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Elementos No. 81, Vol. 18, Enero - Marzo, 2011, Página 59

En torno a La formación del consenso por la Independencia...


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La formación del consenso por la Independencia.
Lógica de la ruptura del
Juramento. Puebla, 1810-1821
Alicia Tecuanhuey Sandoval
Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 2010
  

De entre las distintas publicaciones que han proliferado en estas épocas conmemorativas del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución Mexicana nos podemos detener en la obra La formación del consenso por la independencia. Lógica de la Ruptura del Juramento. Puebla, 1810-1821 de Alicia Tecuanhuey Sandoval que fue publicada este año por el Fondo Editorial de la buap. Las razones para ocuparnos aquí de esta obra son varias. En primer término el libro de sólo 238 páginas intenta ser una explicación global de la dinámica política que se desarrolló en la Provincia de la Puebla de los Ángeles, entre el momento en que se conoció el movimiento iniciado por Miguel Hidalgo y Costilla el 16 de septiembre de 1810 en el pueblo de Dolores y el 27 de septiembre de 1821, momento en que se consuma la independencia en la Ciudad de México, capital del virreinato que se desvincula de la Monarquía Española.

En segundo término, hay que decir que el título de la obra indica con claridad que la autora considera como palabras clave de su estudio, explicación e interpretación los conceptos “consenso” y “juramento”. Asimismo, la historiadora señala que uno y otro están asociados a procesos paralelos por los que el primero “se forma” y en el segundo ocurren fracturas y quiebres, hasta llegar a la ruptura. Alicia optó por buscar la explicación, que está sustentada en una exhaustiva documentación de fuentes primarias y conocimiento de bibliografía especializada, en el campo de lo político, claramente en el sentido del sociólogo Pierre Bourdieu. Esto es, el campo de fuerzas en que se dirime quién hace uso legítimo del ejercicio del poder. Campo construido y reconstruido por la tensión entre lo que es pensable y lo que es lo impensable. Semejante tensión y los conflictos concomitantes no pueden ser reconocidos sino por las voces de los actores individuales y colectivos que van definiendo las fronteras de aquel campo en su juego de fuerzas y recomposiciones internas, a partir de la conjunción de diferentes factores causales, accidentes históricos y reacciones, cuyos efectos no deseados resignifican valores y dan nuevos sentidos al curso de la historia.

El abordaje de la independencia desde la perspectiva que adopta la autora, entonces, nos llevará por nuevos senderos, distintos a los presentados por los tradicionales tratamientos con que estamos familiarizados. Aquí no son los individuos con firmes convicciones los que logran hacer triunfar su causa independentista, claramente definida desde el arranque del acontecimiento, es decir septiembre de 1810. En contraste, la autora a lo largo del libro y coincidiendo con los resultados de la historiografía especializada reciente que se ha ocupado de ese momento de manera general, pone a nuestra disposición pruebas que nos permiten imaginar que era muy distinto el mundo provincial que vivió y participó en el cambio por el que el virreinato de la Nueva España pasó de colonia a estado independiente, al que ahora conocemos.

La transición de una condición jurídico-política a la otra implicó para los contemporáneos dejar de creer que su sociedad era un cuerpo orgánico –la monarquía plural española– en el que todas las partes –los reinos–tenían igual importancia y la cabeza –el rey– ocupaba la posición de dirección del cuerpo, en completo y absoluto ejercicio de la soberanía, porque representaba al Padre protector y justo. El derrumbe de esa creencia, sacralizada por la fe religiosa de un catolicismo que también era distinto al presente, tampoco fue resultado del triunfo de la Verdad que defendía algunos sobre la Mentira que querían mantener otros. Para recorrer ese tránsito sus miembros tuvieron que vivir una experiencia sin precedente. Enfrentar situaciones que no gestaron; improvisar respuestas y recursos para defender el orden material y simbólico que conocían; vivir los temores y exaltación de ánimos por la movilización de ejércitos; constatar el horror y desastre a que conducía la guerra interna en la que se defendieron hasta 1813 los mismos símbolos; anhelar desesperadamente soluciones políticas que les restituyeran su mundo, entonces convulsionado; así como vivir la sensación de orfandad.

El problema político de separarse de la monarquía española y romper el juramento de obediencia al rey español que en 1810 estaba bien afianzado, implicó, en resumen, un trastorno en el nivel del mundo mental en el que habían vivido los poblanos y novohispanos hasta entonces. Así, la autora nos mostrará cómo la ciudad de la Puebla de los Ángeles, la capital de la segunda provincia en importancia del virreinato de la Nueva España, que dos días antes del Grito de Dolores permanecía en un clima de aparente calma, fue sacudida junto a sus habitantes, corporaciones, estamentos y pueblos sobre los que ejercía formalmente dominio por sucesivos “sismos” que no propiciaron. Nos referimos al estallido y difusión del movimiento insurgente que pronto prendió en la provincia poblana y que hizo de ella un escenario privilegiado de la disputa y la guerra hasta 1816 –con sus altibajos. A la transformación institucional que vivió la monarquía entre 1809 y 1814 para cubrir el vacío de poder que dejó la abdicación de Fernando vii y toda la familia Borbón  al trono español, ante Napoleón Bonaparte. Por ella, no sólo los americanos, en que se incluyeron los poblanos, se incorporaron por vez primera a las instancias representativas de la nación española emergente simultáneamente; también participaron del primer experimento constitucional que abatió a la monarquía española y dio nacimiento a la monarquía constitucional. Ulteriores sismos fueron las consecuencias de la restitución del absolutismo español por el rey legítimo español Fernando vii, el Deseado, una vez liberado en 1814 y la vuelta constitucional de 1820.

     Las alteraciones en el orden estamental y jerarquías políticas y territoriales que originaron estas sacudidas provocaron obviamente reacciones locales. Si por ellas podemos advertir el despliegue de la Puebla hispanófila, como ciudad y para la mayoría de pueblos que conformaban la provincia, también la autora nos descubrirá que esa fidelidad no fue absolutista. Es en este matiz en donde podremos descubrir un camino por el que los temores y la zozobra privilegiaron las soluciones políticas, el esfuerzo por la conservación de la cultura material, así como la incorporación de nuevos y variados repertorios culturales y lenguajes políticos ilustrados, esencialmente. El trastrocamiento de conductas, instituciones y liderazgos, originaron aquella conmoción en el mundo mental. De ahí que el libro resulte sugerente y provocativo.




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