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Elementos No. 93, Vol. 21, Enero-Marzo, 2014, Página 57

E
l libro electrónico:
actualidad y futuro

Enrique Soto
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Los lectores electrónicos han tenido un impacto significativo en la manera en que leemos y en la forma en que se comercian los libros. Con base en las estadísticas de lo que ha estado sucediendo en los países más desarrollados económica y tecnológicamente puede afirmarse que en pocos años la gran mayoría de personas que usualmente tienen acceso e interés en los libros tendrán un lector electrónico. Si bien el libro como lo hemos conocido tiene un alto aprecio y significado, es obvio que lo relevante en la mayoría de los libros no es el soporte, sino su contenido (si es que son separables el objeto y lo que contiene). Coincido en que hay libros que impresos tienen un carácter único probablemente no reproducible en un medio digital, ya sea por su tamaño, o por su textura, o por su belleza gráfica, sin embargo lo más probable es que la mayor parte, si no es que todas las características de los libros pueden reproducirse en medios digitales y, además, ofrecer una buena cantidad de elementos adicionales que el soporte del papel no puede ofrecer, como lo son la interactividad, la letra ajustable, la luminosidad graduable, la portabilidad, la posibilidad de generar notas y transmitirlas, la autolectura con síntesis de voz, la posibilidad de ver lo que otros han subrayado y, también, compartir nuestros subrayados y notas. Adicionalmente, el libro electrónico amplía las posibilidades de la traducción automática, la cual, aunque ha sido criticada y siempre puesta en duda, es cada día más eficaz y en algunos campos yo diría bastante satisfactoria, lo que modifica claramente el papel de los traductores, que habrán de reaprender a trabajar en asociación con traductores automáticos y a consultar usos del idioma en Internet. A pesar de estas ventajas, las filias al viejo libro de papel son múltiples y muy intensas. Van desde la estructura misma de las casas a una serie de conductas asociadas a la cultura libresca. De hecho, quien se precie de ser medianamente intelectual o de pertenecer al mundo académico tendrá siempre como parte de su ser-como, una biblioteca y es difícil, si no imposible, imaginar a un escritor sin una gran biblioteca en su casa, sitio en el que casi siempre se le retrata. Pero hoy eso puede cambiar totalmente. La biblioteca de la casa podría convertirse hoy en un espacio completamente diferente, semivacío, a lo mejor con alguna pantalla multimedia interactiva, sonido envolvente y espacio para amplios y cómodos sillones que sustituyan a los libreros.
    Es inevitable preguntarse qué tanto y qué tan pronto pudiera ocurrir un grado tal de remplazo de libros en papel por libros digitales. Tengo la firme opinión de que en ciencia y técnica no hay ningún motivo para hacer impresiones en papel. No hay ya en el mundo de las ciencias quien no tenga acceso a lectores de libros electrónicos y si alguien, por algún motivo, aprecia enormemente el papel, pues existen impresiones bajo demanda que permiten imprimir un ejemplar de cualquier libro rápidamente y a bajo costo (además, ¡con empastado personalizado!). Cabe destacar también la portabilidad del libro digital (hasta en el teléfono se puede llevar una buena cantidad de libros) y su transmutabilidad, ya que se puede imprimir e intercambiar de formatos. Respecto a otras áreas y sus libros, como es el caso de los libros de arte, la calidad de las imágenes (no sujetas al color limitado del sistema CMYK de la impresión) y la posibilidad de ampliarlas las hace más atractivas en el libro electrónico. Así que son pocos los aspectos del libro que no sean mejores en el libro digital. La textura y el olor, dicen algunos; bueno, debo decir que la textura de los lectores electrónicos de libros es también muy agradable, y el olor de los libros de papel es grato en algunos casos y repugnante cuando han sido invadidos por hongos.
    Aspectos más complejos son los relacionados con la durabilidad, el criterio de propiedad y la comercialización. Respecto a la durabilidad es difícil juzgarla con datos precisos ya que el libro electrónico es reciente; sin embargo, los medios digitales han demostrado ser durables y transportables y los libros en papel, excepto en el caso de ediciones de alta calidad, tienen una durabilidad muy limitada. No puedo evitar pensar en el triste final de la biblioteca de Alejandría, o la quema de libros que hicieron los nazis y que hoy les sería imposible con el libro digital, o más cercanamente, la muy triste destrucción por el fuego de parte de la biblioteca atesorada por Octavio Paz. Menciono estos casos para enfatizar que si bien el libro digital parece más “volátil”, el libro en papel tiene un periodo de utilidad restringido y puede perderse en su totalidad. Comparativamente es más difícil imaginar que el libro digital se pierda, ya que aunque desaparezca de un dispositivo siempre hay respaldos y los libros adquiridos en empresas como amazon.com quedan accesibles para el propietario en la nube. La propiedad es quizá un asunto más complicado. El libro digital, según se desprende de las legislaciones vigentes, no es algo heredable, y de hecho están en proceso de definición los derechos del propietario de un libro electrónico. ¿Cuántas veces se puede descargar el mismo libro? ¿Si se pierde y se borra lo puedo recuperar? ¿Si la empresa que lo vendió desaparece, con ella desaparece también el libro? Habrá que estar atentos a la evolución de la legislación y los aspectos relacionados con la propiedad del libro electrónico que hoy pueden representar una clara desventaja en relación con el libro impreso, cuya propiedad es indudable al grado de que nadie cuestiona el derecho que tiene alguien de prestar un libro, en tanto que sí se cuestiona el derecho que se tiene de prestar un libro digital. En este último caso el problema es que realmente el libro se duplica, y entonces queda físicamente (aunque grabado en la computadora en forma magnética que no percibimos con nuestros sentidos) en dos lugares; es el equivalente de fotocopiar un libro, hecho que siempre fue cuestionado y formalmente penado por la ley. Realmente, al ser prestado, el libro digital se ha clonado y de ahí surge el problema de los propietarios de los derechos, ya que puede fácilmente duplicarse de forma indefinida y sin pérdida de calidad, cosa que por cierto no sucede con las fotocopias de libros de papel que son peores con cada copia.
    Respecto de la comercialización, que es quizá el aspecto de mayor relevancia en relación al destino de librerías y editoriales, ahí sí que no hay nada claro. Cualquiera puede, en principio, vender a través de Internet. Cosa que podrían entonces hacer los autores. Imagino que si alguien, como Vargas Llosa, decidiera abrir un portal de internet para distribuir sus libros, sus ganancias podrían ser mayores de las que obtiene a través de una editorial, y el precio del libro podría ser mucho menor. Existen ya diversos sistemas de autopublicación y venta; por ejemplo, amazon.com ofrece la publicación y oferta de distribución para prácticamente cualquier libro. Entonces la cosa no parece tan mala y lo que desaparecería son las librerías tal como las conocemos para convertirse en algo como cafés o portales de Internet donde uno puede conectarse y descargar libros.
    Cabe destacar que recientemente amazon.com tomó una decisión inesperada y eliminó de su sistema de autopublicación un conjunto de obras que desde su punto de vista eran claramente pornográficas e inadecuadas para su distribución y venta, ya que incitaban directamente a la pederastia, el estupro, etcétera.1 Este es un caso que seguramente obliga a reconsiderar el papel potencial que empresas globales cuasi monopólicas como amazon pueden tener en definir que sí y que no se publica. Recordemos que en su momento Madame Bovary, de Flaubert, o Las flores del mal, de Baudelaire, fueron consideradas como obras que transgredían los límites de lo "moralmente aceptable”. Ni qué decir de Lolita, de Nabokov, que tuvo la gran fortuna de encontrarse con un editor de verdad que logró hacerla publicar. En este sentido coincido con el cineasta y escritor José Luis Cuerda:

El que tenga reparos morales para leer un libro lo mejor que puede hacer es no leerlo. Ni siquiera para prohibirlo. A la libertad de publicación puede oponerse siempre la libertad de no verlo...

     Regresando a la comercialización hemos visto que han desaparecido empresas tan grandes como Borders, y Barnes & Noble ha cambiado (hoy oferta más juguetes y lectores de libros electrónicos que otra cosa). A todo esto se añade el efecto del pirateo. No hay nada que impida que una vez descargado un texto alguien con habilidades computacionales pueda reproducirlo y distribuirlo. Entonces sí, el mercado quiebra y los autores se quedan sin ingresos producto de su obra y en ese caso quién sabe qué pasará. A lo mejor no está tan mal que muchos menos libros se publiquen y vendan, pero el pirateo puede también convertirse en un grave daño al desarrollo de la cultura. Este es quizá el principal problema que enfrenta hoy el libro electrónico, su distribución gratuita, que deja a los autores sin ingresos.    
    Queda la pregunta por las editoriales. En principio estas debieran funcionar sin problema en el medio digital, ya que su labor de análisis y dictamen, maquetación, diseño y promoción del libro se mantienen. Sin embargo, sus ingresos tradicionalmente han sido importantes y el mercado digital pone en duda el papel de la editorial, ya que un buen crítico de libros o una revista como New York Review of Books harían el mismo papel. Entonces, en ciertos casos, creo que las editoriales serían prescindibles, lo cual elimina de la ecuación del libro a un actor que muchos han considerado el gran tirano del mercado del libro. No olvidemos que, al final, la mayor parte de las editoriales son empresas destinadas a hacer dinero y los libros son tan solo un medio para ello (ejemplo de ello son Editorial Planeta, Grijalbo Mondadori, Alfaguara, Elsevier, etcétera). Claro está que hay editoriales que no tienen este único objetivo, pero son pocas y menores, aunque muy valiosas y uno quisiera que sobrevivieran a este proceso de cambio del sustrato del libro.
    Por otra parte, desde el punto de vista de diseño, el cambio del soporte del libro no es trivial. Si se trata únicamente de letras no hay problema y el formato de página se adapta fácilmente al lector en uso (tableta grande o pequeña, teléfono o pantalla de computador). Realmente, en algunos lectores electrónicos de libros la idea de página pierde sentido y la dimensión de los libros se medirá en alguna otra unidad (por ejemplo, número de palabras), ya que el número de páginas cambia según el tamaño de letra seleccionado y las dimensiones de la pantalla en que se lee. El problema surge cuando hay figuras, esquemas, fotografías u otros elementos gráficos que no podrán adaptar fácilmente su tamaño al lector en uso, y menos aún mantener algo parecido a un diseño de página. Entonces sí que el medio se vuelve parte fundamental del libro y el soporte en que se lee deja de ser trivial. Diversos programas permiten desarrollar textos relativamente adaptables, pero dicha adaptabilidad es limitada y no puede transportarse absolutamente a todos los medios actuales (y quién sabe qué se implemente en el futuro), por ello es necesario el desarrollo de nuevas formas de diseño editorial, sin perder de vista que la facilidad de lectura es lo fundamental, pero conservando una cierta estética. Este asunto del diseño es quizá uno de los menos claros en lo que se refiere a la transportabilidad del libro entre los diferentes medios para su lectura y es muy probable que habremos de convivir con diferentes formatos de libros, según el tamaño y las características del lector que se use. Indudablemente también, las empresas editoriales electrónicas tratarán de imponer un formato que favorezca a su negocio, como es el mobi de Amazon. Sin embargo esperamos que un formato abierto como el epub alcance a ser dominante y permita un acceso amplio a los textos digitales tal como en el caso de los artículos científicos se ha logrado a través del formato pdf.
    Un asunto de interés y que atañe primordialmente al medio académico es el relacionado con el contenido de los libros y la conveniencia relativa de publicarlos en formato de papel o en formato digital. Si bien en el área de las letras, artes, o en el caso de ciertas revistas puede haber discusión acerca de la conveniencia relativa de la publicación digital versus la publicación en papel, aunque no son excluyentes y pueden hacerse ambas de forma complementaria para diferentes públicos. En el caso de libros de carácter especializado, y particularmente en el área científico-técnica, conviene ampliamente la publicación en formato digital, considerando especialmente que en el medio académico hay una clara mayoría de usuarios con lectores electrónicos, que hacen uso amplio de los medios digitales, y que son las disciplinas del área de ciencias exactas las que mayoritariamente han impulsado el desarrollo del libro electrónico. Este hecho es de especial relevancia en el caso de las universidades públicas mexicanas, las que tradicionalmente han tenido un sistema editorial con una pésima distribución, con ediciones de calidad media, algunas con muy poco diseño editorial cuando no carentes de todo trabajo editorial (revisión, dictamen, corrección, cuidado de edición, etcétera). No parece que exista hoy nada que justifique el pesado y costoso sistema editorial de las universidades mexicanas, el cual creo que deberá reducirse a un sistema basado en servidores de cómputo donde se encuentren disponibles los libros de forma libre y gratuita. Entonces podrán crearse consejos académicos que se centren en el análisis crítico de los textos que se proponen a la editorial y en realizar un trabajo editorial y profesional antes de la publicación, eliminando los costos de impresión y distribución de los textos.
    Me pregunto: ¿las bibliotecas deben mantenerse como las conocemos, o dentro de algunos años tendremos mesas de vidrio táctiles que nos dejarán revisar textos de forma dinámica, sin necesidad de bibliotecarios o vigilantes? ¿Serán simplemente un portal que nos ofrezca el catálogo de textos disponibles, que podrá incluir no solamente los de una biblioteca, sino los de todas las bibliotecas digitales del mundo? Entonces sí que sí: la biblioteca se convertirá en un espacio de enormes dimensiones y la limitación actual debida a la existencia de acervos limitados se verá superada ampliamente por la disponibilidad digital de textos, un número muy importante de los cuales se encuentran ya disponibles de forma gratuita en la red. Imaginando todo esto, creo que el espacio biblioteca cambiará radicalmente para convertirse en algo completamente diferente, y los acervos actuales serán algo muy parecido a piezas de museo.
    Es esperable que, al igual que sucedió con la fotografía analógica que en unos pocos años quedó limitada a unos escasos especialistas y como un proceso de culto, así suceda con los libros de papel, que pasarán a ser objetos de culto: la lectura se hará a través de medios digitales, e indudablemente este proceso pondrá a prueba nuestra capacidad de renovación, adaptación y aprendizaje. Como sea e independientemente del futuro del libro, seguramente hay libros impresos en papel de los que nunca nos alejaremos y que tienen un alto significado y su presencia forma parte del hilo que construye la historia de nuestras vidas. De otros no cabe duda, conviene deshacerse de ellos.

NOTAS

1      Juan Cruz, “Prohibir un libro es invitar a leerlo”, El País, 2 de Noviembre de 2013.


Enrique Soto
Instituto de Fisiología, BUAP
esoto24@gmail.com


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