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Elementos No. 67, Vol. 14, Julio - Septiembre, 2007, Página 31
Una ética para la ciencia. Entrevista con André Langaney

Emmanuel Thévenon                 Descargar versión PDF


Los avances de la ciencia fascinan, pero también asustan. ¿Qué porvenir nos reservan la clonación humana, los organismos genéticamente modificados (OGM) o el xenoinjerto, cuyas posibles aplicaciones transforman los fundamentos éticos de nuestras sociedades? A continuación, el punto de vista de André Langaney1, especialista en genética de las poblaciones.

Emmanuel Thévenon: ¿Cuáles han sido las creencias más afec­tadas por los descubrimientos científicos de este siglo?
André Langaney: Creo que la biología ha alterado profundamente nuestra representación de la muerte y el nacimiento. Antes, la vida de un individuo empezaba al salir del útero de su madre y su muerte se producía cuando el corazón dejaba de latir. Hoy en día, el asunto es mucho más complejo, lo que conlleva una serie de consecuencias éticas.
Actualmente, el principio de la vida es algo mal definido, puesto que no se trata de un acontecimiento preciso. Para la ciencia, ese momento no comienza al encontrarse un espermatozoide con un ovocito, ni siete horas después, cuando sus núcleos fusionan. Ni siquiera cuando el huevo desciende y se implanta en el útero. Este conjunto de células idénticas tampoco es un ser humano, puesto que se puede dividir en dos, lo que produce gemelos, clones (práctica corriente en la experimentación con animales de cría). La división embrionaria puede darse aún durante unos quince días después de la concepción. Por ello, los métodos anticonceptivos que actúan antes de una, incluso dos semanas, no atacan a individuos sino a conjuntos de células, tan sólo susceptibles de producir individuos. Por otra parte, las mujeres evacúan naturalmente una gran cantidad de óvulos fecundados.

E.T.: ¿Dónde empieza el respeto por la vida?
A.L.: Resulta imposible proteger todas las posibilidades de la vida. Cada día, perdemos ochenta cabellos, arrastrando con ellos células del bulbo piloso que contienen nuestro patrimonio genético. En cambio, hay que respetar la vida humana. Pero queda por precisar lo que esto significa. En algunas sociedades, los niños no son humanos hasta que no hablan, y a veces se suprime a los que no pueden hacerlo. Estas nociones son pues arbitrarias, son convenciones sociales, culturales, que pueden ser variables. Actualmente, se protege en Europa a todos los niños, desde su nacimiento, con muy pocas excepciones. Por ejemplo, se elimina a los bebés sin cerebro o mantenidos artificialmente en vida. No se dice públicamente, y pienso que es un error.

E.T.: ¿Es usted partidario de cierto “eugenismo”?
A.L.: Desde el nazismo, se ha diabolizado la palabra “eugenismo”, pero en realidad, nuestra sociedad practica sin decirlo un eugenismo “suave negativo”. Los derechos del niño compiten a veces con el de tener niños. De cara al ciudadano que va a nacer, no creo que se pueda permitir concebir, por fecundación artificial, un niño de un padre tetrapléjico y una madre trisómica. Pero todo esto debería hacerse oficialmente para evitar cualquier deriva.

E.T.: ¿Puede compararse este problema con el de la eutanasia?
A.L.: El final de la vida es tan confuso como su principio. La cuestión es ¿cuándo desenchufar?, ¿quién debe decidirlo?, ¿qué hacer frente a los gritos de un enfermo de cáncer pidiendo que le dejen morir de una vez? Pienso que tales decisiones no deben tomarse en el secreto de un gabinete médico. La eutanasia es una práctica universal, pero jamás oficializada, con la única excepción de Holanda. Allí, el médico y la familia toman la decisión juntos, según unas modalidades claramente definidas. ¡Ya que tampoco debe servir para suprimir a las tías ricas! Sería conveniente que también en Francia existiera una ley para definir y dar un marco a la eutanasia.

E.T.: La clonación humana o los OGM representan algunas de las grandes cuestiones éticas del próximo siglo. ¿Qué opina usted al respecto?
A.L.: Mi padre tiene un problema de córnea. Necesita un transplante, pero no hay donantes para gente de su edad. Si mañana, o pasado mañana, como es probable, es posible devolverle la vista fabricando una córnea a partir de células procedentes de un embrión, créame, no lo dudaré un instante. La idea es clonar organismos simples, no corazones ni ojos, con fines terapeúticos. El clon total es una leyenda.

E.T.: Los cada vez más complejos límites de la vida
A.L.: Asimismo, en cuanto a los OGM, creo que no hay que prohibir el principio, sino examinar con una atención extrema todos los casos particulares. Así, estoy dispuesto a correr riesgos para mejorar la salud humana, o el trabajo del campesino. Pero esto no debe llevar a verter cantidades anormales de pesticidas en el medio ambiente, ni a privar a los agricultores de semillas para las cosechas venideras, lo que es intolerable. Como tampoco hay que alterar los genes de la colza en Europa, ya que sería muy posible que esta planta se hibridara con crucíferas2 salvajes, lo que supone un riesgo de diseminación de ciertos genes. Si se trata de genes de resistencia a los antibióticos, es criminal.
    Pero siempre habrá locos que realizarán experimentos dementes en laboratorios clandestinos. Al contrario que la bomba atómica, la biología exige pocas inversiones, y hay mucha gente competente en el planeta.

E.T.: ¿Permite la ley evitar tales desviaciones?
A.L.: En Francia existe una ley sobre la bioética, pero es inaplicable. Las técnicas avanzan demasiado rápido para que se las pueda enmarcar a través de una ley. Evidentemente hay que acabar con las derivas lo antes posible, lo que cualquier gobierno puede hacer por decreto, a partir de las leyes existentes y de principios inscritos en la Constitución. Así fue como se puso fin al fenómeno de las madres portadoras, que estaba convirtiéndose en un tráfico innoble, totalmente contrario a la ética.

1 André Langaney, profesor en el Museo Nacional de Historia Natural (Museo del Hombre) y en la Universidad de Ginebra, es especialista en genética de las poblaciones. Estudia la diversidad de las poblaciones humanas y la forma de impedir la circulación de genes responsables de enfermedades hereditarias o que provocan predisposición a importantes patologías.
2 Familia de plantas herbáceas, como la col, el rábano o el nabo.


R E F E R E N C I A S   B I B L I O G R Á F I C A S

Langaney, A. La philosophie biologique [La filosofía biológica], ed. Belin, París, (1999) [un análisis de los conocimientos actuales sobre las teorías de la evolución].
Atlan, H. et al. Le clonage humain [La clonación humana], ed. Du Seuil, París (1999).
Brisset-Vigneau, F. (dir.) Le défi bioéthique [El desafío bioético], ed. Autrement, París, (1991) [reflexiones y preguntas de filósofos, sociólogos, juristas y médicos sobre el tema].
Lenoir, N. Aux frontières de la vie [En las fronteras de la vida]. Tomo I: Une éthique biomédicale à la française [Una ética biomédica a la francesa]. Tomo II: Paroles d’éthique [Palabras de ética], ed. La Documentation Française, París (1991).

PROTEGER LA DIGNIDAD Y LA INTEGRIDAD HUMANA
Las primeras leyes sobre la bioética en Francia, votadas en 1994, se ocupan de “la donación y utilización de los elementos y productos del cuerpo humano, la asistencia médica a la procreación y el diagnóstico prenatal”. Estos textos forman el Comité Consultivo Nacional de Ética para las ciencias de la vida y la salud (CCNE). Esta instancia, creada en Francia en 1983 y compuesta por científicos e intelectuales, expresa sus opiniones y publica consejos sobre los problemas éticos surgidos a raíz de los avances de la ciencia (www.ccne-ethique.org).
    La “Convención Europea sobre Derechos Humanos y Biomedicina”, el primer instrumento jurídico internacional apremiante en el campo de la bioética, entrará en vigor en los cinco primeros países que la han ratificado: Eslovaquia, Eslovenia, Dinamarca, Grecia y San Marino. La misión de este texto, firmado en 1997 por 22 estados, entre los cuales figura Francia, es proteger a todas las personas que viven en los 41 países miembros del Consejo de Europa (www.coe.fr) de “las aplicaciones abusivas de los avances biológicos y médicos”, y sobre todo la utilización con fines científicos o médicos del embrión humano, que sigue dividiendo a los países europeos.
E. T.

Tomado de Label France, abril de 2000, no. 39.



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