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Elementos No. 60, Vol. 12, Octubre - Diciembre, 2005, Página 59
“Luego, ¿venta es ésta?”

Noé Blancas                 Descargar versión PDF


Es quizá la única casa en México pensada exclusivamente para el lector. No lectores, sino lector: todo lector. El único lector. El que no hace sino leer; el que no aspira ni busca ni anhela ni espera otra cosa sino leer. Con los ojos y con los labios, con la nariz y con los oídos, con los dedos y con la piel. El que lee en los mercados y en los tianguis; en las paradas y en los andenes; en las cocinas y en las azoteas. El que lee como si agonizara o como si profetizara.
Es una casa. Mas sólo como lo es la casa del peregrino: punto de partida, norte, cruce de caminos. Venta a donde llegan todos de todos lados, de todas las edades, quizá para vivir allí su instante decisivo, que les merecerá la gloria o el infierno; para desanudar el nudo de todas sus derrotas, para anudar las próximas venturas –o aventuras– a otras desventuras. Invernadero de historias que se miran, se escuchan, se contemplan; que se leen, se escriben, se culminan. Donde se velan armas y se desvelan vírgenes; donde tiene lugar toda batalla, todo tránsito, todo sueño y toda pesadilla y todo recordar.
En Profética son posibles la venta del libro; el escrutinio de la biblioteca; las lecturas de claro en claro y de turbio en turbio que no secan sino irrigan el celebro; el molino de café y la batalla con los cueros de vino, siempre en cueros.
La Casa de la Lectura es una casa que alberga una biblioteca, una librería, un laboratorio de voz y un café bar; espacios que permiten todos los tipos de lectura o, mejor, todo tipo de acercamiento a los libros.
La casa de Profética, ubicada en la calle 3 Sur 701 de la ciudad de Puebla, fue construida a partir de los vestigios de otra, que fue edificada en el siglo XVII, cuando la ciudad de Puebla era sólo una utopía basada en los ideales de Santo Tomás Moro. Las voces y los libros comenzaron a habitarla durante la primera mitad de ese siglo, cuando la antigua casa comprendía también las casas contiguas de las calles 7 Poniente y 3 Sur.
Perteneció entonces al obispo de Puebla, Manuel Fernández de Santacruz, aquel que solía firmar como “Sor Filotea” para reprender a Sor Juana por su debilidad por los libros mundanos, y que algo hizo porque la monja terminara donando o dejando confiscar los más de cuatro mil volúmenes que había logrado atesorar. El obispo “Filoteo” dedicaba las rentas de la casa –que compró a su sobrino Mateo Fernández de Santacruz– al sostenimiento del Colegio de Infantes, un grupo de niños que estremecía la catedral con cantos gregorianos. La casa perteneció al Colegio de San Pedro y San Juan hasta la primera mitad del siglo XIX. Según la descripción arquitectónica hecha por Diego de la Sierra y Nicolás Castañeda en 1693, y una reseña de 1740, “la casona de la esquina de dos pisos que era la principal”, tenía siete arcos en el patio.
Tras la desamortización de los bienes del clero, José María García Bolaños se adjudicó la propiedad de la casa, en 1856. En 1882, conocida como la “Casa de la Limpia”, pertenecía a los hermanos García Robles y al licenciado Miguel Sandoval, quien destinó parte de la casa para albergar su importante biblioteca; en 1914, el propietario era el abogado Luis Lozano Cardoso; y en 1921-1925, José Soler, “tenedor y vendedor de libros”. Luego quedó deshabitada durante unos cincuenta años, durante los cuales fue convirtiéndose en ruinas, refugio de mendigos y en basurero, para transformarse después en la Casa de la Lectura, culminando así su destino libresco.
Y en las mismas paredes de antaño hay libros hogaño, en la planta alta. La profetizada biblioteca, especializada en literatura, con un acervo de más de trece mil libros –su capacidad es de cuarenta mil volúmenes–, es el eje de todas las actividades de Profética y permanece abierta al público, de manera gratuita, de diez de la mañana a diez de la noche, de lunes a domingo –es decir, no hay primero ni séptimo día. El catálogo puede ser consultado por internet en nuestra página electrónica, www.profetica.com.mx.
Existe un área infantil donde las largas mesas y el piso de madera fueron sustituidos por almohadones y una alfombra, en una invitación a tomar el libro como un juguete delicado e indestructible, íntimo y misterioso, estático y volátil.
Como se escuchan los cantos gregorianos en los monasterios, la arquitectura, sin crujías ni cerraduras, responde en esta biblioteca a la fascinación de dialogar con los pocos sabios que en el mundo han sido, de escuchar con los ojos a los muertos.
La librería, exhibe en la planta baja sus cuatrocientos metros cuadrados de área de venta y sus más de cuarenta mil volúmenes. Lo mismo que la biblioteca, posee un área infantil en la que todos los sábados se ofrece una función de cuentacuentos de forma gratuita.
También en la planta baja se halla el café-bar, donde es posible leer apaciblemente y escuchar una selección de música de todo el mundo y de todos los tiempos.
Profética, Casa de la Lectura, una asociación civil sin fines de lucro, se mantiene de las utilidades del café-bar y de la librería.
El patio es el escenario de presentaciones de libros, conferencias, lecturas, charlas, debates, funciones de cuentacuentos, cortometrajes, coloquios, congresos de literatura y otras hazañas que constantemente se realizan, y que son grabadas sin excepción por el laboratorio de voz –ubicado en la planta alta–, que cuenta ya con un banco sonoro de unas cien horas. El laboratorio también está a la disposición de quienes deseen arrendarlo.
Profética cuenta también con dos aulas donde se realizan talleres, cursos, seminarios, círculos de lecturas, conferencias; actividades todas en las que los lectores recorren su campo de Montiel, y en voz alta discuten, comparten, debaten y defienden sus lecturas con barberos y curas, vizcaínos y bachilleres: con otros lectores.
En esta venta se cruzan y funden historias y discursos, hombres y niños, donceles y doncellas, vivos y muertos, ecos y voces, tiempos y espacios. Aquí también, donde todo se compra y nada se vende, la única moneda es la lectura, pues aquí todo se lee. Las líneas de las hojas de los libros se conectan a las líneas de las duelas de los pisos, de los arcos y cornisas, de los muros y junturas de las lajas, del café no consumido. Y a las líneas de las manos. Y a estas líneas que de algún modo no lúcido, te harán huésped andante de Profética. Tu casa. La casa del Lector. De la Lectura.

bblancas@yahoo.com



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