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Elementos No. 59, Vol. 12, Julio - Septiembre, 2005, Página 3
Traduzcámonos todos

Francisco Pellicer                 Descargar versión PDF


La encrucijada de los países hispanohablantes con respecto a difundir su ciencia en revistas de investigación escritas en español o hacerlo en revistas en inglés no es, nada más, un problema de estrategia cultural. El español es el tercer idioma más hablado en el orbe desde el punto de vista numérico y el primero en cuanto a diversidad de países que lo hablan. La primera opción como política editorial de algunas de las instituciones o asociaciones que hacen ciencia en estos países es publicar sus revistas en inglés. Esto implica entrar en una competencia desventajosa con los importantes nombres de la industria editorial, multinacionales y trasnacionales, que cuentan con grandes plataformas de distribución. Una segunda fase, tal vez más perniciosa, está relacionada con la forma de proceder de los grupos de poder en la ciencia –sociedades científicas que tienen sus propios órganos de difusión– y se refiere a tratar de acceder a los sistemas de indización y evaluación de impacto con lineamientos que hoy por hoy son discutibles como medidas relacionadas con el quehacer de la buena ciencia. En este sentido parece que los países que tienen la hegemonía y que finalmente imponen las reglas del juego, ponderan más los valores de competencia y penetración que los de generación sólida, parsimoniosa, integrativa y, en una palabra, epistemogénica de la ciencia.
La segunda opción está condicionada al hecho de tener difícil acceso a estos “estándares de calidad editorial” que hace que muchas de las ediciones se mantengan publicadas en español y se conviertan en el sitio de exposición de ciencia que no cumple con los requisitos para ser publicada en las revistas de impacto, con lo que se perpetúa un círculo vicioso: artículos –no necesariamente malos, sino descalificados por el sistema hegemónico– que finalmente sólo tienen cabida en estas revistas, que por no pertenecer a las corrientes principales del conocimiento, y además estar escritas en español, no merecen entrar al círculo de publicaciones de impacto, y por ende se encuentran condenados a no ser citados nunca.
¿Cómo conjurar el hechizo? Pensamos que es posible ofrecer publicaciones científicas con un alto grado de calidad académica en español. Estas publicaciones tienen, y han tenido, un papel relevante en los países de habla hispana, para cuyos lectores son una fuente muy importante de información y, en muchos casos, la única. A continuación me referiré a un fenómeno contemporáneo que puede presentar una analogía con el problema que nos ocupa. Me refiero a la paradoja que plantea el fenómeno de la globalización versus la etnia separatista, puntualizo: un mundo que es capaz de tener una red computacional y enlaces satelitales totis orbis con el fenómeno de la simultaneidad; que ha puesto en operación acuerdos de comercio entre estados y continentes; que ha facilitado el traslado físico de personas y artefactos en unas cuantas horas, a miles de kilómetros de distancia de su lugar de origen; mundo en el que las penetraciones culturales son ya un hecho cotidiano, la paradoja se presenta con las mismas etnias que han acentuado su separatismo incluso dentro de los países que las contienen, etnias que se han coalicionado para preservar sus costumbres, su cultura, y como parte fundamental de ésta, su idioma. En la globalización más furibunda la “casa” trata de preservar sus valores fundamentales, que en muchas ocasiones no están considerados como intercambiables por sus habitantes. Es pues en este contexto que se puede plantear el multilingüismo en la ciencia, con esto me refiero al respeto a la calidad e impacto emanados de publicaciones en lenguas distintas del inglés, que por derecho propio tengan atención, difusión y repercusión. “Traduzcámonos todos”. Ya la historia ha dado lecciones al respecto: desde la piedra Roseta, pasando por la biblioteca de Alejandría, o los crisoles culturales como los de Constantinopla y el de la España musulmana-judía-cristiana, que tanto aportaron a la cultura universal y especialmente a las ciencias. Terminaría diciendo que traducir y comprender es, tal vez, la mejor de las prácticas globalizadoras.


Francisco Pellicer, director de Investigaciones en Neurociencias del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente. pellicer@imp.edu.mx



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