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Elementos No. 73, Vol. 16, Enero - Marzo, 2009, Página 62
Libros

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Herejias

HEREJÍAS
Pedro Meyer
Fundación Pedro Meyer, Lunwerg Editores, México/España, 2008


¿Dónde estamos? ¿En qué situación nos encontramos respecto a la fotografía y a la imagen? ¿Y respecto a la vida, a la relación con el mundo, a la representación del mundo, a la realidad, a la construcción de la realidad cuando sólo estamos inmersos en unos procesos de percepción? ¿Y si todo ello no fuera más que una ilusión?
    Al concretar estos temas, que Pedro Meyer consigue con sobrado éxito, abre espacios de libertad, tras medio siglo de creación, y nos obliga a hacernos preguntas que, finalmente, son de orden filosófico y afectan a la esencia de las cosas.
    Escanear y hacer accesibles las más de trescientas mil imágenes que Meyer ha realizado sin editar nada puede parecer una provocación. Pero, por el contrario, es una forma de sabiduría, una constatación realista en relación con una práctica. Proponer a otros que seleccionen a partir de criterios temáticos sus colores en India, sus imágenes de la familia o su compromiso en blanco y negro con la revolución sandinista revela una forma de humildad que lucha contra su autoestima.
    Resulta sorprendente o, por lo menos, desconcertante: uno de los representantes más brillantes de la fotografía documental de América Latina es también quien se ha apropiado, adelantándose a todos, de las mutaciones históricas de la imagen mediante el sistema digital para crear imágenes perturbadoras, rehabilitando el fotomontaje, utilizando la tecnología para seguir expresándose, lo que verdaderamente constituye la clave de una obra proteiforme y siempre curiosa.
    Recuerdo un momento sorprendente en su estudio de Coyoacán, mientras las impresoras realizaban magníficas copias digitales de gran formato y hablábamos amistosamente de lo que éramos capaces o incapaces de ver: Pedro Meyer buscó en las estanterías de su biblioteca un libro francés del siglo XIX, con fotografías originales de Nadar pegadas y las comentó con pasión. Allí, en aquel mismo instante, cuestionar la imagen y el lugar de la fotografía adquiría una dimensión física, única. Un shock de los tiempos. Testimoniar, describir, exponer, mostrar, fue el propósito de un joven mexicano que se enfrentó al mundo para descifrarlo y ponerlo en forma en el momento en que intentaba comprenderlo. Antes que nadie percibió, primero intuitivamente y luego de forma totalmente consciente, los límites de la fotografía y las mutaciones a las que conducían los nuevos avances tecnológicos. Y, antes que nadie, se planteó esta pregunta que hoy nos parece evidente: ¿acaso la fotografía no es, ante todo, una imagen, acaso no somos las víctimas –consentidoras y entusiastas– de la credulidad de la representación?
    Verdadero, falso, testimonio y documentación, ilusión y realidad, ficción y verdad, punto de vista y sueño: todos estos elementos en los que se basa nuestra capacidad de pensar en las imágenes del mundo se hallan en las propuestas de Pedro Meyer.
    Este enfoque en los actos, en la práctica con las exposiciones y este libro, aparece en el momento en que la percepción de las imágenes se ha vuelto más compleja que nunca. En efecto, jamás se han realizado en el mismo momento tantas imágenes y nunca se han borrado tan rápidamente tras la toma. El mundo nunca se ha reducido tan radicalmente a su imaginería, los cuestionamientos sobre la naturaleza, el valor, el reto de las representaciones, nunca han sido un reto tan esencial, desde un punto de vista económico, sino también en términos de valor, de valores, de estética, de ética.
    Revisando una vida de práctica de imágenes, rechanzando valorarlas él mismo y ofreciendo a cada uno la posibilidad de realizar su propia selección y de construir la lectura de su visión, Pedro Meyer, que fue el primero en tener en cuenta la revolución digital y en establecer, de hecho, la diferencia entre fotografía e imagen, abre una vez más un espacio de libertad. La de la mirada, la de la interpretación, la del descubrimiento. Él que ha reinventado el fotomontaje, él que ha dado testimonio de las luchas como de lo íntimo nos dice lo esencial: ¡abrid los ojos!

Christian Caujolle
Presentación del libro



Oz

CONTRA EL FANATISMO
Amos Oz
Ed. Siruela, Madrid, 2007


En tiempos aciagos no hay mejor antídoto contra la intolerancia que la lectura. Hoy más que nunca en nuestro país y en el mundo conviene vacunarse contra la intolerancia y el pensamiento único. Al respecto, Amos Oz (Jerusalén, 1939) sugiere como antídoto la imaginación. Una inyección de imaginación y un mínimo de sentido del humor podrían contribuir mucho más que varias conferencias de paz a resolver el conflicto árabe-israelí.
    ¿Cómo curar a un fanático?, se pregunta Amos Oz. “Perseguir a un puñado de fanáticos por las montañas de Afganistán es una cosa. Luchar contra el fanatismo, otra muy distinta” [...] “La actual crisis del mundo, en Oriente Próximo, o en Israel/Palestina, no es consecuencia de Palestina, no es consecuencia de los valores del islam. No se debe a la mentalidad de los árabes como claman algunos racistas. En absoluto. Se debe a la vieja lucha entre fanatismo y pragmatismo. Entre fanatismo y pluralismo. Entre fanatismo y tolerancia.” [...] “El fanatismo es más viejo que el islam, que el cristianismo, que el judaísmo. Más viejo que cualquier ideología o credo del mundo. Desgraciadamente, el fanatismo es un componente siempre presente en la naturaleza humana, un gen del mal, por llamarlo de alguna manera.”
    En una entrevista que Oz dio a la radio pública en Estados Unidos el 7 de enero de 2009, en respuesta a la pregunta: “¿Cree usted que la manera como los Israelíes ven este conflicto bélico en Gaza esté influenciado por el pasado?”, Oz respondió: “Todo está influenciado por el pasado. Los israelíes viven marcados por el hecho de que han sido acosados por décadas. Viven marcados por el calvario histórico del pueblo judío, con el sentimiento de que han sido alienados de muchas otras naciones, así como de la opinión pública. Esto resulta en cierta testarudez en su actitud: ellos piensan que el mundo los va a criticar de todas maneras, cualquiera sea su comportamiento, por lo que deciden hoy actuar con fuerza.” Oz agregó: “Yo no creo en la fuerza por la fuerza misma… habiendo escrito sobre mi experiencia como niño durante el asedio árabe sobre Israel en 1948, irónicamente, eso me da la posibilidad de imaginarme ahora las condiciones trágicas de los civiles en Gaza en medio del actual asedio israelí.”

Anamaría Ashwell
La Jornada de Oriente
16 y 19 de enero de 2009



Bostelmann

AMÉRICA. UN VIAJE A TRAVÉS DE LA INJUSTICIA
Enrique Bostelmann
Ed. Siglo XXI, México, 2007


Esta obra es una narrativa fotográfica que muestra las pobres poblaciones de Latinoamérica. En las imágenes de Bostelmann se perciben pueblos enérgicos, trabajadores y llenos de vida, que sin embargo no pueden ocultar una mezcla de amargura y de orgullo. Son retratos de seres humanos que se encuentran en un impasse del tiempo.
    El libro es un recorrido por áridos terrenos y recónditas callejuelas, por miradas tristes y expectantes que apenas dejan ver algún rastro de felicidad, ilusión o esperanza; son niños, hombres y ancianos que reflejan a un pueblo rico en tradiciones, pero al mismo tiempo lleno de las carencias que marcan su destino inmutable.
    Bostelmann captura de manera sensible las injusticias propias de Latinoamérica; su trabajo es un testimonio estridente del pesar silencioso de nuestros pueblos: con su cámara da voz a la pobreza sin quitarle dignidad; sin embargo, a pesar de las imágenes constantes de pies descalzos y calles polvorientas, de abandono y desolación, que son parte del argumento de la obra y sustentan el título de ésta, no deja de percibirse una belleza indescriptible, una especie de encanto en esos pueblos indígenas, en el arado, en sus fiestas populares, una fascinación por la vida.
    Esta es la segunda edición del volumen que recopila el trabajo de Bostelmann, considerado uno de los fotógrafos más importantes de la segunda mitad del siglo XX mexicano; la obra incluye el prólogo que Carlos Fuentes escribiera en 1970, año de la primera edición. Se puede percibir una lucha enérgica y un afán contestatario, sin más pretensiones que la de mostrar la realidad, una realidad que ha cambiado poco desde la época en que las imágenes fueron tomadas. Su obra es una mirada al pasado desde el presente.
    Es lamentable que esta edición no contenga ninguna referencia del material fotográfico mostrado y que, con el fin de mantener un bajo costo, esta reedición se haya realizado en un papel de mala calidad para el trabajo fotográfico.

Eunice Kariñho Betancourt



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