GÖDEL'S THEOREM. AN INCOMPLETE
GUIDE TO ITS USE AND ABUSE
TORKEL FRANZÉN
A K Peters, Massachusetts, 2005
1.
INCOMPLETUD EN TODOS LADOS
Pocos teoremas matemáticos han llamado la atención fuera
de esta disciplina, generalmente considerada abstracta o alejada de la
realidad cotidiana: el teorema de Fermat (cuya prueba fue encontrada
apenas hace unos años por Andrew Wiles), el de Pitágoras
(que todos hemos aprendido desde la primaria) y, sobre todo, el de
Gödel.
En efecto, si, por ejemplo, se escriben las palabras
“teorema de Gödel” en cualquier buscador para Internet
se encontrará que no sólo se invoca éste a
propósito de la lógica, las matemáticas, la
computación o la filosofía, sino al hablar de
política, religión, arte, etc., pues prácticamente
no existe ninguna discusión en la que alguien no termine por
citar el teorema de Gödel para, supuestamente, demostrar algo o
demostrar que algo no puede ser demostrado (la
“popularidad” de este teorema sólo es comparable con
la que también goza, o sufre, el principio o las relaciones de
indeterminación o incertidumbre de Heisenberg). Precisamente, el
término
gödelitis
que aparece en el título de este artículo fue
acuñado por Debray
6 para referirse a
la “enfermedad” que consiste en extrapolar y generalizar el
teorema de Gödel fuera del campo espefícifico al que
pertenece.
Sin embargo, algunas de esas referencias no siempre
se encuentran justificadas o son pertinentes, pues suelen basarse en
malentendidos o, simplemente, en “asociación libre”.
Por ejemplo, dado que dicho teorema establece la incompletud de cierto
tipo de sistemas formales se le emplea para justificar la
“incompletud” de toda clase de “sistemas”,
físicos o sociales o, dado que prueba que la indecidibilidad de
algunas proposiciones pertenecientes a sistemas formales de cierto
tipo, se concluye que, en el fondo, todo es indecidible o que nada
puede ser demostrado.
Pero, ¿realmente qué afirma el teorema
de Gödel y cuáles son las consecuencias, matemáticas
y extramatemáticas que se pueden derivar legítimamente de
él?
El libro de Torkel Franzén,
a
profesor de la Luleå University of Technology de Suecia,
Gödel’s Theorem. An Incomplete
Guide to Its Use and Abuse, 2005
11 (en
adelante citado como “
FR”) tiene como
objetivo ayudar al lector sin conocimientos de lógica
matemática a formarse una opinión sólida sobre los
usos y abusos que se han hecho de dicho teorema.
b
En el prefacio, Franzén dice que su excusa para escribir otro
libro sobre este tema (sobre el cual ya existen excelentes libros
dirigidos a un público general, comenzando con el de Nagel y
Newman
21) es que el suyo, además de
explicar el teorema desde un punto de vista matemático, incluye
comentarios sobre una amplia selección de apelaciones al teorema
de la incompletud fuera de las matemáticas.
c
En concreto, el libro ofrece las bases para que los lectores juzguen
por sí mismos los méritos de las evocaciones que se hacen
al teorema de la incompletud fuera de las matemáticas y la
lógica e, igualmente, apreciar algunas de las perspectivas
filosóficas y matemáticas abiertas por él.
d
A lo largo de los ocho capítulos que forman
su libro, Franzén expone los conceptos necesarios para poder
entender el teorema y, sobre todo, su prueba (lo que realmente prueba,
pero, también, lo que no prueba): explica qué es una
proposición y una sentencia, un sistema formal, la
demostrabilidad, la consistencia, la completud, etcétera
(Franzén presta poca atención a la vida de Kurt
Gödel, aunque recomienda la biografía de Dawson considerada
“oficial”
4).
Pero, sobre todo, presenta, analiza y critica
algunos de los usos y abusos que se han hecho del teorema fuera del
ámbito de las matemáticas y la lógica: a
propósito de la “condición posmoderna”, el
problema de la inteligencia artificial, las teorías del todo, la
teología, el escepticismo y la teoría de la
computabilidad principalmente en la versión de Gregory Chaitin.
3
En efecto, como dicen Sokal y Bricmont en
Imposturas intelectuales:
26
“el teorema de Gödel es una fuente inagotable de abusos
intelectuales”, ejemplo de lo cual hallan estos autores en
algunos escritos de Régis Debray, en los que este pensador
francés pretende aplicarlo directamente a cuestiones sociales y
políticas (para una crítica en la misma línea de
Sokal y Bricmont consúltese también el trabajo de
Bouveresse
1, 2).
Algunas frases que expresan otros abusos que se han
hecho del teorema de Gödel mencionados por Franzén son: el
teorema de Gödel prueba que nada puede saberse con seguridad; hay
verdades que la lógica y las matemáticas son incapaces de
probar; no podemos saber si las matemáticas son consistentes; no
es posible probar que existe una realidad objetiva; necesitamos
recurrir inevitablemente a la fe; etcétera.
Ahora bien, Franzén cuenta que Gödel
presentó y probó su teorema (en realidad, dos teoremas,
como enseguida veremos) de la incompletud en 1931. El título de
su artículo, escrito en alemán, era, traducido al
español “Sobre las proposiciones formalmente indecidibles
de
Principia Mathematica y
sistemas relacionados I”.
12, 13 Por su
parte,
Principia Mathematica
fue un libro publicado en tres volúmenes entre 1910 y 1913 por
Bertrand Russell y Alfred North Whitehead, en el cual estos
filósofos intentaron ofrecer una fundamentación
lógica de las matemáticas (programa logicista) en la
forma de un sistema de axiomas y reglas de inferencia dentro del cual
todas las matemáticas conocidas en ese tiempo podían ser
formuladas y probadas mecánicamente.
Sin embargo, en su artículo Gödel
demostró dos teoremas, conocidos como primero y segundo teoremas
de la incompletud, que demostraron que el proyecto antes mencionado
así como el optimismo formalista encabezado por David Hilbert,
según el cual la respuesta a todas las preguntas formulables por
medio de sistemas como
Principia
Mathematica o afines podían ser decididas con suficiente
tiempo y esfuerzo, no se encuentran justificados.
17, 18
En el primero de los teoremas (en el escrito
original de Gödel, la proposición o teorema VI) se
establece que bajo la suposición de que el sistema de
Principia Mathematica satisface la
propiedad denominada
ω-consistencia
(omega consistencia), entonces este sistema es incompleto, queriendo
decir con ello que hay una proposición en su lenguaje “17
Gen r” (conocida como “proposición Gödel”
o “proposición G”) que no puede ser probada ni
refutada dentro de este mismo sistema (
FR:3): por eso se
dice que esta proposición es “indecidible” dentro de
él (Gödel presentó este teorema, por primera vez, el
7 de octubre de 1930, cuando tenía apenas 24 años de
edad, en un Congreso de la Organización para la Filosofía
Empírica berlinesa sobre “Epistemología de las
ciencias exactas”; su ponencia se titulaba, traducida al
español, “Algunos resultados metamatemáticos sobre
completud y consistencia”).
14, 12
El segundo teorema de la incompletud establece que
la consistencia del sistema no puede ser establecida dentro del propio
sistema (de hecho, este segundo “teorema” es, más
bien, un corolario del primero; en el artículo original
corresponde a la proposición o teorema XI), donde
“consistencia” quiere decir que no se puede formular en su
lenguaje una proposición tal que ella y su negación
queden demostradas en su interior.
Gödel planeaba publicar una “parte
II”, en la que presentaría una visión general de
sus teoremas, aplicable a otros sistemas, pero nunca la escribió
debido a que sus resultados fueron rápidamente aceptados. Y, en
realidad, Gödel no argumentó sobre el sistema de
Principia Mathematica, sino
sólo sobre un sistema llamado “P” relacionado con
los
Principia Mathematica,
pero, en 1933, J. B. Rosser mostró que puede ser aplicado a un
amplio rango de sistemas formales (por ejemplo, la aritmética de
Peano y la teoría de conjuntos con el axioma de elección
de Zermelo-Fraenkel) (
FR:17).
18
Así, de manera general, el teorema de
Gödel afirma que “cualquiera de los sistemas mencionados, si
es consistente, es incompleto y su consistencia no puede ser probada
dentro del propio sistema” (
FR:3).
2.
ACLARACIONES SOBRE EL TEOREMA DE
GÖDEL DESDE UNA PERSPECTIVA FORMALISTA
Franzén señala que frecuentemente se exagera la
importancia de este teorema, pues se ha llegado a afirmar que no
sólo ha revolucionado las matemáticas, sino toda la
ciencia e, incluso, toda nuestra cultura (
FR:5), bajo el
supuesto de que las matemáticas son la base de la ciencia
moderna (sobre todo, la física) y que ésta, a su vez,
constituye uno de los pilares fundamentales de la cultura actual.
Sin embargo, aunque el teorema es usado la mayor parte del tiempo en la
lógica matemática y ésta es un campo fundamental
de las matemáticas, no obstante, la verdad es que es un campo
relativamente pequeño de ellas y, por ello, no juega un papel
importante en el trabajo cotidiano de los matemáticos en general
(
FR:5).
Me parece que la principal aclaración que
ofrece Franzén en su libro respecto a los usos legítimos
del teorema, pero también sobre algunos abusos que se han hecho
de él es bastante simple: “incompletud” y
“consistencia”, en el contexto del teorema de Gödel,
significan incompletud y consistencia en un sistema formal determinado,
es decir, no tienen un significado absoluto, sino que son conceptos
definidos de una manera precisa al interior de determinada clase de
sistemas formales (
FR:7). Es decir, el teorema no dice
nada acerca de lo que puede ser o no probado “en cualquier
lado” (
FR:50). El problema es que dado que los
términos “consistencia”, “completud”,
“sistema”, etc., no sólo son usados dentro de las
matemáticas o en la lógica en un sentido técnico o
especializado, sino en varios sentidos diferentes en el lenguaje
informal u ordinario, se ha pensado que el teorema tienen una gran
cantidad de consecuencias fuera de esas disciplinas. Sin embargo,
para que el teorema sea aplicable a un sistema éste debe poseer
un lenguaje formal, un conjunto de axiomas y reglas de inferencia
explícitas para demostrar teoremas (de tal modo que determinar
si una proposición dada es una axioma, o un teorema, o si algo
es o no una prueba, sea un asunto mecánico, aunque pueda ser muy
tardado o laborioso), cosa que, obviamente, no sucede, por ejemplo, en
los llamados “sistemas sociales”.
En efecto, el teorema de la incompletud es aplicable
a un sistema formal en el cual “cierta cantidad de
aritmética elemental” puede ser formulada y algunas reglas
básicas de la aritmética puedan ser probadas, por
ejemplo, la adición y multiplicación de números
naturales (enteros no negativos: 0, 1, 2…). Además, que
incluya ciertas conectivas lógicas, los cuantificadores
existencial y universal, y el signo de igualdad. Es decir, dentro del
cual se puedan hacer “cómputos” o se pueda
representar los números naturales, aunque no se hagan
afirmaciones explícitas sobre éstos (de tal modo que la
prueba pueda ser llevada a cabo).
Es decir, lo que determina la aplicabilidad del
teorema no es, como a veces se dice, la “complejidad” de
los sistemas, sino aquello que son capaces de expresar y probar: hay
sistemas formales “simples” a los que sí se aplica y
“complejos” a los que no.
Pero lo más importante es que la
“proposición Gödel” no es indecidible en un
sentido absoluto, sino sólo relativo, ya que siempre es
trivialmente demostrable en otro sistema: basta agregarla como axioma
(hay que distinguir entre la proposición Gödel, la cual es
indecidible, y el teorema de Gödel –que afirma que G es
indemostrable–, que sí es demostrable: por eso,
precisamente, es un “teorema”). Es demostrable en otro
sistema, no necesariamente más “fuerte” o
“potente”.
En ese sentido, y sólo en ese sentido, para
demostrar la consistencia de un sistema formal como los considerados es
necesario “salir” del sistema para usar principios que no
están contenidos y que no son formalizables en ese sistema
(véase la nota 48 de “Sobre las proposiciones formalmente
indecidibles de
Principia Mathematica
y sistemas relacionados I”, así como “Sobre la
longitud de las deducciones”;
12, 13
Russell mismo era consciente de este fenómeno).
Por otro lado, el teorema no demuestra que todos los
sistemas formales sean incompletos, pues, de hecho, sí existen
algunos que son, a la vez, completos y consistentes. Un ejemplo de ello
es la teoría elemental de los números reales (
FR:25).
Por otra parte, no hay que olvidar que la
“consistencia” es una propiedad teórica muy
débil (mínima), pues el hecho de que una teoría
sea consistente o que no incluya contradicciones no implica que todos
los enunciados deducibles de ella sean verdaderos, sino que, al
contrario, existen muchas teorías que son consistentes, pero
que, sin embargo, no son sólidas (del mismo modo que un
razonamiento puede ser formalmente válido y, sin embargo, sus
premisas y su conclusión pueden ser falsas).
Franzén también ofrece una
aclaración sobre el menos conocido “teorema de la
completud” que Gödel probó, en su tesis de doctorado,
para la lógica de predicados de primer orden (en la época
de Gödel denominada “cálculo funcional
restringido”).
A la teoría de conjuntos Zermelo-Fraenkel y la aritmética
de Peano se les aplica tanto el teorema de la completud
(semántica) como los teoremas de la incompletud
(sintáctica), pues, “completo” significa algo
diferente en ambos casos: lo que es incompleto en el sentido de los
teoremas de la completud no son dichas teorías, sino la
lógica de primer orden (por eso Jesús Mosterín,
decidió traducir el artículo de Gödel como “La
suficiencia de los axiomas del cálculo lógico de primer
orden”
12). “Completo” en el
sentido del teorema de completud significa que las reglas de inferencia
usadas en lógica de primer orden son suficientes para derivar
todas las consecuencias válidas de sus axiomas, lo cual, no
significa, sin embargo, que todas sus consecuencias, en general, sean
demostrables o decidibles. Precisamente, el segundo teorema de la
incompletud establece que la existencia de un contraejemplo no siempre
es demostrable (véase la nota 55 de “Sobre las
proposiciones formalmente indecidibles de
Principia Mathematica y sistemas
relacionados I”
12, 13).
Finalmente, el teorema de Gödel deja abierta la
posibilidad de que para probar la consistencia de la aritmética
elemental se extiendan los axiomas o los modos de razonamiento
aceptables, aunque, de este modo, se abandonaría el
“razonamiento finitista” o el que es considerado, no
sólo de acuerdo con Hilbert, sino por la mayor parte de los
matemáticos, el tipo de razonamiento matemático
más básico, concreto y seguro. De hecho, en 1958, en su
artículo “Sobre una ampliación todavía no
utilizada del punto de vista finitario”,
12, 14
Gödel mismo ofreció una manera de extender la noción
de prueba finitista y desde 1936 el lógico alemán Gerhard
Gentzen demostró la consistencia de la aritmética de
Peano haciendo uso de un sistema que en un sentido extiende este
último sistema y en otro sentido lo restringe (no es más
“complejo o “potente” sino, simplemente, otro
sistema: lo que distingue a un sistema formal de otro son los axiomas
de los que parte), así como de la inducción transfinita.
Aunque el mismo Franzén admite que lo anterior también
significa que nunca habrá una prueba para la consistencia de
esta clase de sistemas formales que sea vista por la mayoría de
los matemáticos como evidente y definitiva.
De ahí entonces que Franzén reconoce
dos consecuencias filosóficas legítimas :
1) Incluso los principios matemáticos
abstractos, que afirman la existencia de varios conjuntos infinitos,
tienen consecuencias en la teoría de los números
elementales que no pueden ser probadas por medios elementales.
2) Cuando aplicamos un sistema formal cuyos axiomas
reconocemos como matemáticamente válidos, el teorema de
la incompletud muestra que no podemos especificar formalmente la suma
total de nuestro conocimiento matemático o un sistema formal que
codifique exactamente la habilidad aritmética humana y que
encarne sólo las verdades matemáticas que aceptamos o
agote todo nuestro conocimiento matemático (
FR:114).
Este sería el “lado positivo” de la incompletud.
10
Lo último significa que el concepto
“verdadero” en los sistemas formales, como los
especificados antes, no puede ser definido en dichos sistemas, es
decir, los excede. En concreto, el concepto de
“proposición aritmética verdadera” no puede
ser definido en términos aritméticos (lo cual está
directamente relacionado con el “teorema de
indefinibilidad” que Alfred Tarski descubrió
también alrededor de los años treinta, pero
independientemente). En cambio, el concepto de
“proposición aritmética demostrable”
sí puede ser formulado en términos aritméticos
(como muestra perfectamente la prueba de Gödel o la
“gödelización”, la cual asigna un número
natural a las afirmaciones sobre estos mismos números). De donde
se sigue que el concepto de “verdad (matemática)” no
es igual ni puede ser reducido al de “demostrabilidad
matemática”.
Por ello, Franzén aclara que los
“axiomas”, los “teoremas”, las
“pruebas”, etc., de las que se habla en el artículo
de Gödel son meras cadenas de signos o símbolos (
FR:59),
es decir, se hallan desprovistos de cualquier significado particular y
concreto. En efecto, el teorema no supone la verdad de las
proposiciones a las que se refiere, pues la incompletud y la
consistencia son propiedades sintácticas o meramente formales (
FR:29)
(por eso algunos autores, como el propio Franzén, al explicar el
teorema, prefieren hacer uso del término
“sentencia”, en lugar de “proposición”).
La anterior consecuencia filosófica es la
más importante, pues ha sido relacionada, incluso por el propio
Gödel, con la cuestión de si las máquinas pueden
pensar como los seres humanos (véase, por ejemplo, la nota
suplementaria que Gödel añadió en 1963 a su
artículo de 1931, así como los escritos inéditos y
las cartas incluidas en sus obras completas
16).
Respecto a esto último Franzén discute
las ideas de Lucas
20 y Penrose,
22
para quienes el teorema de Gödel prueba que la mente humana nunca
podrá ser simulada por una máquina o que una
máquina nunca será un modelo adecuado de la mente humana,
ya que ésta puede hacer cosas que las computadoras no pueden: en
concreto, darse cuenta de la verdad de ciertas proposiciones
indecidibles (por ejemplo, la “proposición G”) por
medio de los sistemas formales o programas que emplean las computadoras
(Gödel aceptó que una definición de sistema formal
lo constituían las “máquinas de Turing”). Sin
embargo, objeta Franzén, aunque algunas áreas del
pensamiento, mente, cerebro o inteligencia humanos intentan ser
sistemáticas (ordenadas, coherentes, etc.), no constituyen un
“sistema formal”, por lo que hablar del teorema de
Gödel a propósito de ellas sólo puede tener el valor
de una metáfora.
Además, Franzén nos recuerda que lo
que sabemos gracias a la prueba de Gödel no es la
proposición categórica “G es verdadera”, sino
sólo que si el sistema en el que se le formula es consistente,
entonces dicha proposición G es verdadera, es decir, sólo
sabemos la verdad de una proposición condicional, no la verdad
de cada uno de sus miembros (antecedente y consecuente). Sin embargo,
en general, no sabemos si un sistema formal es consistente y no tenemos
ninguna base para concluir que nosotros, los seres humanos, podemos
probar la consistencia de cualquier sistema formal, que todo lo que
puede ser probado en un sistema formal también puede ser probado
por nuestra mente o que siempre existe una prueba formal aceptable para
nosotros (por eso, al discutir el teorema de Gödel, más que
de “proposiciones”, que en el uso actual, remiten a algo,
habla de
sentences, entendido
en un sentido puramente sintáctico como “secuencias de
símbolos”, que no entrañan ninguna noción de
verdad o falsedad).
La confusión resulta de que los sistemas
formales que normalmente se usan para ejemplificar la prueba de
Gödel, por ejemplo, la aritmética de Peano, sí son
consistentes, por lo cual es fácil darse cuenta que en ellos la
proposición G sí es verdadera. Pero existen muchos
sistemas formales cuya consistencia desconocemos y, en consecuencia,
también desconocemos la verdad de la proposición G que
puede ser formulada en ellos.
Ahora bien, si en el caso de la polémica
mentes
versus
máquinas no son directas ni claras las consecuencias del teorema
de Gödel, mucho menos lo son en el caso de otros asuntos humanos y
sociales: aunque se habla de “sistemas” sociales o, en
un sentido general, se puede decir que, por ejemplo, la Biblia, una
Constitución, una doctrina filosófica, etc., constituyen
“sistemas”, esto es, conjuntos de elementos entre los
cuales existen ciertas relaciones determinadas por reglas o principios,
la verdad es que no son sistemas formales en el sentido indicado (no
cuentan con axiomas, reglas de inferencia ni teoremas
explícitos, que permitan decidir los problemas de manera
mecánica), pues no fueron diseñados como instrumentos
para la discusión de problemas matemáticos, por lo que
saber si algo se sigue de ellos no es una cuestión
matemática, sino de juicio, interpretación, creencia,
opinión, etc., y para saber que son “incompletos”
(en el sentido de que no incluyen ni hablan de “todo”) no
se necesita recurrir al teorema de Gödel
(FR:78-79),
sino que es una cuestión de conocimiento empírico o hasta
de simple sentido común. Y tampoco necesitamos del teorema de
Gödel para llegar a la conclusión de que esos sistemas son
“incompletos”, en el sentido de que no se aplican a cada
aspecto de la vida humana o que inevitablemente dejan fuera ciertos
aspectos de ésta.
Obviamente, dice Franzén, ni siquiera en las
matemáticas podemos probar todo, pero no necesitamos del teorema
de Gödel para darnos cuenta de que debemos adoptar algunos
principios básicos (axiomas) sin prueba (
FR:38,
105), pues, en efecto, en algún punto, sólo podemos
justificar nuestros axiomas y reglas por medios informales, apelando a
su claridad intuitiva, utilidad o éxito en la práctica,
etc., pero eso tampoco significa que no exista “ninguna”
justificación para aceptarlos. Es decir, el teorema de
Gödel en modo alguno justifica un escepticismo acerca de todas las
matemáticas o de todo el conocimiento: como si del hecho de que
algo no es demostrable en algunos sistemas formales se siguiera
automáticamente que nada puede demostrarse realmente en
ningún lado.
Sobre libros como el de Hofstadter,
19
–famoso
best seller, en
el cual se busca mostrar, entre otras cosas, los isomorfismos que
existen entre el teorema de Gödel, algunos dibujos de M. C. Escher
y algunas obras musicales de J. S. Bach– Franzén dice que
encontrar sugerencias o establecer metáforas y analogías
en otros campos es perfectamente legítimo y que puede ser muy
útil (de hecho, la misma prueba de Gödel se basa en un
“isomorfismo” entre las proposiciones aritméticas y
las proposiciones metamatemáticas sobre dichas proposiciones o
entre los números naturales y los signos sintácticos
sobre éstos), pero que eso sólo debe ser el punto de
partida, pues se tiene que dar sustancia a dichas pretensiones por
medio de argumentos que expliquen y justifiquen la analogía o el
isomorfismo que existe o puede existir entre los sistemas formales a
los que se refiere el teorema de Gödel y otro tipo de
“sistemas” y que, igualmente, aclaren los límites de
tal analogía o isomorfismo.
3. EL TEOREMA DE GÖDEL
SEGÚN GÖDEL: EL CONCEPTUALISMO
REALISTA PLATÓNICO
Son muchas otras las aclaraciones que ofrece Franzén en su
libro: como indica el título mismo de éste, se trata de
una “guía incompleta” sobre los usos y abusos del
teorema de Gödel (y tratemos de evitar invocar éste para
justificar la incompletud radical de todo libro), pues, en efecto,
faltan referencias a otros autores, dentro de la tradición
filosófica analítica y anglosajona, que también
han invocado al teorema de Gödel fuera de las matemáticas,
por ejemplo, Karl R. Popper
23 (no se
crea que únicamente los filósofos franceses o los
científicos sociales son susceptibles de cometer imposturas
intelectuales o, simplemente, ser incapaces de comprender lo que dicen
los teoremas de Gödel: esto último también puede
hallarse fácilmente entre los filósofos
analíticos, por ejemplo, Ludwig Wittgenstein
30
o entre los propios matemáticos, como muestra Dawson
4).
En efecto, aunque las aclaraciones del libro de
Franzén son muy útiles, sin embargo, no bastan para
entender lo realmente importante: cuáles son las consecuencias
extralógicas y matemáticas, propiamente
filosóficas, que se pueden deducir del teorema de Gödel.
Finalmente Franzén parece concluir que las
matemáticas no hablan ni pueden hablar de otra cosa, sino de
sí mismas o de las relaciones formales y abstractas que existen
entre sus símbolos desprovistos de todo contenido, por lo que no
se puede concluir nada válidamente, en términos
estrictamente matemáticos y formales, fuera de ello. Es decir,
Franzén supone una concepción formalista o
sintáctica de las matemáticas, como la del positivismo
lógico y de la Escuela de Hilbert, según la cual
éstas son un conjunto de reglas o convenciones para manipular
símbolos vacíos o que no se refieren a nada en la
realidad.
Sin embargo, no hay que olvidar que Gödel
siempre se opuso expresamente a dicha concepción de las
matemáticas (véase “Is Mathematics Syntax of
Language?”
16) y que sostuvo, en cambio,
un conceptualismo realista o platónico, según el cual las
entidades matemáticas (por ejemplo, los conjuntos) existen
independientemente de nosotros y que las percibimos gracias a una
facultad especial (algo así como una
“intuición”) (véase “La lógica
matemática de Russell” y “¿Qué es el
problema de continuo de Cantor?”, en Gödel,
12, 13
así como “Some Basic Theorems on the Foundations of
Mathematics and Their Implications”
16).
De acuerdo con Gödel, las matemáticas no eran, en el fondo,
tan diferentes a las ciencias empíricas pues buscaban
aproximarse al conocimiento de una realidad objetiva y no a algo que
fuera una mera constricción o invención nuestra.
Además, en varios lugares, dejó
entrever que su teorema sí dice algo importante no sólo
sobre la naturaleza de las matemáticas y la lógica sino,
también, sobre las capacidades de los seres humanos, aunque hay
que reconocer que sobre este punto su postura no es tan clara como se
suele suponer (por ejemplo, véase la carta a Leon Rappaport del
2 de agosto de 1962,
12 así como a Wang,
16
en las que se presentan y comentan algunas ideas que Gödel
expresó a lo largo de los años en diversas conversaciones
que sostuvo con el autor de los libros).
Si Gödel no escribió más sobre
cuestiones extra-lógicas y matemáticas, no fue
sólo debido a que era extremadamente cuidadoso en todo lo que
pensaba, decía y escribía y, sobre todo, con lo que
publicaba, sino porque pensaba que los “prejuicios de su
época” obstaculizarían la comprensión y
aceptación de sus ideas (véase “The Modern
Development of the Foundations of Mathematics in the Light of
Philosophy”
9, 10), pues sus
convicciones filosóficas se encontraban del lado del idealismo,
espiritualismo y optimismo (no sólo creía que las
entidades matemáticas existen independientemente de nosotros,
sino que la mente o el espíritu existe independientemente de la
materia y que no se rigen por leyes físicas o mecanicistas) y no
del materialismo, mecanicismo o escepticismo (las cuales, en
opinión de Gödel, eran las posturas filosóficas que
dominaban desde la revolución científica moderna), los
cuales implican una concepción sintáctica de las
matemáticas como la que Franzén y muchos otros autores
defienden.
Este año que se cumple el primer centenario
del nacimiento de Kurt Gödel (fallecido en 1978) es un buen
momento no sólo para tratar de completar nuestro conocimiento
sobre sus dos famosos teoremas sobre la incompletud de cierta clase de
sistemas formales leyendo el libro de Torkel Franzén,
Gödel’s Theorem. An Incomplete
Guide to Its Use and Abuse (el cual ojalá pronto sea
traducido al español), sino, igualmente, para intentar
comprender la filosofía que subyace a ellos.
R E F E R E N C I A S
1
Bouveresse J. Prodigios
y vértigos de la Analogía, Libros del Zorzal, Bs.
As. (2001).
2
–. “Philosophie du language et de la connaisaance”, Résumé des cours 2004-2005,
(2004), disponible en
http://www.college-de-france.fr/site/phi_lan/p998921945162.htm.
3 Chaitin
G. “Information-Theoretical Computational Complexity and
Gödel’s Theorem and Information” en Tymoczko T (ed.), New Directions in the Philosophy of
Mathematics, Princeton University Press, Nueva Jersey (1998).
4
Dawson JW. “The Reception of Gödel’s
Theorems” en Shanker SG (edit.), (1997) 1-16.
5
–. Logical Dilemas, A K
Peters, Massachusetts (1997).
6
Debray R. “L’incompletude, logique du
religieux?”, Bulletin de la
Société Française de Philosophie 90 (1996)
1-35 (disponible en www.regisdebray.com).
7
Debray R y Bricmont J. A la sombra de la Ilustración,
Paidós, Barcelona (2003).
8 Davis
M (edit.). The Undecidible. Basic
Papers on Undecidable Propositions, Unsolvable Problems and Computable
Functions, Dover Publications, Nueva York (1993).
9
Feferman S. “Kurt Gödel: Conviction and Caution” en
Shanker SG (edit.). (1997) 96-114.
10
Franzén T. Inexhaustability:
A Non-Exhausted Treatment, A K Peters, Massachusetts
(2004). La introducción de este libro puede consultarse en
http://www.sm.luth.se/~torkel/eget/progps.html; su tesis de doctorado
“Provability and truth” se encuentra disponible en
http://www.sm.luth.se/~torkel.
11
–. Gödel’s Theorem.
An Incomplete Guide to Its Use and Abuse, AK Peters,
Massachusetts (2005).
12
Gödel K. Obras completas,
Mosterín J (trad.), Alianza Editorial, Madrid (1981).
13
–. Collected Works. Volume I.
Publications 1929-36, Feferman S y otros (eds.), Oxford
University Press, Nueva York (1986).
14
–. Collected Works. Volume II. Publications 1938-1974, Feferman S
y otros (eds.), Oxford University Press, Nueva York (1990).
15
–. On Formally Undecidable
Propositions of Principia Mathematica and Related Systems, Meltzer B
(trad.) Braithwaite RB (introd.), Dover Publications, Nueva York (1992).
16
–. Collected Works. Volume
III.
Unpublished Essays and Lectures, Feferman S y otros (eds.),
Oxford University Press, Nueva York (1995).
17
Hilbert D. Fundamentos de las
matemáticas, UNAM, México (1993).
18
–. “París 1990. Conferencia de
Hilbert en el Congreso Internacional de Matemáticos” en
Gray JJ, El reto de Hilbert,
Crítica, Barcelona (2003) 263-314.
19
Hofstadter DR. Gödel, Escher,
Bach. Un eterno y grácil bucle, Tusquets, Madrid (1987).
20
Lucas S. “Mentes, máquinas y Gödel” en Anderson
AR, Controversia sobre mentes y
máquinas, Tusquets, Barcelona (1984) 75-102.
21
Nagel E y Newman JR. El teorema de
Gödel, CONACyT,
México (1981).
22
Penrose R. La
mente nueva del emperador. En torno a la cibernética, la mente y
las leyes de la física, FCE,
México (2002).
23
Popper KR. El
universo abierto. Un argumento a favor del indeterminismo,
Tecnos, Madrid (1994) 183 y 189.
24
Putnam H. “Mentes y máquinas” en
Anderson AR, Controversia sobre
mentes y máquinas, Tusquets, Barcelona (1984) 123-162.
25
Shanker SG (edit.). Gödel’s
Theorem in Focus, Routledge, Londres (1997).
26
Sokal A y Bricmont J. Imposturas intelectuales,
Paidós, Barcelona (1999).
27
Wang H. Reflections
on Kurt Gödel, The mit Press, Cambridge (1995) (trad.
Reflexiones sobre Kurt Gödel, Alianza Editorial, Madrid).
28
–. A Logical
Journey. From Gödel to Philosophy, Cambridge (1996).
29
Yourgrau P. A World
Without Time. The Forgotten Legacy of Gödel and Einstein,
Perseus Books Group, Nueva York (2005).
30
Wittgenstein L. Observaciones sobre los fundamentos de la
matemática, Alianza Editorial, Madrid (1987).
N O T A S
a
Torkel Franzén murió el 1 de abril de 2006, a la edad de
56 años.
b
La introducción a este libro puede conseguirse en http://
www.sm.luth.se/~torkel/eget/tic.html
c
Franzén dedicó varios años a leer y comentar las
referencias al teorema de Gödel que eventualmente aparecen en
Internet; véase “Gödel on the Net”, http://
www.sm.luth.se/~torkel/eget/godel.html
d
Franzén no ha sido el único en escribir, en parte
inspirado o impulsado por Sokal y Bricmont, un libro sobre los usos y
abusos que se han hecho del teorema de Gödel: en 2003 Stanislaw
Krajewski escribió en polaco un trabajo cuyo título,
traducido al inglés, es Gödel’s
Theorem and Its Philosophical Interpretations: From Mechanism to
Posmodernism (un resumen de este libro puede ser consultado en Bulletin of Advanced Reasoning and
Knowledge 2 (2003) 101-108 o en
www.advancedreasoningforum.org/BARK-Volumes/BARK_2.10_Krajewski.pdf).
Cabe mencionar que para evitar simplificaciones y errores en la
aplicación del trabajo de Gödel, Krajewski propone una
“guía para su popularización”.
Eduardo
Harada, Escuela Nacional Preparatoria, UNAM. edharada@hotmail.com