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Elementos No. 83, Vol. 18, Julio-Septiembre, 2011, Página 29

Origen de una colección

Jean-Louis
 Ducoin
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En Sciences Po1 en los años 60, la moda intelectual se centraba en los “países en vías de desarrollo”; Dumont2 era entonces la autoridad con su libro l’Afrique noire est mal partie. Después de haber trabajado dos años con Léon Delbecque, presidente de la Comisión de los Asuntos Sociales, Culturales, Familiares y de los ex combatientes de la Asamblea Nacional, y después de 23 meses de servicio militar, con un tiempo en Argelia (que tuve que abandonar la víspera de la independencia), me di cuenta que no estaba hecho para la política y que no podía traicionar a mi jefe por favorecer mi carrera. Entonces empecé a buscar un empleo.
    ¡Feliz época! Pude escoger entre IBM Air Liquide y la scoa (Sociedad Comercial del Oeste Africano). Era just married, todavía sin muebles y sin niños. Necesitaba ver con mis propios ojos lo que era África en vías de desarrollo.


Firmé un contrato para Lagos y finalmente acabé en Dakar, Senegal, en 1963, capital del pais menos africano del África francófona, como lo decían los viejos expatriados. Como a todo tubab (blanco en wolof), en las calles o a domicilio, unos banabanas (comerciantes ambulantes) me proponían artesanía africana y unas copias de arte negro, madera roja para la artesanía hecha en Soumbedioune y madera blanca teñida en negro para las copias. ¡Entonces fue que compré! Un amigo, esposo de una mujer de Saint-Louis, hija de general, me inició en el arte africano. Me indicó también el nombre de un senegalés que trabajaba en el IFAN (Instituto Francés de África Negra, que después se volvió el Instituto Fundamental de África Negra). Le mostré una decena de piezas y nueve fueron eliminadas a primera vista, la décima era un excelente colon, Agni, sin duda, con el cual cometí el error de quitarle el taparrabo que estaba lleno de huevos de cucaracha.

    La segunda vez que fui al IFAN la proporción fue invertida con sólo una pieza dudosa que sometí a la prueba del fuego para descubrir una pátina artificial. Se trataba de un mortero ritual Dogon. Un experto europeo lo declaró falso inmediatamente porque era de madera relativamente ligera, por lo tanto no apta para el uso como mortero. Pero como se trataba de un mortero ritual, no se utilizaba todos los días y no se presionaba tan fuerte para machacar el grano, y pensé que era bueno.

    Un día, en el patio de la empresa que dirigía, llegó un africano muy alto con un bubu marrón obscuro impecable, seguido de cinco o seis niños, cada uno con una bolsa tipo militar llena de objetos, sobre sus cabezas. Le pedí que desempacara; y entonces el patio se llenó de soumbediounes o piezas falsas mal hechas. Afortunadamente en esos tiempos las piezas falsas eran toscas, lo cual las hacía fáciles de detectar (en la actualidad, si una obra maestra sale fotografiada en el catálogo de una subasta o en un libro de arte, en seis meses aparecen unas copias muy engañosas).

    Dentro del desorden de piezas en el suelo, un mono baule de buen tamaño que no llevaba la copa entre sus manos como es usual, pero tenía sus dos manos en las comisuras de los labios, una bella pátina, y una clavija abajo de los pies, sin duda para tapar el receptáculo de amuletos. Un experto europeo en arte africano y precolombino pasó al lado sin echarle un vistazo, sin embargo remarcó unos tepalcates precolombinos que eran vilmente falsos pedazos empapados de perfume barato para aromatizar las habitaciones y vendidos en los supermercados.

    En Dakar había algunas tiendas, de unos veinte metros cuadrados, cerradas por una cortina de hierro que protegía al bazar, en el barrio de los comerciantes libaneses. En esos tiempos el gran comercio era tratado por las sociedades europeas de Burdeos y de París (SCOA, CFAO, NOSOCO, Maurel et Prom). Compré ahí algunas poleas, unos pesos y una buena máscara Kanaga5 que un marchante y futuro experto juzgó falsa porque en aquel tiempo se hacían muchas kanagas falsas. Develon3 lo autentificó. La compré ya usada en los años 60 y presuponiendo un ciclo de reemplazo de 30 años para este tipo de máscara, lo cual la hacía fácilmente anterior a la guerra.         

    Cuando dejé el Senegal en 1968, casi cambié mi coche Simca Break Chatelaine por una bella máscara de antílope Dogon. Esta máscara Kanaga tiene una historia. Yo vivía en la casa de un antiguo ministro encarcelado; enfrente vivía una pareja de amigos que trabajaban los dos. Mi mujer no trabajaba y se ocupaba de dos niños pequeños; el pastor alemán de nuestros amigos encontraba refugio y compañía en nuestra casa. 

    Entonces, desde que instalé mi kanaga en la pared del salón, el perro ya no quería entrar en este cuarto y cuando pasaba frente a la puerta del salón y de la máscara, se arrastraba echando un ojo a la kanaga. ¿Por qué? ¿Por la forma de esta máscara llamada a veces cruz de Lorena, por el olor a puré de sacrificio o algo más?

    Hubo varias contorsiones intelectuales o, más popularmente dicho, nudos mentales, para bautizar al reciente museo de Quai Branly.4 Si uno se queda con el término de artes primeras africanas, la mejor definición me parece ser “artes negras”. De hecho, el Magreb es africano, no negro. 

    En Etiopía los peul son de color negro, pero tampoco son “negros”, y además no producen arte negro. Los negros corresponden más o menos a los bantú.5 Senghor6 hizo el elogio de la “negritud” y patrocinó el primer festival de las artes negras en abril de 1966, legitimando la utilización de la palabra, la cual no tiene ninguna connotación desfavorable para un coleccionista de arte negro. 

    Con frecuencia, en mi casa se oye: ¿compraste una nueva “negritud”?

 NOTaS

1   Escuela de Ciencias Políticas de París. 
2   René Dumont. L’Afrique noire est mal, partie Editions du Seuil (Etampes, Impr. la Semeuse), 1962.    
3   Yves Develon, experto en arte tribal africano.
4   Museo de Artes Primeras, inaugurado en junio 2006.
5   Pueblo originario de Camerún y Nigeria que se diseminó en toda África negra gracias a su dominio de la agricultura.
6   Leopold Sedar Senghor, poeta, escritor, presidente de Senegal de 1960 a 1980.




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