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Elementos No. 74, Vol. 16, Abril - Junio, 2009, Página 15
Algunas ideas acerca de la orientación a distancia en los animales

Ernst Baumgardt                 Descargar versión PDF


La orientación a distancia es la conducta (del hombre y de los animales) que consiste en dirigirse hacia una meta suficientemente alejada, como para no poder ser directamente percibida por el individuo que trata de alcanzarla.
    En estos términos, se define una facultad observada en los invertebrados desde los moluscos en adelante, y en todos los vertebrados. Este tipo de orientación se suma a otros, tales como la orientación del cuerpo con respecto a la vertical, la orientación de las diversas partes del cuerpo entre sí, la orientación con respecto a los objetos próximos, es decir, percibidos directamente por los sentidos (localización visual, auditiva, etcétera). Sin embargo, la orientación a distancia se distingue fundamentalmente de cualquier otro tipo de orientación. En efecto, debido a que presenta un carácter complejo se encuentra a menudo la tendencia a explicar por un “instinto” un comportamiento en realidad inexplicable, olvidando frecuentemente precisar si se desea referirse a un impulso natural o a una acción instintiva, es decir un comportamiento innato.
    Puntualicemos lo anterior con ayuda de un ejemplo: las aves migratorias (golondrinas) que viajan desde las costas del Báltico hasta el corazón del África, obedecen a un impulso natural, a una necesidad que las impulsa a la acción.
    Hay motivo para pensar que estas bandadas de pájaros son guiadas por los mejor dotados de entre ellos, pero ya que la duración de la vida de un individuo de estas especies alcanza sólo pocos años, no se puede admitir que todos los medios de acción hayan sido adquiridos en el curso de la experiencia individual. Por lo tanto es necesario creer que además de la memoria topográfica de existencia innegable hay de igual modo factores innatos que determinan el comportamiento de estos animales.
    En cambio, no puede hacerse tal razonamiento en el caso de la paloma mensajera, pues su palomar no es necesariamente el de sus antepasados, y solamente aprende a ubicarlo desde muy lejos. En este caso, la orientación a distancia obedece enteramente a un impulso natural, pero los medios de acción empleados no tienen nada de comportamiento innato.
    Estudiaremos aquí los medios empleados en su orientación a distancia por diferentes tipos de animales, a riesgo de limitarnos frecuentemente a hipótesis, o aún de reconocer la ausencia de toda hipótesis razonable, si actualmente no conocemos el determinismo de tales comportamientos.
    La orientación a distancia vuelve a encontrarse en el retorno al nido y en la migración. En el primer caso el objeto buscado es necesariamente conocido por el individuo que se orienta; en el segundo puede serle desconocido (el ave migratoria que realiza el viaje por primera vez en su vida). Reconozcamos que la diferencia no es fundamental, pues los animales migratorios viajan en bandadas; siempre hay animales más viejos que conocen la meta. Sin embargo, es útil mantener la clasificación, ya que los medios de orientación empleados en los dos casos a menudo difieren sensiblemente. El camino que conduce al destino, conocido o desconocido, puede estar jalonado o no, de puntos de referencia perceptibles.
    Antes de tratar algunos casos tipos de orientación a distancia, enumeremos las hipótesis adelantadas para explicarla. Su multiplicidad no se debe solamente a la falta de certezas, sino también al hecho de que los medios de acción varían según el modo de locomoción del animal (vuelo, marcha, natación). Por otra parte, las hipótesis están en función de las facultades mentales que los diferentes investigadores adjudican a la especie considerada. He aquí una lista (abreviada) de ellas:
    1) Puntos de referencia, memoria topográfica.
    2) Dirección del Sol, polarización de la luz.
    3) Percepción de corrientes atmosféricas y vientos.
    4) Registro de los rodeos: memoria kinestésica.
    5) Atracciones de naturaleza refleja, tropismos.
    6) Memoria topográfica hereditaria.
    7) Fenómenos complejos que se apoyan en la inteligencia.
    8) Sentido magnético o electromagnético.
    No hay duda de que los mecanismos citados de 1 a 5 funcionan realmente: las pruebas de ello son abundantes. Las hipótesis 6, 7 y 8 son de naturaleza especulativa.

EL RETORNO AL NIDO

1. Moluscos. Las lapas son moluscos, que viven sobre peñascos en los cuales están prácticamente incrustadas. Pero a veces abandonan su morada para ir a alimentarse de algas en las inmediaciones, y se ha observado que toman el mismo camino tanto para ir como para volver. Cuando se borra la pista, no se observa ninguna modificación del recorrido, pero cuando se modifica el relieve del peñasco, el animal no vuelve a encontrar ya el camino anteriormente recorrido. Se han interpretado estos datos como debidos a una memoria topográfica de naturaleza muscular y táctil.
    Pero cuando se hace girar 180° el guijarro sobre el cual una lapa está desplazándose, ésta da media vuelta, bajo la influencia de la luz. De la misma manera, el animal que está descendiendo por un guijarro da media vuelta cuando se invierte este último en 180°, con el objeto de conservar su movimiento de descenso, guiado por sus órganos estatocísticos que le revelan la dirección de la atracción gravitatoria. Se concluye de esto que en el caso de la lapa deben considerarse por lo menos tres de las hipótesis enumeradas: 1, 2 y 4.

2. Insectos. Entre los insectos, las hormigas y las abejas han sido particularmente estudiadas en lo que respecta a sus métodos de orientación a distancia. Al presentar los resultados de las investigaciones realizadas en varias especies de hormigas, no tenemos ninguna pretensión de generalizar. “Entre dos especies de hormigas –ha dicho Forel–1 puede haber tanta diferencia como entre un ratón y un tigre”. Con mayor razón, no se podría asimilar a la hormiga todo insecto que camina.
Una hormiga exploradora no dispone de pista: cuando abandona su hormiguero en busca de alimento, su trayecto sigue siendo aproximadamente rectilíneo, a pesar de numerosas sinuosidades; pero su camino de regreso se efectúa decididamente en línea recta. Ya que el camino de ida no coincide con el de regreso, y que éste corta a menudo los recodos del primero, debe descartarse la hipótesis de las huellas olorosas.



Figura 1. Microscopía electrónica del ojo de una hormiga.

    Un experimento demuestra que la dirección del Sol seguramente guía al animal en su camino de regreso. Este experimento consiste en mover la hormiga lateralmente: al soltarla, se le ve tomar una dirección paralela a la que seguía anteriormente, aunque esta dirección ya no la conduzca al nido. Parece, por lo tanto, que la dirección del Sol determina el comportamiento del insecto. Para probarlo, se le encierra durante algunas horas en el medio de la pista, en una pequeña caja oscura, luego se vuelve a soltar. El animal sigue una nueva dirección que forma, con su dirección primitiva, un ángulo igual al de rotación del Sol durante el tiempo de cautiverio.2
Se deduce de esto que el animal marcha de manera que la imagen del Sol dé siempre sobre el mismo lugar de su ojo. Esto es posible merced a la estructura particular del ojo de los artrópodos (Figura 1), de los cuales los insectos forman un subgrupo sumamente numeroso e importante. Este ojo es facetado, correspondiendo a un número igual o casi igual de ojos parciales independientes (omatidios). Es, pues, posible, obtener una excitación local por medio de un rayo de Sol.
    El regreso se efectuaría gracias a la intervención de conexiones precisas entre dos omatidios que forman un ángulo de 180°, y situados cada uno de ellos en otro ojo (omatidios cruzados a 180°). La reacción descrita es llamada del “compás luminoso”.
    Es lícito preguntarse qué sucede en tiempo nublado o en la oscuridad. En este caso las hormigas se orientan tan bien como a pleno sol, pero esto podría explicarse por la luz polarizada. Se puede observar que hay un amplio campo de discusión; ya volveremos sobre este problema un poco más adelante.
    Es interesante oponer a la marcha en línea recta (orientación a distancia) el comportamiento de la hormiga que llega junto a la abertura de entrada de su hormiguero. Comienza a vacilar, tantear y dar vueltas. Así pues, se produce exactamente el mismo fenómeno cuando ha recorrido un trayecto de longitud aproximadamente igual al trayecto de ida, después de haber sido movida lateralmente (Figura 2).


 
Figura2. A. Experimento Piéron-Cornetz.3 Cuando la hormiga retorna al nido es trasladada perpendicularmente a la dirección de su marcha. Cuando se suelta, prosigue su camino siguiendo su dirección inicial; B. Experimento Brun. Cuando la hormiga regresa al nido es encerrada en una caja opaca. Liberada después de algunas horas (durante las cuales el Sol se ha desplazado α°), prosigue un camino que forma, con la dirección original de la hormiga, un ángulo de α°.


  En este caso, no se puede admitir la existencia de huellas olorosas entrecruzadas, como sería posible en el caso del regreso a la entrada del hormiguero. Este comportamiento prueba, por lo menos, que la hormiga no conserva una memoria clara del lugar que debería serle más conocido que ningún otro; su conducta demuestra también que los medios empleados en la orientación en distancias pequeñas pueden ser diferentes de los que el animal utiliza para su orientación a grandes distancias.
    No discutiremos el problema de la orientación a distancia de la hormiga en una pista. Bástenos comprobar que las hormigas producen señales olfativas, apoyando a intervalos, su abdomen contra el suelo. Por este solo hecho, la orientación se hace mucho menos difícil que para la hormiga exploradora.
    Vayamos a los insectos voladores. La orientación de la abeja y de la avispa ha sido bien estudiada: la diferencia esencial entre los medios de acción de los insectos laminadores está constituida por la ausencia de estímulos aéreos olfativos utilizables. Por el contrario, las abejas pueden producir intencionalmente señales olfativas en puntos elegidos por ellas, en los que hacen segregar cierta glándula.
    No cabe duda de que la abeja se orienta con ayuda de señales externas, y muy numerosas observaciones indican que es su sentido visual el que las guía. Cuando se sueltan abejas libadoras a cierta distancia de su colmena (donde se las ha alejado en caja cerrada), regresan tanto menos abejas cuanto mayor es la distancia, más de la mitad de las abejas vuelven a encontrar la colmena entre dos y seis kilómetros de distancia. Pero una abeja que jamás ha abandonado su colmena no la vuelve a encontrar ni aun a distancias muy pequeñas.
    Es verdad que el vuelo de reconocimiento que emprenden las abejas, avispas y abejorros antes de abandonar su nido, en múltiples rodeos, con la cabeza vuelta hacia el lugar que abandonan, sirve de algo en su facultad de volver a encontrar la colmena posteriormente. Esto explica probablemente la incapacidad total de las
abejas jóvenes para orientarse aun cuando se hallen muy cerca del nido.
Cuando se modifica el medio del nido, el insecto lo vuelve a encontrar solamente luego de algunos
tanteos: es suficiente trasladar una colmena, para demostrar que las abejas vuelven al lugar del espacio en que se encontraba anteriormente el acceso a la colmena. Parecen, entonces, orientarse según un conjunto de señales de las cuales han tomado conocimiento
antes del vuelo.
    ¿Cómo puede la abeja, lejos de su colmena, encontrar la dirección a seguir para retornar a ella? Es éste un hecho ampliamente conocido y registrado: la línea recta que sigue el insecto para volver a la colmena recibe el nombre de “línea de abeja” y sirve en la práctica para encontrar la ubicación de colmenas salvajes. Es notable la precisión de esta orientación a distancia: puede alcanzar 40’. De tal modo, está dentro del orden de tamaño del diámetro de un omatidio de abeja (1°), y esto además constituye otra razón para pensar que es principalmente su sentido visual lo que guía a estos animales.
    Pero ¿cómo explicar los frecuentes aciertos a varios kilómetros de distancia? Destaquemos al respecto que, por ejemplo, abejas soltadas a seis kilómetros tierra adentro, vuelven a encontrar, en su mayoría, su colmena situada a la orilla del lago de Ginebra, mientras que todas se pierden cuando se las suelta a tres kilómetros de su colmena, después de haberlas transportado en barco al medio del lago.

3. La Danza de las abejas. Investigaciones realizadas hace ya más de cincuenta años por Karl R. Von Frisch4 (1949) aportaron aclaraciones particularmente preciosas con respecto a la orientación a distancia de las abejas. Este excelente autor ha descrito las danzas de la abeja, que, al regresar de un vuelo de exploración fructífero, parece anunciar de este modo la buena nueva a sus congéneres. Pero, además, Von Frisch ha podido probar que el alimento recientemente descubierto es visitado inmediatamente por numerosas abejas entre las cuales no se descubre la exploradora. Estas danzas revelan, pues, un carácter realmente informativo.



Figura 3. La danza agitada de la abeja libadora. Ver la explicación
en el texto.

    Se ve (Figura 3) que una parte del recorrido que toma la forma de un 8 es acompañada de una agitación del insecto. Es ése el tipo de danza que ejecuta la libadora cuando el alimento que ha descubierto está situado a más de cincuenta metros de la colmena. La dirección de la parte rectilínea de su danza está orientada con respecto a la vertical, como lo está la dirección colmena-fuente de alimento con respecto al Sol. De este modo, cuando la fuente se encuentra entre la colmena y el Sol, el 8 está acostado, como lo muestra la figura, y la parte rectilínea de la danza es ejecutada con la cabeza hacia lo alto. Cuando hay un ángulo entre la dirección colmena-Sol y la dirección colmena-fuente, el 8 danzado constituye un ángulo con la vertical. De este modo, la libadora indica a las otras abejas la dirección a tomar y aun la distancia (gracias a la frecuencia de la agitación). Debe destacarse que las abejas obreras que acuden, olfatean una glándula abdominal de la danzarina antes de emprender el vuelo; quizá de este modo pueden identificar mejor el lugar reconocido por esta última, cuyo olor está todavía esparcido por el lugar de recolección.
    Con el objeto de aclarar el mecanismo sensorial que permite a las abejas esta maravilla de orientación a distancia, Von Frisch coloca horizontalmente el único panal de su colmena de observación. Entonces la libadora ejecuta su danza de manera tal que el recorrido rectilíneo señala directamente la dirección a tomar como lo hace la aguja de una brújula.
    Ha logrado observarse con luz roja, invisible para las abejas, lo que sucede en el panal cuando la luz del día no alcanza su interior. En este caso, la danza se torna completamente desorientada. Es necesario que la libadora pueda ver una parte de cielo azul, para poder indicar correctamente a las otras obreras la dirección en que se encuentra el alimento. Ése fue el descubrimiento decisivo: se sabe que la luz del cielo azul está polarizada en proporción apreciable. Significa que hay una dirección privilegiada según la cual vibra el vector de la radiación electromagnética que llamamos luz, mientras que la luz no polarizada se caracteriza por una distribución al azar de estas direcciones, es decir, por la ausencia de toda dirección privilegiada. Existe un medio muy sencillo para darse cuenta del estado de polarización de una radiación luminosa: basta con mirarla a través de un filtro especial (Polaroid) y hacerlo girar delante de la vista. Si se oscurece totalmente una vez encontrada la posición correcta, la luz en cuestión está 100 % polarizada. Si se oscurece parcialmente, la polarización también es parcial. La córnea de los omatidios de las abejas (probablemente de muchos, cuando no de todos los insectos) es estratificada. Por otra parte, se sabe que la reflexión por medio de un simple vidrio polariza la luz, lo cual resulta muy molesto cuando se mira bajo un cierto ángulo las vidrieras de las tiendas. No hay duda, por lo tanto, de que las abejas pueden reconocer el estado de polarización de la luz del día.
    En efecto, Von Frisch logró demostrarlo cubriendo el vidrio de una colmena con una placa de Polaroid. La abeja danzarina comete un error angular correspondiente a la rotación de esta placa y, con ella, las obreras a las que instruye. Podemos luego concluir que la abeja se orienta de acuerdo con el Sol, merced a su capacidad de percibir la dirección de polarización de la luz del día.
    La indudable importancia de las facultades visuales no excluye la intervención de otros factores; diversas investigaciones han llevado a la conclusión de que existe igualmente una memoria kinestésica, y que los hábitos motrices desempeñan también un importante papel.

4. Los Vertebrados Inferiores. En los vertebrados inferiores (peces, batracios, reptiles), numerosas especies se caracterizan por el regreso al nido. La observación es difícil en lo que respecta a los animales acuáticos, y es por eso que volveremos a tratar de los peces solamente cuando nos refiramos a las migraciones. Sapos, salamandras y tortugas exhiben capacidades limitadas de retorno al nido, sin que se sepa precisamente a qué mecanismos sensoriales atribuirlas.

5. Las Aves. Entre las aves terrestres, la paloma mensajera es el tema elegido para el estudio de los mecanismos de orientación a distancia. Como en los insectos, numerosos hechos indican la preponderancia de señales visuales en la orientación de la paloma; sin embargo, es posible invocar observaciones que conducen a conclusiones contradictorias.
    No abundaremos en detalles sobre las numerosas pruebas de la existencia de una localización visual. Es bien sabido que las palomas aprenden progresivamente a conocer los alrededores (en el sentido más amplio del término) de su palomar; que andan en línea recta desde el momento en que se encuentran en una región conocida para ellas, aun a centenares de kilómetros de su palomar; que se orientan mejor cuando la visibilidad es buena.
    Entre los hechos invocados en contra de una localización visual, se ha hecho que palomas entrenadas en vuelos de 300 kilómetros al norte del palomar, cubran una etapa de 300 kilómetros al Sur, en una región que les es absolutamente desconocida. Se ha observado que vuelven a una velocidad media que va de 60 a 75 kilómetros por hora, es decir, que no se puede invocar tanteos de reconocimiento, que habrían implicado una velocidad media muy inferior .
    Las palomas soltadas por la noche se orientan perfectamente bien. Hay divergencia de opiniones sobre si la noche oscura favorece o no su vuelo. Ninguna hipótesis que invoque acciones magnéticas o electromagnéticas ha podido recibir la más mínima confirmación de parte de los hechos de observación. Las fuerzas (mecánicas) de Coriolis debidas a la rotación de la Tierra y que actúan con tanta mayor intensidad sobre un móvil cuanto mayor es su velocidad, tampoco pueden explicar el hecho, observado por Thauziés,5 de que los puntos cardinales parecen influir en la dirección del vuelo de las palomas, pues sus variaciones son excesivamente débiles para que el ave pueda percibirlas. Cuando van al campo, libremente, se las ve dirigirse preferentemente hacia el Este o hacia el Noroeste, jamás al Oeste. Pero esto no explica la vuelta al nido. Es bien sabido que el olfato allí tampoco desempeña función alguna. Es evidente que la discusión está lejos de estar terminada.
    Las aves marinas han proporcionado una importante contribución al estudio del retorno al nido, gracias a los trabajos pioneros de Watson y Lashley6 quienes experimentaron con las golondrinas de mar de las Islas Tortuga, situadas a la entrada del golfo de México, al sur de la península de Florida. Se capturaron pájaros en su nido, se marcaron y soltaron después de haberlos transportado más o menos lejos de su isla. En resumen, puede decirse que los resultados conseguidos son comparables a los obtenidos con las palomas. Como éstas, las golondrinas de mar vuelven a encontrar fácilmente su nido a 200 kilómetros de distancia aproximadamente y más difícilmente cuando se las aleja entre 750 y 1,400 kilómetros. Como el viaje dura siempre bastante tiempo en este caso (tres a diecisiete días), no se excluye la posibilidad de que los sujetos hayan seguido la costa de la tierra firme para volver a una región muy conocida por ellos. La dirección de la luz solar, de mañana y de noche, y las corrientes de vientos regulares han podido facilitar su localización pues, a distancias muy considerables de su nido, estos pájaros parecen poder reconocer detalles del relieve costero, de las islas y de los atolones.

6. Mamíferos. Las observaciones sobre los mamíferos, se reducen generalmente a anécdotas que se refieren a regresos espectaculares de animales domésticos (gatos, perros, caballos). Y, ya que sólo son recordados los casos extraordinarios precisamente porque son raros a falta de toda estadística, no podemos sacar ninguna conclusión válida. Citemos sin embargo a Herrick,7 quien transportó una gata anestesiada por distintos caminos cada vez, a distancias entre dos y cinco kilómetros de su domicilio, y comprobó que el animal retorna después de ocho a setenta y ocho horas. Esta demora es bastante prolongada y sugiere en favor de un tanteo, pero la observación del animal, después de soltarlo, indica una tendencia a la orientación inmediata en la dirección correcta. Si se tomaron realmente todas las precauciones necesarias en esta serie de experimentos, debe inferirse que aparentemente existe en el gato un mecanismo de orientación todavía desconocido.

MIGRACIONES PERIÓDICAS

Las migraciones periódicas de ciertas especies de peces y de aves han llamado la atención, desde hace mucho tiempo, tanto a científicos como, por supuesto, a cazadores y pescadores.
1. Peces. Las anguilas abandonan los cursos de agua de Europa antes de alcanzar su madurez sexual, y se hacen a la mar. Viajan hacia el mar de los Sargazos, que es abandonado por los peces recién nacidos que marchan en procura de las costas de Europa, cuyos ríos, riachos y pequeños cursos de agua remontan.
    La migración de los salmones de América se produce en sentido inverso y presenta un carácter asombroso. Estos peces descienden hacia el océano para pasar allí su juventud, y remontan los ríos al aproximarse su madurez sexual. Especímenes que ya habían sido anillados lo fueron por segunda vez, pescados lejos de su origen, y se han podido probar numerosos retornos al lugar de su nacimiento.
    Es posible que algunas transformaciones de orden fisiológico creen en ciertos peces (salmones, anguilas y otros) excitaciones que los impulsan a buscar aguas más o menos saladas, más o menos ricas en oxígeno, más o menos protegidas de la acción de la luz (de donde proviene, quizá, la búsqueda de las profundidades abisales). Sin embargo, es difícil concebir que estos peces, viajando en cardúmenes y, prácticamente en línea recta, puedan descubrir diferencias en concentración de sal, oxígeno, etcétera, entre su cabeza y su cola, pues estas diferencias no pueden sobrepasar una fracción del orden de diez-cinco, lo que equivaldría a 1,000 veces la sensibilidad diferencial observada en la visión y en la audición, sentidos particularmente agudos. Pero todo eso no llega a explicar cómo el salmón adulto vuelve a encontrar el río en que ha nacido.
    Parece posible que la memoria intervenga en la migración de los salmones, aunque realicen su viaje una sola vez: ida y vuelta. Pero esta interpretación resulta muy atrevida, dado el tiempo que transcurre entre la ida y el regreso (varios años) y la mediocridad de las capacidades mentales del pez, cuyo cerebro es escasamente desarrollado y casi no puede aplicarse más que a tareas automáticas o semiautomáticas. Creemos que la fisiología del salmón varía levemente según el río en que ha nacido, de manera que, merced a mecanismos de naturaleza refleja, sus necesidades y sus tendencias individuales hacen más probable que retorne al lugar de nacimiento en lugar de remontar otro afluente del mismo río. Por otra parte, no debe asombrarnos que el salmón adulto remonte el mismo río por el que descendió la morralla: en efecto, los ríos en cuestión drenan enormes masas de agua dulce hacia el océano, de manera que su influencia se hace sentir aún muy lejos de la costa. Parece posible que, en estas circunstancias, sólo por la búsqueda de condiciones apropiadas a su madurez sexual, el salmón adulto vuelve a encontrar las aguas del río de origen, tanto más cuanto que sube en ese momento a la superficie de las aguas y que el agua dulce de los grandes ríos, más liviana que el agua salada, permanece en la superficie aún muy lejos de la costa, antes de mezclarse completamente con el agua del mar.
2. Aves. Un gran número de especies de aves cambian regularmente de hábitat, dos veces por año: estas migraciones les hacen recorrer miles de kilómetros. Hace ya tiempo (por lo menos desde la época de Buffon,7 siglo. XVIII) que se ha verificado que algunas aves anilladas siempre retornan a la misma región y muy a menudo al mismo nido. Debe intervenir necesariamente una memoria topográfica visual. Aunque importantes bandadas reúnan las aves listas para la migración y aunque estas bandadas sean guiadas por individuos experimentados, la precisión de su vuelo es completamente asombrosa.
    Es casi seguro que determinada bandada de aves de determinada especie toma rigurosamente el mismo camino todos los años y pasan siempre por los mismos lugares a la misma hora del día. Lo único que cambia es la fecha de partida, función, entre otras, de la temperatura, de la duración efectiva del día y de la abundancia o escasez de alimentos.
    ¿Cómo explicar este tipo de orientación a distancia? Se sabe que las aves migratorias generalmente bordean las costas, lo que demostraría la importancia de las señales topográficas fijadas en su memoria. Las travesías marinas son acortadas en la medida de lo posible, gracias al empleo de las islas.
    El mecanismo de memorización continúa siendo desconocido; por su parte, las travesías marinas presuponen una orientación según la dirección del Sol, teniendo en cuenta la hora del día, en suma, el conocimiento de los puntos cardinales.
    Por último, puede decirse que el problema de las migraciones no es esencialmente diferente del relativo al retorno individual al nido (golondrinas de mar y palomas mensajeras). El hecho mismo de que los retornos se efectúen generalmente con grandes retrasos, permite pensar que no sería necesario contar con una facultad especial de orientación, sino más bien con el concurso de varias sensibilidades conocidas (visual y táctil sobre todo) y con una integración cerebral bastante completa, que permita una utilización racional de todos los datos sensoriales recibidos.
    Las aves migratorias (estorninos) mantenidas en el interior de grandes jaulas y sentadas sobre perchas que pueden girar alrededor de un eje vertical, echan siempre a volar en una misma dirección, al llegar el momento de la migración otoñal, pero en dirección opuesta, en el momento de la migración primaveral. Está comprobado que la visión del cielo es indispensable a las aves para hallar la dirección acertada de vuelo. En suma, el animal se guía por el Sol. En experimentos en que se reemplazó el Sol por un sol artificial, se encontró que ello no influye en el comportamiento de estas aves. Esta experiencia indica que la polarización de la luz actúa sobre la orientación a distancia de las aves. Se destaca que el ave migratoria tiene en cuenta el movimiento solar para encontrar la dirección exacta, mientras que los insectos capaces de orientación a distancia (hormigas, por ejemplo) no pueden hacerlo. Pero una pregunta evidente es ¿cómo hacen las migradoras que viajan de noche? Como ya se ha dicho: “Nos encontramos aquí frente a problemas sumamente complejos, y de cuya solución no podemos jactarnos”.

N O T A S

1 Auguste-Henri Forel (1848-1931), mirmecólogo, neuroanatomista, psiquiatra y reformador social suizo activo con Magnus Hirschfeld y Havelock Ellis en la Weltliga für Sexualreform (que calificó la doctrina racial, die Eugenik, como die Kakogenik) y fue influyente sobre Cesare Lombroso, Sigmund Freud, Alfred Adler, Wilhelm Stekel y Paolo Mantegazza. Obtuvo notables resultados en sus investigaciones de la estructura del órgano cerebral humano y del ganglio cerebral de las hormigas.
2 Brun, R. Die raumorientierung der ameisen und das orientierungsproblem im Allgemeinen, Jena.
3 Victor Cornetz (1864-c.1935) and Henri Pieron (1881-1964). Cornetz V., Orientation, direction, Journal de psychologie, 15 mai 1929, p. 375. Henri Piéron M., Le cerveau et la pensée, 1923.
4 Karl R. Von Frisch (1886-1982). Compartió el Premio Nobel en Fisiología y Medicina en 1973 con Konrad Lorenz y Nikolaas Tinbergen, por sus estudios del comportamiento animal. Die Polarisation des Himmelslichtes als orientierender Faktor bei den Tänzen der Bienen: Experientia (Basel) 5, 142-148 (1949). (The polarisation of skylight as a means of orientation during the bee’s dances.)
5 Thauzies, A. L’orientation. Rev. sci. Paris, 61: 392-7. (30)-. 1909.
6 Watson, J.B. y Lashley, K.S. Homing and related activities of birds and the acquisition of skill in archery. Washington, DC Carnegie Inst. 1915
hardcover Fine condition, dark green boards, gilt lettering, no dj Publication No. 211. Papers from the Department of Marine Biology of the Carnegie Institution of Washington. Volume VII.
7 Herrick, Francis H. Homing powers in the cat. Scientific Monthly, 14, 525-539, 1922.
8 Georges Louis Leclerc, conde de Buffon (1707-1788) Naturalista, matemático, biólogo, cosmólogo y escritor francés. Las ideas de Buffon influyeron a las siguientes generaciones de naturalistas incluyendo a Jean-Baptiste Lamarck y Charles Darwin.



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