimiento y las cosas. Lo que interesa destacar en esta contraposición entre verosimilitud y verdad, es que en la noción de verdad se da la concordancia entre el entendimiento y la cosa, cuanto más estricta mejor, mientras que en la noción de verosimilitud se da un tipo de concordancia ligera o poco estricta: un parecido con la verdad que no llega a ser adecuación plena. Sin saberlo, desde el punto de vista epistemológico, Andreas Vesalius, de Bruselas, deconstruyó el cuerpo humano en todos sus componentes para después realizar dos procesos fundamentales. Uno, la reconstrucción, fragmento por fragmento, capa por capa, develando y volviendo a armar para dejar oculto lo que estaba oculto en un principio, pero ahora con la diferencia de saber qué hay dentro, su disposición, sus relaciones y que al final resulta concordar con la verdad anatómica de hombre, construyó el De Humani Corporis Fabrica. El segundo proceso fue todo el andamiaje con el que rompió la línea galénica, transgredió a la hegemonía y nos regaló de forma impecable la manera de hacer ciencia, buena ciencia.


Francisco Pellicer
Director de Investigaciones en Neurociencias
Instituto Nacional de Psiquiatría
Ramón de la Fuente Muñiz
México
pellicer@imp.edu.mx


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