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Elementos No. 85, Vol. 19, Enero-Marzo, 2012, Página 21

La economía mundial:
un enfoque optimista

Ramón Antonio Massieu Arrojo                Descargar versión PDF


A pesar del (ahora) engañoso título, éste no es propiamente un artículo de economía. Por tanto, no espere el lector encontrar aquí estadísticas, ni complejas gráficas que ayuden a comprender la nebulosa situación de la economía global. Tampoco se hacen predicciones sobre los intereses crediticios, ni información privilegiada respecto a los futuros movimientos de los castigados mercados bursátiles, que día con día nos dejan saber, sin entenderlos del todo, que las cosas van mal.
    Aclarado lo anterior, expondré un par de ideas sobre el histórico anuncio de la rebaja de la calificación crediticia a Estados Unidos por parte de la “prestigiosa” empresa calificadora Standard and Poor’s que ha cimbrado los mercados financieros y bursátiles. El temor se ha apoderado no sólo de la economía global, sino de la ciudadanía en general, que si bien no comprende el tema con claridad (culpa compartida por un servidor), le resulta suficiente la repetición mediática de que algo anda fuera de lugar.   
    La incertidumbre que este anuncio causó, determinó que los intereses subieran, por lo que ahora a Estados Unidos le costará más dinero pedir prestado; sin duda, un mazazo para un país con una política fiscal tan irresponsable como la americana.
    En este tenor, y concediendo que lo dicho sea correcto en términos económicos, se dará un gran giro a las irresponsables prácticas financieras de muchos países, empezando por Estados Unidos. Y todo esto, gracias a las calificadoras.
    Y precisamente la labor de una calificadora siempre será por naturaleza cuestionada y debatida, dado que en principio se trata de una empresa privada que incide directamente en aspectos de entidades públicas, ya sean organizaciones o bien, estados enteros.
    Si bien las calificadoras están sumamente reguladas y vigiladas por distintos focos, sus tareas y, sobre todo, sus veredictos, contarán siempre con un dejo de controversia ya que para muchos existe una duda razonable sobre la transparencia, honestidad y apego a la realidad de su trabajo, y queda siempre la duda acerca de la calidad de dichas calificadoras.
    Por tanto, es válido preguntarse: ¿quién califica a las calificadoras? Y esta duda se cataloga precisamente como razonable porque así lo ha dictado la historia financiera reciente.
    Existen suficientes elementos en el imaginario económico mundial para que el atreverse a vincular a las calificadoras con conceptos como corrupción, opacidad, colusión, falsedad o deshonestidad sea una práctica válida, y hasta cierto punto necesaria.
    El paradigmático caso de Enron, que causó un desequilibrio financiero debido a la incorrecta manipulación de su contabilidad por parte de las calificadoras; el escándalo de Lehman Brothers, donde se ocultó la gravedad de su situación financiera creando distorsiones de mercado; y por supuesto (y a manera de síntesis), la crisis económica de 2008, en donde apenas hace tres años la burbuja crediticia golpeó fuertemente la economía global en prácticamente todos sus sectores, son solo ejemplos de las cuantiosas prácticas equívocas y perniciosas en que han incurrido las agencias calificadoras, cuyos referentes mundiales son Standard & Poor’s, Moody’s y Fitch Ratings (todas originarias de Estados Unidos), que combinadas, acaparan cerca de 90% del mercado financiero-bursátil del mundo entero.
    Sin embargo, lo acontecido en el último año respecto a la labor de las calificadoras, parece ser un genuino cambio de dirección en la actuación de dichas agencias.
    La dureza con la que se ha tratado a Grecia y a Portugal, desnudando ante el mundo sus carencias financieras y su falta de garantías crediticias; los fuertes llamados de atención que se han hecho recientemente a Italia sobre su política de gasto; y, finalmente, el anuncio de la rebaja de la calificación al (hasta ahora) referente mundial de la economía, son hechos que, bajo una óptica optimista y voluntariosa, indican que aquellos que provocaron el caos, pretenden restaurar el orden.
    El comportamiento actual de las calificadoras parece ser una petición sincera de un voto de confianza por parte de la sociedad en general (amén de aquellos que fueron perjudicados en particular por sus nebulosas prácticas), y si bien las nuevas tendencias reguladoras del sistema financiero, que cuenta una mayor supervisión y control que hace tres años, exigen un comportamiento ejemplar por parte de dichas empresas; el hecho de que actúen de forma responsable hace pensar en que al fin se han enfilado al buen camino.
    Se dice además que, en breve, Moody’s y Fitch Ratings emularán la decisión de s&p en cuanto a la calificación crediticia de los Estados Unidos. ¿Será? Si lo dicho resulta cierto, se podrá encarar el futuro con mayor certeza, pues sabremos que lo que leemos en el periódico día con día, lejos de ser positivo o negativo, es al menos, verdadero; si esta condición se cumple, se actuará en general de forma más honesta, y se podrá caminar por la pradera financiera sabiendo al menos que no explotaremos en una mina cuya ubicación nos describieron con mentiras.
    Cabe una nota de cuatela, pues confiarle la reedificación de nuestro presente financiero a las instituciones que en primer lugar lo dinamitaron, es poco juicioso.


Ramón Antonio Massieu Arrojo
Comisión Reguladora de Energía, México
rmassieu@cre.gob.mx



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