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Elementos No. 59, Vol. 12, Julio - Septiembre, 2005, Página 29
Sergio Javier González Carlos

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Sergio Javier González Carlos ha realizado exposiciones individuales desde 1980, de entre las cuales sobresalen las efectuadas en la galería Il Diaframma en Milán, Italia; el Museo de la Ciudad de Guadalajara, Jalisco; el Museo Amparo, Puebla; la Universidad Iberoamericana GC; la Universidad de las Américas-Puebla; amén de numerosas colectivas en bienales internacionales de fotografía y arte, como: SICOF’85 en Milán, BEFU’85 en Beograasky Sajam, Yugoslavia y la XLV Bienal de Venecia, Exposición Internacional de Arte 1993, ésta última con fotografía fija y producción audiovisual basada en el concepto de Raymundo Sesma.
En fechas recientes su obra ha sido exhibida en el Museo de Artes Decorativas en Praga, en el Museo de la Universidad Nacional de Corea, en el Centre Civic Besòs en Barcelona, en el Übersee Museum en Bremen y en el Bürgerhalle Im Rathaus en Wolfsburg, Alemania; asimismo ha sido organizador activo y expositor permanente en los diez Salones Independientes de Arte Erótico, llevados a cabo en Puebla.
Sus fotografías se han impreso en revistas como Flash Art International, Flash Art en Europa, Art News, Print USA, Crítica, Elementos, entre otras.
Destacan entre las publicaciones en las que ha participado la del Museo de Escultura Contemporánea Federico Silva (en prensa); La Basílica Catedral de la Puebla de los Ángeles, UPAEP; A la luz de la Puebla, con textos de Héctor Azar; la Apología del Teatro Principal de Puebla; Viajero de Mario Benedetti; Advento-Constructio de Raymundo Sesma; Joseph Bartolí, alcaldía de Barcelona, España; Las iglesias de Puebla, UPAEP.
Ha recibido múltiples premios y distinciones, entre ellos: Primer lugar en el Tercer Encuentro de Arte Contemporáneo en Puebla, Mención honorífica en la Primera Bienal de los Ángeles, Tercer lugar y Mención honorífica en el Club Fotográfico de México, diversos premios otorgados por el Club Fotográfico de Puebla, La foto del año del Club Fotográfico 7, la Cédula Real, distinción del Gobierno de la ciudad de Puebla.
Entre los distintos proyectos de instalación y multimedia que ha desarrollado pueden citarse los realizados en Chichén Itzá,Yucatán, y el del Castillo de Chapultepec en la ciudad de México. yavyer@yahoo.com.mx


LA VIDA EN EL ESPEJO

La egolatría, o el simple interés por estampar una imagen autoidentificatoria, no son las motivaciones exclusivas que dan origen al género del autorretrato. A lo largo de la historia del arte, los artistas han empleado sus propios cuerpos y rostros para conformar otros discursos. En el pasado encontramos los autorretratos de Rembrandt, descubriendo en ellos un muestrario de sensaciones, estados de ánimo y etapas vitales. En la actualidad, pintores como Lucian Freud, ostentan semejantes intereses expresivos. Retratan la psique y sus estados, y con ello, no sólo la propia, sino la de cualquier ser humano.
Se dice que la universalidad se alcanza a través de la profunda introspección del sujeto y, por supuesto, con el consenso público que dicha labor genera; que el espectador llegue a reconocerse en el autor, es un ideal codiciado por muchos creadores.
El trabajo reciente del fotógrafo y artista plástico Sergio Javier González Carlos evidencia tal anhelo, y para ello hace uso de sus propios recursos técnicos y materiales. Él utiliza espejos como papel fotográfico, donde queda impresa la imagen; en este caso, su imagen. Es particularmente elocuente el tipo de espejos que emplea, tan comunes (de botiquín de baño, usados y reutilizados) que podrían ser el propio, o el del vecino, o el de la casa de nuestros parientes y amigos, o enemigos. Se convierte en Espejo-Símbolo, que no es un espejo anónimo y estéril, sino “el-espejo-de-todos”, con el que más contacto tenemos a diario, para bien o para mal. “Miro el espejo y veo tu rostro”, podría ser la ecuación dulzona que resuelve estas piezas, y que funciona por igual tanto para el espectador como para el autor. Es una obra impresionante por su bien logrado equilibrio entre la ejecución técnica y la intensidad expresiva.
Como Javier González es un creador ávido, no se conforma con la mera reflexión en el espejo, de ahí que busca transportarlo. En sus primeras piezas, el espejo se revela como un límite espacial infranqueable para el autor y el espectador. Esto se percibe en el contacto de algunas partes del cuerpo del autor con el propio espejo; evidentemente, nuestras manos y cuerpo encuentran la misma resistencia al contacto con el espejo. Pero en nuevas piezas, Javier González emplea imágenes de su rostro y cuerpo impresas en láminas transparentes adheridas a cristales enmarcados a modo de ventanas, en las cuales, el espectador puede traspasar con su mirada al propio autor e interactuar con el espacio de fondo. Como espectador, nos identificamos entonces con la levedad fantasmal que adquiere el fotógrafo, así como también con la mirada anónima de los rostros tras la ventana.
En plena efervescencia creativa, Javier González va ampliando sus recursos plásticos, unificados en su mayoría por la imagen de sí mismo en distintas etapas de su transcurrir vital. Destaca en este sentido la reinterpretación hecha a uno de sus autorretratos juveniles.
El discurso humanista-existencial que Javier González emplea es valioso en este tiempo –en el que el localismo y el subjetivismo en el arte, son vistos con reservas– y se ubica a contracorriente de los discursos globales sustentados por los curadores en turno y engrosados por filones de creadores manieristas.
Personalmente creo que la obra de este autor es netamente contemporánea porque refleja la tensión experimentada tanto por los creadores como por el ciudadano común: la tensión entre asumir un proyecto existencial propio y el anhelo de reconocimiento en “el otro”, corriendo el riesgo de quedar atrapado en el intento.

Martín Peregrina, artista plástico



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