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Elementos No. 78, Vol. 17, Mayo - Julio, 2010, Página 35
Melquiades y la fotografía inteligente

Pedro Meyer                 Descargar versión PDF


“En el mundo están ocurriendo cosas increíbles”, –le decía José Arcadio Buendía a Úrsula, su esposa–; sorprendido todo el tiempo por las noticias sobre los avances de la ciencia que Melquiades el gitano, traía consigo a Macondo. “Ahí mismo, al otro lado del río, hay toda clase de aparatos mágicos, mientras nosotros seguimos viviendo como los burros”, concluía José Arcadio Buendía, en Cien Años de Soledad, de Gabriel García Márquez.
Lo notable de estas reflexiones pensadas en ese Macondo de hace siglos, es que son aplicables a nuestro tiempo.

Las sorprendentes noticias de Melquiades de lo acontecido en ese mundo del otro lado del río, no son tan distintas de lo que viene ocurriendo en nuestra era digital. ¿Acaso, la reacción de José Arcadio Buendía frente al descubrimiento del hielo, cuando dice: “Este es el gran invento de nuestro tiempo”, es tan diferente de lo que cualquiera de nosotros diría de cara a tantas innovaciones tecnológicas, como hoy nos rodean?

    A lo largo de estos últimos cincuenta años se ha venido dando una transformación silenciosa de la profesión del fotógrafo, y yo diría que resulta hasta sigilosa. Hemos recorrido sin darnos cuenta un camino que no estaba previsto. Sencillamente nos ocurrió, como el adolescente que se transforma en adulto, sin percibir de claramente todos los cambios y transformaciones que le ocurren a diario.
    Cuando me inicié en la fotografía, los mismos alquimistas en el imaginario de José Arcadio Buendía, rondaban también en el mío. La magia de ver cómo emergía una imagen en la charola del revelador, ha sido, –creo yo–, una experiencia compartida por múltiples generaciones a lo ancho y largo del planeta. No es de sorprenderse entonces, que se consideraba fotógrafo profesional todo aquel que sabía transformar nuestra percepción de la realidad, en una hojita de papel que recogería esa experiencia, misma que terminaba siendo convertida en un recuerdo permanente. El alquimista dentro de nosotros cambiaba una percepción determinada en una imagen latente mediante los mismos instrumentos básicos de químicos, papel y lentes que desde siglos atrás se venían empleando por otros tantos alquimistas.
    A diferencia de Harry Potter, que estudió para ser mago, y en ausencia de alguna academia o maestros que en mi juventud me llevaran de la mano, me tuve que enseñar a mí mismo, a base de prueba y error. Con el énfasis en el error. Así aprendí de fotografía. El maestro de fotografía más importante que tuve fue el señor que hacía la limpieza en el laboratorio del Club Fotográfico de México. Este humilde trabajador compartía conmigo los secretos que escuchaba a diario en voz de los “fotógrafos” que escondían lo “que sabían de los otros”, para que no se supiera cómo es que lograban hacer sus fotografías. La competencia por medallas era más intensa que el deseo de compartir. Ese “maestro” me llevaba a un lado y le decía al jovencito empeñado en aprender de fotografía, alguna receta que había escuchado aquí y allá, alguna recomendación que pudiera servirle para revelar sus rollos, o cómo lograr que una ampliación quedara bien y, finalmente, cómo montarlas sobre cartulinas, lo que era todo un arte, para que quedaran sin arrugas.
    Al México de aquellos días eran muy pocos los libros que llegaban sobre fotografía. Si ya de por sí eran pocos los libros que sobre el tema se publicaban en cualquier parte, de esos pocos eran aún menos los que llegaron a circular por estas latitudes. Es verdaderamente difícil para un joven fotógrafo(a) hoy en día, imaginarse la ausencia de toda esa información como la que hoy tiene disponible cualquier joven con solo mirar en la red, en donde sea que se encuentre.
    Con cada nuevo día en que sale el Sol, también aparecen los desarrollos tecnológicos digitales más novedosos. Es más, también aparecen noticias sobre ellas a lo largo del día, y estas nos llegan de todas partes del mundo. Sería impensable la dinámica actual en torno a los cambios tecnológicos sin su plataforma de difusión: el internet. La velocidad que trae hoy consigo ese acceso a toda la información nos define de alguna manera.
    Veo cualquier nuevo producto o servicio, y de inmediato cuento de igual manera con comentarios de usuarios de todas partes del planeta. Gente que nos comparte sus opiniones y experiencias, o las dudas que puedan tener, incluso con productos que aún no salen a la venta. Puedo buscar en la red cuáles son los precios a los que se venden. Todo esto antes era un misterioso secreto para los iniciados. A menos que llegara Melquiades con sus últimas novedades, nada sabíamos de lo que pasaba allá, del otro lado del río.
    La fotografía ya poco tiene que ver con aquella que aprendí de joven. Por supuesto, seguimos pendientes de la luz, aun cuando ya no tanto, con la aparición de cámaras que pueden tomar fotos en la oscuridad en base a rayos infrarrojos. Un invento del ejército holandés permite que la imagen sea a todo color, tal y como si fuera de día.1
    El mayor fabricante de cámaras fotográficas en el mundo ya no es ninguna de las consabidas y tradicionales marcas relacionadas con la fotografía. Es nada menos que Nokia, el fabricante de teléfonos celulares con cámaras. Y si hablamos de cantidad, qué tal que se ha fabricado una cámara capaz de tomar seis millones de fotografías por segundo;2 pero entre la gente que opina sobre este artículo, como ya antes lo había anotado, hay que quienes nos informan que ya existen cámaras capaces de tomar fotografías a un ritmo de 100 millones de cuadros por segundo. En fin, solo tiene que aparecer alguien informando que se ha logrado un desarrollo excepcional, cuando antes de que se termine de leer la noticia ya la misma se ha superado. Así de rápido va el desarrollo.
    Es evidente que ninguna de estas cámaras es para nosotros, los usuarios comunes, pero sí dan cuenta de cómo los límites de lo que es posible fotografiar se han expandido, o de la velocidad con que los adelantos se suceden unos a los otros. La empresa Sony recién ha anunciado la cámara más veloz para usuarios comunes; este modelo capta imágenes a diez cuadros por segundo. Pero no solo toma las fotos rápidamente, sino que además toma seis imágenes por cuadro para juntarlas en una sola y así enriquecer el rango tonal de la misma.
    Comentaré sobre tres modelos de cámaras que hicieron su aparición hace poco, o están por hacerlo. Estos modelos tienen en común que representan innovaciones en direcciones completamente nuevas en relación a lo que históricamente se podía pensar que es la forma de un aparato fotográfico de imágenes fijas.
    El primer modelo al que haré referencia es una cámara que está por salir al mercado, presentada por Samsung, la DualView, que no solo cuenta con el tradicional visor digital que se conoce por la parte posterior de la cámara, sino que además lo incorpora en la parte frontal de la cámara, para hacer así más fácil la toma de autorretratos, algo común hoy en día para los usuarios de las redes sociales. Además, ha dispensado de todos los botones que igualmente conocemos en las cámaras. En el visor posterior, los controles están todos incorporados en la pantalla, y solo se manejan tocando una pantalla sensible al tacto.
    La siguiente cámara a la que haremos referencia es un modelo de la Nikon que tiene incorporado un proyector... Sí, leyeron correctamente: un proyector cuya imagen alcanza el metro veinte de ancho proyectada sobre cualquier superficie.
    Finalmente, en esta serie de tres, presento la Canon EOS 5D Mark ii, que es una de las primeras cámaras que no solo toma fotos fijas a 21 millones de pixeles, sino que, además, puede tomar video de alta definición [HDTV] a 30 cuadros por segundo. Sé de tres películas de largo metraje que se están filmando con esta cámara.
    Sirvan entonces estos pocos ejemplos para ilustrar la manera en que aquello que en el pasado se entendía como el aparato para tomar fotografía hoy adquiere nuevas modalidades con las que se puede registrar la imagen. Los cambios tecnológicos no solo abren la barrera para hacer cosas nunca soñadas en la era analógica, sino que estos mismos cambios introducen a su vez transformaciones en los contenidos.
    Me preguntaban unos fotógrafos acerca de la profesión del fotoperiodismo hoy en día. A lo que les respondí que ni la foto ni el periodismo tienen mucho que ver con lo que tan solo hace una década se entendía bajo esa descripción. Las agencias tradicionales de fotoperiodistas han tenido que cerrar sus puertas ante las fuertes pérdidas ocasionadas por los cambios en los mercados de la fotografía.3 Por una parte, están cerrando los diarios impresos, siendo reemplazados por el internet. Por otra, los grandes reportajes sobre eventos noticiosos se han visto desplazados por fotografía de celebridades.
    La muerte de Michael Jackson no fue parte de las noticias de ese momento, se transformó en La Noticia, lo demás ya no tenía cabida en los medios.
    No nos detengamos en lo anterior en cuanto a los cambios para el fotoperiodismo; pensemos por un momento que hoy las noticias se cubren no solo por los profesionales, sino también por los aficionados. Todos los diarios en el mundo y los canales de televisión tienen abiertas sus puertas para recibir las imágenes que pudieran haber sido tomadas por los aficionados, tanto en foto fija como en video. Tragedias como las bombas detonadas en el metro de Londres o en la estación de Atocha en Madrid, tuvieron sus primeras fotos por este conducto. Pero no hay que ir tan lejos. Las fotos más emblemáticas de toda la guerra de Estados Unídos en Irak, fueron tomadas por aficionados. Me refiero a las imágenes dentro de la cárcel de Abu Grahib captadas por los soldados para enviarlas a sus familares como si estuvieran pescando truchas en una excursión. Esa foto del hombre encapuchado ha marcado toda una era. ¿Quién recuerda alguna de las fotos tomadas por los cientos de profesionales?4
    La industria editorial en el mundo entero está siendo transformada en estos momentos. Ya no se puede obviar que las opciones digitales están provocando cambios sísmicos en la manera que se publican libros; por ejemplo, en California, para dentro de cinco años ya no habrá libros de texto impresos para las escuelas, todos tendrán que ser digitales.5
    Y sobre los tradicionales libros de fotografía, con los cuales inicié estas reflexiones, sólo puedo decir que si alguien desea hacer un libro en formato impreso hoy en día, esto lo puede lograr desde ediciones de un solo ejemplar. Nunca ha sido más sencillo hacerse de un libro de fotografía con la obra de uno mismo. Estos ejemplares son apreciados por coleccionistas, así como por los museos a los que aspira llegar el artista de hoy.
    Me siento como una gallina nerviosa tratando de cruzar una avenida en el entronque de varias arterias, con sus correspondientes semáforos, y el tráfico viniendo de todas las direcciones. Son tantas las cosas de las que podemos comentar en este espacio y todas ellas importantes y simultáneas, más no será posible cubrir sino una mínima parte. Veamos toda la revolución que ahora mismo se está dando con el iPhone, después de una década de teléfonos celulares que ya tenían lo suyo en cuanto a innovación tecnológica, pero que ahora, frente a este nuevo aparato, no tienen mucho que ofrecer. No creo que mi iPhone lo use más allá del 10% del tiempo en hacer llamadas telefónicas; todo lo demás que hago en este celular está vinculado con otras actividades. A saber: ver y hacer búsquedas en el internet, correo electrónico, escuchar música, ver y tomar videos, escribir, jugar juegos diversos –desde póker hasta solitario–, leer libros de una colección que se acerca al millón de volúmenes, tomar fotos y procesarlas creativamente, subir fotos a la red, leer mis periódicos preferidos cuando estoy viajando, repasar revistas de todo tipo; me permite ver mapas para ubicarme y saber en dónde me encuentro, relojes, cronómetros y calculadoras sofisticados, un compás para saber dónde ando (y no me ocurra lo de la gallina), grabadora de voz, calendario de actividades, en fin... y luego, ya más para mi uso particular, es poder contar con el acceso a mi base de datos desde cualquier parte del mundo en donde puedo encontrar y ver cualquiera de las fotos que he tomado a lo largo de mi vida. Esto último se dice rápido, pero representa un largo camino para organizar todo el material con la finalidad de que ahora un archivo muerto se haya transformado en uno vivo, mismo que es visitado a diario por un gran número de personas interesadas en mi obra. Piensen por un momento en lo que significa la posibilidad de traer en la bolsa de mi pantalón todas las fotos que he tomado a lo largo de mi vida, en mi caso, más de 320,000 imágenes.
    Para apreciar mejor el camino que hemos recorrido en estos últimos treinta y cinco años de la era digital, desde que aparecieron las primeras computadoras personales, quiero hacer una comparación con otro invento del hombre, de hace más de cinco mil años. La rueda fue inventada en Mesopotamia cerca del año 5000 aC, pero se ha encontrado que solo hasta el año 3500 aC fue empleada en vehículos, tirados por bueyes, que transportaban personas. Esas ruedas eran de madera maciza y estaban formadas por dos o tres segmentos. El primer cambio radical ocurrió después, cuando la necesidad de carros de guerra menos pesados llevaría al invento de la rueda con radios, para que fueran más maniobrables; este desarrollo tardó quinientos años en gestarse.
    Podemos así ir contrastando el tema de los tiempos en que se demoró que estos inventos vieran aplicaciones prácticas en su proceso de evolución, desde ese primer vehículo tirado por bueyes, hasta los actuales automóviles eléctricos o híbridos. Lo que todo esto significa es que los modelos económicos se han visto transformados en muy poco tiempo. La inmensa mayoría de las empresas tradicionales del ramo fotográfico no lograron superar y adaptarse a los cambios. Solo sobrevivieron: Nikon y Canon, que también eran importantes en la era analógica. Pero, del gran poder hegemónico que tuvo Kodak, hoy solo queda un pálido recuerdo; su famosa película Kodachrome terminó siendo sepultada por los costos de producción y revelado, y por las cifras cada vez más reducidas de venta en la era digital.
    Es digno de comentar la cantidad de marcas que hoy ofrecen excelentes cámaras, y que no tenían que ver con la fotografía hace un par de décadas. Pienso en Sony, Nokia, Samsung, Panasonic, Epson, Casio, Sanyo, Toshiba, HP, y en muchas de las marcas que han vuelto a aparecer, como Leica, Hasselblad, Contax y Pentax, entre muchas otras. En realidad son nuevas organizaciones con nuevos dueños, que compraron los activos de las empresas quebradas, para quedarse así con las marcas y algunas patentes.
    Podemos afirmar que la era digital ha sacudido al mundo de una manera mucho más profunda y rápida que cualquier evento que haya ocurrido en la revolución industrial. Si bien las locomotoras (máquinas de vapor) abrieron territorios nuevos y hubo muchas consecuencias con todas esas transformaciones, como las fábricas textiles y los motores de combustión interna, mismas que dieron paso a la industria automotriz, nada se compara con lo ocurrido en la era digital.
    Estamos entrando en la era de la “fotografía inteligente”, pero antes: ¿qué significa este término? Decía alguien que el primer paso para entender las cosas, es poderlas nombrar. Hoy en día, la imagen, desde su archivo electrónico, viene acompañada de una cantidad impresionante de información que, me atrevo a decir, muy pocos en el mundo se han detenido a pensar de qué manera le pueden sacar provecho a todo ese caudal de datos llamado metadata.
    Haré un breve recorrido de la primera foto que encontré en una carpeta en mi computadora, o sea, no es una preparada en particular para este artículo.
    En cámaras, como las iPhone, Nikon, Canon, y muchas otras, que vienen con gps (Global Positioning System) ya sea incorporado o como accesorio, se le adjunta a la imagen, de manera automática, el punto exacto en el mundo desde donde fue tomada esa foto.
    Todos los debates que se están dando en torno a la famosa foto de Robert Capa del Miliciano Caído que, se suponía, fue tomada en Cerro Muriano, España, y sobre la cual ahora se alega que realmente fue tomada en Espejo, también en España. El que haya sido tomada en uno u otro sitio es fundamental, porque de ser cierto este último hallazgo, por esas fechas no había un frente militar en esa región, lo cual haría sospechar que la imagen fue posada.6
    Ya hemos dicho en muchos foros que las fotos con este tipo de información permiten hacer una referencia cruzada perfecta, para así dar testimonio de la veracidad de una toma fotográfica. Pero no solo eso, permiten localizar en el internet a todos los que han tomado una foto en cierto horario, día, y localización, dependiendo de lo que se está buscando. Con eso obviamos el tener que saber cómo, cada quien, nombró en su archivo tal o cual imagen ya que son datos duros, que no están sujetos a interpretaciones.
    Les recomiendo mucho que vean el video de la conferencia en ted, el foro más importante en el mundo sobre nuevas tecnologías, en donde Blaise Aguera y Arcas hace una presentación de un programa que inventó para tomar una cantidad enorme de imágenes tomadas por un universo muy extenso de fotógrafos, con cualquier cámara que tuvieran a la mano, y desde puntos de vista muy diversos, y cómo los amalgama todos para dar una versión de síntesis de todos esos puntos de vista. En este ejemplo él fue a buscar en Flicker todas las fotos sobre la Catedral de Notre Dame, de París, tomadas por miles y miles de turistas.7
    Pienso que ya se están dando cuenta que el asunto del metadata en un archivo fotográfico va cobrando una importancia enorme en la medida que se entienda que esos negativos de ayer, equivalentes al cine mudo, cuentan hoy con esa riqueza de datos que aún no tenemos definido cómo van a ser aprovechados. Pero puedo imaginar que en el contexto educativo es tremendamente importante saber cuáles eran las características de ciertas tomas que nos resultaron bien, así como de aquellas que nos fallaron.
    Las cámaras que se han estado ofreciendo en el mercado son ahora igualmente inteligentes, a grado tal que hay cámaras que solo disparan si en el visor se ve que las personas están sonriendo. Una cámara que puede detectar las sonrisas también podrá detectar muchas otras cosas, dependiendo de cómo esté programada. Igual pueden hacer un análisis de la luz, o del tipo de tema, lo mismo para un paisaje que para un retrato. Todo aquello que incorpora toma de decisiones en estas nuevas cámaras digitales le ofrecen la opción al usuario para que las decisiones sean tomadas ya por el fotógrafo, ya por el aparato mismo.
    Regresamos a lo dicho por mí antes:

era considerado fotógrafo profesional todo aquel que sabía transformar nuestra percepción de la realidad en una hojita de papel que recogería esa experiencia, misma que terminaba siendo transformada en un recuerdo permanente.

    Hoy, los aparatos han sustituido en gran medida aquello que en el pasado era aportado por la experiencia en el manejo de la fotografía. Cualquiera puede hoy captar una imagen razonablemente bien expuesta. El enfoque estará resuelto, la optimización entre apertura del lente y velocidad, la sensibilidad del sensor para el tipo de iluminación, todo eso está atendido.
    Queda entonces ahora para los fotógrafos lo más importante: usar todas estas herramientas para contar una historia. Eso que es, al fin de cuentas, lo más trascendente, el que se sepa contar historias nuevas, interesantes, sensibles y enfocadas a ir mejorando cada día la sensibilidad hacia el mundo que nos rodea.
    Sólo espero que ante este alud de nuevas posibilidades creativas no perdamos nunca la capacidad de sorpresa, o que dejemos de maravillarnos ante la presencia de un bloque de hielo, por ejemplo. En ese sentido, todos los avances de la tecnología son irrelevantes si no contamos al final del día con ese sentido de sorpresa que requiere que uno se identifique con el aspecto humano en cada uno de nosotros.
    Estamos todos luchando para salir de Macondo con el propósito de ir al encuentro de esos nuevos descubrimientos. No hay que dejar el alma en el camino, porque de otra suerte lo único que nos va a quedar es, eventualmente, regresar por ella. José Arcadio Buendía nunca logró captar el daguerrotipo de Dios... pero, con las herramientas actuales, no estaría tan seguro de que no lo lograría.

R E F E R E N C I A S

1 http://www.newscientist.com/article/mg18524865.900-nightvision-camera-turnsnight-into-day.html
2 http://blogs.discovermagazine.com/80beats/2009/04/29/worldsfastestcamera-snaps-6-million-pictures-in-a-single-second/
3 http://www.bjponline.com/public/showPage.html?page=867377
4 http://www.antiwar.com/news/?articleid=8560
5 http://hometownstation.com/index.php?option=com_content&view=article&id=17428:schwarzenegger-digitaltextbooks-2009-08-15-13-00&catid=26:local-news&ltmid=97
6
http://www.nytimes.com/2009/08/18/arts/design/18capa.html?


Pedro Meyer
http://www.zonezero.com



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