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Elementos No. 86, Vol. 19, Abril-Junio, 2012, Página 63

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AXOLOTIADA
VIDA Y MITO DE UN ANFIBIO MEXICANO
Roger Bartra
Fondo de Cultura Económica
México, 2011

La antología Axolotiada. Vida y mito de un anfibio mexicano reúne textos históricos e ilustraciones sobre este anfibio. Roger Bartra resume los múltiples perfiles del carácter mítico y real del anfibio endémico de México.
    Según sus geografías, las construcciones provocadas por esa fascinante larva acuática, que van de lo científico a lo religioso, de lo biológico a lo artístico, de lo histórico a lo legendario, conforman un corpus documental pingüe y extraordinario, hasta ahora inexplicablemente disperso.
    En un ejercicio de resignificación se ofrece un orden a lo que puede considerarse el canon del axolote, en una antología de ciertas relaciones multidisciplinarias que a lo largo de los siglos lo han definido mediante discursos escritos y visuales.
    En el concierto del antropólogo, su visión particular asienta el sino neoténico e identitario de la criatura; sus descripciones prehispánicas y novohispánicas; los apuntes de Francisco Hernández, Auguste Duméril, José María Velasco y Stephen Jay Gould; los textos y tramas plásticas que inspiró en Salvador Elizondo, Octavio Paz, Juan José Arreola, Julio Cortázar, José Emilio Pacheco, Primo Levi, René Daumal, Giorgio Agamben, Diego Rivera, Ulf Rollof y Satoshi Tajiri.
    La conclusión, que de manera tácita representa una iniciativa enfocada en la trascendencia polifacética de una especie en extinción, remite, por su fórmula y estatus, a un bestiario primitivo y moderno sobre el espécimen, suerte de alter ego en el imaginario oculto del mexicano.






 

HACIA UNA TEORÍA GENERAL
SOBRE LOS HIJOS DE PUTA 
Marcelino Cereijido
Ensayo TusQuets Editores
3ª Edición, España, 2011

Si en la actualidad se gastan millones de dólares para investigar todo tipo de enfermedades, ¿por qué nadie se ha detenido a seguir la pista de uno de los peores males que acosan a la humanidad?
    Todos tenemos experiencias propias, cotidianas, convincentes y abrumadoras de que la “hijopotudez” existe, de que la humanidad está llena de hijos de puta y que el sufrimiento infligido a ella por estos es muchísimo más grave que los desconsuelos ocasionados por el cáncer, la lepra y el Alzheimer juntos.
    Esta provocadora y lúcida investigación de Marcelino Cereijido replantea una de las dudas existenciales más antiguas de la humanidad: ¿por qué existe el mal?
    Mediante una perspectiva genética –que no deja de lado la historia, la literatura e incluso la filosofía–, este fisiólogo celular y molecular examina la “hijoputez” como “infamia universal”. Según su análisis, el afán por causar daño al prójimo es mucho más que un comportamiento cultural o psicológico, responde a pautas y patrones que permiten un estudio de la maldad desde un punto de vista biológico.
    Con un lenguaje ameno, siempre apegado a la ciencia, Cereijido busca una explicación al comportamiento de los soldados en Guantánamo y Abu Ghraib, los distintos tipos de castigos y tormentos infligidos a través de la historia, así como el maltrato cotidiano al que están expuestas millones de personas condenadas a la pobreza por una serie de decisiones tomadas por “hijos de puta”.





ÑUNDEUI, AL PIE DEL CIELO
Mario Mutschlechner
Prólogo de patrick Johansson
Consejo Nacional Para la Cultura y las Artes 
México, 2008

Inspirado en las pinturas de Paul Gauguin, el fotógrafo alemán Mario Mutschlechner se internó entre los años de 1968 y 1969 por varios pueblos mixtecos, cerca de Pinotepa Nacional, en la Costa Chica de Oaxaca, para documentar con imágenes lo que le pareció el paraíso: un mundo indígena en el que se podía respirar pureza, armonía e integridad.
    Así surgieron una serie de imágenes que por diversas circunstancias mantuvo guardadas durante más de 30 años y que tras digitalizarlas y dotarlas de un concepto formal, ahora dan origen al libro Ñundeui, al pie del cielo, publicación editada por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Mutschlechner llegó a México a finales de 1967 buscando escapar de las ciudades grises y frías de su natal Alemania. Maravillado por la realidad que le mostraban las películas de la época de oro del cine mexicano y tratando de encontrarse con pueblos vivos y diversos, inició un recorrido por varios pueblos mixtecos, cerca de Pinotepa Nacional, en la Costa Chica de Oaxaca, y lo que vio le gustó tanto que volvió para realizar una visión personal de las mujeres de esa región.
    “Lo que me encantaba de Gauguin era el manejo del color, así que cuando vi a estas mujeres con sus fajas, sus naguas y su torso desnudo pensé inmediatamente en Gauguin. Fue la antítesis de las ciudades grises de Alemania que yo había dejado atrás, un contrapeso a aquel mundo donde el trabajo y la adquisición de bienes materiales a toda costa eran lo importante”, señaló el fotógrafo en entrevista.
    Con el apoyo del Instituto Nacional Indigenista Mario Mutschlechner regresó a esa zona y entre los años de 1968 y 1969 tomó una serie de fotografías pensando en posteriormente armar un libro.“En esas fotografías me limité a pocos colores: el verde de la vegetación, color de la fertilidad, abundancia y tranquilidad, el azul de las naguas, color del cielo, del mundo espiritual y de los sueños, y el moreno de la piel, color de la tierra, cálido y sensual y, como decía Gauguin en Tahití, ‘el oro de sus cuerpos’. Como complemento de ese mundo en paz aparece el rojo de los collares y de las fajas, color de advertencia, pasión y peligro”.
    En ese momento, asegura el fotógrafo, le ofrecieron exhibir las imágenes en Bellas Artes, algo para destacar si se toma en cuenta que en aquella época en México toda la fotografía artística se hacía en blanco y negro.“Yo llegaba con un trabajo en color porque para mí el color era y sigue siendo una dimensión esencial de la realidad, aunque no tengo nada en contra del blanco y negro, pero no veo por qué reducir nuestra realidad si el color es una dimensión fundamental, un enriquecimiento fundamental de nuestra realidad, por qué no permitirlo en la fotografía, como se hace en la pintura.
    Aunque las fotografías se quedaron guardadas durante mucho tiempo, Mutschlechner siempre estuvo consciente de que eran imágenes importantes y bien hechas. Con la llegada de la revolución digital, en 1997 empezó a escanear, a digitalizar su archivo y a trabajar en el concepto para esas fotografías. “Hoy veo estas imágenes como algo maravilloso, justo lo que en aquel tiempo traté de hacer: crear un paraíso, que de alguna manera sí lo era, pero otras no. Creo que con estas fotografías sí logré captar a estas mujeres que en aquel tiempo eran íntegras, inocentes, sin malicia”
    Ahora, lamenta el fotógrafo, ese paraíso que documentó en los años sesenta se ha perdido por el lucro, por el afán de hacer dinero a costa de lo que sea: “Yo no estoy en contra de la globalización, pero sí en contra de la destrucción de las culturas locales y eso es lo que está pasando ahí y en otras partes del mundo”.
    “Este trabajo viene en buen tiempo porque con esta crisis nos estamos dando cuenta de que el lucro a toda costa es un sistema que no funciona, que nos destruye a nosotros mismos, que tenemos que cambiar el rumbo. Las antiguas culturas nos señalan su sabiduría en este contexto”.




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