Ir a inicio de: Elementos

Buscar en Elementos:

Elementos No. 77, Vol. 17, Febrero - Abril, 2010, Página 37
Estado, economía y caos

Julio Muñoz                 Descargar versión PDF


Tratando de conocer las causas de la recesión económica actual, me puse a buscar las explicaciones que se estén dando al respecto. Parece haber acuerdo en que la crisis se manifestó en usa con el derrumbe brusco de instituciones financieras (Lehman Brothers, Merry Lynch, etc.). Dicen que la causa inmediata del derrumbe fue haber excedido ciertos límites en sus operaciones. La evidente incapacidad de los expertos en economía para predecir el efecto del exceso me resultó sorprendente e inexplicable. Solamente una fe ciega en la capacidad del sistema económico para mantenerse estable y sano por sí mismo podría explicar esa incapacidad aparente, pero la fe no puede suplir al análisis.
    En la búsqueda me encontré con una teoría de origen matemático que me llamó la atención: la teoría del caos determinado (deterministic chaos).

LA CRISIS: CAOS DETERMINADO

Por caos se entiende comúnmente confusión, desorden. En esta teoría, el caos es imprevisible, como lo fue el brusco estallido de la crisis (primera semejanza entre caos y crisis). La instalación del caos en un proceso de trayectoria previamente estable, está determinada por un cambio en las variables (condiciones) iniciales del proceso, como parece que fue el caso de la llamada crisis al excederse ciertos límites (segunda semejanza). Que un sistema sea caótico no quiere decir que en todo momento lo sea, sino que en algún momento lo será si se introduce una ligera perturbación. Así pues, el caos está determinado por un cambio y por las causas de éste. El caos teórico y la crisis concreta devienen ambos del orden (tercera semejanza). Espero que nadie se escandalice porque la teoría no se apega al génesis bíblico, en el que Dios puso orden en el caos. Las crisis económicas siguen el proceso inverso: del orden al caos.
    La teoría del caos fue iniciada a fines del siglo XIX por Poincaré al concluir que la evolución del sistema solar se puede hacer imprevisible (caótica) con cualquier variación, por ejemplo, un cambio en la posición de un planeta, aunque el cambio sea tan ligero que no pueda ser detectado. El cambio es el factor que determina el paso de lo ordenado y estable a lo caótico e inestable. La teoría la revitaliza en 1963 E. Lorenz, quien popularizó el nombre de “efecto mariposa”: el vuelo de una mariposa en Brasil puede propiciar un tornado en Arizona. Esta fábula tiene la virtud de enfatizar que hay acontecimientos que presuntamente son independientes, pero que están relacionados causalmente mediante ligas difíciles de descubrir. El caos sólo ocurre en sistemas complejos, esto es, compuestos por múltiples variables interconectadas. Por ejemplo, las sociedades humanas. El comportamiento global de estos sistemas no es obvio a partir de las propiedades de sus partes.
    No todos los sistemas complejos son caóticos. Algunos son adaptables (adaptative), es decir, la ocurrencia de un cambio genera otro de magnitud similar pero de signo opuesto, con lo cual el sistema tiende a estabilizarse. Esta proposición se expresa en la economía. Hay quienes, en efecto, tienen la ferviente creencia de que la “economía de mercado” se autorregula y se mantiene estable por sí misma. Esta creencia debió caer por los suelos con la depresión de los años treinta del siglo pasado, sobre la que ni siquiera hay acuerdo acerca de los factores que la causaron. A últimas fechas, los gobiernos tratan de poner remiendos para revertir el caos, con lo que confiesan su repentina desconfianza en la antes cacareada autorregulación de la economía de mercado. Si hubiese tal, pues que no hagan nada. Ahora se dice (don Felipe) que todo habría sido peor de no haber hecho el gobierno su tarea. Dado que la duración de la crisis también es imprevisible, el presidente puede decir lo que convenga a su imagen con el aplomo de cara dura consumado que algunos le admiran. Nunca sabremos qué habría pasado si no hubieran hecho la tarea, pero no puede descartarse que los errores gubernamentales del pasado fuesen factores que desataron la caótica crisis.
    No conviene ver con un solo ojo. Los sistemas complejos y globalmente caóticos podrían presentar fases más o menos estables que se alternen cíclicamente con fases caóticas. El pasar de la fase de autorregulación –dentro de ciertos límites– a la fase caótica, puede estar determinado por una mínima variación en una o más de las variables que deben mantenerse dentro de ciertos límites para mantener la estabilidad global del sistema económico. Parece ser fatal que cada fase estable de la economía de mercado sea seguida por caos económico. Los políticos ya se han dado cuenta de esto, y lo que ahora proponen son medidas “anticíclicas”. Lo malo es que, desconociendo las causas del ciclo, quizá nos quedemos en un caos de muy larga duración. Al final de la fase caótica el sistema se equilibrará, no hay duda, pero quizá en un estado deprimido. La paz de los cementerios. Las fases caóticas podrían explicar el fin de los imperios.
    No quiero dejar la impresión de que favorezco un estado central fuerte que pudiera determinar cambios tan mayúsculos que llevasen rápidamente a un caos profundo y a la destrucción del sistema, como en la ex Unión Soviética. Advierto, sin embargo, que a la destrucción también se llega por la vía de la llamada democracia. Quizá la economía estable requiera de la creación de otro tipo de sistema.

ESTADO, CONTROL Y CAOS

Una función fundamental de todo Estado nacional y de los gobiernos que lo representan, es mantener el control de los asuntos públicos con el fin de alcanzar determinados objetivos (espacio político-ideológico), y mantener la estabilidad de estos, utilizando para ello los medios necesarios (espacio político-técnico). La responsabilidad de los gobiernos que, como en México, determinan o tratan de determinar las acciones concretas del Estado, se da en ambos espacios. Las llamadas “razones de Estado” que frecuentemente se invocan son en su mayoría razones de gobierno del partido político dominante. El control gubernamental implica intervención con mando. Sin embargo, en lo que toca a la economía, los llamados “anarquistas de derecha” y los gobiernos neoliberales sostienen que el mejor de los estados es aquel que menos interviene en los asuntos económicos. Según esta visión, la economía de mercado se autorregula y marcha mejor sin intervención o con poca intervención estatal.
    En el neoliberalismo imperial o colonial, el gobierno cede buena parte sus funciones a la economía de mercado. Recordemos el adelgazamiento del Estado “de empresarios, por empresarios y para empresarios” preconizado en el sexenio pasado. A final de cuentas, el sistema económico predomina sobre la política y la determina. El empobrecimiento de un núcleo importante de la población se toma como consecuencia irremediable de la estabilidad “macroeconómica” que supuestamente favorece a todos los mexicanos. El gobierno no persigue en tal caso el bien para el mayor número, sino para los que más tienen a costa de la explotación inclemente de los que tienen menos, y se toma como verdad inalterable la máxima de que “el fin justifica a los medios”. Los medios nada justifican: solo son útiles o inútiles para alcanzar los fines, y en los cacareados fines se ha fracasado antes de lo que hoy se reconoce como crisis, la cual tiene larga cola. Se pretende mejorar la seguridad ciudadana o el orden público, pero llegamos a la inseguridad caótica. El neoliberalismo concibe a la economía de mercado como ente autónomo y omnipotente. Un gran fetiche. El actual caos económico desmiente los postulados que cimientan el fetiche (véase La crisis: caos determinado, p. 38). Un hecho que pone de manifiesto las consecuencias del neoliberalismo en USA, es que éste es el país en el que más rápidamente crece la pobreza. Desde luego, ni en USA ni en México se reconocerá que el crecimiento de la pobreza pudiera ser un factor que desate el caos económico. Se dice que la crisis nos viene de afuera, pero somos “socios” de usa en la misma empresa y hacemos aportaciones de cuño propio. Nuestra más grave crisis es la interna.
    Al neoliberalismo se le oponen los Estados y gobiernos de tendencia socialista, que ponen la igualdad como objetivo primario, al menos en el discurso, aunque ponen cotas a la libertad de las personas, pero también las ponen, y más estrechas, los gobiernos neolibrales. La solución podría ser una suerte de socialismo libertario, con autogestión popular e intervención de un Estado comunal para hacer armónicas las decisiones populares. Si la igualdad se lograse podría haber mayor estabilidad del sistema al disminuir o desaparecer en la práctica una variable que introduce caos: la apetencia desmedida por la riqueza y el poder cueste lo que cueste.
    Nuestro actual gobierno le da mano libérrima al fetiche de su devoción, pero en otros asuntos, el Estado, y particularmente el presidente, cree en su voluntad y en la utilidad de su mano represiva. El voluntarismo se hace estandarte que se exhibe en inacabables, aburridos y huecos discursos. Parecen creer el presidente y sus adherentes que lo crucial es “echarle ganas” ¿Ganas de qué? Infinidad de nefastos gobernantes le echaron muchas, pero muchas ganas. Don Felipe será juzgado por sus resultados y no por sus ganas.
    Un fin del actual gobierno es el de eliminar el tráfico de enervantes, y el medio es “la guerra al narcotráfico”. ¡Mano dura! El fin puede parecer ser aceptable, pero según los datos disponibles el consumo de enervantes no disminuye, sino que va en aumento entre los jóvenes. Entonces, el tráfico tampoco disminuye, y utilizar al ejército en tareas impropias que lo desprestigian y que a veces son punibles, no está siendo útil para alcanzar el fin. Se falla en el fin y en los medios. El fin podría ser el disminuir el consumo, y el medio, el dotar a la población con satisfactores para que a los infelices consumidores no les sea atractivo el tratar de evadirse de su realidad. Se dice que “La guerra al narcotráfico se está ganando, aunque no lo parezca” ¿Cómo se va a ganar si el fin se aleja? Como este ejemplo hay otros muchos: el catarrito diagnosticado con la recesión en marcha, la solidez de la economía con una deuda interna mucho mayor que las reservas, la miseria indignante y la “presidencia del empleo” con el empleo en picada. Don Felipe y el PAN exhiben ufanos sus equivocaciones, su imprudencia y su falta de recato y de sentido del ridículo.
    Ahora, con el agua al cuello y del brazo de usa, se anuncia que el gobierno toma medidas paliativas –de corte “keinesiano”– para salir del caos. Ojalá y tenga buen éxito, pero hubiera sido mejor que las hubiese tomado antes de propiciar nuestro propio caos neoliberal. Hubiera sido mejor que entendiese el sistema complejo que dice gobernar. La crisis no viene de afuera: es parte del sistema del que formamos parte como dominados y dependientes.

Julio Muñoz, Departamento de Fisiología, CINVESTAV.
email: jmunoz@fisio.cinvestav.mx



Ir a inicio de: Elementos
Ir al catálogo de portadas