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Elementos No. 77, Vol. 17, Febrero - Abril, 2010, Página 64
In memoriam: Cristóbal Tabares Muñoz

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El pasado 23 de noviembre de 2009, después de una ardua lucha contra el cáncer, falleció nuestro compañero universitario Cristóbal Tabares Muñoz, profesor investigador del Instituto de Física “Luis Rivera Terrazas”.
    Nació el día 30 abril de 1948 en Guadalajara, Jalisco. A finales de los años sesenta, tras obtener el título de Químico Alcoholero y Azucarero en la Escuela Politécnica de la Universidad de Guadalajara (1964-1967) e impulsado por sus ideales, dejó la tierra que lo vio crecer para continuar sus estudios profesionales (1969-1975) en la Universidad de la Amistad de los Pueblos en Moscú, la capital de la ex Unión Soviética. Unos años después, entre 1980 y 1985, realizó sus estudios doctorales en la Universidad de Ginebra, Suiza.
    En 1986 Cristóbal se incorporó definitivamente a la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla: primero como profesor investigador en la Escuela de Ciencias Químicas, y desde 1987 formó parte de la planta académica del Instituto de Física. Fue Consejero Universitario entre 1993 y 1995.
    Además de las actividades de investigación y docencia, realizadas a lo largo de más de dos décadas y cuyos resultados se reflejan en sus artículos científicos y en la formación de estudiantes de licenciatura y posgrado, Cristóbal se dedicó con gran entusiasmo a la difusión de la ciencia, impartiendo un número considerable de conferencias de divulgación científica; fue organizador de eventos como el XXXV Congreso Nacional de Física, la Primera Semana de la Cristalografía, las V Jornadas de Divulgación de la Ciencia del Instituto de Física, entre otros. También formó parte del consejo editorial de la revista Elementos.
    Fue un padre amoroso: sus hijas Carolina y Olivia, de las que estaba muy orgulloso, eran su gran pasión.
    Cristóbal tenía amplio conocimiento de la literatura, cine, historia, música, antropología; además, dominaba varios idiomas (francés, inglés, ruso y náhuatl). Por ello, las pláticas con él siempre resultaban enriquecedoras y, en ocasiones, polémicas. Uno de sus pasatiempos favoritos era su jardín, del cual regalaba generosamente flores singulares a las personas que lo rodeaban.
    En la memoria de quienes tuvimos la oportunidad de conocerlo, Cristóbal quedará como un académico de gran responsabilidad social que siempre supo mantenerse fiel a sus principios los cuales manifestó en el libro Estrategias de justificación en una historia de vida (BUAP, ICSYH, 2009), dedicado precisamente al estudio de su historia de vida. Allí menciona las vivencias más importantes que forjaron su identidad y al resumir dice:

    Y eso es lo que yo vivía...

    Pero la historia de nuestro amigo Cristóbal no termina aquí, ya que sigue viviendo en nuestra memoria.



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