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Elementos No. 62, Vol. 13, Abril - Junio, 2006, Página 43
La dosimetría y su pasajera presencia en la medicina mexicana

Rosalina Estrada Urroz                 Descargar versión PDF


En el marco de las discusiones científicas que se realizan durante el porfiriato se manifiesta una serie de corrientes médicas que debaten sobre la enfermedad y sus consecuencias. Entre la alopatía y la homeopatía tiene presencia aquella postura propugnada por Chateaud y Burggraeve que aborda la enfermedad desde la perspectiva dosimétrica. Es a través de la revista La Medicina Científica, cuyos representantes más destacados fueron los doctores Fernando Malanco y Juan F. Fenelón, que tenemos conocimiento de esta teoría. Aunque la polémica que se plantea en este medio aborda tópicos de carácter estrictamente médico, sobresalen también en sus páginas las pugnas entre miembros de la comunidad y las instituciones que los agrupan. En los debates, cada uno desde su trinchera, descalifica al otro con las leyes de la “civilización” y con el “debido respeto”.
    La dosimetría fue una tendencia médica transitoria. Esta corriente plantea de manera innovadora poner atención en los efectos secundarios que provoca la medicina alópata, sobre todo por la administración de altas dosis que ésta efectúa, y recomienda la utilización de medicamentos elaborados con elementos puros y aplicados en las dosis adecuadas para combatir de manera efectiva a la enfermedad y evitar los efectos secundarios derivados de la sobremedicación. La dosimetría enarbola a la prevención como una de sus estrategias fundamentales, a la vez que se comporta como una escuela “militante” porque insiste tenazmente en que sus principios sean conocidos y aplicados por la comunidad médica.

LA DOSIMETRÍA Y SUS DIFERENCIAS CON LA MEDICINA ALÓPATA

El médico y biólogo belga, padre de la medicina dosimétrica, Adolph Burggraeve nace en Gante en 1806 y muere después de 1886; es cirujano del hospital de dicha ciudad y es uno más de los propagandistas de esta corriente médica. Sus obras versan sobre una variedad de temas, pero sin duda su producción más importante en lo que se refiere a la dosimetría se realiza en la década de los años setenta del siglo XIX. Dicho sistema curativo se basa en el uso de sustancias activas con uniformidad en su composición farmacológica y en la creencia en nuevas concepciones farmacodinámicas. El procedimiento médico requiere en primer término la aplicación de un purgante para limpiar las vías digestivas y propiciar la inmediata absorción de los gránulos Sedlitz Chanteaud. Este sistema asimismo da preferencia a la utilización de alcaloides, a los cuales atribuye una extrema facilidad y rapidez de acción. Recomienda también el suministrar las sustancias en dosis fraccionadas para impedir cualquier tipo de intoxicación.1 En general, la prudencia y la precisión en las dosis son los principios que esgrime la dosimetría en su combate contra de medicina alópata. En particular, las dosis mínimas se recomiendan sobre todo en la medicación de niños para evitar que sufran algún tipo de intoxicación. El sistema de Burggraeve, mismo que es preconizado por Chanteaud, representa históricamente una de las tentativas para la introducción de los alcaloides en la terapéutica.
    El burggraevismo y sus principios animan muchas de las discusiones que en la época se realizan sobre la enfermedad. Para Malanco, representante de esta escuela, la ambición del médico no debe ser más que “sanar”, “que curar” y “esto por inexorable que la enfermedad parezca”.2 Critica los efectos de múltiples específicos que tienen como único fin aliviar, sin embargo se “disparan sobre los pacientes... haciendo en no pocas ocasiones lo que un ciego que por herir á la enfermedad, lesiona al paciente que se quiere defender.”3 Malanco insiste sobre la imperfección de la medicina en boga y citando a Amadeo de Latour señala: “La medicina actual se ha desviado de su camino natural”, pues habría perdido su objetivo de “aliviar” y “curar”. Para ello examina y compara las tres formas médicas por excelencia de abordar la enfermedad: alopatía, dosimetría y homeopatía.4
    La controversia suscitada entre la medicina alópata y la dosimétrica se origina principalmente con respecto a tres criterios esenciales: la pureza de los elementos administrados, el tamaño de las dosis y el momento de administración de los remedios. Los médicos alópatas acusan a los dosímetras de “emplear sustancias ilusorias”, señalando que los gránulos utilizados en el tratamiento de distintos padecimientos, no contienen sustancias activas.
    Fenelón se opone a la escuela médica clásica que plantea a la enfermedad como “un fantasma”, pues sólo al presentarse los síntomas, la ataca. Muestra su adherencia a la dosimetría, ya que ésta considera necesario el tratamiento anticipado con el objeto de impedir que el padecimiento se desarrolle e instale en el organismo. El galeno insiste que: “mientras más temprano llegue el auxilio, más eficaz será”.5

LA MEDICINA CIENTÍFICA Y SU DIFÍCIL ENTRADA AL CAMPO DE LA MEDICINA

El primer número de La Medicina Científica se publica en 1888, desde su inicio este medio de difusión se adhiere al lema de Laboulbère:

Liberté entière de discussion, mais sincère et courtoise, ayant alors pour seules limites, le respect des autres et de soi même.

    En efecto, en su corta vida podemos observar la divulgación de polémicas de variada naturaleza, así como el afán de dar cabida a opiniones diversas. La aparición de la revista es acogida positivamente por la comunidad médica. El Observador Médico comenta:

La dosimetría ha recibido el bautismo de la moda, está a la orden del día y es de congratularse que personas tan entendidas y competentes como las que escriben en Medicina Científica vengan a ocuparse ante nosotros, de un asunto que reclama seriamente la atención de cuanto se interesen por lo que significa adelanto, y que nunca debe ni adoptarse ciegamente, ni relegarse al olvido sin haber hecho antes de ello un estudio concienzudo, detenido y sobre todo desapasionado.6

    A pesar del beneplácito con el que la revista es recibida, nace con el sino de la controversia. Un año después de su fundación, El Universal del 26 de junio publica:

Varios profesores de la Escuela de Medicina van a fundar un periódico que sostendrá polémicas con los partidarios de la dosimetría.

    Esta aseveración provoca de inmediato la reacción del apasionado Fenelón quien señala:

¡Bien venidos sean estos buenos amigos y valientes campeones! Hace cinco años que pedimos la discusión; hace año y medio que la provocamos en Medicina Científica. Pueden estos estimados compañeros ahorrarse el gasto de su fundación periódica; la columnas de Medicina Científica están abiertas; desde luego, se publicarán sus artículos de controversia de preferencia a los nuestros.7

    El asunto adquiere tal importancia que es reseñado en diversos diarios.8 El mismo Universal pone a disposición sus páginas, para dar cabida a la polémica. La discusión que se desata y en la que intervienen médicos de diferentes instituciones se extiende a otros órganos informativos de la capital mexicana. El Partido Liberal, El Diario del Hogar, Le Trait d’Unión, dan cabida a diversos puntos de vista sobre la dosimetría y los medicamentos que utiliza en los diversos tratamientos. Las opiniones son sobre todo desfavorables, pero parece que el reto lanzado no se traduce en respuestas bien sustentadas y con respaldo científico.
    Las réplicas de Fenelón son reseñadas en El Universal y se constituyen en un reto para la comunidad médica, específicamente en lo que respecta a la validez científica que tiene esta nueva corriente. Este galeno sostiene en 1889 que la dosimetría sólo tiene dieciséis años de vida y que discutir sobre sus aportes es positivo, en particular porque la materia que está en cuestión podría “traer una feliz revolución en el arte de curar”.9
    Por su lado, Fernando Malanco deja ver a través de sus palabras la difícil acogida que recibe el método que ellos propugnan; efectivamente, las múltiples declaraciones y artículos que aparecen firmados por los detractores de la dosimetría, explican la reacción de este galeno:

...aquellos, se emplean preferentemente en descubrir para amenguar nuestros tratamientos ó esclarecer para comentar nuestros desaciertos; y algunos, como si dijéramos, los de la última envoltura, se hacen ruido silbando, como los niños cuando atraviesan paraje, que su imaginación puebla con fantasmas, cuchichean sobre nuestra tendencia, humillan nuestro empeño y burlan nuestro propósito.10

JUAN FRANCISCO FENELÓN Y FERNANDO MALANCO, DOS DESTACADOS MÉDICOS DEL PORFIRIATO

Los galenos que polemizan, se nos revelan a través de los principales medios de información médica: La Escuela de Medicina, La Medicina Científica, La Gaceta Médica de México, El Observador Médico, etcétera. En estos espacios los protagonistas afinan sus plumas, aportan, debaten y refutan. Son miembros destacados de la comunidad médica y participan en diferentes organismos, como la Academia Nacional de Medicina y la Sociedad Médica Pedro Escobedo, también forman parte de la planta de profesores de la Escuela de Medicina y de los comités de redacción de su órgano informativo y de diferentes comisiones de la Academia Nacional de Medicina.
    La mayoría son miembros sobresalientes de la Academia Nacional de Medicina; se incorporan a ésta entre 1864 y 1899, y ocupan diversos puestos. Fenelón pertenece a este organismo desde 1864 y Malanco a partir de 1875. Los que escriben en La Medicina Científica poseen diversa formación académica. Algunos tienen relación directa con Francia. Fenelón realiza sus estudios en ese país.
    Juan Francisco Fenelón de Uvillos (1833-1893), nacido en Oaxaca, de padre francés y madre mexicana, a los 5 años es enviado a París a realizar sus estudios hasta obtener el título en la Facultad de Medicina de París en 1857. Por concurso es externo del Hospital de Midi. Revalida su título en México en 1861,11 a donde llega acompañado del doctor Julio Clement, quien había viajado a Francia. Ejerce su profesión primero en Oaxaca, después en Guadalajara y en 1864 se instala de manera definitiva en la capital del país. Este mismo año forma parte del grupo de médicos que integra la Academia Nacional de Medicina. Es discípulo del doctor Clement, se especializa en ginecología y en cirugía general. Es médico del Hospital Francés y del Hospital González de Echeverría y llega en ambos lugares a ocupar el cargo de director. Sus trabajos en cirugía, ginecología y dosimetría son reconocidos. Es redactor de La Escuela de Medicina, “publicó en este periódico algunos importantes artículos científicos o de combate”, llenos de sprit. Es conocido como “médico de los pobres”. Muere en la Hacienda de Mexía, Zimatlán, Oaxaca, a los 57 años. Escribe más de cincuenta trabajos en La Gaceta Médica de México y es autor de la biografía del doctor Julio Clement, su padre político. En 1887 forma parte de la planta de la Escuela de Medicina. Para sus contemporáneos,

su carácter era enteramente francés y en sus labios siempre se dibujaba la espiritual sonrisa gala. [...] Era hombre extraordinariamente simpático de conversación amenísima, salpicada siempre de fina sátira, y de carácter muy vivo y arrebatado, y de muy clara inteligencia.12

    Compañero de empresa de Fenelón, el “gladiador de la ciencia” Fernando Malanco, se recibe en la Facultad de Medicina el 28 de abril de 1872, y entra como titular de la Academia el 21 de abril de 1875. Es apóstol de la terapéutica dosimétrica y fundador de La Medicina Científica de la que publica once tomos como director. También colabora en El Observador Médico, a través de su comité de redacción como encargado de estadística, Revista de la Prensa Médica Nacional y correspondencia.13 Su laboriosidad en la Academia Nacional de Medicina fue notoria, pero más se da a conocer en el campo del escrito científico. Su trabajo para entrar a la Academia se titula Estudio higiénico sobre los panteones, cementerios y muladares de México. Es Inspector General de Vacuna del df en 1875. Muere en San Antonio, Texas, el 29 de agosto de 1898. Con su desaparición termina el periodo de auge de la revista que dirige. El significado de este medio en la historia de la medicina en México no ha sido todavía evaluado de manera suficiente.14 Las diferencias que muestra Malanco con la Academia, parecen ser posteriores a la fundación, en 1888, de La Medicina Científica.

LAS CORRIENTES MÉDICAS A TRAVÉS DE LA GACETA MÉDICA Y MEDICINA CIENTÍFICA

Durante el porfiriato, los órganos informativos de las sociedades médicas muestran la presencia de alópatas, homeópatas y dosimétricos en la discusión sobre la enfermedad en general; su pertenencia a una u otra corriente se manifiesta en todas sus intervenciones y se pone en evidencia cuando se trata de analizar la utilización del mercurio en el tratamiento de la sífilis.
    Dos medios de difusión reproducen estas discusiones, La Gaceta Médica de México y La Medicina Científica.15 La primera nos da una visión amplia de la posición de los miembros de la Academia, así como de las pugnas que existen en su seno. La segunda tiene la gran virtud de ofrecer la polémica entre las distintas corrientes de la comunidad médica del país. La divergencia entre alópatas, homeópatas y dosimétricos no se puede menospreciar, en cada ocasión, ante la aseveración de alguna de ellas se cae en la provocación de debatir. Aunque La Gaceta Médica nos ofrece la visión oficial, la publicación de actas, discusiones y dictámenes nos permite ver las diferencias existentes entre los miembros de la Academia, así como la posición del grupo en el poder.
    A pesar de las discrepancias que separan a los representantes de la medicina dosimétrica de la homeopática, la distancia de los primeros con la alópata parece ser mayor, sobre todo cuando el poder de la Academia Nacional de Medicina se impone a la comunidad. Las espadas se blanden de un lado a otro, y el doctor Malanco dirige sus baterías contra la medicina alópata que ha reaccionado con un silencio “sepulcral” en relación con la dosimetría. Al opinar sobre homeopatía señala:

Apenas puede creerse, sólo la Homeopatía concurre al foco de luz a enseñar, mientras la Alopatía Ortodoxa que tantos generales invictos cuenta, que tantos guerreros esforzados numera, retrocede amedrentada ó pusilánime, se esconde en refunfuños, blande el chisme, y esto dentro del más vergonzoso tusiorismo... Adelante señores, la pereza y el miedo no son de este lugar; se trata de nuestro deber; está confiada á nosotros la salud y la vida; vamos á conseguir el acierto, ó, cuando menos, á conquistar la tranquilidad, en el ejercicio de nuestra profesión.16

    Las diferencias entre la medicina dosimétrica y la homeopática derivan también del problema de las dosis; para Malanco, Hahnemann, “más valiente” que Brousseais, sustituye el “pesado ariete de las grandes dosis” con

la etérea terapéutica de las dosis exiguas, dynamisadas, mínimas, dinamismos sin materia, verdaderos mitos, fundiendo así la fé científica en la fé religiosa.17

    La opinión favorable que tiene Malanco con respecto a la homeopatía se basa en la estadística, pues ésta revela que su método es menos mortífero que la tutela de “dosis atrevidas”,18 y su gran virtud consistiría en que no provocar grandes problemas colaterales a los pacientes que trata:

La Homeopatía, consuela, conforta y hace esperar tranquilos á los padres por su hijos, á los pacientes por sus penas, a los dueños por sus animales. La homeopatía no ha hecho mal, pero tampoco ha hecho bien; es inofensiva porque es impotente, cuando menos en los tratamientos que usa.19

    Insiste que esta práctica se limita a dar azúcar a los enfermos. Para él los partidarios del método han querido vencer la plaza sosteniendo que

es la naturaleza la que cura, como es la fe la que salva; que para ellos hacer solo un simulacro de medicina es siempre ganar á los enfermos lo que los Alópatas les hacen perder.20

    Los desaciertos de la medicina alópata explicarían el éxito de la homeopatía; según su punto de vista, “la aversión á los brebajes ortodoxos la ha hecho grata”.21
    El extenso debate que se realiza en torno a la medicina homeopática se reproduce en La Medicina Científica en 1890. En él intervienen médicos de toda la República que se manifiestan, con un gran celo, a favor o en contra de tal corriente. El doctor Amalio Romero, en una carta dirigida a su colega Ruperto Zamora, de Silao, Guanajuato, puntualiza las diversas aportaciones de Hahnemann y Burggraeve,22 insistiendo en las copias o plagios de una u otra teoría.23 Romero reconoce las cualidades que como médico tiene Zamora y la efectividad que muestran los gránulos que aplica el médico dosimétrico, pero reclama para Hahnemann aquello que se le atribuye a Burggraeve. Aunque reconoce los méritos personales de su contrincante, muestra desacuerdo en algunos puntos, pues el “homeópata debe decirle al Médico-Dosímetra la verdad desnuda”.24 Critica a Zamora el haber abandonado la me­dicina alópata para “arrojarse en los brazos” de la dosimetría, e insiste en que si conociese el Organon, ya habría engrosado sus filas “que por cierto se honrarían con su defección”. Romero reitera que entre homeopatía y dosimetría no existe diferencia alguna, y subraya que Zamora es homeópata inconsciente, pues para él Burggraeve “no enseña nada nuevo, pues todo, o lo más, lo ha copiado de Hahnemann”.25 Este médico a través de diversas citas que realiza del Organon, atribuye a Hahnemann el principio de las dosis milimétricas, a la vez sostiene el mismo argumento por el cual Malanco ataca a la homeopatía:

Convengo con usted, en que la Dosimetría empleada por médicos inteligentes, no causan jamás la muerte de un enfermo, pero por propia confesión, puede agravarlo con el efecto fisiológico; ahora bien, reconocido nuestro tratamiento como curativo, hay que reconocerle igualmente su acción inofensiva en caso de error: si usted diagnostica mal la medicina, puede su enfermo empeorar por complicación con el efecto fisiológico: si yo diagnostico mal ó aplico peor la medicina mi enfermo permanecerá en el statu quo sin complicación alguna.26

    En realidad, lo que sitúa el centro de la discusión en toda la polémica entre homeopatía, dosimetría y alopatía, son las dosis. Pero mientras que las discusiones entre las dos primeras se realizan de manera franca y abierta, la pugna entre los partidarios de la medicina dosimétrica y aquellos que están más ligados a la institución que representa la Academia Nacional de Medicina se sitúa menos en el debate científico y más en el campo de las descalificaciones y exclusiones personales.
    En el seno de las reuniones ordinarias y extraordinarias de la Academia Nacional de Medicina se manifiestan las posiciones encontradas de algunos de sus miembros más destacados. Las diferencias que muestran Fenelón y Malanco son múltiples y en especial reflejan una crítica a la institución. El primero, en respuesta a la invitación del organismo para que realice la lectura correspondiente y presente después de su viaje a Francia “observaciones dignas de interés”, contesta que está consciente de la poca acogida que podría despertar la presentación de un método27

respecto del cual muchos de nuestros colegas tienen prevenciones infundadas, puesto que lo acusan de alguna conexión con la homeopatía;

sin embargo, señala que le hubiese gustado no aparecer en esa respetable organización “como un revolucionario escandaloso”, pues se había propuesto esperar a: “que se formara la mayoría de los socios una idea más exacta del Burggraevismo” y encontrarse presto para contribuir

con una conferencia para preparar el cambio de opinión y poder concurrir después a sus sesiones sin aparecer como disidente herético y chismático.28

    Fenelón, aún dentro del marco de la Academia, sigue mostrándose con una posición de distancia crítica hacia ésta. En la sesión de dicho organismo del 12 de enero de 1892 no sólo señala la poca importancia de la lectura ahí realizada –pues los socios “dijeron que estaban recibiendo una clase de botánica y estaban aburridos”–, sino que también hace la siguiente caracterización:

La Academia, jamás ha puesto en claro un punto oscuro de la ciencia, se concreta únicamente á exigir a sus socios, que presenten trabajos de mayor ó menos importancia, y luego, ó no les hace caso, ó bien, si los discute y estudia, es sólo por un momento, para mandarlos en seguida al Archivo y no volverse á acordar de ellos. En términos claros: la Academia es una agrupación de médicos que pierden el tiempo. Un médico de la Academia es un hombre vestido de negro que introduce sustancias que conoce poco, en un Cuerpo que no conoce.

    La actitud de Fenelón no es recibida con beneplácito por todos los miembros de la Academia. Mientras el doctor Bandera estima que la carta que propone como trabajo debe ser discutida, el médico Lavista opina que su misiva encierra “una crítica sangrienta” y la parte científica que condensa es “insignificante”. A esta última consideración se suman los doctores Gaviño y Hurtado. El último manifiesta que debería contestarse a Fenelón con frases duras, porque sus palabras son un insulto para los miembros de la organización. Sometida a votación la propuesta de lectura, se decide que el escrito no sea admitido en calidad de trabajo y por lo tanto no se dé a luz.
    Estos hechos trascienden el ámbito de la Academia y en El Universal se publica una nota señalando la actitud irrespetuosa del galeno. Fenelón aclara que su comportamiento responde al deseo de ver a la organización “más honrada y más útil” y que es conveniente modificar las costumbres académicas de México. Además, señala que:

Unos jóvenes entusiastas afiliados á la familia constituyente de la Academia Nacional de Medicina, proponen que se me dediquen frases duras; pero no creo a la Asociación que estimo, capaz de seguir tal consejo, inspirado por un amor filial demasiado entusiasta, y si lo siguiera daría lugar para creer que la nueva generación no sigue las tradiciones de cortesía que nos han transmitido nuestros antecesores.29

    El doctor Fenelón continúa con sus diferencias respecto a la Academia y las discute en ese espacio. Ante la comunicación del organismo referente a que el día 19 de diciembre tiene que realizar la lectura reglamentaria, en su carta que denomina La rutina y el arte señala que se “hacía la ilusión de que no se acordaría de un socio eclipsado, y cuyos trabajos últimos tuvieron tristísima acogida en su seno.” Se refiere a su último trabajo que daba respuesta a las proposiciones prácticas del doctor Semeleder, y que fue devuelto a su autor sin haber sido publicado debido a que el destinatario se negó a responder. Fenelón insiste en que

se huye a la discusión y se prefiere dejar a un colega, creer que sus trabajos no merecen atención a contestar sus proposiciones con objeciones fundadas. La rutina es enemiga del arte.

    Reitera que se toman recetas que vienen del exterior, sin a cada momento redoblar la atención de los enfermos, la que debería constituirse en guía de los galenos.
    En los debates que protagoniza en la Academia Nacional de Medicina se manifiesta partidario de la dosimetría y revela el resultado de su nueva experiencia curativa, a la vez que insiste en el desconocimiento que la alopatía tiene de los medicamentos y el abuso que se hace de las dosis:

En mi antigua práctica, mientras usé la quinina en dosis altas, conforme lo aconsejan algunos maestros para moderar la calentura en el tifo, he tenido que lamentar algunas muertes repentinas, al iniciar la convalecencia. Desde que, mejor informado, he renunciado a práctica tan imprudente, no he vuelto á tener tan penosas impresiones ¿No le parece a UD., apreciable colega, que esta observación merecía ser conocida y aún discutida?

    Presenta un caso de curación de paludismo a través de un método heterodoxo y solicita que sea publicado en La Gaceta Médica, sin embargo señala que ante la falta de acogida en ese órgano informativo, se le dará a luz en Medicina Científica, de la que es redactor.30 Sin duda, la po­lémica que sostiene Fenelón con los miembros de la Academia obedece a su pertenencia a otra escuela.
    Aunque las críticas de Fenelón puedan llegar a ser exageradas, lo cierto es que los expedientes de los miembros de la Academia muestran un ausentismo constante ocasionado por diversos motivos, sobre todo cuando se encuentran programadas las lecturas reglamentarias. Además del carácter rutinario que en algunos casos adquirieron las sesiones:

Como anteriormente, como ahora y como es probable siga sucediendo en el futuro había socios que poco asistían a las reuniones, quizás porque su intenso trabajo profesional no les permitía hacerlo con regularidad, otros por simple indolencia... hubo “memorias” publicadas en la Gaceta de escaso interés científico; pero un valioso nicho constituía el alma de una de las más nobles y fecundas empresas de México y numerosos de sus trabajos representan honrosas prioridades.31

    Dentro de la polémica que se desarrolla en relación con la utilización del mercurio encontraremos estas mismas posiciones enfrentadas, aun cuando la medicina homeopática tiene sólo una ligera presencia en este rubro.

EL DEBATE SOBRE LA UTILIZACIÓN DEL MERCURIO PARA LA CURACIÓN DE LA SÍFILIS

Los partidarios de la dosimetría participan en variadas discusiones sobre la enfermedad y su curación. En aquella que versa sobre la utilización del mercurio en el tratamiento de la sífilis es posible recoger el punto de vista de esta corriente basado en sus principios relativos a la prudencia de las dosis y la pureza de los medicamentos administrados.
    La mayoría de los médicos que intervienen en este debate posee un amplio conocimiento de los aportes de la sifilografía francesa y de la medicina europea en general. Sin embargo, en la polémica sobresalen algunos que no sólo muestran gran erudición, sino afiladas plumas para debatir con sagacidad. Podríamos decir que dos de ellos llevan la voz cantante e imponen el ritmo al debate: Fenelón, representante de la medicina dosimétrica y Gaviño, representante de la bacteriología. No es muy difícil distinguir los grupos que se manifiestan alrededor de la discusión: Malanco, Fenelón y Hernández, por un lado; y los miembros destacados de la Academia de Medicina, Gaviño, Altamirano, Parra, etc., por el otro.
    La aportación de la corriente dosimétrica si bien muestra un amplio conocimiento de la bibliografía sobre la sífilis, parece muy cercana a los planteamientos de Burggraeve. Este médico al referirse al mal gálico propone el tratamiento primitivo que:

...son las preparaciones que mejor se absorben. Así se darán dos gránulos de bioyoduro de un miligramo o de protoyoduro de un centígramo, de acuerdo a la edad y a la sensibilidad de los sujetos. De ordinario la administración de 5 o 6 gránulos por día es suficiente, algunas idiosincrasias son muy sensibles a las preparaciones mercuriales. La salivación no es imprescindible para obtener la cura radical. Todas las mañanas se tomarán las sales de Sedlitz, con el fin de mantener la frescura del cuerpo.32

    Al mercurio, a pesar de ser por lo menos durante dos siglos el “rey del tratamiento” contra la sífilis, se le acusa de provocar grandes intoxicaciones por su aplicación en exceso, además de las serias consecuencias que provoca en el organismo, tales como erupciones cutáneas, ulceraciones, síntomas neurológicos, hasta llegar a la muerte.33 Malanco es partidario de la utilización del metal y precisa que el límite de su empleo lo marca la resistencia del síntoma que se combate y la capacidad de absorción y eliminación del organismo en cuestión. Además, señala que todo medicamento deja residuos y hay que tomar precauciones al respecto. En concordancia con Burggraeve, para tratar la sífilis recomienda la utilización de los yoduros mercuriales y la prolongación del tratamiento hasta la curación, sin exceder la dosis terapéutica. Insiste en que la observación estricta de la proporción es imprescindible, pues el mercurio que sobrepasa la adecuada, se transforma en disolvente de sólidos y líquidos orgánicos. Da la preferencia al biyoduro, aplicado sólo o asociado al yoduro alcalino, asimismo indica que es necesario tomar en cuenta la constitución individual, pues en algunos organismos la eliminación es expedita, mientras que en otros el mercurio no se desecha con facilidad.
    En la antigüedad se pensaba que el mercurio hacía arrojar el mal humor; esto hizo que se aplicara en fumigaciones y fricciones hasta llegar a la excesiva salivación y al padecimiento de diarreas profusas. Malanco sostiene que la aplicación del mercurio es conveniente siempre y cuando se administrado en dosis precisas:

Que el mercurio produzca, pues, debilidad, languidez, anemia, caídas de dientes, algo más y mucho más, es efecto pura y simplemente de la ignorancia del que lo administra, pero no puede aducirse como argumento contra la administración correcta y científica del mercurio; la caída de los dientes, la anemia, la caquexia, fueron disparates que se produjeron en el seno de la Ortodoxia y que nos es prudente recordar.34

    Los adeptos a la corriente dosimétrica se presentan junto los homeópatas como los disidentes en el campo médico formal de la medicina mexicana, al contravenir el camino tradicional seguido por esta ciencia. Fenelón critica a aquellos galenos, representados en su conjunto por los miembros de la Academia Nacional de Medicina, que se “proponen seguir toda su vida los pasos de sus maestros y no salir nunca del carril marcado por la escuela”.35 Y señala:

Los progresistas habiendo perturbado la paz de los tradicionalistas, quienes han formado asociaciones para sostener mutuamente su apego a las ideas añejas, han cosechado la guerra; se les culpa de imprudentes, de atrevidos, de revolucionarios, y se sacrifican su fama y reputación en aras de la diosa rutina.36

COMENTARIOS FINALES

Si consideramos el estado de la medicina en México en los años en que aparece la dosimetría como una posibilidad para la terapéutica, podemos comprender el rechazo de la medicina oficial hacia esta corriente. La medicina alópata no se encuentra todavía en su estado máximo de reconocimiento, se disputa la hegemonía de su quehacer con médicos tradicionales, homeópatas y charlatanes. Un nuevo frente sólo le traería complicaciones, por ello prefieren ignorarlo y atacar a los partidarios de Burggraeve. Los nuevos dosímetros son impugnados de diversas formas en el seno de la Academia Nacional de Medicina, y así como los homeópatas los consideran perdidos para sus filas, los académicos no pueden perdonarles haber abandonado sus simpatías científicas.
    Podemos entender también el resquemor que causó en la comunidad médica la preocupación por la medicación y sus efectos secundarios. Este problema aún es vigente, el uso de remedios que causan más síntomas que los de la propia enfermedad parece ser el fantasma que ronda las camas de los pacientes moribundos que confían en las altas dosis como una o la última posibilidad para la curación.
    La dosimetría tiene una presencia activa en la medicina mexicana durante más de quince años. Constituye un cuestionamiento importante para la medicina predominante de este periodo, en particular la alópata, a la vez que llama la atención sobre las deficiencias que ésta manifiesta con respecto a la asignación correcta de las dosis, al tipo de medicamentos empleados y los efectos secundarios que provocan. Aunque su existencia haya sido comparativamente breve, merecería ser tomada en cuenta.

N O T A S

1 La dosimetría se basa en este principio para refutar la acción de los remedios y medicina alópatas que por lo general abusarían de las dosis.
2 La Medicina Científica 1, tomo I (enero de 1888) 4-7.
3 Idem.
4 Idem.
5 Ibid., 7-12.
6 La Medicina Científica 8, tomo I (15 de abril de 1888)113-125
7 La Medicina Científica 14, tomo II (15 de julio de 1889) 213.
8 Le Trait d’Union (27 de junio de 1889), El Diario del Hogar (27 de junio de 1889), El Partido Liberal (29 de junio de 1889).
9 La Medicina Científica 14, tomo II (15 de julio de 1889) 214.
10 La Medicina Científica 6, tomo I (15 de marzo de 1888) 81.
11 Presenta examen en la Escuela de Medicina de México para revalidar su título obtenido en la Universidad de París. Fondo Escuela de Medicina y Alumnos, legajo 37, expediente 17, fojas 1-5, archivo de la Antigua Escuela de Medicina.
12 Los datos biográficos provienen de una variedad de fuentes: Diccionario Porrúa, archivo de la Academia Nacional de Medicina y La Escuela de Medicina 12, tomo XIX (30 de junio de 1904).
13 El Observador Médico 10, tomo V (1 de febrero de 1880).
14 La Medicina Científica 18, tomo XI (15 de septiembre de 1898).
15 La Medicina Científica se funda en 1888, su director y fundador es el Dr. Fernando Malanco, quien abraza la medicina dosimétrica. Su comité de redacción está formado por Juan F. Fenelón, Juan D. Campuzano y Francisco Álvarez. Su primer número retoma el lema de Laboulbére: “Liberté entière de discussion, mais sincère et courtoise, ayant pour seules limites, le respect des autre et de soi même”. La Medicina Científica, Tomo I, entrega 1ª.
16 Malanco F. La Homeopatía. La Medicina Científica 6, tomo I (15 de marzo de 1888).
17 La Medicina Científica 6, tomo I (15 de marzo de 1888) 84.
18 Idem.
19 La Medicina Científica 6, tomo I (15 de marzo de 1888) 92.
20 Idem.
21 Idem.
22 Por lo general, las obras obligadas de referencia en relación a esta discusión son: Hahnemann S. Exposition de la doctrine medicale Homeopathique ou organon de l’art de guérir, traducido del alemán en su primera edición por el doctor AJL Jourdan. Cuarta edición aumentada y precedida por un comentario sobre la vida, los trabajos y la doctrina del autor, por M León Simón Père, doctor en Medicine de la Faculté de Paris de la Université de Cleveland, Ohio, miembro titular de la Société Gallicane Homeophatique de Paris, Correspondant de la Société des Sciences et des Lettres de Blois, de la Société Homeopathique Britanique de Londres, de la Société Hahnemannienne de Madrid, de l’academie homepathique de Palerme et de la de Brasil. Paris, J. B. Ballière, Librairie de L’academie Impériale de médecine, Rue Hautefeuille, 19, Londres, New York, 1856 y Dr. Burggraeve, Nouvel Organon ou instrument de médecine dosimetrique, fondé sur les faits cliniques consignés dans Le repertoire Universel de médécines dosimetique, 1885-1886, Pantec Humanine, Paris, G. Carré, Librarie Editeur, 3 rue Racine, 1894, Bruxelles.
23 La Medicina Científica, entrega 20, tomo II (15 de octubre de 1889) 313.
24 Idem.
25 Ibid., 314.
26 Ibid., 318.
27 Se refiere al método empleado para la curación de la medicina dosimétrica, sobre el cual al parecer profundiza en su última estadía en París.
28 Carta dirigida al Dr. Miguel Cordero por Fenelón, archivo de la Academia Nacional de Medicina, noviembre de 1888.
29 La Medicina Científica 6, tomo V (15 de marzo de 1892).
30 Idem.
31 Fernández del Castillo F. Historia de la Academia Nacional de Medicina, Editorial Fournier, México, df (1956) 59.
32 Burggraeve. Manuel des maladies des femmes avec leur traitment dosimetrique, auteur de la Nouvelle Méthode dosimetrique 3ª, ed. Paris, L’Institut Dosimetrique, Ch. Chanteaud et C. Rue des Francs Bourgois (1881) 71-72.
33 Quétel C. Le mal de Naples, Histoire de la syphilis, Medicine et Histoire, Seghers, París (1986) 111.
34 La Medicina Científica 1, tomo IV (1891) 8-10.
35 La Medicina Científica 1, tomo I (1888) 7-12.
36 Idem.


Rosalina Estrada Urroz, Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades, BUAP. restrada@siu.buap.mx



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