La
primera mitad del siglo veinte vio el
nacimiento en nuestro país del movimiento de los muralistas
que,
en el ámbito posrevolucionario, se erigió como un
testimonio de alabanza al progreso. Los muralistas
desdeñaron el
caballete y eligieron el gran formato de las paredes para llevar su
mensaje a toda la población. Era éste un mensaje
de
exaltación a los grandes movimientos sociales,
técnicos y
científicos de México y del mundo.
Una de las áreas que
más
interés despertó en los muralistas fue la
medicina. No
sólo representaba una ciencia en constante
evolución,
sino que además tenía un
importantísimo componente
social e ideológico como derecho fundamental del ser humano
del
nuevo siglo. Los murales de Rivera en la Secretaría de Salud
y
los de Siqueiros en el Hospital de la Raza y el Centro
Médico
Nacional son una muestra de la admiración y el
respeto que
los muralistas sentían por la ciencia médica.
Es por lo tanto muy fácil
entender por
qué en 1944 el doctor Ignacio Chávez
pensó en
Diego Rivera para decorar el vestíbulo del auditorio del
recién construido Instituto Nacional de
Cardiología de la
Ciudad de México. Chávez quería
ilustrar
“los momentos culminantes de la creación
científica, los descubrimientos más fecundos, los
hombres
de radiación mayor”
1
e
inmediatamente estuvo seguro de que el mejor modo de conseguirlo era
mediante dos grandes murales. Esos dos frescos resumirían
volúmenes y volúmenes de historia de la
cardiología en sólo cuarenta y ocho metros
cuadrados y
con un toque puramente mexicano.
FIGURA
1.
Primer mural del Instituto Nacional de Cardiología.
El primer mural está dedicado
a los
anatomistas, los fisiólogos, los patólogos y los
clínicos que lograron definir la estructura del
corazón y
del sistema circulatorio. Está iluminado por el fuego que
surge
de la pira de la izquierda, en la cual arde un condenado. Un grupo de
soldados y sacerdotes dirige hacia la hoguera a un hombre que no es
otro que Miguel Servet, el primero en describir la
circulación
pulmonar y en proponer que la
“aireación” de la
sangre se llevaba a cabo en los pulmones (aunque algunos autores
afirman que este mérito le corresponde a Ibn al Nafis, un
médico árabe que vivió tres siglos
antes de
Servet). Servet fue condenado a muerte en 1553 por los calvinistas,
pero no por sus revolucionarios descubrimientos médicos,
sino
por sus escritos teológicos, entre los que destacan
De trinitatis erroribus
y
Christianismi
restitutio.
2
Rivera utilizó la luz del fuego para darle dramatismo a todo
el
mural e intentó simbolizar la lucha de la ciencia, del
progreso
y de la razón contra los dogmas establecidos.
En la base del mural se encuentra un
busto de piedra
que representa a Galeno de Pérgamo, el médico
más
importante de la Antigüedad, cuyas enseñanzas
perduraron
muchos siglos después de su muerte y se convirtieron en
verdades
inamovibles hasta que fueron refutadas por otros anatomistas. Debido a
que en su época, dos siglos antes de Cristo, estaban
prohibidas
las disecciones de cadáveres humanos, Galeno
realizó sus
experimentos en animales y extrapoló sus hallazgos al
hombre.
Aun cuando esto provocó que tuviera muchos errores,
él
fue el primero en demostrar que los vasos sanguíneos estaban
llenos de sangre y que el origen de ésta era el
corazón.
3
Es el único personaje de los murales que no está
representado en carne y hueso, quizás para recalcar el hecho
de
que sus preceptos fueron inalterables durante mucho tiempo.
En la esquina inferior derecha del
fresco se
encuentran tres de los anatomistas que más ayudaron a
describir
la estructura cardiaca. El primero de abajo hacia arriba es Andreas
Vesalio, padre de la anatomía descriptiva gracias a su obra
magna
De
humanis corporis fabrica (1543).
A diferencia de Galeno, Vesalio sí realizó
disecciones en
seres humanos y por lo tanto sus aseveraciones y dibujos crearon un
concepto renovado de la forma y la función del cuerpo.
4
Sigue a Vesalio, Marcelo Malpighi, el más importante de los
anatomistas del siglo
XVII
y padre de la
histología. Sus trabajos con el microscopio ayudaron a
corroborar la teoría de la circulación, ya que
fue el
primero en observar la existencia de los capilares en los pulmones de
la rana:
5
[…] es tal el
trayecto errante de estos vasos, que proceden de la vena de este lado y
de la arteria en el otro lado, que los vasos no mantienen ya una
dirección recta, sino que parecen formar una red de
conexiones
de los dos vasos.4
A la derecha de Malpighi, Rivera
colocó a
Raymond Vieussens, un médico francés de
Montpellier que
en su libro
Traité nouveau
de
la structure et des causes du mouvement naturel du coeur
describió la circulación coronaria y
realizó
importantes conjeturas sobre la composición de la sangre.
6
Flanqueando al busto de Galeno se
encuentran dos
fisiólogos que, junto con Servet, ayudaron a describir la
circulación de la sangre: a la derecha el italiano Andreas
Cesalpino y a la izquierda el inglés William Harvey. A
Cesalpino
se le atribuye (por parte de los historiadores italianos) la primera
descripción de la circulación general,
4
aunque nunca probó experimentalmente sus teorías
y es por
ello que hasta el día de hoy Harvey es considerado el padre
de
la circulación. Desde su cátedra en
Pavía, Harvey
realizó centenares de disecciones de cadáveres
humanos y
de animales vivos y observó el movimiento del
corazón y
la naturaleza de las venas y de las arterias. Harvey se dio cuenta de
que la sangre bombeada por el corazón era tanta que no
podía provenir de la ingesta de agua como algunos
postulaban, y
de que todas las venas y arterias del cuerpo estaban conectadas entre
sí. Estas observaciones lo llevaron a la
publicación de
su libro
Exercitatio
anatomica de
motu cordis et sanguinis in animalibus
o
Del
movimiento del corazón y la
sangre en los animales
(1628), en el cual describió
detalladamente el recorrido que realizaba la sangre del
ventrículo izquierdo a las arterias y luego, a
través de
las venas, de regreso al corazón.
7
Este esquema sería completado por las observaciones
histológicas de Malpighi.
El último en este grupo de
anatomistas y
fisiólogos es Giovanni Battista Morgagni, de quien Rudolph
Virchow dijo: “[…] comenzando con Morgagni y como
resultado de su trabajo, el dogmatismo de las viejas escuelas fue
destruido y la medicina moderna inició”.
8
Sus estudios se enfocaron a realizar una correlación de la
anatomía con la patología y la clínica
y el fruto
de su trabajo fue
De sedibus et
causis morborum per anatomen indagatis libri quinque
o
El
asiento y las causas de la enfermedad
investigadas anatómicamente en cinco libros.
Entre sus
aportaciones a la cardiología se encuentra la
descripción
de la endocarditis, las lesiones valvulares, la pericarditis y los
aneurismas aórticos.
9
Rivera lo
representó como un maestro que muestra a sus estudiantes la
relación entre lo encontrado en la necropsia y los datos
clínicos de un enfermo y lo utilizó como
vínculo
con el siguiente peldaño del mural: los primeros
clínicos.
Los dos primeros personajes de este
grupo examinan a
una mujer de cabellera rubia. Uno de ellos, sentado, coloca las manos
sobre su pecho. No es otro que Joseph Leopold Auenbrugger, quien
ideó por primera vez el método de la
percusión
para detectar la densidad de los diferentes tejidos, al observar a los
productores de vino hacer lo mismo con sus barriles.
10
Junto a él se encuentra Jean Nicolas Corvisart, famoso
clínico francés del siglo
XVIII
que
divulgó las enseñanzas de Auenbrugger y
describió
la diferencia entre la hipertrofia y la dilatación del
corazón. Corvisart fue, además, el
médico personal
del emperador Napoleón Bonaparte.
11
A
la izquierda de ambos, el joven médico francés
René Laennec acerca su invento, el estetoscopio, al pecho de
un
paciente. Laennec inventó esta herramienta médica
imprescindible al realizar un cucurucho de papel para escuchar el
corazón de una paciente a la cual le avergonzaba que le
colocara
su oído directamente sobre el seno. Murió en 1826
a los
45 años, víctima de la tuberculosis, pero su
herencia
clínica perdura hasta nuestros días.
12
Los últimos dos médicos de este grupo, Joseph
Skoda y
Jean Baptiste Bouillaud se destacaron por su participación
en la
enseñanza de la medicina. Este último, quien en
el mural
coloca un estetoscopio sobre el pecho de un paciente,
realizó
además la primera descripción clínica
detallada de
la endocarditis.
13
En la parte superior del primer mural
Rivera
agrupó a los hombres que ayudaron, a principios del siglo
XX,
a construir el mapa eléctrico del corazón. De
izquierda a
derecha vemos primero a Ludwig Aschoff (realizando la
disección
de un corazón) y a Sunao Tawara (de espaldas al espectador),
que
describieron y caracterizaron las vías de
comunicación
eléctrica entre las aurículas y los
ventrículos.
14,
15
Les siguen dos hombres que trabajan con un
microscopio: son Arthur Keith y William Flack, descubridores del nodo
sinoauricular, marcapasos del corazón, que hoy en
día
lleva su nombre.
4
Los dos últimos
investigadores son Wilhelm His, que muestra a sus alumnos el haz de
conducción eléctrica que él
descubrió en el
tabique cardiaco, y Ev Purkinje, el primero en observar la red
conductora terminal en el músculo ventricular.
16
FIGURA
2.
Segundo mural del Instituto Nacional de Cardiología.
A diferencia del primer mural, el
segundo
está iluminado por el azulado brillo de la luz
eléctrica
que baña los aparatos de los investigadores que,
según
Chávez: “no contentos con explorar mediante las
manos, los
ojos y los oídos, empezaron a recurrir a los
instrumentos”.
1
En este mural Rivera representó a los pensadores que usaron
la
farmacología, la radiología y la electricidad
para
ampliar los horizontes de la cardiología. En el centro del
panel
se encuentra un grupo de clínicos contemporáneos
de
Chávez (algunos de ellos sus maestros y amigos) explorando a
los
pacientes ante la atenta mirada de sus alumnos. Es muy interesante
apreciar cómo a través de ambos murales Rivera
enfatiza
la vocación docente de la medicina y su misión
como
creadora de conocimientos, rodeando a los personajes de estudiantes de
todas las razas y nacionalidades. De hecho, en las notas que Ignacio
Chávez le proporcionó a Rivera para ayudarlo en
la
realización de los murales, le solicitó tomar en
cuenta
que el cuadro debía
[...] subrayar que el
progreso
científico en nuestro ramo, lo mismo que en cualquier otro,
no
ha sido patrimonio de ninguna raza ni de ninguna cultura cerradamente
nacionalista.1
En la esquina inferior izquierda del
mural, Rivera
colocó a aquellos investigadores que ayudaron al
descubrimiento
y la interpretación de la presión arterial. El
primero es
el reverendo inglés Stephen Hales, representado en plena
realización de su famoso experimento, con el que
logró
demostrar la existencia de la presión arterial al conectar
un
tubo de vidrio a la arteria crural de una yegua.
17
Este
método, aunque novedoso, era poco práctico, por
lo que la
presión arterial no pudo ser medida satisfactoriamente hasta
1881, cuando Karl von Basch, colocado arriba y a la derecha de Hales,
inventó el esfigmomanómetro aneroide cuyo
diseño
general subsiste hasta nuestros días. Von Basch figura en la
historia, además, como el médico personal del
Emperador
Maximiliano de Habsburgo durante su estancia en México.
Acompañó al emperador en sus últimos
días,
estuvo presente en su embalsamamiento y fue el encargado de transportar
su cadáver de regreso a Austria.
18
Arriba y a la izquierda de Von Basch está Victor Pachon,
famoso
médico francés e inventor del método
osciloscópico para medir la presión arterial.
19
Es importante destacar que Chávez le proporcionó
a Rivera
dibujos y fotografías de los investigadores, de los aparatos
y
de los experimentos para ayudarlo a mantener la autenticidad del mural.
En el siguiente peldaño del
mural se
encuentra Carl Ludwig, fisiólogo alemán del siglo
XIX
e inventor del quimiógrafo, primer aparato utilizado en los
laboratorios para realizar registros y representado junto a
él
en el mural. Así mismo fue el primero en inventar una
técnica para mantener órganos vivos al
sumergirlos en
soluciones específicas. Su aportación
más
importante a la cardiología fue la descripción de
los
mecanismos reguladores de la presión arterial.
20
Junto a él se encuentra Etienne Jules Marey,
fisiólogo
apasionado con el movimiento del cuerpo humano y en especial del
corazón, quien mejoró y refinó el uso
del
esfigmomanómetro, el miógrafo, el
cardiógrafo y el
neumógrafo.
21
Completan el grupo,
directamente por encima de Marey, Sir James Mackenzie y Karl
Wenckebach, estudiosos de las arritmias y autores de la primera
descripción de la fibrilación auricular
22
y del bloqueo de conducción auriculoventricular,
23
respectivamente.
En la parte inferior y central del mural
vemos a un
hombre con un
matraz y varias plantas en sus manos. Es William Withering,
médico inglés transformado en botánico
por carecer
de clientela. Withering dedicó su vida a la
investigación
de las propiedades farmacológicas de las plantas y el fruto
de
su trabajo fue la descripción de la
Digitalis purpurea,
usada
hasta nuestros días para el tratamiento de la insuficiencia
cardiaca.
24
A su lado se encuentra el
cardiólogo alemán
Albert Fraenkel, descubridor de la ouabaína, un poderoso
glucósido cardiaco obtenido de la estrofantina, un compuesto
extraído a su vez de las plantas africanas del
género
Strophanthus.
25
Además de sus aportaciones a la
cardiología, Fraenkel es famoso por haber descrito la
bacteria
Streptococcus
pneumoniae,
principal causa bacteriana de otitis media,
sinusitis y neumonía en el mundo.
A la derecha de Withering y de Fraenkel
se encuentra
Jean Baptiste
Senac, que nos muestra su obra
Traité de la structure du coeur,
de son action et de ses maladies,
importantísimo libro de
referencia que se utilizó hasta bien entrado el siglo
XIX
y en
el que se describió por primera vez el espectro de
manifestaciones clínicas de la insuficiencia cardiaca
congestiva.
26
Junto a él se encuentra
William Heberden,
estudioso de los dolores del pecho que en 1768 describió un
padecimiento caracterizado por la aparición
súbita de
dolor torácico muy intenso al realizar un esfuerzo, que
cedía al descansar y que se acompañaba de
angustia y
ansiedad. Heberden llamó a ese padecimiento angina pectoris
(angina de pecho) y es conocido con ese nombre hasta nuestros
días.
27
Inmediatamente por encima de
Heberden encontramos a dos
médicos que parecen explorar juntos a un paciente. Sintiendo
el
pulso del enfermo vemos a William Stokes, médico
irlandés
que describió junto con John Cheyne el patrón
respiratorio que lleva el nombre de ambos (respiración de
Cheyne-Stokes)
28
y, con Adams, el
síndrome caracterizado por
síncopes ocasionados por bloqueos de la
conducción
eléctrica en el corazón.
4
Junto
a él se encuentra
Ludwig Traube, apasionado de la fisiología renal y de la
hipertensión, a la cual bautizó como
“esencial” creyendo que los pacientes hipertensos
“necesitaban” tener la presión arterial
elevada para
poder vencer la resistencia de las arteriolas renales.
29
En la esquina
inferior derecha del mural, Rivera colocó a Luigi Galvani,
quien
demostró la existencia de la “electricidad
animal”
al observar cómo los músculos de las ancas de una
rana
sufrían contracciones al aplicárseles una
corriente
eléctrica. Los experimentos de Galvani en el siglo
XVIII
fueron
la piedra angular para comprender el funcionamiento del
corazón
y de su aparato conductor y sirvieron como base para la
creación
de la electrocardiografía.
4
Una luz mortecina alumbra la siguiente
sección del mural, en la
que Wilhelm Roentgen observa sorprendido la mano de su esposa impresa
gracias a la acción de los rayos X. Aun cuando Roentgen no
realizó aportaciones a la cardiología,
Chávez le
solicitó a Rivera que lo incluyera en el mural por ser el
iniciador de la imagenología. Recordemos que los murales
fueron
pintados y diseñados antes de la invención de las
modernas técnicas de imagenología como la
ecocardiografía, la tomografía o la resonancia
magnética. Quizá por eso Chávez
escogió
para la “sección de
radiología” del fresco a
Friederich Moritz y Agustín Castellanos, muy poco
mencionados en
los textos de historia de la cardiología. El primero de
ellos
ideó el método de la ortodiagrafía, en
la cual se
realizaba un trazado del corazón tomando como referencia los
rayos X proyectados sobre una pantalla fluorescente.
30
Rivera lo
representó sosteniendo en su mano uno de estos laboriosos y
complicados trazos que fueron cayendo en desuso poco a poco.
Castellanos, que es el único latinoamericano en los murales,
fue
un médico cubano que creó la
cavografía y la
aortografía retrógrada para observar el
corazón
utilizando medios de contraste. Las técnicas inventadas por
Castellanos sirven aún hoy como fundamento para la
realización de las arteriografías y el
cateterismo
cardiaco e incluso se dice que llegó a ser considerado para
recibir el Premio Nobel.
31
En la parte más superior y
central del mural
Diego Rivera
pintó a aquellos que, usando la “electricidad
animal” demostrada por Galvani, idearon un sistema para
trazar
sobre el papel la actividad eléctrica del músculo
cardiaco. El padre del electrocardiógrafo Willem Einthoven,
médico holandés nacido en la isla de Java,
sostiene un
trazo obtenido con su recién construido aparato. Las
investigaciones de Einthoven a principios del siglo
XX
fueron
inspiradas por los trabajos de Augustus Desiré Waller, que
se
encuentra representado junto a él en el mural aplicando un
par
de electrodos sobre el pecho de un paciente. Waller utilizó
el
electrómetro capilar para registrar la actividad
eléctrica del corazón y producir trazos
rudimentarios a los cuales llamó
“cardiograma”.
32
Este avance impresionó a Einthoven que, sin embargo, se
mostró decepcionado por la baja calidad de estos registros y
decidió mejorarlos. Para ello utilizó un
galvanómetro de cuerda que registraba con mayor
precisión
las ondas producidas por el corazón e incluso
conectó
este aparato a un hospital cercano utilizando una línea
telefónica. Además de inventar el
electrocardiógrafo, Einthoven bautizó a las ondas
cardiacas como “P, Q, R, S y T”, nomenclatura
utilizada
hasta nuestros días. Por todos estos descubrimientos y por
abrir
el camino para los grandes avances de la cardiología del
siglo
XX,
Einthoven fue recompensado con el Premio Nobel de Medicina de
1924.
33
En el mismo grupo Chávez
solicitó a Rivera la
inclusión de sir Thomas Lewis y Frank N. Wilson, que
observan
juntos un registro electrocardiográfico. El primero fue el
responsable de la introducción del
electrocardiógrafo a
Inglaterra y de su producción en masa, así como
de
interesantes trabajos sobre las arritmias, especialmente sobre la
fibrilación auricular (presentó el primer trazo
electrocardiográfico mostrando esta patología).
19
Al
segundo se le debe la concepción, en la década de
los
treinta, de las derivaciones unipolares de las extremidades y de las
derivaciones precordiales que permitieron aumentar la capacidad
diagnóstica del trazo electrocardiográfico.
30
A la izquierda de los
electrocardiografistas se
encuentran dos
personajes que se dedicaron al estudio de las malformaciones
congénitas del corazón: Karl Rokitansky y Maude
Abbott.
Rokitansky, profesor de anatomía patológica en la
Universidad de Viena en el siglo
XIX,
se
interesó en el estudio
de la embriología y de las malformaciones
congénitas,
sobre todo las del corazón. Describió con detalle
las
malformaciones de la aorta, la arteria pulmonar, las
válvulas
del corazón y el conducto arterioso y fue considerado por
muchos
como el mayor patólogo de su tiempo.
34
Abbott, la única
investigadora incluida en los murales, fue la fundadora de la Academia
Internacional de Patología y la propietaria de la
colección más grande de casos de malformaciones
cardiacas
congénitas en el mundo.
35
El último grupo, ubicado en
el centro del
mural, está
formado por cardiólogos contemporáneos de Ignacio
Chávez. Chávez aprovechó este espacio
para
rendirle homenaje a aquellos médicos que fueron sus maestros
durante su estancia en Francia y para representar de un modo
políticamente adecuado a los más poderosos e
influyentes
cardiólogos de la época que serían, en
un futuro y
como el propio Chávez, fundadores y presidentes de la
Sociedad
Internacional de Cardiología.
36
En el
centro del grupo se
encuentra Pierre Carl Potain, clínico del Hospital de la
Charité de París que describió el
“ritmo de
galope” que caracteriza a la insuficiencia cardiaca.
23
Escucha el
corazón de un hombre mientras lo rodean sus
discípulos,
entre los cuales destacan dos que lo observan atentamente: son Henri
Huchard a la izquierda y Henri Vaquez a la derecha, maestros de
Chávez en París. Huchard pasó a la
historia por
haber establecido el vínculo entre la hiperuricemia y la
hipertensión al describir la esclerosis de las arteriolas
renales en los pacientes con gota, en los envenenados por plomo y en
los consumidores de comida grasosa.
37
Vaquez,
por su parte, fue el
primero en presentar un caso de policitemia vera.
38
Los últimos
tres personajes, James Bryan Herrick, Charles Laubry y Paul Dudley
White aún estaban vivos al momento de la
realización del
mural y de la inauguración del Instituto Nacional de
Cardiología. Herrick (con barba blanca y anteojos)
es
famoso por haber descrito el primer caso de anemia de
células
falciformes y por sus importantes trabajos referentes a las secuelas a
largo plazo del infarto agudo al miocardio.
39
Laubry, quien
también observa a su maestro Potain, fue el primer
presidente de
la Sociedad Internacional de Cardiología al ser fundada
ésta en 1950 y maestro de Chávez.
33
White es reconocido
por sentar las bases de la práctica cardiológica
actual
en los Estados Unidos y fue el segundo presidente de la Sociedad
Internacional de Cardiología
40
(el
tercero sería el mismo
Ignacio Chávez, coordinador del mural).
33
Ningún comentario sobre los
murales de Diego
Rivera en el
Instituto Nacional de Cardiología estaría
completo sin
mencionar los espacios que fueron dedicados por el pintor, en ambos
murales, a las medicinas tradicionales del mundo. Al pie del primer
mural están representadas la medicina tradicional china y la
medicina helénica, mientras que en el segundo se ilustra la
medicina de los pueblos del África negra y la medicina
mexicana
precolombina. Al colocar estas representaciones en la base de ambos
murales Rivera acentúa el mensaje de la ideología
muralista en cuanto al papel esencial de la raza indígena
como
forjadora del mundo moderno. Este mismo mensaje se hace notar en el
mural de Rivera en el Hospital de La Raza en el cual realiza una
apología de la medicina precolombina. Es interesante
recalcar
que la reseña realizada por Chávez sobre los
murales no
menciona la presencia de estas representaciones, centrando toda su
atención sobre los investigadores y descubridores
occidentales.
Sin embargo, es posible y hasta lógico que cuando Rivera
leyó las notas en las que Chávez le solicitaba
que el
mural “marcara la proyección ascendente en el
conocimiento”
1
el pintor decidiera
construir los cimientos de su
obra usando como materia prima a los pueblos indígenas que
tanto admiraban él y sus contemporáneos.
Los murales del Instituto Nacional de
Cardiología son una
muestra única en nuestro país de la
colaboración
entre la ciencia y el arte para crear una obra que no sólo
sorprende por su compleja composición y por su
dramatismo,
sino que además le obsequia al observador una mirada
única e integral hacia el centro mismo de la historia de la
cardiología.
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