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Elementos No. 68, Vol. 14, Octubre - Noviembre, 2007, Página 55
Diez (posibles) razones para la tristeza del pensamiento

Francisco Pellicer                 Descargar versión PDF



DIUEZ POSIBLES...

DIEZ POSIBLES RAZONES PARA LA TRISTEZA DEL PENSAMIENTO
GEORGE STEINER
Cenzontle
Fondo de Cultura Económica,
Ediciones Siruela, México, 2007



Si se me pidiera definir este trabajo de George Steiner diría que es crudo y contundente.
    Steiner –el poeta, el ensayista, el verdadero trabajador de las ideas que se ha convertido en filósofo por derecho propio– es poseedor de una filosofía del pensamiento que se nos muestra como las láminas anatómicas del Humanis corporis fabrica del ilustre Vesalio, como una secuencia de descarnados que nos ofrecen la esencia de un cuerpo en capas que el autor remueve hasta dejar sólo la estructura básica, casi de manera literal, el esqueleto constitutivo: la austeridad fundamental de la estructura del pensamiento. Todo esto con el fin hacernos evidentes nuestros límites y limitaciones, y experimentar, en consecuencia, un atributo del afecto que Steiner expresa como tristeza, pesadumbre, melancolía, frustración, ante nuestra propia condición, ante el alcance de nuestra razón y autoconciencia.
    Podría decirse que el libro en sí está estructurado con una técnica minimalista, con esto me refiero a estar despojado de toda retórica, despojado paradójicamente de la estructura del discurso verbal filosófico; es un texto cargado de teoría con reflejo en la realidad y de ahí su contundencia. La obra está compuesta por diez ensayos o posibles razones, como las llama Steiner, de las que daremos cuenta.
    No hay en realidad prólogo alguno. El libro se inicia con una nota alusiva a Schelling en la cual se consigna la tristeza fundamental atribuible a la existencia humana y que es la base de la conciencia y el conocimiento. Después de unas cuantas líneas, Steiner condena: “no sabemos qué es el pensamiento, en qué consiste el pensar” y más adelante dice: “ni las más profundas exploraciones de la epistemología o de la neurofisiología nos han llevado más allá de la identificación del pensamiento con el ser, identificación que debemos a Parménides”. Después de semejante provocación y viniendo (yo) del campo de la neurofisiología no me quedó más que la necesidad de leer la argumentación a tan demoledor enunciado.
    En el primer ensayo analiza el límite del pensamiento, y más aún, plantea la paradoja de si podemos pensar el pensamiento, y reflexiona en torno a esta otra: si el pensamiento no tiene fin y es en sí un marcador definitorio de la especie humana, por qué seguimos sin dar respuestas o dando respuestas erróneas a preguntas de la índole de ¿cómo fue que surgió el cosmos?, así como respecto al sentido de nuestra vida y sobre la existencia de Dios. En torno a ello Steiner propone desde el principio y de forma contundente lo que yo definiría como estar conscientes de estar ciegos, y la conciencia de lo limitado de lo inconmensurable del pensamiento. Estas reflexiones proporcionan, según Steiner, un primer motivo para la pesadumbre.
    En el segundo capítulo, el autor inicia diciendo: “El pensamiento no está bajo control”. Plantea de modo categórico su omnipresencia y persistencia permanente, e incluso describe los mecanismos del pensamiento como un fenómeno prelingüístico, de ahí que manifieste que el pensamiento queda atrapado en la cárcel del lenguaje y por tanto la expresión o ejecución del mismo queda mutilada, o como él mismo señala, inexpresado, salvo por el proceder de unos cuantos humanos capaces de la concentración, la inducción y la conducción del río de ideas (pensamiento) de forma muy eficiente y productiva, pero quienes en ocasiones terminan pagando un precio alto (el agotamiento o incluso el colapso mental de largo plazo) ante tal proeza. La otra cara de la moneda somos el resto de los mortales pensantes los cuales tenemos un fluir del pensamiento involuntario y polimorfo, lo que nos confiere, según Steiner, un salvoconducto o cierta inmunidad al quebranto neurológico, o al colapso por sobrecarga. En este otro lado de mayoría y desequilibrio se genera el pensamiento ordinario, intrascendente, el pensamiento diario de todos. Causa este, pues, de una melancolía indestructible.
    El tercero también comienza con una frase lapidaria: “El pensar nos hace presentes a nosotros mismos”. Es justamente cuando pensamos en nosotros mismos que se evoca el componente principal de la identidad personal y esto connota la pertenencia y a la vez la impenetrabilidad de los pensamientos. Steiner sentencia: “los pensamientos son nuestra única posesión segura”. Pero este blindaje opera en el mismo sentido en el otro, lo que da pie a la capacidad de mentir, a la falta racional de comprobación de los pensamientos del otro. Se trata justamente, dice Steiner, de esta capacidad de mentir, de concebir y representar ficciones lo que caracteriza y es inherente a nuestra humanidad, y agrega, las artes, la conducta social, el lenguaje mismo serían imposibles sin ella. Más adelante cita a J. Swift en tono irónico: “la completa veracidad y transparencia del pensamiento pertenece al reino animal”. En este punto tengo que disentir (del autor y de su cita) pues existen argumentos como los de la teoría de la mente derivados de los experimentos con chimpancés1 y el del pensamiento maquiavélico en los primates subhumanos2 con los que se puede sustentar que esta forma de proceder no es definitoria ni exclusiva de los humanos, auque ciertamente nosotros la hemos llevado al límite. Por otro lado, es este hermetismo personalizado del pensamiento lo que parecería conferirle el atributo de la originalidad, ¿pero son nuestros pensamientos realmente originales?, ¿hasta qué punto, en realidad, son variaciones de lo percibido en el pensar, en el decir y en el proceder, y no engendros prístinos del intelecto? Parecería que Steiner nos vuelve a enfrentar con la realidad cotidiana que nos sitúa en el paraje común, repetitivo y democratizante del pensar de todos. Esta es la tercera razón para una tristeza que se adhiere a nosotros.
    El cuarto ensayo tiene que ver con el fangoso y borroso territorio de la verdad, tal vez el absoluto más relativizado por el hombre, esta circularidad dialéctica que sitúa en los extremos de un mismo eje al dogmatismo y a la posibilidad de que todo valga, dependiendo de quién emita el pensamiento, de quién haga el contraste. Brota de nuevo el enigma de un lenguaje que, en principio, estaría al servicio del pensamiento y que, por otro lado, impone su dominio sobre él, de tal forma que esa existencia aparentemente prelingüística del pensamiento resulta ahora estar subordinada al lenguaje. Pareciera que la evolución hubiera puesto la mesa para un golpe de estado al intelecto, cuyos protagonistas son el pensar y el decir. Como todo tota­litarismo, a Steiner (y a nosotros) esto nos provoca el cuarto motivo para la tristeza.
    El quinto capítulo y el despilfarro del pensamiento. Nuestro autor se pregunta ¿por qué tanto gasto energético, desde el punto de vista metabólico, neurofisiológico para la producción de pensamiento (ideas)? Pensamiento que además se desvanece, esto es, se necesita una gran cantidad de recursos y energía para que concurran los pensamientos al escenario del presente, para luego desaparecer sin dejar rastro cognitivo alguno. Pareciera un derroche desmesurado a expensas de la eficiencia de la producción intelectual, poco o nada innovadora, de nula originalidad, llena de trivialidad. Visto así parecería que tuviéramos una maquina del pensamiento con un nivel de eficiencia muy bajo. Mi hipótesis al respecto es que ése precisamente podría ser el modus operandi de la máquina inteligente, que ésta sea justamente la forma de depuración y refinamiento del pensamiento. Para no desarrollar una tesis que en este momento carece de pertinencia, sólo diré que es en la redundancia y en la iteración que podemos concebir ideas que nos han llevado (y no a todos) a presentar soluciones, innovaciones, estética, etc., que a fin de cuentas nos han puesto a todos en otro plano de ejecución y concepción de nuestra existencia. Aún con todo esto Steiner tiene la quinta razón para la frustración, para ese fundamento oscuro.
    A partir del sexto ensayo y hasta el décimo existe en realidad un hilo conductor muy estrecho entre ellos, de hecho, algunos tienen una extensión mínima, pero están cargados de teoría como he dicho, de tal forma que para la glosa que nos ocupa serán tratados como un todo.
    El inicio de este bloque se refiere a la hendidura entre el pensamiento y la realización; el autor plantea las posibles consecuencias del pensamiento, pero la verdadera “causa efecto” no se da como un continuo, no tan sólo no se da, sino que es imposible de demostrar la vectorialidad de tal efecto. Es en esta hendidura (zona de incertidumbre sobre lo realizable) donde habita la esperanza, el anhelo por que suceda lo pensado, dando paso a la fantasía que parecería estar por encima de la realización.
    Residimos en el mundo a través del pensamiento, dice Steiner, mediante dos categorías: la conciencia, nuestra percepción del mundo como a través de una ventana, donde mediante la inspección ocular definimos el realismo como algo objetivo que esta ahí afuera. La segunda, epistemológica, es la del espejo que postula la totalidad de la experiencia cuya fuente es el pensamiento mismo. Estos dos sistemas inciden en un punto, de tal forma que ese cristal compartido y coincidente, sea ventana o sea espejo, presenta aberraciones que distorsionan, hay algo que se interpone entre el objeto y nosotros, al parecer una pantalla que impide la crudeza de la experiencia, y en consecuencia hasta el más lúcido o brillante de los intelectos opera con instrucciones y limitaciones, y Steiner se pregunta: “¿son estos acotamientos de índole neurofisiológico o evolutivo?, ¿es que tenemos limitaciones intrínsecas?”.
    Si bien existen evidencias de las rupturas a nuestros propios límites (rupturas epistémicas) que inclusive se han exponenciado en el eje temporal de la historia del hombre, estos hechos no invalidan la preocupación de Stei­ner ante la posibilidad, y yo diría, la certeza, del límite en nuestro constructo en el pensar, en las ideas, en la conciencia y esa tal vez sea la diferencia entre el anhelo de la infinitud del pensamiento y la creencia en el escenario de la metafísica y la religión.
    Por último, Steiner evoca dos conceptos: amor y Dios. Con el primero alude de nuevo a la paradoja del sentimiento profundo, personal, inexpugnable; experimentado y sentido por el otro, pero en la realidad no compartido, inconexo y sin la certidumbre de la simetría, la legitimidad de la reciprocidad justiciera. Alude a la sensación de concordancia con el otro, cuando por otro lado el blindaje y la impenetrabilidad del pensamiento da pie al anhelo y la fantasía de un no presente, de un ausente en la escena física pero transmutado en la mental y puntualiza la alternativa que deconstruye el texto manifiesto de lo erótico.
    El pensamiento de la existencia de Dios no es una paradoja: él contiene todas las paradojas. Es justamente este velo que habita en la hendidura el que frena o para toda la inercia racional, se filtra y se transmuta en pensamientos engrilletados con el anhelo o la esperanza, es un velo que cancela procesos de verificación, refutación y contraste por citar sólo algunos. Es este proceso incomprensible la paradoja máxima, pero está en nosotros, nos habita y pareciera una parte consustancial a lo humano, y de ahí, surge toda la tristeza.
    Esta es una obra que entrelaza la experiencia del pensamiento con la severidad de la ciencia y el concurrir diario de la conciencia, una obra que se construye como filosofía desnuda, con mucha luz.

R E F E R E N C I A S

1
Premack D, Woodruff G, Does the chimpanzee have a theory of mind? Behavioral and Brain Sciences 1 (1978) 515-526.

2 Byrne R, Whiten A (eds.). Machiavellian Intelligence: Social Expertise and the Evolution of Intellect in Monkeys, Apes, and Humans. Oxford Claredon Press (1988).

Francisco Pellicer, Dirección de Investigaciones en Neurociencias, Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente. pellicer@imp.edu.mx



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