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Elementos No. 82, Vol. 18, Abril - Junio, 2011, Página 39

La violencia durante el noviazgo en adolescentes


Gisela Velázquez Rivera            Descargar versión PDF



Ser adolescente sólo es un privilegio porque en ese periodo de la vida hay vigor físico, audacia, deseos de experimentar y conocer el mundo; sin embargo, esta época no es particularmente benévola con sus jóvenes y adolescentes, pues las generaciones mayores que están al frente de la conducción del país sea en el orden económico, político, cultural, o al interior de las familias mismas, desafortunadamente les han heredado un México devastado, donde la violencia y la delincuencia es cosa de todos los días. 

 
Los adolescentes enfrentan una realidad marcada por un alto índice de desempleo, por ausencia de solidaridad, de dignidad, de cohesión comunitaria, así como por la tristeza y desesperación de sus mayores que ven con impotencia cómo no alcanza el salario para la manutención ni para ofrecerles una mejor calidad de vida, o incluso, los adolescentes tienen que enfrentarse al dilema de estudiar así sea una carrera corta, incorporarse al comercio informal, emplearse en maquiladoras, construcciones, tiendas, o emigrar a los Estados Unidos a buscar alguna opción para sobrevivir.

    Todos estos son factores objetivos que influyen de modo muy decisivo en la personalidad de los adolescentes mexicanos; se trata de una generación sin muchas ilusiones de poder vivir un día en una comunidad con suficientes oportunidades y también sana, éticamente hablando; por el contrario, se han encontrado en la disyuntiva de que para salir adelante hay que pasar por encima de los demás, y como no tienen referencia de otros modelos de sociedad, sin ninguna autocrítica se insertan en esa dinámica potencialmente individualista, competitiva y destructiva. Porque además, los niveles de información a que tienen acceso desde muy temprana edad, les permite tener elementos para creer poco en las figuras de autoridad que les ofrece este mundo y por lo tanto no son para ellos ejemplos inspiradores.

    Así a los vacíos de esperanza se agregan los vacíos que han dejado quienes deberían crear las condiciones para que los jóvenes tengan empleo, entusiasmo, y un entorno que favorezca el desarrollo de sus capacidades. Los gobernantes no escatiman discursos para exaltar la importancia de las nuevas generaciones, pero la verdad es que no existen políticas públicas eficaces y creativas para apoyar a este sector de la población. Por su parte, los medios masivos de comunicación promueven modelos de vida y valores que son propios de las minorías privilegiadas del país, con lo que se obnubila aún más a los adolescentes y jóvenes.

    La adolescencia es sin duda una etapa de la vida muy definitoria en cuanto a comenzar a perfilar las aspiraciones y la identidad personal, y en lo que se refiere a la condición propiamente emocional, en ese lapso vital –sin distinción étnica o de condición social– la inestabilidad es un rasgo permanente, y esa circunstancia suele ser muy propicia para las crisis recurrentes, y si no tienen el auxilio de personas cercanas o de profesionales pueden desbordarse lo mismo hacia el ámbito de las agresiones verbales, físicas, o a buscar en las drogas y en el alcohol vías para escapar de esas realidades.

    Ha sido una creencia socialmente aceptada por generaciones que el noviazgo es la época “ideal” de una pareja, donde se vive cada momento con intensidad, alegría y pasión. Y se acepta como natural que con la convivencia las cosas cambien y que poco a poco, de aquella época romántica sólo queden recuerdos. Hoy en día la realidad se muestra diferente pero no más optimista, porque ya desde el noviazgo las jóvenes parejas se enfrentan a situaciones traumáticas que poco tienen que ver con el amor o con lo que se espera de una relación que está iniciando.

    La violencia, así como tiene múltiples factores que la originan, igualmente tiene múltiples expresiones; es decir, no sólo es física. Hay formas de violencia que no se ven a simple vista pero que son igual de destructivas, y al igual que en los adultos, entre los adolescentes también se manifiestan. Entre ellas está la violencia verbal, que se convierte en una violencia sicológica y finalmente resulta igual de grave y dañina que la que se expresa mediante el contacto físico. La violencia en el noviazgo se define como “la forma de imponer normas y valores de convivencia, a través del uso de fuerza física o manipulación sicológica, con el fin de controlar al otro integrante de la pareja”.1

    Suele acontecer que las conductas violentas en las relaciones de noviazgo no son percibidas como tales ni por las víctimas ni por los agresores, pues generalmente se confunden maltrato y ofensas con amor e interés por la pareja. El maltrato emocional tiene indicadores como amenazas de terminar la relación, acusaciones, descalificaciones y/o celos excesivos.

    Como se ha consolidado la creencia de que estamos predestinados a vivir dentro de un mundo violento, cuando lo vinculamos a las relaciones de pareja muchos adolescentes creen que el sufrimiento es indisoluble del amor y aceptan con naturalidad agresiones y maltratos por insignificantes que parezcan.1 Las agresiones aceptadas desde el principio del noviazgo se vuelven costumbre y se hacen cada vez más frecuentes e intensas, según afirma la investigación Equidad en la infancia y la juventud del Instituto de las Mujeres (IM).1,2

    Ante la necesidad de generar información estadística que permita medir y caracterizar el fenómeno, el Instituto Mexicano de la Juventud (IMJ) solicitó al Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) el levantamiento de la Encuesta Nacional de Violencia en las Relaciones de Noviazgo 2007 (ENVINOV), la cual permitiría conocer aspectos asociados a este fenómeno en el ámbito nacional. Los resultados arrojan que el problema de la violencia en el noviazgo es muy grave porque se trata de una espiral que va en ascenso, ya que en nuestro país el 76 % de los mexicanos de entre 15 y 24 años con relaciones de pareja, han sufrido agresiones psicológicas, 15% han sido víctima de violencia física, y 16 % han vivido al menos una experiencia de ataque sexual (IMJ e INEGI).3

    La violencia es una conducta aprendida, previa a la formación de la pareja y no cambia espontáneamente sólo por la voluntad o las promesas, tal es así que el 25% de las mujeres asesinadas por su pareja son novias entre 14 y 25 años que creyeron en el amor romántico y no velaron lo suficiente por su seguridad; lo que sucede es que las personas involucradas no se reconocen como inmersas en un cuadro de violencia, pues varias características coinciden con el perfil tradicional de las antiguas familias en las que un varón ejercía el poder absoluto sobre los demás miembros, naturalizando la violencia y ocultando el problema dentro de la organización familiar y el contexto social.

    Otra encuesta realizada por el Instituto de la Juventud del DF (IJ) entre hombres y mujeres de 12 a 29 años revela que las principales víctimas de abuso en el noviazgo son mujeres: 6 de cada 10 son tratadas sin consideraciones y 9 de cada 10 han padecido malos tratos en sus relaciones de pareja al menos una vez en su vida. Se calcula que sólo el 50% de las parejas aborda el tema para superarlo; la otra mitad prefiere ignorarlo.1 Los malos tratos empiezan con ligeros desacuerdos, continúan con escenas de celos y suben de tono cuando del enojo pasan sucesivamente por las etapas de gritos, insultos, forcejeos y golpes.

    Entre los factores que hay que considerar para analizar este fenómeno, uno central son los antecedentes de violencia en las familias de los jóvenes, ya que ésta (la familia) es el principal medio por el cual se transmiten los valores, la cultura, las formas de ser, así como la forma de pensar y actuar. Al respecto, se encontró que más mujeres con violencia conyugal que sin ella, fueron objeto de maltrato durante su infancia: 55 de cada 100 mujeres víctimas de maltrato por parte de su pareja sufrieron violencia en su familia de origen, contra 34 de cada 100 mujeres que no viven violencia conyugal. El maltrato infantil en la familia de origen fue mayormente vivido por mujeres que padecen violencia física o sexual con su pareja: 65 de cada 100 mujeres que sufren violencia física o sexual sufrieron violencia cuando eran niñas.4

    La violencia que se da desde la niñez es la semilla que en la vida adulta genera diversas manifestaciones, así como la incapacidad de resolución y negociación de conflictos en las relaciones interpersonales. Por esta razón, cuando observamos que la violencia se muestra como algo inherente al individuo, es importante conocer el ambiente familiar donde los jóvenes pasaron la infancia y vincular estos antecedentes con las conductas actuales.

    Otro aspecto ineludible para nuestro análisis son los factores socioculturales, pues al identificarlos podremos dilucidar cómo influyen en las relaciones de noviazgo de los adolescentes.5 Es posible plantear que existen variables asociadas a la cultura y al momento histórico que pueden aportar una explicación, pues el contexto social influye en el comportamiento, las actitudes y las creencias de las relaciones románticas.6

    La violencia física que se presenta en las relaciones de noviazgo puede aumentar hasta en 51% en los primeros 18 meses de vida de pareja;7 estudios reconocen que la violencia durante el noviazgo se vincula con factores individuales. Se ha demostrado que, si se da durante el noviazgo, puede ser precursora de la misma situación durante la vida marital.7 La historia de los individuos no trascurre en el limbo, y el contexto social en que vivimos influye en la conducta de las personas en cuanto al modo como establecemos nuestras relaciones con los demás.

    Si la felicidad absoluta siempre será inalcanzable, más distante estará si nuestro entorno comunitario y familiar está deteriorado. También la formación religiosa tradicional ha contribuido a malinterpretar el amor al sugerir que su intensidad y magnitud es proporcional al sufrimiento que alguien es capaz de soportar. Las adolescentes son quienes más creen aquello de “quien bien te quiere te hará sufrir”, y cuando son víctimas de malos tratos no se alarman porque habitualmente su agresor les recompensa después con flores, regalos o justificaciones del estilo “me enojo porque te amo”.8

    Esta situación de violencia se hace crítica en la actualidad, y sea que tenga en su origen el estilo de crianza, el ritmo de vida actual, o la influencia de los medios masivos, en el fondo se trata de adolescentes víctimas de violencia en el noviazgo. Considerando que en la etapa de la adolescencia se hacen presentes las inseguridades y necesidades de aprobación, es común encontrar relaciones en que la mujer deposita su confianza en la pareja esperando recibir aprobación y compañía por parte de él.

    Un estudio realizado entre adolescentes bogotanos para la comprensión de su conducta en la interacción con su pareja romántica, reporta que las mujeres creen y se entregan más a una relación amorosa que los hombres, involucrando más sentimientos y tiempo en una relación, comprometiéndose más con ella.9 Son muy comunes las parejas en que la mujer no se da cuenta que no está recibiendo precisamente lo que espera, y aunque posiblemente esté siendo víctima de un abuso está atrapada en un círculo vicioso del que no puede salir.

    La edad y la falta de experiencia no es el único factor de agresión, también se tienen registrados casos en la edad adulta, cuando las mujeres suelen ser vigiladas por su pareja.10 En España, por ejemplo, una de cada 7 mujeres son afectadas por la violencia de género, y por esta misma causa mueren más de medio centenar.11 La Organización Mundial de la Salud ha informado que 3 de cada 10 adolescentes denuncian que sufren violencia en su relación sentimental.12

    Por otro lado, la Encuesta Nacional de la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH), que se aplicó en hogares a mujeres casadas o unidas, reportó que 47 de cada 100 mujeres de 15 años y más que conviven con su pareja en el hogar sufren violencia emocional, económica, física o sexual por parte de su compañero o esposo; 9 de cada 100 padecen violencia física, 8 de cada 100 viven violencia sexual, mientras que 38 y 29 de cada 100 mujeres experimentan violencia emocional o económica, respectivamente.13

    El carácter patriarcal de la sociedad cristiano-occidental ha establecido la diferencia radical. Desde que comienza el proceso de la socialización primaria, comienza también la aprehensión de patrones que facilitan la distribución diferencial de violencia en la pareja; el ejercicio del poder es atribuido al hombre, mientras que la aceptación y la adecuación, lo son a la mujer.14

    Si en la edad adulta se es aún incapaz de contener la violencia, cuando aparece en las parejas de adolescentes es doblemente riesgosa, pues no se tiene la experiencia mínima para manejar esas situaciones, y es que el amor en todas las etapas de la vida será un largo y difícil aprendizaje que nunca termina, pero en la adolescencia apenas se está en el umbral de adentrarse en la complejidad de una relación amorosa, con más razón a esa edad se es frágil ante situaciones de conflicto.

    En primer término los papás deben poner atención suficiente a ese aspecto de la vida de sus hijos; igualmente, las autoridades tienen el deber de implementar políticas públicas eficaces y sustentadas en el análisis de los múltiples y complejos factores a los que se refiere este ensayo. El trabajo social tiene entre sus funciones la tarea de la sensibilización y prevención entre los adolescentes que están construyendo un vínculo o proyecto de vivir juntos. Una persona no es violenta de la noche a la mañana; existen actitudes sintomáticas que detectadas oportunamente pueden evitar situaciones de riesgo.


 
referencias 

 
1        G.D.S. ¡Cuidado con la violencia en el noviazgo! Los sexos, Contenido. 513(2006) 82-85. Disponible en: http://web.ebscohost.com/ehost/detail?sid=6abaf6b6-a435-40b7-bf3c-967201051c88%40sessionmgr4&vid=1&hid=18&bdata=Jmxhbmc9ZXMmc2l0ZT1laG9zdC1saXZl#db=a9h&AN=20273906
2        Instituto Nacional de las Mujeres. ¿Violencia en el noviazgo? (2009). Disponible en: http://www.e-mujeres.gob.mx/wb2/eMex/eMex_Violencia_en_el_noviazgo
3        Instituto Mexicano de la Juventud e INEGI. Encuesta Nacional sobre violencia en el noviazgo 2007 [base de datos]. (2007) Disponible en: http://www.imjuventud.gob.mx/contenidos/programas/encuesta_violencia_2007.pdf
4        Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática. Estadísticas a propósito del día Internacional de la Mujer (2005). Disponible en: http://www.inegi.org.mx/inegi/contenidos/espanol/prensa/Contenidos/estadisticas/2006/mujer06.pdf
5        Barragán F. (coord.) Violencia de Género y Curriculum, un programa para la mejora de las relaciones interpersonales y la resolución de conflictos, Ediciones Aljibe, Málaga (2001).
6        Bettor L., Hendrick, S. y Hendrick, C. Gender and sexual standards in dating relationships. Personal Relationships, United States of America: Cambridge University Press. (1995).
       O´Leary KD., Barling J y Arias J. Prevalence and stability of physical aggression between spouses: a longitudinal analysis. J Consult Clin Psychol 547(1989) 263-268.
8        Martínez A y Bolaños C. (2007) Sufren 9 de 10 jóvenes violencia en el noviazgo, El Universal. (2007) Disponible en: http://www.eluniversal.com.mx/ciudad/82471.html
9        Montgomery, M. y Sorell, G. Love and dating experience in early and middle adolescence: grade and gender comparisons. Journal of Adolescence, 21 (1998) 677-689.
10      Villalobos E. Grave, violencia en el noviazgo, La Jornada, Morelos. (2008) Disponible en: http://www.lajornadamorelos.com/noticias/sociedad-y-justicia/68891?task=view
11      HUGGINS, M. El género en el análisis de la violencia: más allá de la violencia sexual. Revista Avepso. Número especial, Julio, (1997) 4-14.
12  Jiménez, CM. Iniciativa con Proyecto de Decreto por el que se reforman y adicionan diversas disposiciones de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una vida libre de violencia. Gaceta del Senado. (2009) Disponible en: http://www.senado.gob.mx/index.php?ver=sp&mn=2&sm=2&id=13872&lg=60
13      Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática. Estadísticas a propósito del día Internacional para la eliminación de la Violencia contra las Mujeres (2006) Disponible en: http://www.inegi.org.mx/inegi/contenidos/espanol/prensa/Contenidos/estadisticas/2005/violencia05.pdf
14      Blanco, P. La violencia en la pareja y la salud de las mujeres. Gaceta.Sanitaria. Barcelona, 18 (2004) Disponible en: http://scielo.isciii.es/scielo.php?pid=S0213-91112004000400029&script=sci_arttext



Gisela Velázquez Rivera
Departamento de Trabajo Social
Universidad de Guadalajara
ggise51@hotmail.com


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