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Elementos No. 81, Vol. 18, Enero - Marzo, 2011, Página 63

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Puebla: de la Independencia a la Revolución Mexicana
Ana María Huerta Jaramillo
Educación y Cultura, Asesoría y Promoción, S.C.
México D.F. 2010

 

 
Ana María Huerta Jaramillo acomete en este volumen una reseña lúcida del desarrollo de las ciencias y de la vida académica en Puebla. Con singular destreza y conocimiento de causa nos entrega una historia que arranca en los albores del siglo xix con el movimiento separatista de los boticarios pobla­nos respecto del Real Tribunal del Protomedicato. Una historia que concluye con el fin de la rectoría –en el Colegio del Estado– de José Rafael Isunza; precisamente en el año de 1910 cuando se inicia la lucha revolucionaria.

Así, desfilan por estas páginas personajes insignes de la ciencia y la po­lítica local como los hermanos Rodríguez Alconedo, José Guadalajara, Ma­riano Anzures, Antonio de la Cal y Bracho, Carlos Brito, Ignacio Blázquez, Francisco de Velasco, Gustavo P. Mahr, Alfonso G. Alarcón, Luis G. Quinta­na, Luis Sánchez Pontón y el mencionado José Rafael Isunza.

El énfasis evidente en torno de las ciencias químicas y biológicas se debe, como nos lo informa la propia autora, a que ha dedicado su particular aten­ción al desarrollo de la farmacia en Puebla. Lo cual podría decirse también del análisis que realiza sobre la influencia de las corrientes del pensamiento científico extranjero en el terreno de las teorías durante el primer siglo de nuestra vida independiente, y la manera en que esas ideas se fueron adecuan­do a las necesidades regionales.






El sueño inconcluso de Émile Bénard y su Palacio
Legislativo, hoy monumento a la Revolución
Javier Pérez Siller, Martha Bénard Calva
Artes de México, México D.F. 2009


El 23 de noviembre de 1910, bajo el régimen de Porfirio Díaz, se colocó la primera piedra de lo que sería la colosal estructura del Palacio Legislativo Federal, sede del poder legislativo y el ideal del modelo republicano al que aspiraban los porfiristas, obra monumental a la altura de los edificios más bellos del mundo que se integraría de una manera novedosa en la traza urbana de la metrópoli mexicana.

Este libro narra la historia del Palacio Legislativo Federal, diseñado y construido por un representante del más puro clasicismo de la École des Beaux-Arts de París: Émile Bénard, arquitecto y artista, quien vería inconcluso su sueño, su posterior transformación en monumento a la Revolución y el doble homenaje al modelo de modernidad que representó en esa época.

Las formas de gobernar habían cambiado, las utopías eran diferentes: los insurgentes habían luchado por la Independencia y por construir la nación, los porfiristas buscaban alcanzar el orden, la paz y el progreso, y los revolucionarios militaban por la justicia económica y social, pero todos encontraban su fundamento en los principios abrazados por los padres de la patria.

Aquí se rescata la historia de un artista constructor, se conmemoran los fundamentos esenciales de la Independencia y la Revolución y se busca alimentar una reflexión sobre los valores, principios y virtudes en los que descansa ese modelo de modernidad aún vigente.




La Castañeda
Cristina Rivera Garza
Tusquets Editores México, S.A. de C.V.
TV Azteca, México D.F. 2010

El Manicomio General La Castañeda inició su vida pú­blica en medio de las fanfarrias con las que el régimen de Porfirio Díaz inauguró las celebraciones del Cen­tenario de la Independencia de México el 1 de sep­tiembre de 1910. En sus patios y pabellones, en sus talleres y jardines, bajo las sombras de sus castaños, se escribió una historia alterna de la modernización mexi­cana. Sin heroísmos, desde el lado más doliente de la realidad, esta historia se desarrolló en los diálogos –obsesivos, entrecortados, oscuros– de internos y doc­tores; comisarios y familiares; policías y licenciados; alrededor del tema de la locura. Todo formaba parte de la conversación: la fe, el sexo, la pobreza, la pérdida, las distintas formas del rencor, los celos, el amor, la políti­ca. Ahí donde los médicos intentaban componer una figura profesional, traduciendo lo que escuchaban a los términos de la incipiente psiquiatría, los internos logra­ron con frecuencia transmitir sus experiencias persona­les con el padecimiento mental. El lenguaje de la calle se introducía, así, a los diagnósticos institucionales. El veredicto familiar. La versión más íntima.

    La Castañeda permaneció abierta durante 58 años y cumplió con diversas funciones sociales: un hospital, un lugar de cobijo, una cárcel apenas disfrazada, una últi­ma oportunidad, un archivo... Una ciudad de juguete. Una metáfora de los tiempos por venir. Un futuro que ya nos alcanzó.




3a reunión internacional sobre Diabetes
Universidad Nacional Autónoma de Mexico, 2009

Si se analizan las causas de mortalidad en México, y las consideráramos los jinetes del Apocalipsis, diría que hay diez, que han sido medidas en México desde 1922. El de la diabetes como primera causa de mortalidad en el país, no aparecería en México allá por los años setenta cuando el Rector de nuestra Universidad y un servidor estudiamos en la Facultad de Medicina; no era una causa importante de mortalidad, pero en los ochenta aparece la diabetes como la novena causa de mortalidad general en el país, nadie entonces se fijó en ella, era este el momento de la aparición de las enfermedades crónico degenerativas y la explicación de esto tal vez sea la transición epidemiológica; para los noventa el caballo cerró a la cuarta causa de mortalidad general en el país, en mayores de 15 años.

Esto pudiera ser explicado sin duda por este proceso de transición epidemiológica y también explicaría el que hayan desaparecido en alguna medida todas aquellas enfermedades transmisibles, hoy infectocontagiosas, como causa de muerte; sin embargo, algo nos está pasando a los mexicanos, algo en nuestros genes, en nuestro sedentarismo, en nuestra alimentación, que ha colocado a la diabetes como el gran caballo cerrador de la mortalidad a principios del siglo xxi. Esto no es ajeno a la Universidad. La Universidad estudia los problemas nacionales de salud, pero en el caso de la Facultad de Medicina, también nos encontramos con que de los más de 55 mil alumnos que ingresaron este año a las distintas escuelas de la Universidad, 1.9% tienen alguna forma de obesidad y antecedentes diabéticos; es decir, ese porcentaje de nuestros estudiantes que no cambie sustancialmente sus hábitos serán, con toda seguridad, diabéticos. En el caso de la Facultad de Medicina esto sube a 2.2% porque somos más sedentarios y comemos más; pero el hecho es que, digámoslo claramente, el 2% de los estudiantes de nuestra Universidad estarán condenados a morir por problemas en las complicaciones de la diabetes si no hacemos algo pronto.




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