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Elementos No. 78, Vol. 17, Mayo - Julio, 2010, Página 43
Arquitectura y Fotografía: Miradas caleidoscópicas sobre la ciudad

Luis Fernando Acebedo R.                 Descargar versión PDF


Todas las ciudades tienen un color dado por el juego de luces y sombras que se encuentran en el tiempo y el espacio. Le Corbusier decía: “la arquitectura es el encuentro de la luz con la forma”. Precisamente, la fotografía en sus inicios encontró un gran apoyo en la arquitectura cuando sus inventores buscaron demostrar cómo ésta facilitaba la apertura de nuevas posibilidades pictóricas y paisajísticas al capturar en un abrir y cerrar de la luz, las perspectivas geométricas del espacio citadino que el Renacimiento había logrado expresar a través del dibujo.
    La velocidad de la vida urbana casi siempre obnubila la percepción de los cambios cromáticos en las fachadas de los edificios o en los objetos que abren o cierran las perspectivas urbanas. Con la fotografía logramos detener el espacio y neutralizar el tiempo para revelar un caleidoscopio de tonalidades y texturas que re-crean la ciudad o sus fragmentos, como una escenografía cambiante, fugaz, efímera. Cuando esto sucede, la fotografía encuentra su razón de ser porque nos deja impávidos y deslumbrados con la captura perenne de un instante vivido. Y cuando la arquitectura nos sorprende con sus formas, materiales, texturas, tonos o juego de volúmenes en contraste con la luz, entonces podemos afirmar que se ha vuelto lugar, apropiación, cultura, porque contiene un lenguaje, sugiere un acontecimiento o una acción, conjugados en clave de pasado, presente o futuro.

Las fuerzas motoras de la arquitectura y la fotografía urbana

Tiempo, espacio, luz, movimiento y técnicas parecen ser las fuerzas motoras que dinamizan la arquitectura y también la fotografía urbana en nuestra época. Aquí está el nuevo espacio, ya no sólo tridimensional sino cuatridimensional, porque articula el espacio físico con el virtual y lo transforma en un espacio altamente interconectado con los flujos y las redes de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC).
    Luces y sombras, fragmentos y tonos cromáticos hacen parte de las miradas o giros caleidoscópicos que hacemos cotidianamente para fijar el espacio en nuestra retina. Pero no siempre lo logramos, a veces, debemos acudir a la fotografía para re-tener y transformar aquellas imágenes que el espacio-tiempo cada vez más efímero y fugaz no nos permite disfrutar. Quizás ésta sea una de las diferencias más notorias entre arquitectura y fotografía, el carácter efímero de esta última, aunque algunas expresiones contemporáneas de la arquitectura ya han relativizado esta idea al incursionar en las espacialidades de algunas artes como el teatro de la presentación, o en las grandes ferias y exposiciones internacionales o en los parques temáticos, entre otros, en donde el espacio arquitectónico deviene fragmento, escenografía, símbolo, abstracción, construcción y deconstrucción.
    Decía Alex Maclean cuando apenas despuntaba el siglo XXI en su texto “La fotografía del territorio”:

La imagen en perspectiva de la ciudad sería como la inscripción utópica, es decir, del no lugar en espacios reales, los de los albúmenes de mapas y su circulación entre los hombres, pero esta inscripción se efectuaría bajo la forma de la virtualidad o, mejor dicho, de un lugar virtual, que los hombres ocuparán muy pronto.

    ¿Qué nos anunciaba Maclean? Qué en muy poco tiempo conquistaríamos la virtualidad de la geografía y cambiaríamos la línea del horizonte por la vista de pájaro para elaborar nuevas construcciones geométricas y pictóricas. De hecho, ya estamos ahí; las tecnologías gps nos muestran nuevas representaciones espaciales de carácter virtual con las cuales tendremos que interactuar cada vez más. O qué decir de las llamadas fotografías cúbicas que permiten tener una panorámica interactiva de 360° en sentido horizontal y vertical con sólo mover el mouse.
    Todas estas experiencias transforman significativamente el sentido de límite que hasta ahora teníamos en nuestros imaginarios, pensando que había un principio y un fin. Tal vez, ahora debemos hablar de un continuum, de un conocimiento dado por los ires y venires de una incesante búsqueda de verdades relativas.

La metáfora del caleidoscopio como posibilidad de interpretación de los nuevos cambios

Los avances científico-tecnológicos y su impacto en las artes nos están acercando más a la metáfora del caleidoscopio para entender los cambios que las nuevas tecnologías le demandan a las artes y sus diferentes maneras de representación, y menos a la del collage y del fragmento que se generalizó en los últimos años como expresión del caos y la sin salida.
    En efecto, como dos metáforas que fueron penetrando las diferentes manifestaciones artísticas, el collage y el fragmento resultaron útiles para justificar el arte en sí y para sí. O como diría Mariátegui:1 “el arte como sentimiento y no como pensamiento”, el triunfo del azar, la casuística; tal vez el agnosticismo y la ausencia de referentes. Una de las máximas de los dadaístas a mediados del siglo xx era “asesinemos la inteligencia si queremos comprender la belleza”. Hoy, esta consigna resulta metafísica, nihilista y probablemente retrógrada.
Por el contrario, el caleidoscopio como expresión metafórica se mueve entre lo particular y lo general, entre los fragmentos y la totalidad, no solo desde el punto de vista de la imagen, sino también de su significado. Pese al instante reservado a una unidad de tiempo-espacio, la fotografía nos da la posibilidad de trascender en la complejidad de un fenómeno o en la futilidad de un objeto inanimado, pero siempre contenidos en determinados límites, llamémoslos culturales, éticos o estéticos. Desde la arquitectura, Zaida Muxí2 sostiene que la ciudad de la globalización no puede ser entendida sino a través de su constante fragmentación entre la pobreza excluida y la riqueza excluyente, y las posibilidades de reconstruirse se dan a través del montaje de los fragmentos y realidades yuxtapuestas. En este sentido, ella sostiene que el collage deja de ser un mecanismo poético y deviene como el “resultado último del laissez faire de la economía liberal y del libre mercado que redunda en todos los ámbitos culturales y expresivos”.
    En ambos casos, sigue presente la contradicción como elemento liberalizador. Para Steve Yates3, por ejemplo, el asunto trascendental está en identificar el contrapunto visual, ese elemento que marca la diferencia entre la fotografía y la realidad. Al respecto, dice:

Resulta evidente que el contrapunto visual, al igual que el contrapunto musical, se basa en dos condiciones: el contraste entre contrarios que se complementan mutuamente, como los polos de una escala, y una similitud o un paralelismo que lleva al espectador a conectar estos contrarios para así descubrir el antagonismo existente en la unidad de la composición.

    La luz o contraluz, la lejanía o cercanía, el color y la sombra negra, la superposición de planos o el cambio de texturas, pueden ser algunos de esos contrapuntos que se emplean en la fotografía o la arquitectura para generar contrastes, marcar espacialidades, establecer jerarquías o rupturas en medio de unos planos homogéneos, rutinarios, armoniosos y uniformes.
    Parodiando a Rudolf Arnheim4, yo diría que mientras el arquitecto inventa, el fotógrafo descubre, pero ambos encuentran entre las innumerables vistas de la realidad múltiples alternativas, infinitas formas de aproximación, trazos llenos de significados y significantes en medio de la unidad de la composición. Margarita Monsalve5 afirma que la fotografía conjuga dos realidades: el signo y el significado. “Es signo de una realidad distante y, a la vez, espejo que la contiene en miniatura, significándole”, un signo ambiguo que contiene la posibilidad infinita de fragmentación y montaje. Para Juan Carlos Pérgolis,6 desde la arquitectura, los contrapuntos permanentes de la ciudad nos plantean que para entenderla haya que mirarla como un corpus heterogéneo de objetos culturales, de fragmentos arbitrarios y de inestabilidades. Al respecto dice:

[...] la ciudad tiene dos identidades, como las dos caras de un mismo billete, una está dada por las estabilidades, la seguridad y los movimientos recurrentes, la otra es la ciudad del desarraigo, de las tribus, de los otros, esa temida contraparte de lo establecido, de lo arraigado.

    Desde la perspectiva tecnológica, este debate se observa entre los promotores de la e-topía, para quienes las nuevas TIC han inaugurado un nuevo espacio de carácter electrónico llamado la ciberciudad y los defensores de la distopía, que critican la tecnología en cuanto supone la destrucción de la noción de lugar. Ambos conceptos se plantean como una búsqueda desesperada al supuesto óbito de la utopía. García7 explica esta paradoja cuando advierte que:

[…] si para los primeros la ciberciudad es un espacio de libertad, democracia, conexión, igualdad e individualismo que puede acabar con los males de la ciudad tradicional, para los segundos es un espacio de control, segregación, fragmentación, polarización y aislamiento que puede acabar con la propia ciudad tradicional.

    En este juego de contrastes, de sincronías y diacronías, de nodos y redes, el uso de las tecnologías ya no se plantea como una opción, sino como una condición, una parte del acto creativo. Se incorpora como recurso, más que como instrumento. Hay quienes cuestionan el concepto de la “originalidad” bajo esta premisa, sin embargo, ¿qué puede ser hoy en día totalmente “original”? Se trata de un proceso adaptativo en el que estamos haciendo tránsito del lápiz de grafito al óptico, de la cámara análoga a la digital, de la maqueta de cartón a la imagen 3D, del papel a la pantalla interactiva. En fin, de la materialidad a la virtualidad. Imaginemos, por ejemplo, que la próxima muestra fotográfica ya no se haga en papel fotográfico, sino en pantallas de plasma; ya no en un museo o biblioteca sino dentro de una geodesia que nos permita mostrar la fotografía cuatridimensional, con visión cubista tal y como la imaginó el arquitecto y escritor neoyorquino John Beckmann8, con la posibilidad de interacción de las personas con su espacio a través de ligeros movimientos de la palma de la mano conectada a micro sensores electrónicos. En un ciberespacio.
    William Gibson, identificaba el ciberespacio con una metrópolis compuesta por datos tridimensionales codificados en formas arquitectónicas, una red global de información por la que se podía navegar. Una sola generación ha sido testigo de semejantes transformaciones. Por eso es tan difícil aprehender sus impactos. Sólo sabemos que la velocidad con que se están dando nos obliga a tener una mente abierta hacia nuevas exploraciones y divagaciones. Pero también tenemos evidencias de las respuestas emergentes y alternantes a la homogenización dominante. Estamos volviendo a refrendar la importancia del espacio como valor diferenciador. A esa globalización sin sujetos que hoy en día parece imponerse, algunos le superponen la llamada “glocalización”, en donde el territorio, la cultura y las innovaciones adquieren sentido de lugar, se ambientalizan, comienzan a tener un nuevo significado y un signo diferenciador, una memoria, un nuevo contrapunto que la arquitectura y la fotografía deben continuar explorando para su propio engrandecimiento.

N O T A S

1 Arnheim, R. “Estudio sobre el contrapunto espacial”. En: Steve Yates. Poéticas del espacio. Antología crítica sobre la fotografía. Ed. Gustavo Gili, S.A. Barcelona (2002).
2 Beckmann J. The virtual dimensión. Architecture, representation and crash culture. Princeton Architectural Press, Nueva York (1998).
3 García Vásquez C. Ciudad hojaldre. Visiones urbanas del siglo XXI. Ed. Gustavo Gili. Barcelona (2004).
4 Mariátegui JC. El artista y la época. Empresa Editora Amauta. Lima, Perú (1964).
5 Monsalve M. “La difícil imagen”. En: Franky, Jaime. Especialización en fotografía, primera promoción 2007-2008. Facultad de Artes, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá (2008).
6 Muxi Z. La arquitectura de la ciudad global. Ed. Gustavo Gili. Barcelona (2004).
7Pérgolis JC. Estética del desarraigo en la ciudad nómada. Revista de estudios sociales 5 (2000) 108-114.
8 Yates S. Poéticas del espacio. Antología crítica sobre la fotografía. Ed. Gustavo Gili, S.A. Barcelona (2002).
9 Franky J. Especialización en fotografía, primera promoción 2007-2008. Facultad de Artes, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá (2008).



B I B L I O G R A F Í A



Luis Fernando Acebedo R.
Escuela de Arquitectura y Urbanismo, Universidad Nacional de Colombia.
Manizales, Colombia.

lfacebedor@unal.edu.co



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