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Elementos No. 92, Vol. 20, Octubre-Diciembre, 2013, Página 47

L
os indígenas de Chiapas y la rebelión zapatista
Microhistorias políticas

Jorge Gómez Izquierdo
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LOS INDÍGENAS DE CHIAPAS
Y LA REBELIÓN ZAPATISTA
MICROHISTORIAS POLÍTICAS
Marco Estrada Saavedra
y Juan Pedro Viqueira
(coordinadores)
El Colegio de México
México, 2010

La descripción densa es como tratar de leer un manuscrito extranjero, borroso, plagado de elipsis, incoherencias, sospechosas enmiendas y comentarios tendenciosos, y además escrito, no en grafías convencionales sino extrañas... entendida como sistemas en interacción de signos interpretables (símbolos), la cultura no es una entidad, es un contexto dentro del cual pueden describirse todos esos fenómenos de manera inteligible, es decir, densa... también importa quién lo cuenta, dónde y en qué época. (Geertz, Clifford. La interpretación de las culturas. Editorial Gedisa. 13ª reimpresión, 2005. Barcelona, España. 387p.).

IMPRESIONES DE LECTURA A UNA NARRACIÓN DENSA

    La postura metodológica de los autores (la descripción densa) me permite a mí, Lector, referirme a este libro colectivo tomándolo como un todo sin hacer referencia a cada una de las microhistorias particulares que contiene. De esta manera puedo transmitir una impresión general sobre su contenido y enfoque resaltando, someramente, los puntos que más llamaron mi atención.
    1) No hay uno sólo y único zapatismo, parece ser la premisa con la que arranca esta investigación. El zapatismo, afirman los autores con justeza, tiene un carácter diverso, su constitución es plural. El foco de atención de estas microhistorias no es el carismático y fascinante subcomandante Marcos, sino las bases de apoyo indígenas del EZLN, los verdaderos artífices de la movilización dignificante. En este libro se pretende sean las bases mismas de una multitud de comunidades las que importa analizar y comprender en el contexto que abre la revuelta maya-zapatista de 1994. Algunas de esas comunidades o pueblos fueron zapatistas desde el principio, otras se adhirieron temporalmente por conveniencia y otras más se mantuvieron ajenas al zapatismo, pero todas van a beneficiarse de dicho movimiento. En ese sentido son plurales, en lo religioso y también en las filiaciones político-ideológicas. Se trata de grupos dinámicos, que contra el estereotipo que los degrada e infantiliza, asumen iniciativas y riesgos por cuenta propia en busca de mejorar sus condiciones de vida; son democráticas y civilizadas incluso bajo el sistema de doble representatividad (PRI-EZLN) y empiezan a abrirse al reconocimiento de los derechos de igualdad para sus mujeres; están abiertas y dispuestas a formar alianzas de beneficio con aquel grupo u organización política que les garantice una buena gestoría ante las autoridades estatales, en el sentido de establecer prácticas típicamente clientelares. Las alianzas interesadas, los cálculos de beneficio, las pugnas intercomunitarias, nos hacen entender que entre los indígenas de Chiapas y el conjunto de la nación compartimos los fundamentos y lógicas de la misma cultura política nacional, lo que nos distingue son los grados de marginación y pobreza, no la sustancia misma de humanidad común.
    2) La relación de las comunidades indígenas queda impregnada, antes de la emergencia del zapatismo, por la presencia de organizaciones políticas y partidarias cuyas estrategias de penetración buscan promover la concientización y la elevación de la organización para la lucha. Además, estas organizaciones externas tratarán de cumplir con funciones de gestoría ante las instancias oficiales. Dependiendo del éxito en estas gestiones, esos grupos partidarios lograrán garantizarse clientelas electorales. Así vemos desfilar sucesivamente en estas microhistorias zapatistas, a la Diócesis de San Cristóbal, la CIOAC (PCM-PSUM), al PRI obviamente, y al sorprendente grupo de maoístas conocidos en la región como “los norteños”. Una indagación acerca de las presuntas ligas del coordinador de los maoístas, Adolfo Oribe, con el gobierno federal (Salinas de Gortari), sin duda hubiese enriquecido o densificado aún más el contenido del libro que ahora comento. Se trata del impacto de esos grupos y de sus activistas en la vida de los indígenas.
    3) El enfoque crítico del libro parece centrarse en la caracterización del EZLN, resaltando sus pulsiones hegemónicas en sus intentos de implantar una dirección de mando centralizado de carácter autoritario, punitivo, cruel y desalmado, que ejecuta incluso a miembros de sus bases de apoyo quienes han incurrido en el pecado de traición. Estamos en medio de una guerra de los indígenas, que hunde sus raíces en la Conquista, que atraviesa todo el periodo de construcción del estado-nación, y que desde 1994 aspira al reconocimiento digno de su existencia como parte fundamental de la sociedad nacional en términos de respeto e igualdad.
    4) Los autores del libro, no toman partido explícito por ninguno de los bandos, se apegan a su credo científico: desmontan de sus relatos todo presupuesto teórico-filosófico, todo valor político que pudiese enturbiar con la polémica su interés por la verdad. ¿Cuál es esa verdad? Hacer inteligible el fenómeno de la pluralidad indígena. La verdad que surge de sus relatos documentados, densos, quiere captar el significado de la lucha de quienes pertenecen a esa cultura indígena, y para eso se atienen a la objetividad tal cual se expresa en los documentos y en los relatos de diversos actores del conflicto seleccionados para ello. Los autores están conscientes de que su objeto de estudio está inmerso en una lucha por la tierra, dignidad y contra la tradicional discriminación racista, se plantean por eso, en palabras de Juan Pedro Viqueira: 

...contribuir al enriquecimiento y profundización del debate sobre el impacto de la rebelión zapatista en las regiones indígenas de Chiapas, aportando información de primera mano, sistematizada e interpretada. [...] Afortunadamente, las investigaciones académicas se interesaron en aspectos mucho más diversos de la rebelión zapatista. [...] Sólo poco a poco, el tema del impacto del zapatismo en la vida de los indígenas se fue abriendo paso, en buena medida gracias a la disminución de la violencia política en Chiapas, lo que ha facilitado la realización del trabajo de campo en muchas regiones del estado. [...] Este trabajo se propone ofrecer una pequeña muestra de estas investigaciones y de otras que se han interesado en comunidades en las que no hubo realmente bases de apoyo al EZLN, pero en las cuales la rebelión zapatista reactivó la lucha agraria. [...]. Una decisión... fue darle a los textos una forma... narrativa. Por ello, los lectores no encontrarán en ellos ni discusiones teóricas o conceptuales ni argumentos políticos desarrollados. No quiere decir que pensemos que se pueden realizar investigaciones sin presupuestos teóricos y filosóficos o que estén libres de valores políticos o morales. [...] No buscamos... ni una imposible objetividad científica..., ni una absurda imparcialidad... Tan sólo partimos del supuesto de que los lectores pueden interesarse más en la información que hemos recabado que en nuestras disquisiciones teóricas o políticas. [...] pensamos que el relato complejo y la descripción densa pueden llegar a ser la mejor forma de dar cuenta de las realidades sociales. (pp.13-17).

    5) También importa quién lo cuenta, dónde y en qué época. Los autores logran mantener la lucidez suficiente para reconocer la imposibilidad de la objetividad científica y transmiten una visión sustentada en una indagación histórica acuciosa. Las microhistorias de siete comunidades/ejidos ubicados en distintas zonas chiapanecas, proporcionan una rica información sobre la constitución y dotaciones agrarias que están en el origen de dichas comunidades, información histórica que rememora cómo llegaron a ubicarse en esos lugares, los avatares de su búsqueda, los rechazos que sufrieron, la denigrante espera que sus peticiones de dotación padecieron en los laberintos burocráticos, las alianzas familiares y de grupo como estrategias de la vital necesidad de sobrevivir y resistir los efectos degradantes de los poderes estatales que los han condenado a la eterna marginación haciendo de ellas las víctimas propiciatorias de nuestro racismo nacional. En un altísimo nivel de erudición histórica, también logran comunicar importantes datos etnográficos sobre los “usos y costumbres” que definen el perfil identitario de las comunidades estudiadas.
    6) Ahora bien, dado que las comunidades elegidas se dividen en zapatistas (La Garrucha y San Andrés Sakamch’en); simpatizantes indirectos (Nuevo Francisco León afiliada a Xi´Nich); temporalmente zapatistas (Santa Catalina Huituipán, Buena Vista Pachtán y El Coloquil) y las que nunca fueron zapatistas (ejidos Veracruz y Saltillo), resulta pertinente preguntar qué tan representativos son o no estos ejidos para tener una comprensión general del fenómeno de las relaciones del zapatismo con las comunidades. No queda del todo claro en el libro, en parte debido a la selección misma de las comunidades estudiadas, el fenómeno de la pluralidad de los zapatismos. ¿Cuáles son las virtudes o bondades que los autores reconocen al zapatismo en la vida, luchas y prácticas de las comunidades mayas-chiapanecas, incluso para las no explícitamente zapatistas?
    7) En primer lugar, reconocen en el zapatismo el impulso de la toma de las tierras, pues abren alternativas a las frustrantes vías legales de petición y obtención formales; luego, la insurrección zapatista despeja los miedos tradicionales para hacer posible la acción de muchas organizaciones campesinas indígenas y también a grupos políticos profesionales que obligan a las autoridades a resolver con prontitud demandas de dotación bloqueadas durante décadas; el zapatismo genera una elevación de la autoestima y empoderamiento del orgullo de ser indígena, punto en donde se ponen en entredicho la legitimidad de las arbitrariedades oficiales (paramilitarismo) y las distinciones jerárquicas producidas por el racismo antiindígena características de la sociedad nacional; y si eso fuera poco, también hay que atribuirle al zapatismo la puesta en acción de prácticas ejemplares para elevar nuestra cultura política, como por ejemplo, la capacidad de acción colectiva concertada y civilizada entre quienes disienten: entre los que han optado por apartarse de las instituciones del Estado y quienes siguen integrados en ellas. Los autores tienen el gran mérito de reconocer los logros del municipio autónomo, en particular en la resolución de conflictos, a tal punto que “muchas personas, incluso si no simpatizan con los zapatistas, acuden al ayuntamiento autónomo porque le reconocen una mayor seriedad y un mayor sentido de equidad”, también en lo que atañe a las relaciones de género dentro de las comunidades el zapatismo está poniendo la muestra.
    8) En el contexto de una guerra que no ha terminado, la convicción de los autores por escribir narraciones aparentemente desinteresadas o interesadas en su puro aferramiento de objetividad, diluye el hecho de que sus discursos se están construyendo sobre ese teatro que ha sido siempre el lugar por excelencia de las relaciones de dominación, es decir, de la guerra que repiten indefinidamente los dominadores y los dominados, esas relaciones de fuerza (Foucault) que nos fundamentan como nación fracturada en razas. En ese sentido, se extraña la omisión del fenómeno del racismo, ni siquiera se alude a él como corazón y fundamento de nuestra identidad nacional. Ello destaca debido al uso desconsiderado y acrítico que en el libro se hace de conceptos raciales provenientes de la sociedad colonial de castas y posteriormente refuncionalizados por las élites constructoras de la nación (ss. XIX y XX) para seguir describiendo a sectores diferenciados de la población fragmentados en base a consideraciones raciales. ¿Es que en la densidad de sus narraciones no se palpa el racismo? Las alusiones al respecto parecen coincidir con la visión del indigenismo oficial que sí reconoce el fenómeno racista pero lo circunscribe a las llamadas zonas de refugio (Aguirre Beltrán) y lo limitan a las relaciones entre “indios” y “ladinos-mestizos” pero que no engloba al conjunto de la sociedad nacional. ¿Tiene acaso el racismo connotaciones diferentes en Chiapas? ¿Cuáles serían estas? Sería deseable cuestionar el léxico proveniente de la sociedad de castas colonial como asidero refuncionalizado en las descripciones científicas (Viqueira, Reflexiones contra la noción histórica de mestizaje, Nexos, 2010).
    9) El tema enlazaría una reflexión sobre los efectos perversos, autodegradantes que implica y ha implicado la oferta nacional identitaria sustentada en el ideologema del mestizo y cómo se vive y se siente por los pobladores de las comunidades indígenas. Es de llamar la atención leer en textos científicos la descripción de sectores poblacionales con los conceptos “mestizos” o “ladinos” que con tanta naturalidad nos familiarizan con la aceptación de inferioridades y superioridades que promueve esa nomenclatura racista. Con esa disposición, quiérase o no, sea voluntaria o inconscientemente, se regatea, se neutraliza hasta ocultarla, una de las más importantes contribuciones del EZLN al desarrollo democrático de México: poner en tela de juicio nuestra identidad nacional racista con el simple hecho de al levantarse convertirse los indios en agentes de su propia liberación (atentado al paternalismo); con su movimiento, los zapatistas hacen tambalear el ingrediente de superioridad de la identidad de los dominadores y al exigir el reconocimiento horizontal de la sociedad no india con los pueblos indios evidencian el racismo de la tal identidad, haciendo visible que el conflicto de las matrices civilizatorias que chocaron en la Conquista sigue vigente.
    El libro realmente aporta los elementos necesarios para elevar la discusión sobre este movimiento indígena cuya ejemplaridad ha sido encomiada por otros actores en lucha y por intelectuales de renombre internacional. El zapatismo y el libro nos muestran que es posible el diálogo civilizado entre diferentes, evitando los fanatismos sectarios, los denuestos y los improperios. ¿A quién puede molestar la lucha por la dignidad y el reconocimiento del derecho a la igualdad y la justicia?


Jorge Gómez Izquierdo
Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades “Alfonso Vélez Pliego”, BUAP
rocamadour59@yahoo.com.mx



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