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Elementos No. 71, Vol. 15, Julio - Septiembre, 2008, Página 39
Pessoa, médium de sí mismo

Efraín Aguilar                 Descargar versión PDF


La conciencia de la inconsciencia
de la vida es el más antiguo impuesto
que paga la inteligencia.
PESSOA


Al “conocer” a Pessoa no puede uno abstraerse de preguntar qué sucedía en la psique de este gran creador. Su adopción voluntaria de múltiples identidades, a veces en un estado cercano al trance, su vida solitaria, así como el hecho de que su abuela paterna hubiera sufrido una enfermedad mental no aclarada, nos invitan a buscar señales para comprender algo de su compleja personalidad.
    Para ello seleccionamos fragmentos de su obra que, según el receptor (en este caso psiquiatra), son manifestaciones de la psique de Pessoa, apoyados en algunos datos de su biografía. Sabemos que la obra de un artista no dice gran cosa de su personalidad y viceversa, pues por algo es un creador.1 Sin embargo, el caso de Pessoa es diferente: dice mucho de sí a través de sus personajes.2 Por otro lado, un creador maneja de modo consciente la intensidad y el tono de las emociones empleadas en el proceso formativo de su obra,1 y esto lo sabía muy bien Pessoa.3 A menudo plasmó sus propias vivencias emocionales en el acto creativo.
    Hechas tales aclaraciones, abordaremos las siguientes facetas: su capacidad para multiplicarse o disociarse en otras personalidades, su angustia, su vida solitaria, su hipobulia o voluntad disminuida, su “locura” y su fobia social. Por último, es preciso aclarar que los tres puntos suspensivos entre las estrofas significan el salto de un verso; cuando aparezcan entre paréntesis indicarán el salto de dos o más versos. Por supuesto algunos versos, estrofas y oraciones quedaron fuera de su contexto, pero no pierden el significado ni el sentido por los que fueron elegidos.

SU CAPACIDAD PARA MULTIPLICARSE

Desde pequeño, Pessoa fantaseaba demasiado. A diferencia de otros infantes, él manejó pronto la imaginación creadora; puso así orden a sus fantasías y comenzó a dar forma y contenido a sus personajes. A los 6 años de edad había ya conformado al primero, el Chevalier de Pas:

* Esta tendencia de crear a mi alrededor otro mundo, semejante a éste pero poblado con otros habitantes, nunca dejó de perseguirme.4
   
    Así, de modo precoz, manejó la imaginación plástica u objetiva, esto es, construyó con elementos tomados del exterior, y debió matizar a sus personajes mediante la imaginación emocional o subjetiva, con elementos tomados de su interior.5 Creó numerosos pseudónimos con los que mantenía correspondencia y así continuó hasta la aparición de sus heterónimos, en los que se perciben las emociones y los afectos de Pessoa:

* He creado en mí muchas personalidades. Creo personalidades constantemente.6, §31
* Soy la escena viva en la que pasan muchos actores que representan muchas piezas.4

    El exceso de fantasía parece haber alejado a Pessoa de la realidad, mas no por completo. Disfrutaba la imaginación y la contemplación; desvió su energía y su voluntad del mundo real. Cultivó el aislamiento y el hermetismo pero, sobre todo, el ensimismamiento creador de otras identidades. Hasta hoy, se le conoce una treintena de pseudónimos y semiheterónimos.

* Y siempre estoy pensando en algo, pienso en otra cosa.
Fui educado por la Imaginación,
Viajé siempre de su mano, 7

    Una vez adulto, se concentraba a profundidad para crear a sus personajes y permanecía consciente de lo que le sucedía, a diferencia de quienes al caer en estado disociativo de la identidad (antaño personalidad doble o múltiple) muestran luego amnesia de la o las personas en que se convierten. Explica en la carta a Monteiro8 la génesis de sus personajes:

(…), el origen mental de mis heterónimos reside en mi tendencia orgánica y constante a la despersonalización y a la simulación. Estos fenómenos –afortunadamente para mí y para los demás– se han mentalizado en mí: quiero decir que no se manifiestan en mi vida práctica, exterior y de trato con los demás; estallan hacia dentro y los vivo yo a solas conmigo.

    Lo que Pessoa llama despersonalización es, al parecer, el hecho de asumir a voluntad otra identidad. El que no exteriorizara tales fenómenos indica sus rasgos introvertidos, opuestos a lo extrovertido y llamativo de los histriónicos; sin embargo, este último rasgo se manifiesta en Álvaro de Campos, el más angustiado e histriónico de sus heterónimos. En este pasaje relata cómo se esforzaba para convertirse en otra persona:

Y así hice “Opiario”, en el que traté de exponer todas las tendencias latentes en Álvaro de Campos, conforme habían de ser reveladas después (…). Fue, de entre los poemas que he escrito, el que me dio más que hacer, debido al doble poder de despersonalización que tuve que desarrollar. Pero, en fin, creo que no salió mal, y que muestra a un Álvaro en cierne.8

    Esta gran capacidad para imaginar y crear personajes a veces le saturaba:

* Y al final lo que quiero es fe, calma,
Y no tener esas sensaciones confusas.
¡Que Dios acabe con esto! Abra las esclusas
¡Y basta de comedias en mi alma! 9
* ¡Oh, fugas continuas, idas, ebriedad de lo diverso! 10

    Algunas veces llegó a caer en estados disociativos debido a la concentración y sugestión que se imponía, logrando así la conversión voluntaria. Halló la manera de disociarse de modo automático en otros personajes, a la manera de chamanes, curanderos y médiums que no simulan:

Esta tendencia (…) ha tenido varias fases, entre las que se cuenta ésta, sucedida ya en la mayoría de edad. Se me ocurría una frase ingeniosa, absolutamente ajena, por un motivo y otro, a quien soy, o a quien supongo que soy. La decía inmediatamente, espontáneamente, como si fuese de un amigo mío cuyo nombre inventaba, cuya historia añadía y cuya figura –cara, estatura, traje y gestos– veía inmediatamente ante mí. Y así he adquirido, y multiplicado, varios amigos y conocidos que nunca han existido pero a los que todavía hoy, a cerca de treinta años de distancia, oigo, siento, veo. Lo repito: oigo, siento, veo... Y siento nostalgia de ellos.8

    Por otro lado, que a veces dudara de su intervención sugiere la posibilidad de haber entrado en estado disociativo de la identidad:

(…) y en todo esto me parece que fui yo, creador de todo, lo que menos hubo allí. Parece que todo sucedió independientemente de mí. Y parece que todavía sucede así. Si algún día puedo publicar la discusión estética entre Ricardo Reis y Álvaro de Campos, verá qué diferentes son y que yo no soy nada en el asunto.8

    El ímpetu por crear, su angustia y los desvelos parecen haberle llevado a estados disociativos de trance:

* Hacia finales de marzo (si no me equivoco) me convertí en médium. Me he dedicado a la escritura automática.4 
* Y escribí treinta y tantos poemas de un tirón, en una especie de éxtasis cuya naturaleza no conseguiría definir.8
   
    Y era tal su grado de concentración que durante horas continuaba poseído por sus personajes, como la vez que se entrevistó con Simôes y Régio presentándose como Álvaro de Campos. Ellos tomaron el hecho como una broma extravagante. ¿Lo fue acaso?

* La broma no me puede divertir o tentarme sino un momento, de forma pasajera, durante un periodo morboso, transitorio y burdo de mi vida (felizmente no característico).4
* Nada hay más indicador de la pobreza de la mente que no saber ser ingenioso más que a costa de las personas.6, §66
   
    Esa manera de crear le condujo a sentir que perdía el control:

* Asisto a un espectáculo sobre otro escenario. A lo que asisto, es a mí mismo. (…) Dios mío, ¿a qué estoy asistiendo? ¿Cuántos soy? ¿Quién es yo? ¿Qué es este intervalo que se desliza entre yo y yo? 6, §18
* (...) Tuve un instante la impresión de perder la conciencia de las verdaderas relaciones entre las cosas, ya no comprender, de colgar en un abismo de vacío mental. Es una sensación horrible, que golpea con un miedo desmesurado. Estos fenómenos se presentan frecuentemente, parecen desviar mi camino hacia una nueva vida mental, que sería naturalmente la locura.4
   
    Pero no es “locura”, pues no se trata de una desintegración de su personalidad, sino de una despersonalización (extrañamiento de sí) debida a la angustia:

* Cuando quiero pensar, siento, no sé
Si me siento quien soy y quisiera.11
* Cuando me miro no me percibo.
Tengo tanto la manía de sentir
Que me extravío a veces al salir
De las propias sensaciones que recibo.12
   
    Y debido al exceso de trabajo creativo:

* Para crear me he destruido; me he exteriorizado tanto por dentro como interiormente que no existo sino fuera de mí.6, §31
* Sentí de más como para poder seguir sintiendo. Se me agotó el alma, quedó sólo un eco en mi interior.10

    Su agudeza en poner atención a sus sensaciones y experiencias también le permitió describir estados de alucinosis:

A veces, en la noche, cierro los ojos y veo aparecer un desfile de pequeños cuadros, fugaces pero muy nítidos (tan nítidos como el mundo exterior): hay en ellos personajes extraños, dibujos y signos simbólicos, números (vi también números), etcétera.4

    Y surgen las preguntas: ¿Jugó a multiplicarse? ¿Al sentir que carecía de identidad, decidió convertirse en personaje multiplicado? O al revés: ¿En acto creativo decidió negar su persona multiplicándose? ¿De qué manera influyó su apellido en todo esto? Parece respondernos:

¿Qué sé lo que seré, yo, que no sé lo que soy?
¿Ser lo que pienso? ¡Pienso tantas cosas!13

    Pero no hay duda de que la angustia generó en Pessoa estados disociativos de identidad, de trance y posesión, así como despersonalización. Lo que se ha interpretado como pérdida de su identidad no debió ser más que estados de despersonalización.

SU ESTADO DE ANGUSTIA

La emoción predominante de Pessoa era la ansiedad; vivía en estado de angustia generalizada:

* Al final de este día queda lo que quedó de ayer, lo que quedará de mañana: la angustia insaciable, innombrable de ser siempre la misma y siempre otra.6, §21
* Esta vieja angustia,
esta angustia que traigo hace siglos en mí,
rebasó la vasija, en lágrimas, en grandes imaginaciones,
en sueños al estilo de pesadilla sin terror,
en grandes emociones súbitas sin sentido alguno.14

    Tenía leve agorafobia que después pudo haberse exacerbado, pues una vez asentado en Lisboa, a los 17 años de edad, parece no haber vuelto a viajar:

* Nunca, por más que viaje, por más que conozca,
al salir de un lugar, al llegar a un lugar, conocido o desconocido,
pierdo, al partir, al llegar, y en la línea móvil que los une,
la sensación de escalofrío, el miedo a lo nuevo, la náusea
–esa náusea que es el sentimiento cuando sabe que el cuerpo tiene el alma.
Treinta días de viaje, tres días de viaje, tres horas de viaje
–siempre la opresión se infiltra en el fondo de mi corazón.15
* Al final la mejor manera de viajar es sentir.
Sentir todo de todas las formas,
Sentir todo excesivamente.16

    También llegó a sufrir crisis de ansiedad o pánico:

* Uno de los males de mi espíritu –un inexpresable horror– es el miedo a la locura, que es ya la locura. Es imposible definir estos impulsos, algunos de ellos criminales, y otros insensatos, que me llevan, lo que me tortura, a una horrible necesidad de actuar, una terrible muscularidad, una sensación en los músculos, que me parece ahora mayor que nunca, tanto por su frecuencia como por su violencia.4
* Estoy en un estado de angustia y alteración intelectual que nadie puede imaginar.4

    ¿De dónde venía esa angustia? Sabemos que su padre murió cuando Pessoa tenía cinco años de edad, asimismo su hermano unos meses después sin haber cumplido el año de nacido; que debieron subastar muebles y mudarse a una casa más modesta, y que su madre volvió a casarse cuando él tenía siete años. Son pérdidas que a esa edad suelen generar ansiedad e incertidumbre muchas veces perdurables, y culpa si se tiene fantasías de rivalidad con los muertos. El sólo enterarse de que la gente muere produce fuerte angustia en los niños, y vivir esa experiencia con uno de los padres puede ser devastador. Ésta quizá es la fuente de su ansiedad, pero no sabemos qué sucedió en Pessoa antes de los cinco años de edad.
    Asimismo, la angustia le impedía disfrutar la vida y sentía que no había solución:

* La vida es una gran feria y todo son barracas y saltimbanquis.
Pienso en esto, me enternezco pero nunca me tranquilizo.17
* Porque estos nervios son mi muerte.
(…)
De este desasosiego que hay en mí
Y no hay forma de resolver.9
* ¿Cuándo pasará esta noche interior, el universo, y yo, alma mía, tendré mi día? ¿Cuándo despertaré de estar despierto?4

    En los tiempos de Pessoa no se había sintetizado fármacos ansiolíticos, así pues recurrió al más natural y ancestral de todos: el alcohol. Parece haber muerto por complicaciones asociadas a cirrosis a los 47 años de edad.

¡Estos nervios que algún día han de matarme!9

LA SOLEDAD Y EL MALESTAR EN LA VIDA

La angustia, el miedo y la inseguridad hicieron de Pessoa un ser hipersensible. Sentía que el mundo se le venía encima. La angustia le llevó a la fobia social, y el miedo le condujo a la suspicacia.

* Y gemir por tener que vivir, cual brusco ruido de sierras…18
* Vivir con los demás es, para mí, una tortura. Y todos los demás están en mí. Incluso lejos de ellos estoy constreñido a vivir con ellos. Solo, las multitudes me rodean. No sé hacia dónde huir, a menos que huya de mí mismo.4

    Y parece haber huido de sí mismo creándose otras personalidades y personajes:

Con una falta tal de gente con la que coexistir, como hay hoy, ¿qué puede un hombre de sensibilidad hacer, sino inventar sus amigos, o cuando menos, sus compañeros de espíritu?4

    Se sabía diferente, ya fuera por su hipersensibilidad o por su malestar existencial:

* En nadie de quienes me rodean encuentro una actitud respecto a la vida que lata al ritmo de mi íntima sensibilidad, de mis aspiraciones y de mis ambiciones, de todo lo que constituye el fundamento y la esencia de mi profundo ser espiritual.4
* Yo no me quejo de vivir una crisis. Pero ella hace que uno se encuentre solo cuando uno ha rebasado a sus compañeros de camino.4

    Y se autoexcluyó, optó por la soledad:

* Esta gente es igual, yo soy diferente–
Ni los poetas me aceptarían.
¡Qué poca gente la demasiada gente aquí!11
* No tengo ambiciones ni deseos,
Ser poeta no es mi ambición.
Es mi manera de estar solo.19

    Además no quería ser como los otros, no podría serlo:

* ¡Ya he dicho que soy solitario!
¡Ah, qué lata que queráis que yo pertenezca al grupo!20
* Estoy en contra de todo lo que se parezca a una camarilla o una secta…4

    Y tenía miedo a vivir:

* Lo artificial es la manera de disfrutar de lo natural. Aquel que jamás ha estado constreñido no puede resentir la libertad.4
* ¿Cuántos bajo el frac característico
No tendrán como yo horror a la vida?9

    Todo ello se manifestaba como un malestar en la vida y en sí mismo:

* Ah, todo esto es para decir apenas
Que no estoy bien en la vida, y quiero ir
Hacia un lugar más tranquilo, oír
Correr los ríos y no tener más penas.
Sí, estoy harto del cuerpo y del alma

Mas lo que importa es que no tengo calma
Intento sólo decir que me aborrezco.
(…)
Me duele la vida en todos mis poros
Me estalla la cabeza en el corazón.11
* Estoy harto –harto de la vida, harto del arte–
Harto de no tener cosas, por ser menos o por tener miedo.21
* Y da tristeza saber que hay vida por vivir mañana.
(…)
Sea lo que fuere, mejor no haber nacido,

La vida llega a doler, a asquear, a mutilar, a rozar, a rechinar,
A dar ganas de gritar, de saltar, quedarse en el suelo, de salir.7

    También le pesaban su timidez y su autoestima disminuida:

Ven, Dolorosa
Mater-Dolorosa de las Angustias de los Tímidos,
Turris-Ebúrnea de las Tristezas de los despreciados,
Fresca mano en la frente febril de los humildes,
Sabor de agua sobre los labios secos de los Cansados.
Ven, allá del fondo
Del horizonte lívido,
Ven y arráncame
Del suelo de angustia y de inutilidad
En que retoño.22

    Su vida solitaria le resultaba tan difícil que a veces “deseaba” ser común y corriente:

Hazme humano, oh, noche, hazme fraterno y solícito.
Sólo humanitariamente se puede vivir.
Sólo amando a los hombres, las acciones, la banalidad de los trabajos,
Sólo así –¡ay de mí–, sólo así se puede vivir.
Sólo así, oh, noche, ¡y nunca podré ser así!
(…)
No sé sentir, no sé ser humano, convivir
Desde dentro del alma triste con los hombres mis hermanos en la Tierra.
No sé ser útil aun sintiéndolo, ser práctico, ser cotidiano, nítido,
Tener un lugar en la vida, tener un destino entre los hombres.7

    Y nos cuestiona:

Yo, que tantas veces he sido ridículo, absurdo,
Que he tropezado públicamente en las alfombras de los protocolos,
Que he sido grotesco, mezquino, sumiso y arrogante,
Que he sufrido injurias y callado,
Que cuando no he callado he sido aún más ridículo;
(…)
Yo, que he sentido la angustia de las pequeñas cosas ridículas,
Yo verifico que no tengo igual en todo esto en este mundo.
(…)
¿Seré yo el único vil y equivocado en esta tierra?23

    Por otro lado, la vida solitaria de Pessoa hizo pensar a sus contemporáneos que murió virgen; algunos estudiosos creen que era homosexual manifiesto en Álvaro de Campos. Su realidad pudo ser otra, esculpida por la timidez, el miedo y la inseguridad. Muertos su padre y su hermano sólo le quedaba su madre, a quien Pessoa compuso un poema a los seis años de edad. Ella conocía varios idiomas y también escribía poesía. A los siete años de edad Pessoa debió experimentar sentimientos devastadores de abandono y quizá de rechazo por la boda de su madre.

* Tanto aspiré, tanto soñé que tanto
De tantos tantos me hizo nada en mí
Mis manos quedaron frías
Sólo de aguardar el encanto
De aquel amor que las calentara al fin.24
* Un día, en un restaurante, fuera del espacio y del tiempo,
Me sirvieron el amor como si fueran callos fríos.
(…)
Pero, si yo pedí amor,
¿Por qué me trajeron callos a la manera de Oporto fríos?
No es plato que pueda comerse frío.
No me quejé, pero estaba frío,
Nunca se puede comer frío, pero vino frío.25
* Quise una vez, pensé que me amarían.
No me quisieron.
La única razón del desamor:
Así tenía que ser.26

    La “pérdida” de su madre pudo haber sido la causa por la que nunca deseó relacionarse afectivamente, manifestando así su temor al rechazo, al desamor:

Cuando deseo encontrarla
casi prefiero no encontrarla,
Para no tener que dejarla luego.27
Cruza las manos sobre la rodilla, oh, compañera que no tengo ni quiero tener.28

    Tal vez Fernando Pessoa trascendió la soledad multiplicándose.

LA VOLUNTAD MENOSCABADA

Algunos pasajes biográficos y de la obra de Pessoa nos llevan a imaginar su infancia como la de un pequeño aislado y ensimismado con sus fantasías, estático pero con una gran actividad interior mental y emocional. Cabe intuir que algo le impidió de niño participar en las actividades comunes a todos los pequeños, algo que pudo ser timidez, miedo, inseguridad. Pero, ¿debido a qué? ¿A la pérdida de su padre, a los apuros de su madre? Esto quizá ya es tardío. Entonces, ¿alguna enfermedad temprana y/o sobreprotección? Tal vez. De cualquier modo, la hipoactividad sólo parece haber incrementado su imaginación y viceversa:

Mi vida está hecha de pasividad y de sueño.4
Yo cultivo el odio a la acción como una flor de invernadero.6, §82

    Al explicarse, Pessoa nos recuerda que no se crea de la nada sino de la experiencia, pero en este caso ajena. Y con base en esa experiencia busca madurar y comprender el mundo:

* En el fondo lo que me sucede es que hago de los demás mi propio sueño, me pliego a sus opiniones para apropiármelas (como no tengo ninguna, por qué no las suyas o no importa cuáles), para plegarlas a mi gusto y hacer de sus personalidades algo que se parezca a mis sueños.4
* Cambio poco a poco de personalidad, me enriquezco (es ahí que podría haber evolución) con mi aptitud para crear personalidades nuevas, nuevas formas de fingir, de comprender el mundo, o más bien fingir que puede ser comprendido.4

    Pero no era posible crecer así; careció de lo que suele formar a las personas: la experiencia directa con la vida, con lo más comprometedor, lo emocional. También sufría por esta carencia.

* ¡Quiero intercalarme, inmiscuirme, ser llevado,

(…)
Probemos y no escribamos,
Amemos y no construyamos,22
* ¡No haber vida que se pueda DAR!11

    En el siguiente poema, donde “la mala” es su forma de vida, nos muestra la frustrada lucha contra su falta de voluntad:

No saqué billete para la vida,
Erré la puerta del sentimiento,
No tuve voluntad u ocasión que no perdiese…

Con la mala abierta esperando la mutación deseada

    Y más adelante:

Sí, toda la vida he tenido que abandonar la mala
Pero también, toda la vida tengo esperando sentado sobre el borde de las
Camisas apiladas

Tengo que abandonar la mala de ser
Tengo que existir y abandonar las malas

Me levanto de repente, todos los Césares…
Tengo que existir independientemente de ella.

Más vale abandonar la mala.29

    Pero no pudo cambiar, fue vencido por la hipobulia:

* ¡No quiero cerraduras en las puertas!
(…)
Que me saquen de los cajones

Sólo para no estar siempre aquí sentado y quieto,
Sólo para no estar simplemente escribiendo versos!21
* Así me quedo, me quedo… Soy el que siempre quiere partir,
Y siempre se queda, siempre se queda, siempre se queda,
Se queda hasta la muerte, aun cuando parte, se queda, se queda, se queda…7


    Voluntad es actividad; los sujetos pasivos son hipobúlicos y Pessoa lo era. También voluntad es tenacidad y en este caso no hay duda: persistió en su creatividad aunque se quejaba de su propia indolencia. Afligido, ansioso, embargado por los afectos; veía disminuida su capacidad volitiva. Pessoa conocía bien la sensación de esclavitud que le generaban su angustia y sus fobias. Ese fue uno de sus papeles en la vida, saber que la suya no tenía sentido ni significado entre los normópatas.

* La tierra es la misma y diminuta
Y hay sólo una manera de vivir.13
* Todo esto debe tener otro sentido
Mejor que vivir y tener todo…
Debe haber un punto en la conciencia
En que el paisaje se transforme
Y comience a interesarnos, a acudirnos, a sacudirnos,…
En que comience a haber fresco en el alma
(…)
¡Condenación de los artistas a no vivir!21
* Sin duda tuvo una meta mi personalidad.
Sin duda porque se expresó, quiso decir algo
No tuve tal vez ninguna misión en la Tierra,
Desplegando al conjunto ficticio de los cielos estrellados
El esplendor del sentido nulo de la vida…30
* O estaré internado en un asilo de mendigos, feliz por la derrota completa, mezclado con la ralea de los que se creyeron genios y no fueron más que mendigos con sueños, junto con la masa anónima de los que no tuvieron poder para triunfar ni renuncia generosa para triunfar al revés. (…) y la monotonía de la vida cotidiana será para mí como el recuerdo de los amores que no tuve, o de los triunfos que no habrían de ser míos.6, §7

    Sin embargo, en momentos de exaltación decidía ya no sentirse disminuido:

* Hoy, al tomar la decisión de ser yo, de vivir a la altura de mi tarea y por consecuencia despreciar la idea de atraer la atención y mi sociabilidad plebeya, he entrado en plena posesión de mi genio y tengo la divina conciencia de mi misión.4
* Debo a la misión de la que me siento investido una perfección absoluta en su ejecución, una seriedad total en su escritura.4

    Pero el malestar existencial no le abandonó:

* No sé sentir, no sé pensar, no sé querer.6, §25
* …¡Mal sé cómo conducirme por la vida
con este malestar haciéndome dobleces en el alma!
¡Si al menos enloqueciera de veras!14


    Y al no poder “vivir”, decidió crear:

Vivir no es necesario; lo que es necesario es crear.4

SU "LOCURA"

Se ha dicho que Pessoa era paranoide, y hasta esquizofrénico paranoide. Un delirante paranoide no es consciente de su problema y un esquizofrénico jamás podría crear una obra parecida. Él sabía muy bien qué le pasaba.

* Comienzo por la parte psiquiátrica. El origen de mis heterónimos es el profundo rasgo de histeria que hay en mí. No sé si soy completamente histérico o si soy, más exactamente, un histeroneurasténico. Me inclino hacia esta segunda hipótesis porque se producen en mí fenómenos de abulia que la histeria propiamente dicha no encaja en el cuadro de sus síntomas.8
* Por lo demás, ¿con qué puedo contar conmigo? Una acuidad horrible de las sensaciones, y la comprensión profunda de estar sintiendo… Una inteligencia aguda para destruirme, y un poder de ensueño ávidamente deseoso de entretenerme… Una voluntad muerta y una reflexión que la arrulla, como a un hijo vivo… Sí, punto de ganchillo…6, §5

    Asimismo, estaba muy consciente de su desconfianza con los demás, reflexión que no haría un paranoide.

* A diario la materia me maltrata. Mi sensibilidad es una llama al viento… Camino entre fantasmas enemigos que mi enferma imaginación ha forjado y que ha fijado en personajes reales.4

    Hoy podemos decir que Pessoa tenía un trastorno de personalidad por evitación o por ansiedad, cristalizado a partir de la angustia generalizada y los miedos que sufrió desde pequeño, más algunos rasgos secundarios de esquizoidía y paranoia, sin olvidar su proclividad a la disociación debida a su angustia. Suficiente para sentirse mal y para que un cerebro privilegiado e introspectivo nos legara una opinión de sí:

¡Estoy loco, a Dios gracias!31
Tengo ganas de llevar mis manos
A la boca y morder en ellas fuerte y castigarme.
Sería una ocupación original
Y distraería a los otros, los dizque sanos.9
Esto aparte, soy loco, y con todo el derecho a serlo.
(…)
¿Me querríais casado, fútil, cotidiano y tributable?
¿O acaso lo contrario? ¿O lo contrario de cualquier otra cosa?
Si fuera otra persona os podría complacer a todos.21
Estoy loco en frío,
estoy lúcido y loco,
estoy ajeno a todo e igual a todos:
estoy durmiendo despierto con sueños que son locura
(…)
¡Si al menos tuviese una religión cualquiera!14

    Y reivindica la lucidez de la “locura”:

¿Sin locura qué es el hombre
más que la bestia sana,
cadáver aplazado que procrea?32

LA FOBIA SOCIAL

Su angustia y el miedo le llevaron a desarrollar fobia social, lo que motivó en él una certera imagen de sus congéneres:

* ¡Fauna maravillosa del fondo del mar de la vida!
La vida fluctuante, diversa, acaba por educarnos en lo humano.
¡Pobre gente!, ¡pobre gente toda la gente!10
* Una cosa me asombra más que la estupidez de la mayor parte de los hombres que viven sus vidas: es la inteligencia que hay en esa estupidez.4
* Me irrita la felicidad de todos estos hombres que no saben que son desgraciados. Su vida humana está llena de todo cuanto constituiría una serie de angustias para una sensibilidad verdadera.6, §79
* ¿Dicen? / Olvidan. / ¿No dicen? / Dijeron. / ¿Hacen? / Fatal. / ¿No hacen? / Igual. / ¿Por qué / Esperar? / –Todo es soñar.33

    Su juicio acerca de la ambición y de la fama también fue preciso y peculiar; desdeñaba el éxito:

* Pobres diablos que tenéis siempre hambre: hambre de comida, hambre de celebridad, hambre de los postres de la vida.4
* Quizá la gloria tenga un sabor a muerte y a inutilidad, y el triunfo un olor a podrido.4
* Es necesario ser muy vulgar para poder ser célebre deliberadamente (…) Todo hombre que merece ser célebre sabe que no vale la pena serlo. Dejar que uno se vuelva célebre es una debilidad, una concesión a los bajos instintos, algo femenino o salvaje, andar en boca de todo mundo (…) a “los hombres de genio desconocido” se les reserva el más hermoso de los destinos, que se vuelve inexorable; me parece que ése es no sólo el más bello, sino el mayor de los destinos.3

Y esta era su opinión de la vida social, muy vigente:

* En la vida de hoy, el mundo sólo pertenece a los estúpidos, a los insensibles y a los agitados. El derecho a vivir y a triunfar se conquista con los mismos procedimientos con que se conquista el internamiento en un manicomio: la incapacidad de pensar, la amoralidad y la hiperexcitación.6, §3
* El mundo es de quien no siente. La condición esencial para ser un hombre práctico es la ausencia de sensibilidad. La cualidad principal en la práctica de la vida es aquella cualidad que conduce a la acción, esto es, la voluntad. Ahora bien, hay dos cosas que estorban a la acción –la sensibilidad y el pensamiento analítico, que no es, a fin de cuentas, otra cosa que el pensamiento con sensibilidad. (…) Para actuar es nece­sario, por tanto, que no nos figuremos con facilidad las personalidades ajenas, sus penas y alegrías. Quien simpatiza, se detiene. El hombre de acción considera el mundo exterior como compuesto exclusivamente de materia inerte –inerte en sí misma, como una piedra sobre la que se pasa o a la que se aparta del camino; o inerte como un ser humano que, por no poder oponerle resistencia, tanto da que sea hombre o piedra, pues, como a la piedra, o se le apartó o se le pasó por encima. (...) ¿Qué sería del mundo si fuéramos humanos? Si el hombre sintiera de verdad, no habría civilización. El arte sirve de fuga hacia la sensibilidad que la acción tuvo que olvidar.6, §442

    Cada máscara que Pessoa utilizó tenía rasgos que lo revelaban. Fue la suma de todas ellas algo más que sólo da la creatividad del genio. Parece haber escrito, dirigido y actuado una obra de teatro cuyos actores más notables fueron poetas. Esa fue su vida: crear y actuar personajes que dejaron a su vez constancia de creatividad propia. Como siempre, él mismo nos lo explica:

En tanto que poeta, siento; en tanto que poeta dramático, siento en el desapego de mí mismo; en tanto que dramaturgo (sin poeta), convierto automáticamente lo que siento en una expresión extraña a lo que he sentido, al construir con la emoción una persona inexistente que la resentiría verdaderamente y que, así, experimentaría, derivadas de mí, otras emociones que yo –aquél soy sólo yo– olvidé sentir.4

    Una porción del genio de Pessoa radica en haber sabido verter sus angustias, temores y dudas como un material más para crear. La patología emocional no es, pues, origen de creatividad per se; sólo es un medio que puede ser aprovechado por el artista. Y esto lo hizo muy bien Pessoa. Además, fingió que fingía.

R E F E R E N C I A S

1 Vygotski LS. Psicología del arte, Paidós, Barcelona (2006) 245 ss.
2 Bréchon R. En Libros del desasosiego. http://www.mgar.net/docs/pessoa4.htm
3 Flores MA. Prólogo al Cancionero de Fernando Pessoa, Verdehalago, México (2005).
4 Pessoa F. Plural de nadie. Aforismos, selección de Flores MA, Verdehalago, México (2005).
5 Vygotski LS. La imaginación y el arte en la infancia, Hispánicas, México (1987) 31-52.
6 Pessoa F. Libro del desasosiego, Seix Barral, Barcelona (1997).
7 De Campos A. El paso de las horas, traducción de Martínez Torres J, Cifra Ediciones Limitadas, Chiapas (1994).
8 Pessoa F. Carta a Adolfo Casais Monteiro (fragmento). En http://www.poeticas.com.ar/Biblioteca/Pessoana/Poemario/carta_a_adolfo_casais.html
9 De Campos A. “Opiario” en Flores MA (trad. y presentación), Poesía completa de Álvaro de Campos I, Verdehalago, México (2003) 62.
10 Oda marítima. Ibidem, p. 103.
11 Carnaval. Ibidem, p. 62ss.
12 Sonetos. Ibidem, p. 44.
13 Tabaquería. En http://www.enfocarte.com/3.18/pessoa/campos.html
14 Esta vieja angustia. En http://www.analitica.com/bitbiblioteca/Pessoa/vieja_angustia.asp
15 Nunca, por más que... En http://www.enfocarte.com/3.18/pessoa/campos.html
16 Al final, la mejor... En Poesía completa de Álvaro de Campos I. Op. cit., p. 267.
17 Oda triunfal. Ibidem, p. 81.
18 Pessoa F. “Hora absurda”, en Flores MA (trad.), Cancionero, Verdehalago, México (2005) 67.
19 Yo nunca guardé rebaños. En http://amediavoz.com/pessoa.htm#
20 Lisbon 1923. En http://www.analitica.com/bitbiblioteca/pessoa/lisbon_espanol1923.asp
21 Saludo a Walt Whitman. En Poesía completa de Álvaro… Op. cit., p. 181ss.
22 Dos fragmentos de odas. Ibidem, p. 85ss.
23 Poema en línea recta. Ibidem, p. 276ss.
24 Todo, menos el tedio. En http://amediavoz.com/pessoa.htm#
25 Callos a la manera de... En http://www.analitica.com/bitblioteca/pessoa/callos.asp
26 Si muero pronto. En http://amediavoz.com/pessoa.htm#
27 He pasado toda la noche. En http://amediavoz.com/pessoa.htm#
28 Dos fragmentos de odas. En Poesía completa de Álvaro… Op. cit., p. 87.
29 Dos Santos M, Gonçalvez A. Ensayo sobre Álvaro de Campos. En http://perso.wanadoo.es/mlomba/fernando7.htm
30 La partida. En Poesía completa de ÁlvaroOp. cit., p. 250.
31 Vaya, por fin. En http://perso.wanadoo.es/mlomba/fernando323.htm
32 D. Sebastián. En http://www.mgar.net/docs/pessoa.htm
33 Pessoa F. En Cancionero. Op. cit., p. 184.


Efraín Aguilar, UNAM
eaguilar@correo.unam.mx




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