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Elementos No. 81, Vol. 18, Enero - Marzo, 2011, Página 3

El fútil ejercicio de 
Lévi-Strauss y Buell Quain en la selva amazónica 

Anamaría Ashwell                 Descargar versión PDF



*La lectura de la obra de Lévi-Strauss se la debo, no a mis maestros antropólogos americanistas formados en la tradición de la escuela boasiana norteamericana, sino a un jesuita, Ignacio Martín Baró, quien en 1973, a sabiendas que estaba estudiando antropología en México, cuando nos conocimos en San Salvador, me regaló de su biblioteca su copia de Antropología Estructural, Editorial Universitaria de Buenos Aires.1968. El Padre “Nacho”, el maravilloso y sabio Padre Nacho de la Universidad Católica de San Salvador, murió asesinado por el ejército salvadoreño, con otros cuatro religiosos y dos ayudantes en 1989.

 

Dedicado al Padre Nacho, José Ignacio Martín Baró*

 

1. “El fútil ejercicio de ganarle la carrera al  despliegue global de su propia cultura…”1

 

En el corto periodo que pasó en Brasil, entre 1935 y 1939, como profesor de sociología de la Universidad de Sao Paulo –y por los ocho meses que realizó trabajo de campo en los Tristes Trópicos– a Claude Lévi-Strauss esa vivencia le redituó una grandiosa reputación global como antropólogo. Sin embargo, antropólogos que se cruzaron con él durante su estancia en Brasil, sin homenajes póstumos (o reducidos al reconocimiento de parientes, colegas y amigos), sin publicitadas carreras académicas ni universitarias (cuyos trabajos como etnógrafos de campo también contrastan y exhiben la vocación y las prácticas antropológicas del propio Lévi-Strauss en las aldeas indígenas de la selva brasilera) legaron otras enseñanzas sobre una profesión que los llevó a los confines del mundo occidental, a instalarse en lo extraño.

La experiencia de estos singulares antropólogos que se cruzaron con Lévi-Strauss en el Mato Grosso de Brasil en 1938 atañe no solo a la historia de las burocracias indigenistas oficiales (que en países como Brasil o México se crearon, con sentido humanitario incluso, para “administrar” el drama ético y social de sus poblaciones indígenas), a las universidades, museos y academias occidentales ávidas de información sobre el hombre “primitivo”, sino que –sobre todo– atañe a los pueblos mismos con quienes los antropólogos fueron a compartir la intemperie.

Hay fronteras que una vez cruzadas no tienen retorno; y peligros en el hechizo de lo exótico: en el viaje hacia el hogar del otro que hace el antropólogo también puede acontecer la pérdida del propio.

 

2. “Abá, en el antiguo guaraní tenía el sentido de ‘indio’, en contraposición a ‘blanco’, cuyo nombre era karaí…”2

 

Uno de esos singulares antropólogos que se cruzó con Lévi-Strauss en Brasil en 1938 se llamó Buell Quain, nacido en Bismarck, Dakota del Norte, el 31 de mayo de 1912. Llegó al Brasil después de una experiencia de trabajo de campo en las Islas Fiji.

Franz Boas y Ruth Benedict, desde la escuela de antropología que creó Boas en la Universidad de Columbia en Nueva York, le incluyeron entre los antropólogos que se trasladarían a realizar trabajo de campo al Brasil.3 La Universidad de Columbia correspondía (y aprovechaba) así al interés de una extraordinaria mujer (para su tiempo), Heloísa Alberto Torres, directora del Museu Nacional de Río y pionera en la institucionalización de la investigación antropológica en Brasil, para intercambiar conocimientos y enviar investigadores a la Amazonia brasilera.

Franz Boas, octogenario entonces pero “íntegra su vitalidad intelectual” como reportó Gilberto Freyre, personalmente presentó en febrero de 1938 a Quain con Heloísa Alberto Torres como asistente de investigación de William Lipkind y su esposa que se dirigían a la región de Goiás en Brasil para estudiar a los Karajá.4 Ruth Landes, autora de prestigiados libros basados en su trabajo de campo con los Objiwa, en Canadá, acompañó también a Quain al Brasil para estudiar la religión candomblé en los alrededores de Bahía. Quain, al igual que Landes, era un experimentado antropólogo formado en el trabajo de campo y en seminarios dirigidos por los más destacados alumnos de Boas en Columbia: Margaret Mead, Ralph Linton y Ruth Benedict, entre otros.

Lévi-Strauss, en el mismo tiempo que Boas y Benedict aseguraban permisos para los antropólogos de la Universidad de Columbia en Brasil, tramitaba los suyos para adentrarse en el Mato Grosso con una expedición que pretendía no solo llevar al Musée de l’Homme en París muestras de la cultura material, sino también un estudio etnográfico completo de las tribus nómadas que se conocen con el nombre genérico de Nambikwara y que habitaban la región noroeste del Mato Grosso entre los ríos Guapore y Juruena.

Lévi-Strauss recibía, sin embargo, a diferencia de Boas y la Universidad de Columbia, evasivas ante la solicitud de permisos. Tuvo que sortear también malos entendidos que retrasaron sus permisos cuando declinó incorporar a un investigador brasilero a su expedición. Parte de la demora en la obtención de sus permisos se debió también al clima antisemita5 que mostraba entonces casi toda la burocracia oficial brasilera y también algunos en el Consejo del Serviço de Proteção aos Indios (spi, creado en 1910) y en el Conselho de Fiscalização Das Expedições Artísticas e Científicas (creado en 1933).6 Pero Lévi-Strauss, al negarse a incluir a un antropólogo brasilero en su expedición al Mato Grosso, despertó sospechas y malos entendidos con la persona más importante, la directora del Museu Nacional de Río, instrumental en la entrega de permisos para realizar investigaciones entre poblaciones indígenas en Brasil. Solo la mediación de Mario de Andrade de la Secretaría de Cultura de Sao Paulo7 logró facilitarle el permiso para proceder al Mato Grosso con los nómadas Nambikwara en junio de 1938. En un intercambio epistolar entre Heloísa y Andrade ellos celebraron una broma privada que tiene a Lévi-Strauss como destinatario: “... posiblemente un “ariano” Nambikwara se comerá al judío” dijo Andrade para disfrute de Heloísa cuando ella entregó finalmente los permisos para su expedición.8 Fue irónico, y también atenuante, entonces, que un antropólogo judío, esencialmente judío como fue Boas, fuera decisivo para que Heloísa Alberto Torres otorgara a Quain los permisos en su propuesta de acercamiento a las tribus selváticas del alto Xingú.9 Aunque tuvo ella hacia él, además, una inmediata simpatía y el interés que Quain, después de su trabajo de campo, residiera en Brasil para entrenar en lingüística a antropólogos brasileros. Heloísa abogó y negoció, por eso, con otras autoridades, por el cambio en su itinerario para que Quain dejara la expedición de Lipkind con los Karajá y se pudiera dirigir hacia las nacientes del Xingú (ver mapa), a encontrarse con tribus Trumái y después Krahó, y en contra de la opinión del Consejo del Serviço de Proteção aos Indios cuyos dos directores se opusieron al traslado de un extranjero a esa región.

Mapa. Grupos tribales de río Xingú, tomado del libro The Trumaní indians of central Brazil.


Quain era un joven apuesto, de complexión fuerte, seductora mirada y sonrisa franca. Un bienintencionado, llano y transparente “gringo” del medio oeste norteamericano. También candidato a doctor por la Escuela de Antropología de mayor prestigio mundial; y, por eso mismo, ambicioso y anhelante de una gloria académica propia. Alfred Metraux se encontró con él en febrero de 1938 en Río, en el Museu Nacional, y dejó anotado en su diario que Quain era de “rostro enérgico, rasgos regulares y buena prestancia... y de hombros fuertes”10 dejando traslucir admiración por el físico de Quain en sus diarios. Quain era además un competente pianista que mostró apasionado interés por el arte y la poesía de pueblos no occidentales. Por la correspondencia de Ruth Landes con Heloísa se supo también que Quain era soltero, aunque divorciado. Quain provenía, además, de una crianza acomodada, de modales amistosos, educación impecable así como su compromiso con la antropología y el trabajo de campo, prioridades en su vida. Sus padres eran médicos de profesión y su madre, en particular, fue una entusiasta colaboradora externa de sus investigaciones de campo.11 Contaba entonces Quain con apenas 26 años cuando se internó solo, a pesar de la insistencia de Heloísa en que debía ir acompañado con una expedición que incluyera no solo a asistentes sino más recursos económicos y materiales (“él prefiere andar a pie”, anotó Heloísa), en la selva del alto Xingú hacia el noreste selvático e inhóspito del Mato Grosso donde habitaban los más elusivos y enigmáticos Trumái.

En febrero de 1938 Quain se cruzó y conversó con Metraux en el Museu Nacional de Río; poco después, el 2 de mayo, se trasladó por tren desde Río hacia el Mato Grosso hasta Corumbá, y de allí en un barco que hacía el trayecto sobre afluentes del río Paraguay hasta Cuiabá. En ese barco, compartiendo camarote, se encontró Quain con Castro Faria, delegado del Museu Nacional de Río, que se dirigía a reunirse con Lévi-Strauss también en Cuiabá.

Arribaron todos el 9 de mayo y se hospedaron, incluyendo los miembros de la expedición de Lévi-Strauss, en el mismo hotel. El 6 de junio Lévi-Strauss salió de Cuiabá con más de 1,470 kilos de equipos, un trasmisor de radio, máquinas de escribir, material fotográfico, rifles con miles de cartuchos y asistidos por veinte hombres, quince mulas, treinta bueyes, caballos y un camión, hacia el noroeste del Mato Grosso. La expedición sobrepasaría en número a los indígenas de varias aldeas Nambikwara que se iban a encontrar en la selva.12 Acompañaba a Lévi-Strauss la filósofa Dina Lévi-Strauss (su esposa) y el doctor Jean Vellard, biólogo, con antecedentes violentos en contra de la población aborigen en una expedición anterior por territorios de Guayakíes en el Paraguay.13 A este equipo Heloísa Alberto Torres impuso al joven antropólogo brasilero Luiz de Castro Faria.

La expedición organizada por Lévi-Strauss se proponía avanzar más de 1,000 kilómetros hacia las meseta selvática de lo que se conocía como Serra do Norte estudiando someramente media docena de tribus nómadas (designadas como Nambikwara), una vasta región lingüística Ge, con algunas poblaciones Tupí parlantes, evitando empantanarse en detalles específicos de cada tribu y sin emprender investigaciones etnográficas introspectivas y de larga duración como las que se proponía, por su entrenamiento y temperamento, Buell Quain.14

El 16 de junio, después de que se sintió mejor de una infección de oído, Quain partió de Cuiabá, solo, en dirección contraria: hacia el noreste, el alto Xingú, detrás de los elusivos Trumái, tribu de la familia lingüística Ge contactados solo esporádicamente por algunos misioneros y por una expedición alemana hacía casi medio siglo atrás.15

Lévi-Strauss tenía entonces treinta años, la barba oscura y un temperamento muy reservado. Las notas de campo de Castro Faria le describen como “silencioso, introspectivo... no compartía sus notas... una situación muy poco familiar para un brasilero”, según sus apuntes. En contraste con Quain, era también autodidacta en su formación como antropólogo (Lévi-Strauss realizó estudios en leyes y obtuvo un grado en filosofía de la Sorbonne en el año 1932-1933). Pero más importante aún, contaba con poca experiencia de trabajo de campo y solo fugaces viajes anteriores16 al Mato Grosso del Sur, en la frontera de Brasil con Paraguay, en el año 1935.

Lévi-Strauss llegó a la selva, sin embargo, con recursos y patrocinadores poderosos, entre ellos Paul Rivet director del Musée de l’Homme en París.17

En el mes de julio, Quain, ya se encontraba a dos días al sur de Nahukúa; y mediante la navegación del río Kurisevo ya había emprendido el viaje en dirección norte. Había viajado primero desde Cuiabá a la estación indígena Simoes Lopez en camión; cruzó el sertão durante seis días mediante un buey y navegó en canoas durante otros siete hasta llegar a una misión religiosa dirigida por el señor Thomas Young y señora. Allí se detuvo tres semanas y necesitó otras tres para arribar a la primera aldea Trumái. Durante el trayecto fue reconociendo a varias tribus, quedándose un corto tiempo en una aldea Kamayurá.18

     El 15 de septiembre de 1938 le escribió a Heloísa Alberto Torres y le informó que llevaba más de un mes instalado en una aldea
19 provisional y construida aproximadamente hacía dos años, con una población de 44 indígenas Trumái (17 hombres, 17 mujeres y 10 niños), organizados en cuatro unidades domésticas, según descripción de Quain. Los Trumái se encontraban entonces en constantes guerras con sus vecinos los Ge parlantes Suyá y los Yuruna de las riberas del río Diauarun; así también despreciados y sometidos por los Tupí parlantes Kamayurá. El rapto y apropiación de mujeres, así como la aprehensión ante la hechicería de tribus vecinas, eran una amenaza diaria, y Quain encontró a todos en la aldea paralizados de miedo. Después de una noche que se sintieron atacados por los Suyá, Quain cuenta en sus cartas, toda la aldea Trumái se instaló a dormir las noches en su pequeña choza porque él tenía una pistola.

Soledad, depresión, insalubridad y un tiempo interminable, así como un sentido hondo de extrañeza y futilidad, esperaban a todos los etnógrafos que se embarcaron en la investigación de campo etnográfica en los márgenes del mundo occidental. Algunos han descrito (como Bronislaw Malinowski en los diarios de su estadía entre los Trobianders, en la Melanesia)20 las sombras insanas de locuras que avanzan nublando pensamientos.

Incluso en una expedición, acompañado de su esposa, con el grado de logística y de tiempo corto, acampando casi siempre no en la selva sino en las estaciones de telégrafos,21 como fue la incursión de Lévi-Strauss al Mato Grosso brasileño, la alienación y el sentimiento de desamparo fue hondo. Uno sólo puede imaginarse a Buell Quain entre los Trumái, aislado y sin la posibilidad de comunicarse: “[Los Trumái] tienen una cultura en vías de extinción... no encuentro a nadie que voluntariamente me entregue información de algún valor etnográfico”, le escribió a Ruth Benedicto, y aquí “toda muerte es un asesinato... nadie espera estar vivo para la siguiente temporada de lluvias”.22 “Ninguna cultura podría ser más diferente a las de la islas FICI”, también le explicó de los Trumao a Eloísa, haciendo referencia a su anterior estadía e investigación de campo. Quain, el antropólogo experimentado, se encontró totalmente rebasado por los Trumao. Desamparado de referentes, de recursos e incluso de atributos para lidiar con estos indios “irrefrenablemente pedigüeños”, sin pudor, que le acariciaban el cuerpo y que aunque protestó procedían a pintárselo; además que le robaban todo y no le dejaban ninguna privacidad porque le observaban día y noche. No hay manera de expresar autoridad entre ellos porque ni sus propios chamanes o jefes tienen atribuciones de autoridades,23 reportó Quain, por lo cual pronto se sintió “ansioso e inseguro” y cuestionó su futuro entre ellos. También dijo en una carta a Eloísa: “temo aceptar el modo de vida nativo” porque estaba en un ambiente de indios desenvueltos, incontrolables (son adjetivos suyos) al mismo tiempo que buscaba (con dos informantes) avanzar en su trabajo etnográfico elaborando un mínimo corpus lingüístico. “No me gusta la idea de volverme un nativo”, contó también en una carta, y se quejó que “ellos” le han construido una choza que es una “aberración arquitectónica” (copiando una que vieron a un misionero) y no una tradicional. Además los Trumao simplemente no aceptaron que él no entendiera su lengua. Le obligaban a cantar cuando trataba de conseguir información sobre la organización social y hablaban con él “con la horrorosa distorsión de la lengua improvisada” que él usaba para comunicarse con ellos.

     En noviembre de 1938 Quain había recibido notificación del spi que le “convidaba a retirarse de la aldea de los indios Trumao” por infracción de “reglamentos” por lo cual Quain tuvo que interrumpir sus investigaciones y emprender el penoso regreso a Río de Janeiro para esperar que sus permisos oficiales estuvieran en orden. Quain necesitó 38 días para retornar por el río, atravesar el serrato hacia Siroes Lopez y después a Cuiabá. Cuando llegó a Río se instaló en una pensión (Pensao Gustavo) en la Rua do Riachuelo en el distrito de Lapa, atiborrado con casas de prostitución. Alfred Metraux, rumbo a Buenos Aires, alojado en el lujoso hotel Belvedere de Copacabana, invitó una noche a cenar, en su hotel, a Quain y Charles Wagley, el otro antropólogo enviado desde la Universidad de Columbia a investigaciones de campo en Brasil. En su diario apuntó: “Cowan24 nos habló de su viaje al Xingú y después se explayó contando que había contraído sífilis. Con franqueza brutal... se emborrachó, su voz resonaba por todo el salón y Wagley le llamaba a la calma...”25 En diciembre de 1938, cuando recibió sus permisos, Quain avisó a Heloísa que tenía prisa por regresar a las aldeas Trumái y Kamayurá porque se avecinaba la temporada de lluvias y temía que los indios emigraran del lugar. Cuando llegó a Cuiabá, el 28 de diciembre, le mandó también instrucciones sobre los envíos de fotos, “son malas pero tienen valor etnográfico”, y pidió que ella trasmitiera copias a la Universidad de Columbia y a su madre. En Cuiabá tuvo que permanecer, sin embargo, hasta principios de enero de 1939 porque una fiebre alta que atribuyó a la malaria no cedía. En cartas, mientras tanto, dio cuenta de su creciente familiaridad con la lengua de los Trumái26 y sugirió al spi que ellos serían mejores intérpretes que los indios Bakairi porque podían desenvolverse lingüísticamente en toda el área Kuliseo-Kuluene. Curt Unkel Nimuendayú (1883-1945) y Constant Tastevin (1880-1962) habían avanzado en el rescate, traducción e inventario de lenguas indígenas amazónicas de las familias linguística Ge y Tupí, pero el primer corpus lingüístico de la lengua Trumái estaba en proceso de elaborarse con el trabajo etnográfico de Quain.27

A comienzos de marzo de 1939 Quain se encontraba en Carolina, cerca de la frontera estatal actual de Maranhao / Tocantins28 donde conoció a un grupo Krahó de Cabeceira Grossa que le invitó a su aldea. Quain solicitó permiso al spi para trasladarse e iniciar trabajo de campo entre ellos. El 15 de marzo avisó que se encontraba ya en una aldea Krahó de 16 chozas y con una población de 200 personas. Hizo algunas observaciones que contrastaban las ceremonias y organización social de los Krahó con los Trumái, describió la cotidianidad como desorganizada y a ellos como poco “aseados” además que entró en contacto con aldeas de indios Gaviao, Canela y Urubu y se propuso ahondar en sus lenguas y cultura; expresó también sus planes de regresar a la aldea Krahó por tres meses. Por estas fechas también contó a Heloísa Alberto Torres de su interés por contactar con Curt Nimuendayú para intercambiar información. Curt Unkel Nimuendayú era el que mejor conocía a los indios selváticos de la familia lingüística Ge y había logrado ser fluido en sus lenguas.29 Una carta desde Río, de Heloísa Alberto Torres, en este tiempo, le advertía también que cualquier comportamiento “errado” de su parte solo podría perjudicar la reputación del Museu Nacional. Ella le pidió a Quain no llevar “pinga”, una bebida alcohólica elaborada de caña de azúcar, hacia las aldeas indígenas, y le indicó no tocar ni una mujer indígena. Heloísa en su carta agregó: “...a veces tengo miedo por Ud... le encuentro inestable y temo por su futuro”.30 Quain contestó puntualmente sobre su material y acervo etnográfico-lingüístico; hizo un recuento de las fotos y grabaciones enviadas al Museu Nacional y explicó que su ultima petición de fondos fue en razón de que a su llegada a Carolina no tenía ya zapatos y que se sentía disminuido por causa de su pobre apariencia. Explicó también que se encontraba absorto en su trabajo etnográfico y que estaban con él dos indígenas Krahó que “me ayudan a revisar 50 páginas de textos lingüísticos y anotaciones musicales, durante casi tres días...” Planeaba su regreso a la aldea Krahó para el 4 de junio no sin antes enviarle a Heloísa “un rápido relato” de sus notas etnográficas avanzadas. Quain concluyó su carta para Heloísa con el comentario que su vida sexual era “sin mácula” y que el insumo de alcohol estaba limitado a ocasionales reuniones sociales.

Empero el 5 de junio sus cartas ya presagiaban problemas. Quain avisó a Heloísa, desde Carolina, que asuntos graves en su familia (sus padres de 70 años se divorciaban) le obligarían a regresar a eeuu para diciembre. Quain dijo a Heloísa que su padre sufría de demencia senil y él necesitaba salvar una propiedad cuyo valor pensaba destinar al financiamiento de trabajos etnográficos.31 Estaba enterado también que Curt Unkel Nimuendayú había obtenido permisos para investigaciones de campo en el alto Xingú. Heloísa le confirmó esta información, pero también le tranquilizó:

“... los Trumái son suyos”, le dijo.

El 7 de junio Quain avisó a Heloísa que dejaba amanhã Carolina; dio instrucciones sobre rollos de filmaciones e hizo arreglos para enviar sus notas sobre los Trumái a Columbia y al Museu de Río. Con fecha de 13 de junio dirigió también una carta a Margaret Mead expresando detalladamente el estado anárquico en que viven los Krahó y los Trumái, totalmente insensibles a principios de autoridad, sin estructura organizativas y que eso dificultaba su habilidad para aprender la lengua y desarrollar relaciones con ellos. Tuvo la suerte que los Trumái –dice– le atribuyeron poderes sobrenaturales porque como extranjero provenía de la ciudad del sol y por consecuente le aceptaron como “hermano”. Quain cree que este total desdén por el orden y la autoridad no tiene su origen en el mundo indígena, sin embargo, sino que es influencia “brasilera” que se adecuó al temperamento indígena; aunque añade: “no conozco suficientemente la historia brasilera para sustentar esto”. En cartas dirigidas a Benedict, Mead y sobre todo a su amiga Ruth Landes, Quain exhibía más franquezas que con Heloísa y externaba crecientes críticas, incomodidades y soledad en el Brasil.

Pero sería hasta el 7 de agosto cuando la estancia de Quain en las aldeas Krahó se aceleró hacia su fin. “Querida Doña Heloísa, le escribe Quain:

 

Me estoy muriendo de una enfermedad contagiosa. Esta carta le llegará después de mi muerte. Debe ser desinfectada. Solicité que mis notas (de campo) y mi grabadora (lamento que sin ni una grabación) sean enviadas al Museo. Por favor envíe mis notas (de campo) a Columbia.

No piense mal de mí. Yo aprecié su amistad. Pero no puedo terminar de catalogar la colección que los indios van a acopiar y enviarle a Ud. Pedí que las dos cuentas de reales sean devueltas a Ud. en razón de mi fracaso. Sin embargo, si acaso Ud decide quedarse con algo para la colección por favor acuérdese de los indios y envíeles lo que Ud. considere apropiado con Manoel Perna de Carolina.

Espero que Lipkind y Wagley cumplan con sus expectativas.

Sinceramente

Buell Quain

 

Quain envió al mismo tiempo una carta a la policía en eeuu en la cual les explica que se estaba muriendo de una enfermedad contagiosa pero que deseaba que se dijera a su familia que murió de causas naturales. Y otra carta a Manoel Perna, un amigo, a quien también le pidió desinfectar la carta, con instrucciones sobre sus cuentas de dinero y sus destinos. Después de asignarle a Heloísa dos cuentas con reales y una suma, pagar a los indios que llevarían una colección para el Museo Goeldi de Belém en Pará, pide que el resto del dinero se le entregue a los indios.32

    La enfermedad contagiosa a la que alude Quain pudo ser la sífilis que Quain confesó a Lévi-Strauss y Metraux haber contraído en Río de una enfermera. O pudo haber sido los “problemas de piel”, lepra, que Quain reportó entre los Krahó. Personas cercanas a él, sin embargo, no dieron crédito ni atestiguaron que él hubiera sufrido algún contagio. Quain no exhibía ningún síntoma de alguna enfermedad ni signos físicos de alguna dolencia. Los indios dieron cuenta, sin embargo, que Quain llevaba tiempo con mucho pesar cuando leía cartas de sus padres. Él quemaba las cartas después de haberlas leído. Quain comentó con ellos, además, que su padre había abandonado a su madre dejándola sin recursos económicos.

Con tristeza creciente, cada vez más retraído, el 31 de julio de 1939, en compañía de dos indios, João e Ismael, Quain abandonó la aldea y se dirigió hacia Carolina; al día siguiente, el 1 de agosto, los tres caminaron hacia las proximidades del rancho Serrinha, en el estado de Goías, porque Quain dijo que era un lugar hermoso para pernoctar. A la noche siguiente sus acompañantes indígenas le encontraron ensangrentado porque se había cortado brazos y piernas con una navaja Gillette. Le suplicaron que se detuviera, que no se matara, pero Quain les respondió que quería morir para acabar con su sufrimiento. João e Ismael, aterrados, salieron corriendo hacia Serrinha para pedir ayuda y en el tiempo en que se ausentaron Quain caminó hacia un árbol solitario y con la cuerda de su hamaca se ahorcó.33 

 

3. “…salvaje y melancólico pero grandioso y conmovedor…”34

 

A finales de 1938 Lévi-Strauss iniciaba su salida de la selva del Mato Grosso surcando el río Madeira hasta Jacaré, y de allí por barco a vapor hasta Porto Velho. Allí Lévi-Strauss y Vellard abordaron una avioneta hacia Cochabamba, Bolivia, y de allí nuevamente hacia Corumbá y de regreso a Cuiabá donde se había iniciado la expedición ocho meses antes. En enero de 1939 Lévi-Strauss se encontraba de vuelta en Utiariti donde los Nambikwara se aprestaban a pasar la temporada de lluvia y él iniciaba el camino sin retorno a São Paulo cargado de utilería, arte plumario, objetos de cerámica y madera producto del trueque en las distintas aldeas indígenas que visitó. Y para la primavera de 1939 ya estaba divorciándose de su acompañante y esposa, la filósofa que fungió como antropóloga en la expedición, Dina Dreyfuss.

    Lévi-Strauss nunca más regresaría al trabajo de campo, nunca más al Mato Grosso (ni siquiera al Brasil, salvo un viaje oficial de cinco días en 1985 acompañando al presidente francés François Miterrand)35 aunque ese “largo y difícil viaje” catapultó su carrera académica y cimentó su reputación como antropólogo de fama mundial. Ese “difícil viaje” –como dijo él– además redundó en la única obra “no científica” en su larga carrera académica que resultaría también en la única de sus obras que el tiempo y la crítica no cuestionó: Tristes Trópicos.36 Escrito quince años después de abandonar Brasil todavía se lee en sus páginas la melancolía, el desconcierto y la conmoción de un joven antropólogo que con mal manejo del portugués descubrió no a los Nambikwara en la selva brasilera, sino que la antropología es “una enfermedad social que aflige a gente incapaz de tolerar su propia civilización”; acusación que registró Metraux y que Lévi-Strauss refirió condescendientemente contra antropólogos norteamericanos cuando fue él, quizás, el mejor ejemplo de su propia observación.37

    Con el tiempo y en distintas entrevistas Lévi-Strauss admitiría que su expedición al Mato Grosso “fue un fracaso total”. En una conocida entrevista con Didier Eribon en 198038 dijo casi con alivio: “¿Por qué no admitirlo? Muy pronto me di cuenta que soy un hombre de bibliotecas no de trabajo de campo”. Castro Faria ya lo había comentado así, en una entrevista al periódico francés Libération: “No estaba hecho para esa profesión”, dijo.

 

Tenía dificultades para comunicarse y le aburría estar alejado de las comodidades de la civilización... la expedición en realidad fue más un viaje que un trabajo de campo antropológico: meses de preparaciones para unos contactos cortos con la población indígena... a Lévi-Strauss le resultó muy difícil aceptar esas condiciones extremas. Teníamos que acampar y levantar campamentos todo el tiempo y eso resultó demasiado para él. Él en realidad era un “filósofo entre los indios”.39

 

    Las copiosas notas de campo de Lévi-Strauss, hoy alojadas en la Biblioteca Nacional de Francia, por eso mismo, tienen mayor valor artístico que antropológico. Diagramas, semblanzas, y dibujos de jaguares, armadillos, diseños tomados de la pintura facial de las mujeres Bororo, por ejemplo, atiborran sus hojas. El corpus fotográfico que reunió es también sorprendentemente hermoso40 y comparable a la obra artística de muchos fotógrafos profesionales, aunque de bajo valor como registro etnográfico. Sus apuntes, algunos los describieron como “impresionistas”, tienen mínimas puntuaciones etnográficas de los pueblos Nambikwara quizás porque sus anotaciones necesitaron de la mediación constante de intérpretes en portugués, un idioma que nunca dominó del todo. “Mis notas de campo son burdas”, tuvo que aceptar el propio Lévi-Strauss, “me horroriza lo pobremente que están organizadas”.41

A diferencia de las notas de campo realizadas por Buell Quain, que en casi el mismo tiempo fueron rigurosamente organizadas: su internamiento en la cultura y lenguaje Trumái y Krahó resultó insuficiente solo por el corto tiempo que él alcanzó a vivir sus culturas. Pero en ese corto tiempo Quain avanzó en el aprendizaje de la lengua de sus huéspedes nativos y logró recopilar el primer corpus lingüístico, así como una descripción etnográfica detallada de los indios Trumái y Krohá. Robert F. Murphy, el antropólogo que recibió el encargo de editar sus notas de campo, escribió que éstas son

 

resultado de una de las investigaciones de campo más difíciles que haya realizado etnólogo alguno... consisten de un sorprendente y detallado registro diario... de las actividades y eventos en la aldea Trumái... sus notas son el triunfo de una participación y observación sin descanso.42

 

Curt Unkel Nimuendayú expresó, asimismo, que el trabajo lingüístico llevado a cabo por Quain quedó inconcluso solo por su trágica muerte. La gramática Krahó establecida por Quain, dijo a Heloísa, “... ayudaría en más del 50%” a cualquiera que continuase el estudio del universo linguístico Ge del alto Xingú. Ese corpus linguístico que recopiló Quain se publicó también postumamente como: Incomplete Krahó Grammar editado en 1939 por laAmerican Philosophical Society.

 

4. ... ¡tus pies yo quiero comer! ¡Tus ojos yo quiero comer! ¡Son sabrosos!..43

 

Los pueblos indígenas de la amazonia central brasilera, como insistió Lévi-Strauss y la arqueología logró con el tiempo documentar, no son una suerte de muestras de lo que pudo haber sido una humanidad primitiva, sino pueblos que se refugiaron en el aislamiento (o intentaron salvarse en esas zonas selváticas de refugio) como remanentes de grandes y pobladas civilizaciones de antaño. Enfermedades, explotación y un “monstruoso” genocidio cometido por los colonizadores portugueses en el siglo xvi, y sin interrupción en los dos siglos siguientes, redujeron a la esclavitud o la degradación a los pueblos que se salvaron de la extinción.44 Los sobrevivientes más elusivos, como los Nambikwara o los Trumái, apenas vivos, ni en la tupida selva amazónica se escaparon de la mirada y la intromisión de los antropólogos.45 Ni de la traducción antropológica estructuralista, marxista o empirista de sus culturas.

    Las condiciones de vida y muerte en las aldeas indígenas selváticas que atestiguaron y afrontaron los antropólogos en la selva del Mato Grosso brasilero en 1938, resultaron tan fascinantes como dolorosas para todos y así también para Quain y Lévi-Strauss. A las dos semanas de arribar a una aldea Nambikwara cercana al río Papagaio, tributario del Amazonas, Lévi-Strauss constataba que malaria, fiebre amarilla, tuberculosis y parásitos intestinales afligían y mermaban la población de indios selváticos. Una dolorosa infección llenó de pus los ojos de los indios Nambikwara y se extendió por la mosca lambe-olho, afectando a todos en la aldea y paralizando incluso a los de su expedición con dolores insoportables.46 Quain, por su lado, dio cuenta de las enfermedades de la piel y la violencia entre tribus en el Alto Xingú; violencia también de parte de brasileros posesionados de las tierras que diezmaban a la población Trumái y Krohá: “¿El gobierno podría expulsar a todos los brasileros de esta área?” preguntaba a Heloísa. Y describió en sus cuadernos de campo el declive y sometimiento al que había llegado la tribu Trumái, apenas logrando sobrevivir, ya sin dignidad ni respeto, entre sus vecinos en el Alto Xingú.47 Pero fue Nimuendayú, entonces, el mayor testigo así como el procurador y defensor más arriesgado de varias etnias amazónicas. Basta recordar sus tres semanas deambulando, desesperado, por la selva, tratando de rescatar a las tres únicas mujeres, enloquecidas de miedo, que sobrevivieron el exterminio total de la etnia Otí. Fue él quien contó cómo a finales del siglo xix aparecieron algunos chamanes en la selva del Mato Grosso, entre etnias Tupí parlantes, que inspirados en visiones y sueños profetizaron la destrucción del mundo y conminaron a los indios a caminar hacia el mar en busca de una “Tierra sin Mal”. Los Apapokuvá, su etnia adoptiva, fueron los primeros en abandonar sus hogares. Emigrando lentamente por caminos en los márgenes del río Paraná –cuenta Nimuendayú– prosiguieron al Este hasta Itapetinga, donde los colonos los redujeron a la esclavitud. Nadie llegó a la Tierra sin Mal y casi todos los grupos indígenas que emprendieron la migración murieron por enfermedades o violencia: nadie escapó a la perdición profetizada 

 

...nos llevaría demasiado lejos relatar la triste suerte de todos los grupos que abandonaron el Mato Grosso con la ilusión de llegar a la tierra de promisión para encontrar enfermedades y miseria hasta el exterminio del último hombre... –escribió.48

 

El hechizo que ejerce la selva y sus hombres sobre el imaginario occidental, y que inspiró una obsesiva y competida cacería de parte de científicos detrás de ellos, quizás nunca se apacigüe ni se apaciguará.

Quain arriesgó un “desterramiento” extremo hacia un lugar que no accedía a ser nombrado con nuestros acostumbrados referentes. En vez de acobardarse ante el abismo que se abrió en su espíritu cuando alcanzó la primera aldea de los Trumái, él avanzó navegando ríos hacia lo más tupido de una selva que pulverizó su identidad.

A diferencia de Lévi-Strauss, quien, sombrío, se dio la vuelta y retornó a casa para nunca más acercarse a la selva de los Bororo, Caduceo, Mundé, Tupí-Kawahib, los Namibkwara, que conoció fugazmente en 1938 en Brasil.

Nadie puede saber, cuándo, dónde ni cómo Quain ya no pudo decirnos ante qué quedó expuesto.

Pero nadie puede soportar solo la selva, ni sus amorosos Trumái,49 solo un dios.

 

referencias 



1  Agradezco la colaboración de M. Ashwell que no solo me regaló una copia del libro de Patrick Wilcken sino que investigó y consiguió la bibliografía sobre Nimuendayú y Quain Buell para que yo pudiera redactar este ensayo. La cita a la cual alude el título de mi ensayo está tomada del libro de Patrick Wilcken, Claude Lévi-Strauss: The Poet in the Laboratory, 2010, p. 61.

2  Nimuendayú CU, Los Mitos de Creación y Destrucción del Mundo como Fundamentos de la Religión de los Apapokuva-Guaraní. Ed. Centro Amazónico de Antropología. Perú. 1978, p. 29.

3  Buell Quain fue aceptado en el programa de doctorado en antropología en la Universidad de Columbia después de haber obtenido su grado como zoólogo, en 1934, de la Universidad de Wisconsin / Madison. “... Quain era uno entre los muchos estudiantes de la Universidad de Columbia que habían puesto sus miras en Brasil. Mientras él se dirigía al alto Xingú, Ruth Landes se encontraba estudiando la religión afro-brasilera candomblé en San Salvador Bahía y Charles Wagley empezaba su trabajo de campo entre los tupí parlantes Tapirapé en el centro de Brasil. Al oeste de los Tapirapé, William Lipkind realizaba investigaciones en las riberas del río Araguaía con los indios Barajá –el mismo grupo indígena con el cual se topó accidentalmente Lévi-Strauss durante un viaje el año anterior”. P. Wilcken. Op. Cit. p. 86. (traducción a.a.)
    P. Wilcken es antropólogo y actual miembro de la sección Brasil de Amnesty Internacional en Londres. Su libro anterior fue: Empire Adrift: the Portuguese Court in Rio de Janeiro 1808-1821. (Cito pruebas de imprenta a reservas de la edición final y corregida que estará disponible hasta octubre de 2010 y será editado por Penguin Press en Nueva York).
Ver también, Querida Heloísa/Dear Heloisa. Cartas de Campo para Heloísa Alberto Torres. Unicamp. 2008. (existe acceso al libro, en portugués, por Internet).

4  Carta desde Columbia University del 28 de octubre de 1938 de Gilberto Freyre a Heloísa Alberto Torres, directora del Museo Nacional de Río en Querida Heloísa/Dear Heloisa. Op. Cit. p. 3.

5   Ruth Landes (1908-1991) fue una antropóloga de la Universidad de Columbia que merece una mención por sí misma. A diferencia de Quain, sobre ella existe una biografía y varias menciones en diversas publicaciones; sus investigaciones etnográficas han generado varias tesis y discusiones. Ver Mariza Correa en Antropólogas e Antropología: A cidade das mulheres, Río de Janeiro, Editora ufrj, 2002. Ver también Rally Coles, Ruth Landes: A life in Anthropology. University of Nebraska Press. 2003. Landes dejó constancia de los prejuicios y antisemitismo que vivió de parte de las autoridades oficiales del Brasil, pero también de parte de Heloísa Alberto Torres durante su estancia en Brasil. Cuenta, por ejemplo, que ella veía retratos de Hitler colgados en las oficinas gubernamentales cuando realizaba sus trámites. Ver María Luisa Tucci Carneiro, O Antisemitismo na era Vargas (1930-1945). Sao Paulo, Ed. Brasiliense, 1988.

6  En 1967 el spi se transformó en el actual funai- Fundação Nacional do Índio y el Conselho es el antecedente del actual aba, Associação Brasileira de Antropologia. Ver Querida Heloísa/Dear Eloisa. Op.Cit. Curt Unkel Nimuendayú, en 1911, empezó su colaboración con el spi y en defensa de los indios selváticos.

7  Mario de Andrade, músico y poeta, se hizo amigo de los esposos Lévi-Strauss durante la estadía de ambos como profesores en la Universidad de Sao Paulo entre 1935 y 1938. Y en ese tiempo, según lo indica P. Wilckens, llevó también una relación amorosa con Dina Dreyfuss, judía, entonces esposa de Lévi-Strauss y parte de la expedición al Mato Grosso. Op. Cit. pp. 57-58.

8  Ver Querida Heloísa/Dear Heloisa, op. cit. Nota 28 que refiere al libro de Grupione, Colectes e expedicoes vigiadas.

9  Querida Heloísa/Dear Heloisa, op.cit., incluye cartas de Buell Quain pero también de Charles Wagley y Eduardo Galvao. El libro contiene, además, fotos, referencias y correspondencias que refieren a Lévi-Strauss, Nimuendayú, así como cartas de Franz Boas, Ruth Benedict y Margaret Mead desde Columbia University.

10  A. Metraux, Carnets de Notes et Journaux de Voyages. París. Payot. 1978.

11  Existen 28 cartas de Fannie Quain, escritas entre 1939 y 1949 dirigidas a Heloísa Alberto Torres y 21 cartas que ella envió a su hijo Buell en la Amazonia. Fanny Quain se incorporaría, posteriormente, a un seminario de lingüística para asistir en la organización del corpus linguístico de las lenguas Trumái y Krahó elaborados por su hijo en el alto Xingú. Fannie Quain murió en 1950. Un colega de Quain en el seminario coordinado por Margaret Mead en Columbia en 1934, Bernard Mishkin, que estudió a los Wapi de Nueva Guinea en 1936 y después a los Sauri en la selva peruana en 1937, describió malignamente a la madre de Quain como “neurótica y dominadora”, y al padre de Quain como “alcohólico”. Estas observaciones fueron recogidas por Alfred Metraux en sus diarios de campo. Itinéraires. Carnets de Notes et Journaux de Voyage. París. Payot. 1978. El padre de Buell, Eric P. Quain era un cirujano de origen sueco. Fundó una clínica en Bismarck y tenía 41 años cuando nació Buell. Después de su divorcio de Fanny se volvió a casar y murió en Salem, Oregon, en 1962. Buell tenía una hermana mayor llamada Marion.

12  P. Wilcken. Op. Cit. p. 88.

13  C. Nimuendayú, antropólogo autodidacta, de origen alemán, era el más experimentado investigador de la región selvática central de Brasil. Él fue invitado por Lévi-Strauss para incorporarse a su expedición. Cuando Nimuendayú supo, sin embargo, que el Dr. Vellard estaba incluido en la expedición declinó participar. No le conocía personalmente pero había leído su reporte en Journal de la Societé des Americanistes, en el cual Vellard relató que en una expedición a una aldea Guayakí en territorio paraguayo, ante un ataque con arco y flecha, ellos respondieron con rifles. Los guayakíes huyeron pero quedó abandonado un niño. Vellard se apropió del niño, después de realizarle estudios anatómicos, con la intención de entregarlo a alguna familia en Asunción y seguir su desarrollo físico y mental. Nimuendayú expresó su desaprobación enérgica de Vellard (aunque no ante Lévi-Strauss) y se excusó de participar en la expedición. Luiz de Castro Faria fue incluido en su lugar por petición expresa de Heloísa Alberto Torres. Ver P. Wilcken. Op.Cit. pp. 84-85.

14  “... una y otra vez estas tácticas de “hit and run” (pega y corre) le redituarían (a Lévi-Strauss) nuevas perspectivas... capturaba así... fragmentos culturales... con los cuales construía modelos en su mente...” P. Wilcken. Op. Cit. p.75.

15  Von de Steinen, Trumai Indians: Durch Central Brasilien: Expedition zur Erforschung des Shingú in Jhare 1884. Leipzig.1886 y Unter den Naturvölkern Zentral Braasiliens. Berlín. 1897.
      Otra expedición al alto Xingú la dirigió Herman Meyer en 1897 y 1899, Max Schmidt en 1901 y Vincent Petrullo en 1931. R.Murphy and Buell Quain, The Trumái Indians of central Brasil. JJ Augustin Publisher. Nueva York, 1955, p. 4.

16  “Estas tempranas e impresionistas incursiones en el trabajo de campo marcaron el tono de todo el método posterior de la investigación de campo de Lévi-Strauss” P. Wilckens. Op.Cit. p. 75.

17  Musée de l’Homme se aprestaba a ser inaugurado en 1938 y los artefactos indígenas que Lévi-Strauss trajera del Mato Grosso estarían entre sus primeras colecciones museísticas.

18  Charles Wagley,” Introduction” en R. Murphy and Buell Quain, The Trumái Indians of Central Brasil. Op. Cit.

19  Seguiré la cronología del trayecto de Quain desde las cartas que envió a Heloísa Alberto Torres. Sus notas de campo, observaciones, y datos de viajes están hoy depositados en el Museu Nacional, Casa de la Cultura en Itaboraí ( además de la Universidad de Columbia).

20  B. Malinowski, A Diary in the Strict Sense of the Term, London, Routledge. 1967.

21  P. Wilcken. Op. Cit. p. 88.

22  Carta de Buell Quain a Ruth Benedict, diciembre 21 de 1938. Publicada como apéndice en The Trumai Indians of Central Brasil. Op. Cit. p. 103.

23  Estando entre los Krahó, después, Quain encontró que “esta falta de respuesta a la autoridad” también ocurría allí y que de modo más general “entre los brasileros”. Era característico de sus comportamientos desde la infancia y producía una atmósfera anárquica, según él, “nada agradable”. Querida Heloísa/Dear Heloisa. Op. Cit. p. 79.

24  Los Trumái le pusieron el nombre de “Capitao Quain” a Buell Quain (a medida que se difundió su presencia en el alto Xingú las otras tribus también adoptaron este nombre). Los Krahó le dieron un nombre en su lengua, Camtwyon. A. Metraux no se preocupó en conocer bien su nombre y en su diario puso una trascripción fonética que substituyó Cowan por Quain.

25  P. Wilckens. Op. Cit. p. 100. Querida Eloisa/Dear Heloisa, op. cit. p.45.

26  A su arribo con los Trumái, Quain tenía solo un manejo rudimentario de la lengua Tupí.

27  En la región amazónica subsisten cuatro grandes familias linguísticas: Ge, Aruak, Tupí y Caribe.

28  Sugiero al lector que coteje, como hice yo, las regiones del Mato Grosso por las cuales se desplaza Quain. En 1938 eran regiones incomunicadas, sobretodo en temporadas de lluvias, con ocasionales caminos selváticos abiertos por la compañía de telégrafos y que solo se penetraban navegando los ríos.
 Las fotos que Lévi-Strauss tomó de su recorrido por territorio Nambikwara (Bororo, Carajá, Tupí Kawahib y Mundé ) son caminos más accesibles que el no explorado alto Xingú por donde se movía, solo y a pie, Bell Quain entre los Trumái y Krahó. Ver Claude Lévi-Strauss, Saudades do Brasil: A Photographic Memoir. University of Washington Press. 1994.

29  En 1914 Nimuendayú publicó un vocabulario y textos míticos de los Timbirá, grupo lingüístico Ge, del alto Gurupi. En 1939 y 1940 se editaron dos monografías más sobre los indios Timbirá del ramo occidental, los Apinayé, y sobre diferentes grupos de la familia lingüística Timbirá orientales que Robert Lowie tradujo al inglés y editó también en eeuu. The Apinayé. The Catholic University. Washington, 1956.

30  Querida Heloísa/Dear Heloisa. Op. Cit. p. 59. Carta fechada el 7 de mayo de 1939 desde Río de Janeiro.

31  Buell Quain dejaría de herencia alrededor de treinta mil dólares a un comité formado por Ruth Benedict y su madre para que fueran utilizados en financiar futuros trabajos de campo y publicaciones antropológicas.

32  B. Carvalho detalla que son siete cartas en total las que Quain escribió anunciando su inminente muerte, incluyendo cartas a su cuñado, a su padre y al misionero Thomas Young. Ver Seven Nights. Vintage Books. London, 2008 (traducido del portugués al inglés por Benjamín Moser. Nove Noites fue originalmente publicado en 2002 por Ed. Compañía das Letras, Brasil).

33  Sigo la secuencia de la muerte de Buell desde la carta-informe que el amigo de Buell, Manoel Perna, envió a Heloísa, aproximadamente dos semanas después de su muerte. Ver Querida Heloísa/Dear Heloisa, op. cit., B. Carvalho dice que los indios João e Ismael, asustados huyeron. Los indios temían que las autoridades los señalaran a ellos como responsables de la muerte de Buell. Ver también el resumen de P. Wilcken. Op. Cit. pp. 100-101. Solo Bernardo Carvahlo se aventuró a explorar todas las causas que pudieron influir en su suicidio: quizás el alcohol, problemas familiares, posiblemente encuentros homosexuales, en Nine Nights. Op. Cit. Existen ligeras variaciones en las secuencias del momento mismo de la muerte de Quain entre todos los relatos recopilados. Quain fue enterrado en el lugar donde murió por el dueño del rancho Serrinha y ninguna seña marca hasta el día de hoy su tumba.
    Otros suicidios de antropólogos fueron el de Margaret Caffrey, mientras realizaba trabajo de campo entre indios Apache, también de Columbia University , en 1931. Lucien Sebag se quitó la vida a los 32 años, en 1965, cuando hacía menos de dos años que había concluido su trabajo de campo entre indígenas Ayoré en el Paraguay. Y más notable, cuando se preparaba para re-iniciarse en un trabajo de campo con su nueva esposa entre indios guayakíes en el Paraguay, Alfred Metraux se suicidó en abril de 1963. Charles Wagley, que escribiría la introducción del libro póstumo de Quain sobre los Trumái también escribió, en American Anthropologist, 66-1964 el obituario de Metraux. La lista de suicidados es larga.

34  Dina Dreyfus Lévi-Strauss; notas preparatorias que Lévi-Strauss utilizó para redactar Tristes Trópicos. Archivo de Lévi-Strauss. Biblioteca Nacional de Francia. Citada por P. Wilcken. Op. Cit. p. 63.

35  D. Eribón le preguntó en 1988 si sentía alguna nostalgia por el Brasil y Lévi-Strauss le contestó: Obviamente. Pero sabía que todo cambia con mucha rapidez y si regresaba sólo viviría un duelo por el pasado”. Op. Cit.p. 23.

36   Tristes Tropiques es un libro sobre la pérdida, el duelo, es el lamento de un hombre de más de cincuenta años por el tiempo que pasó”. P. Wilcken Op. Cit. p. 205.
     No es el propósito de este ensayo discutir los cuestionamientos, desde la antropología y los antropólogos, de la obra de Lévi-Strauss (porque habría que abordar su concepto de “antropología” versus “etnología”, étnografía, etcétera y otros presupuestos teóricos que son más del ámbito de la filosofía que de la antropología) pero es importante anotar que las propuestas estructuralistas de Lévi-Strauss sobre el universo indígena americano, sus trabajos sobre parentesco y estructuras elementales, datos que utiliza sobre canibalismo y prácticas sexuales, han sido cuestionados, particularmente, por antropólogos con extensas experiencias en el trabajo de campo entre pueblos indígenas del Brasil, como David Maybury Lewis. El primer cuestionamiento provino del uso equívoco que Lévi-Strauss hace de los datos sobre la homosexualidad entre los Trumái y otras tribus del Alto Xingú en “The Tribes of the Upper Xingú River” en el Handbook of South American Indians (J. Steward ed.) Vol. 3. Buell nunca documentó una inserción de prácticas homosexuales en las relaciones de parentesco entre muchachos Trumái porque éstas se limitaban al juego. Sus notas más bien apuntan a la carencia de mujeres dentro de una población que practicaba el infanticidio y el feminicidio en pleno ocaso cultural y demográfico. Ver R. Murphy y Buell Quain. Op. Cit. p. 83, Otros, como Rodney Needham de la Universidad de Oxford, traductor de algunas obras de Lévi-Strauss al inglés, concluyó que su manejo de datos, sobre todo en la serie de mitos, fue cuestionable. Edmund Leach resumió su legado en la antropología de esta manera: “... a pesar de su enorme prestigio entre sus colegas profesionales los críticos son más que sus discípulos”. Para finales de la década de los ochenta, cuando esa generación de pensadores franceses de la posguerra que dialogaron con él y conformaron sus ideas y teorías desaparecieron (R. Barthes murió en 1980; Lacan en 1982; Jakobson, Aron, Foucault, todos en los años siguientes) la antropología estructuralista Lévi-Strausiana había dejado de figurar en el entrenamiento académico y teórico de la antropó-logos.
Ver P. Wilcken, Op. Cit. p. 326-327. Ver también E. Leach, “Anthropo-logist and Philosopher” en New Left Review, Nov-Dec 1965; Clifford Geertz, The Cerebral Savage: On the work of Lévi-Strauss, Encounter. 1967.

37  Publicado en 1988, en las entrevistas que le hizo Didier Eribon finalmente Lévi-Strauss matiza esta anterior opinión dirigida a etnólogos ame-ricanos y se incluye a sí mismo: “... quizás para muchos antropólogos, no solo es mi caso, la vocación etnológica es una huida de la civilización, la huida de un siglo en el cual uno no se siente cómodo”. Op. Cit. p. 67.

38  Las entrevistas con Didier Eribon se publicaron con motivo de sus 80 años en 1988, pero se iniciaron en 1980. La obra de Lévi-Strauss (1908-2009) abarca más de 26 publicaciones, innumerables artículos y entrevistas, además de un largo diálogo filosófico y antropológico con sus colegas, sobre todo filósofos franceses; existen, así mismo, ampliaciones, rectificaciones y modificaciones que él mismo introduce en sus propuestas teóricas a lo largo de ese tiempo.

39  Castro Faria está citado por P. Wilcken, Op. Cit. p. 111. Lévi-Strauss le dijo a D. Eribon “... no quisiera que esto suene despectivo, todo lo contrario, pero el trabajo de campo es algo así como “trabajo de mujeres”... yo personalmente no tenía interés en eso ni la paciencia para realizarlo... sabe usted que uno se puede pasar dos semanas con un grupo nativo sin lograr obtener nada de las personas simplemente porque uno les irrita y también empieza a odiarlos”. Op. Cit. p. 44.

40  Claude Lévi-Strauss, Saudades do Brasil: A Photographic Memoir, op. cit, incluye no solo fotografías sino reproducciones de los dibujos que llenan sus cuadernos de campo.

41  Citado por P. Wilcken. Op. Cit. p. 95.

42  R. Murphy y Quain Bell, The Trumái Indians of Central Brasil, op. cit. El libro de Quain es un relato fiel a su observación participación entre los Trumái. Él mismo se incluye en las descripciones de las costumbres y creencias Trumái y el texto descubre a este pueblo a través de la corta vivencia compartida. Es un documento de hondas tristezas sobre la cultura degradada de una tribu Ge hoy extinta y sobre un antropólogo sacrificado por contar su historia.

43  Palabras pronunciadas por un indígena Parintintín a Nimuendayú, en voz baja y con una mirada llena de odio, según relato del propio Nimuendayú en “Os Indios Parintintían do Río Madeira”.Journal de la Societé desAmericanistes de París. Nouvelle Série, xvi, pp. 201-278.

44  Lévi-Strauss, Saudade do Brasil. Op. Cit. p. 15.

45  Si bien no es el tema de este ensayo debo dirigir la atención del lector a la discusión que se prolonga ya décadas sobre denuncias de prácticas poco éticas en la investigación científica realizada por algunos entre diversos pueblos indígenas en las Amazonas. Ver por ejemplo, Patrick Tierney,Darkness in El Dorado: How Scientists and Journalists Devastated the Amazon. Norton. 2002.

46  Dina Dreyfus tuvo que ser trasladada a Sao Paulo. Castro Faria en su diario cuenta que el dolor que él mismo sufrió fue insoportable. P. Wilcken explica que la infección original pudo ser gonorréica. Ver, op. cit. p. 96. Las fotografías de Lévi-Strauss dan cuenta de escenas dramáticas de curaciones, dolor y ceguera entre los indios. C. Lévi-Strauss, Saudades do Brasil. Op. Cit. pp. 128-129. Lévi-Strauss refiere que los lambe-olhos (lame ojos) eran abejas: “...una variedad sudamericana que no pica sino que es problemática por otras razones... para satisfacer su sed de sudor humano se incrusta... en los rincones de los labios, en los ojos y en las cavidades nasales...” Tristes Trópicos. Op.Cit. p. 271.

47  Quain da cuenta de un censo de entre 43 y 44 Trumái en una única aldea situada en las riveras del río Kuluene donde se une al río Kuliseo, tributarios del Amazonas. En 1948 el censo spi ya registra solo 25 Trumái.

48  C. Nimuendayú. Los Mitos de Creación y de... Op. Cit.

49  La única monografía (así sea incompleta) que existe de los Trumái es la que elaboró Buell Quain durante los cuatro meses, entre agosto y noviembre de 1938, cuando vivió entre ellos. En 1946 el doctor Eduardo Galvao, que trabajó entre indios del Alto Xingú, informó a Charles Wagley que “el número de Trumái ha disminuido críticamente y la vida entre los Trumái que sobreviven está tan seriamente desorganizada que es dudoso que existan hoy como una entidad tribal”.
    Un año después del suicidio de Quain, un domingo 25 de agosto de 1940, once hombres armados con rifles atacaron la aldea Krahó, cerca de Cabeceira Grossa, donde también vivió Quain. Dos terratenientes, José Santiago y João Gomez de la municipalidad de Pedro Afonso, dirigieron la embestida. Se proponían castigar a los indios Krahó por el robo de ganado, desatándose una monstruosa masacre que sacrificó también a otros indios de aldeas cercanas: 27 mujeres, niños y hombres Krahó murieron acribillados. Como resumió el propio Lévi-Strauss: entre 1900 y 1950, 90 tribus indígenas y 15 lenguas desaparecieron solo en el Brasil. El libro de Bernardo Carvahlo, escrito 62 años después, más que un recuento novelado de la vida y muerte de Quain entre los Trumái y Krahó, es un extraordinario y conmovedor documento de como la vida extrema de los indios –y la historia– se pudo cobrar también con violencia la propia vida de Quain en el alto Xingú.

 

Anamaría Ashwell
aashwell@gmail.com



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