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Elementos No. 69, Vol. 15, Enero - Marzo, 2008, Página 45
Reducir, reutilizar, reciclar

José David Lara González                 Descargar versión PDF


EL FENÓMENO

Los años han pasado desde los primeros pronunciamientos ecologistas. La ecología apareció en los mass media y vino a impactar los quehaceres cotidianos y las mentes de la población en general. No obstante, dado que es más fácil creer que desarrollar pensamiento crítico y, con una difusión tan amplia de lo ecológico manejado en niveles someros, la ecología y su conocimiento fuerte se fue desplazando por el ecologismo llevado hasta constituirse en intentos políticos y partidos políticos también.
    Asuntos y problemas ecológicos pasaron a formar parte del conocimiento popularizado. Temas ecológicos se volvieron lemas comunes y hasta campañas de partidos políticos y otros grupos sociales de muy diversa índole en sus intereses de acción y opinión.
    En ciertos casos el conocimiento ecológico se transformó a conocimiento ecologista. Este es el caso del manejo del “Triángulo de la Ecología”: Reducir, Reutilizar, Reciclar; el cual se ha desviado y por momentos se invierte en su orden para en determinadas circunstancias, no poco comunes, llegar a resumirse en el moto del reciclaje.
    Aquí queremos hacer hincapié en la necesidad de sostener la vieja imagen de tal triángulo, reasumiendo su sentido ecológico ambiental y defenestrando su sesgo ecologista actual, renovando su intención original.

LAS TRES ERRES

La persona habitual, en los casos más generales, cuando es cuestionada sobre la ecología tanto como sobre el (mal llamado) medio ambiente (error histórico ahora tomado como expresión adecuada pero que en realidad es una figura pleonástica), torna con prontitud a asociar tales temas, dentro de una economía cognitiva que se ve cifrada en el sentido común, con los hitos contaminación, naturaleza, reciclaje y problemas.
    Lo frecuente cuando no se ha tenido particular ­cercanía a los temas ecológicos y ambientales es vincularlos a las ideas más generales sobre la naturaleza. Incluso, es regular también, entender a la ecología como lo ambiental y viceversa, sin identificar diferencias entre ambas esferas del conocimiento.
    El ecologismo y los manejos informativos en las masas, crean las condiciones para reforzar las representaciones sintéticas de la realidad. Si se habla de ambiente y/o ecología, entonces se supone que se habla de problemas, especialmente de contaminación, pero claro, también de la naturaleza y por supuesto de reciclar como una forma de enfrentar la problemática.
    El reciclar es una especie de muletilla que opera muy bien cuando se indaga respecto a soluciones a los asuntos y problemas ecológicos y ambientales y, ha venido a desplazar a los dos primeros elementos del triángulo ecológico: se necesita ir más al fondo para que el individuo se acuerde de que también existe la reducción y la reutilización. En muchos casos no logran recordarlos o definitivamente no los mencionan o los desconocen. Este asunto inicialmente de la ecología se ha transformado así en un problema ecológico-ambiental.
    Se remata el triángulo al tópico del reciclaje. Las famosas tres erres de la ecología se subsumen en una sola. Si bien esto por sí mismo es una tarea importante por atender, también de relevancia resulta el revitalizar el conocimiento del triángulo y la transferencia de dicho conocimiento hacia las poblaciones amplias, re­dimensionándolo y reorientándolo.
    Como sabemos, el triángulo es jerárquico y en ese orden reducir y reutilizar son más propios e importantes que el reciclar. Reciclar es la tercera opción. En un caso hipotético idealizado, si se opera la reducción y la reutilización es posible que el reciclaje ya no tenga que verificarse: puede minimizarse o incluso podría ya no ser necesario.

LA PRIMERA ERRE: REDUCIR

Uno de los asuntos y problemas más graves por resolver dentro del campo ecológico-ambiental es el del consumo. Pese a que se acusa que la reducción del con­sumo puede ser perjudicial por conducir a sendos problemas económicos (estatismo, desaceleración) esto todavía está por demostrarse; en cambio el consumo llevado a los niveles actuales ha dado origen al consumismo, o sea, el consumo exacerbado, apuntalado por enormes campañas masivas de publicidad para asegurar la adquisición de todas las mercancías existentes. El consumismo es el consumo patológico, su existencia en nuestra sociedad es patente.
    Para sostener e incrementar el consumismo, se tiene que recurrir entre otros rubros, a la explotación acelerada y hasta dispendiosa no sólo de las materias primas sino de los empleados que participan en los procesos de producción y distribución. El agotamiento de los recursos, la pérdida de calidad del ambiente y la pérdida de calidad de vida de los grandes grupos humanos que estamos viviendo no son gratuitos, son una contraparte del consumismo.
    Por lo tanto, si queremos reajustar el triángulo ecológico debemos promover como la primera erre a la reducción, la reducción del consumo directamente. Estamos hablando de promover el consumo conciente, el consumo ambientalizado, el consumo que da cuenta de los costos ambientales tanto como de los meramente económicos: uso adecuado de los automóviles, consumo pertinente de energía en la casa y el trabajo, manejo consciente del agua, etcétera.

LA SEGUNDA ERRE: REUTILIZAR

El caso de la reutilización va en el mismo sentido. Se tiene que reubicar como la segunda erre. Una vez que se reduce el consumo, hay que analizar qué hacer con los objetos o mercancías usadas y, hasta después, pensar en la tercera posibilidad, si es reciclable.
    La reutilización puede ser algo más complejo que la reducción. Implica creatividad. La reducción requiere conciencia y decisión, actitud; pero la reutilización además de ello necesita de mayor definición y atención. Una vez que el objeto-mercancía ha cumplido con su función primaria, debemos darle un nuevo empleo, que en muchas ocasiones exigirá un rediseño o adecuación de los objetos y de sus empaques. Sin embargo, la asociación entre reducción y reutilización forzará simultáneamente a consolidar la primera erre: puesto que no resulta tan fácil reemplear los objetos y sus empaques, entonces estamos más facultados para reducir el consumo.
    Es en esta segunda erre donde quizás la persona común requiere una mayor información y capacitación. Mayor orientación que no haga depender tanto las factibilidades de reuso de las capacidades-habilidades particulares de las personas. Instruir a las poblaciones sobre las formas, principios, procesos, ventajas y complicaciones de reutilizar los objetos y empaques es una labor prioritaria que debe desarrollarse si queremos suplantar la información de segunda mano por una más idónea. Como el proceso de transformar las llantas usadas en la base de un sistema de calentamiento de agua para la casa, o el empleo de envases plásticos como macetas o terrarios, o el realizar distintas artesanías con las envolturas plásticas o metalizadas de muchos productos.

LA TERCERA ERRE: RECICLAR

Finalmente reciclar. Ésta es una idea ya asentada en la población en general. No se trata de combatirla, si no de corregirla. Mostrar que es la tercera opción: si ya logramos reducir el consumo y ya reutilizamos lo adquirido, se puede hasta entonces, pensar en su reciclaje. Pero también tenemos que aclarar que para reciclar, los materiales deben tener ciertas cualidades que les permitan ser reciclados, puesto que no todo puede serlo. Además se debe brindar información-formación suficiente y adecuada a la hora del consumo para que al momento de la adquisición se pueda optar más por productos reciclables o más reciclables que los que no lo son.
    Se tiene que ofrecer información explícita que haga del conocimiento del comprador habitual que la sola idea del reciclaje no es tan sencilla: reciclar cuesta y debe contarse con determinados medios y nociones para hacerlo. Además, los objetos o materiales reciclables sólo aceptan un cierto número de procesos de reciclado, no son infinitamente reciclables y, se tiene que indicar que frecuentemente los productos de reciclaje presentan una calidad menor a la de los originales, debiéndose transmitir esta información específica junto con la idea de reciclar.

CONCLUSIONES

El ecologismo que no se basa en un conocimiento ecológico profundo es una activismo que muchas veces es inconducente e inconsecuente y, repetidas ve­ces termina causando reacciones contrarias a lo esperado como frustración, por ejemplo. La ecología es una ciencia y en numerosos casos no tiene que ver con el activismo ecologista: hay ecologistas que generan sus propios principios pseudocientíficos a modo.
    Como ciudadanos del mundo en general y como universitarios en particular debemos diferenciar ambos universos de acción (ecología y ecologismo). Parte de esa diferenciación es el rescate, revitalización, reubicación y reorientación de las ideas ecológicas que más trascienden hacia los distintos grupos sociales.
    El manejo adecuado del famoso “Triángulo ecológico” es uno de los casos que tiene que ser atendidos pertinentemente. Apoyándonos en la educación ambiental sabemos que educar bien es cultivarse uno mismo y cultivar a nuestros semejantes y, cultivar es asentar la cultura en conceptos profundos y firmes intentando vencer o por lo menos minimizar la existencia y uso de los preconceptos que tienden a sesgar o tergiversar el conocimiento científico, volviéndose muletillas y en más de una ocasión, malas muletillas.

B I B L I O G R A F Í A

Bocock R. El consumo, Talasa, Madrid (1995).
Dobson A. Pensamiento verde. Una antología, Trotta, Madrid (1999).
Folch R. Ambiente, emoción y ética, Ariel, Barcelona (1998).
Martell L. Ecology and Society, Polity Press, Cambridge (1994).
White L. The Science of Culture, Grove Press, N. York (1949).

José David Lara González
Dpto. Universitario para el Desarrollo Sustentable, Instituto de Ciencias, BUAP
filobobos2002@yahoo.com.mx



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