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Elementos No. 59, Vol. 12, Julio - Septiembre, 2005, Página 23
La lógica y la comprensión del lenguaje

Luis Estrada González                 Descargar versión PDF


Muchas de las discusiones más interesantes en la filosofía contemporánea están relacionadas con las llamadas “oraciones de acción”. Éstas ocupan un lugar muy importante en los planteamientos en lógica, en filosofía de la acción y en filosofía de la mente. Uno de los problemas que suscita este tipo de oraciones es el saber cuál es su forma lógica, pero –independientemente de cuál sea la respuesta correcta– autores como Donald Davidson opinan que la aclaración de la forma lógica de dichas oraciones mostraría que “[…] el significado de las oraciones […] depende de su estructura.”1 Por otro lado, hay autores como Strawson quienes sostienen que la comprensión de este tipo de oraciones, y de todo el lenguaje en general, se realiza gracias a la comprensión del lenguaje mismo, no al conocimiento que pueda tenerse de la lógica o la forma del lenguaje, y que la lógica y las teorías basadas en ella no son capaces de ofrecer por sí mismas una teoría satisfactoria de la comprensión. En este trabajo confronto ambas posturas para mostrar cómo sus respectivos puntos fuertes pueden utilizarse para una nueva teoría de la comprensión del lenguaje.

Las oraciones de acción

La comprensión del lenguaje es un tema complicado y puede ser abordado desde diferentes puntos. En el aspecto aquí estudiado, la comprensión del lenguaje resulta problemática cuando se discute cómo es reconocible la validez de las implicaciones que involucran a oraciones modificadas adverbialmente. Si bien resulta claro el reconocer que una oración modificada adverbialmente implica a cualquier oración que se obtenga privando de uno o más modificadores adverbiales a la primera oración, no queda del todo claro cómo han de ser simbolizadas las inferencias que cotidianamente consideramos válidas.
Para entender mejor el problema de poder encontrar la forma lógica de estas oraciones, considérese la oración (1) “Juan besó a María cuando estaban en el jardín a medianoche”. Parece ser que de ella pueden inferirse correctamente las siguientes oraciones:
(2) “Juan besó a María”
(3) “Juan besó a María cuando estaban en el jardín”
(4) “Juan besó a María a medianoche”
(5) “María fue besada por Juan”, etcétera.
Sin embargo, no hay un consenso entre los lógicos acerca de cuál es la manera de simbolizar este tipo de oraciones para que resulten todas las inferencias que se hacen “naturalmente” en el lenguaje ordinario.2
Davidson propone una manera especial de simbolizar (1) admitiendo la existencia de “eventos” o “sucesos” para que sean válidas, en un cálculo cuantificacional, las inferencias (2)-(5) y las demás oraciones relacionadas.3 Esta propuesta es particularmente importante para Davidson porque está vinculada directamente con su teoría del significado. Él dice que una teoría satisfactoria del significado debe realizarse “ampliando” la concepción tarskiana de la verdad4 ya que, según Davidson, la teoría del significado no consiste en suministrar una explicación del significado de palabras individuales, sino en analizar la estructura de las oraciones. Opina que no se requiere una teoría para dar el significado de “bueno”, pero que es preciso analizar la estructura de, por ejemplo, “Bardot es una buena actriz” al explicar por qué esta última oración no es equivalente a “Bardot es buena y Bardot es actriz”, no obstante, por qué “Bardot es una actriz francesa” sí es equivalente a “Bardot es francesa y Bardot es actriz”. Lo que Davidson propone es que dar el significado de una oración es proporcionar sus condiciones de verdad. Aquí es donde la propuesta de Davidson tiene semejanza con el programa tarskiano: una oración S que describa la estructura de alguna oración es T si y sólo si p. El único predicado T que cumple esta condición es un predicado de verdad materialmente adecuado. Usando el ejemplo dado anteriormente, Davidson diría que la emisión (serie de sonidos o inscripciones) “Juan besó a María cuando estaban en el jardín a medianoche” es verdadera si y sólo si cumple con las condiciones en la cual es verdadera la emisión “Hay un evento que fue un beso de Juan a María y ese evento ocurrió en el jardín y ese evento ocurrió a medianoche”. Según Davidson es gracias al cumplimiento de la condición especificada anteriormente que puede darse la “productividad semántica”, esto es, la capacidad que los hablantes tienen para producir y comprender oraciones que nunca han oído, pues formularían oraciones nuevas respetando el esquema según el cual son verdaderas.5

Strawson y la “explicación adverbial”

Ante cierto descontento con el modelo davidsoniano, el filósofo inglés sir Peter Frederick Strawson intenta dilucidar cómo es que comprendemos, o “captamos” el significado de oraciones y las inferencias obtenidas a partir de ellas. Strawson dice que no comprendemos las oraciones gracias a la aplicación del cálculo cuantificacional o al conocimiento de su forma lógica. Más todavía, que no necesitamos del cálculo cuantificacional para poder comprender oraciones y realizar inferencias válidas. Strawson asegura que el problema que suscitan las oraciones de acción, entre otros, demuestra que el programa que intenta reducir la gramática del lenguaje ordinario a la de la lógica está condenado al fracaso anunciado por el dictum strawsoniano, hoy lugar común en la filosofía, “[…] el lenguaje ordinario no tiene una lógica exacta.” 6
Strawson comenta que el conocimiento de la lógica, ya sea implícito o explícito, no es una condición necesaria para la comprensión del lenguaje, ya que la mayoría de la gente no sabe lógica y comprende y realiza las inferencias: postular un conocimiento implícito es, dice, una hipótesis “misteriosa” e “inverificable”.7 Luego añade que dicha comprensión puede llevarse a cabo atendiendo solamente a la “superficie del lenguaje”, esto es, que el manejo de ciertas partes del lenguaje permite la comprensión de otras partes. Por ejemplo, para reconocer la equivalencia entre “Juan besó a María cuando estaban en el jardín a medianoche” y “Hubo un evento que fue un beso de Juan a María y ese evento ocurrió en el jardín y fue a medianoche” hay que admitir, expresa Strawson, que comparten los mismos elementos semánticos (porque es una verdad semántica que todo beso es un evento y que todo evento ocurre en algún lugar y en algún momento, aunque esto no se haga explícito en el lenguaje ordinario).8
Strawson llama “explicación adverbial” a esta manera de explicar la comprensión como independiente de la lógica. Concretamente, lo que Strawson no está dispuesto a aceptar es que el conocimiento del cálculo cuantificacional sea una condición para la comprensión del lenguaje 9,10 ni que podamos efectuar las inferencias gracias a que de alguna manera “captamos” su verdadera forma lógica. Cuando mucho, agrega, puede considerarse que las oraciones e inferencias ordinarias son equivalentes a las oraciones e inferencias parafraseadas, pero que en todo caso el reconocimiento de esa equivalencia se realiza gracias a que sabemos que ambos tipos de oraciones e inferencias constan de las mismas relaciones entre los mismos elementos semánticos (sujetos y objetos de verbos intransitivos, etc.) y que ese conocimiento es el conocimiento del funcionamiento y del uso del lenguaje ordinario, no de la lógica.11
El punto que me interesa resaltar en este trabajo es que Strawson puede tener razón en su manera de explicar la comprensión de las oraciones y de las inferencias que se hacen con ellas. Sin embargo, eso no le quita el mérito al intento de Davidson ni al de los teóricos que están de acuerdo con la afirmación de que el significado de las oraciones depende de su estructura. Por ejemplo, Strawson afirma que la equivalencia entre “Juan besó a María” y “Hubo un evento que fue un beso de Juan a María” depende únicamente de los elementos semánticos de las oraciones mismas: son equivalentes porque comparten los mismos elementos semánticos. No obstante, oraciones como “Claudia está a la derecha de la silla en el jardín a medianoche” y “La silla está a la derecha de Claudia en el jardín a medianoche” son incompatibles a pesar de que comparten los mismos elementos semánticos: “Claudia”, “silla”, “en el jardín”, “a medianoche”, “estar a la derecha de”. Para decir que en realidad no comparten los mismos elementos semánticos, esto es, para distinguir entre “Claudia está a la derecha de la silla” y “la silla está a la derecha de Claudia” hace falta apelar a la sintaxis, a la manera de ordenar los elementos semánticos: la “forma”.12 Pero, ¿cómo puede decirse al mismo tiempo que el significado de las oraciones depende de su estructura, como sostiene Davidson, y que la comprensión de esas mismas oraciones no implica el conocimiento de ella (el conocimiento del cálculo cuantificacional), que sería lo correcto del planteamiento de Strawson?

La lógica y la comprensión del lenguaje

Ya alguna vez Bertrand Russell señaló que Strawson solía confundir problemas ya distinguidos o claramente discernibles. Creo que en este caso también es así. Un problema es el de la forma lógica de las oraciones y otro es el de la comprensión de esas oraciones. Ese es un punto a favor de Strawson. Pero el punto importante es a favor de Davidson. Si bien puede ser cierto que comprendemos las oraciones sin saber cálculo cuantificacional, parece poco plausible que esas oraciones no tengan una forma lógica. ¿Por qué? Porque pueden obtenerse inferencias a partir de ellas y, aunque también podamos comprender tales inferencias sin tener ni idea de que hay algo así como el cálculo cuantificacional, tales inferencias no son válidas independientemente del cálculo cuantificacional.
De esta manera es como Strawson puede tener razón en que comprendemos las oraciones gracias a la “estructura superficial” del lenguaje (el uso y el aprendizaje de elementos semánticos ordinarios) pero Davidson y otros filósofos tienen razón, aunque no señalen explícitamente esta cuestión, en que no podríamos comprender las oraciones y las inferencias sin que tuvieran cierta forma lógica y sin que entre ellas regulara la gramática del cálculo cuantificacional. Strawson también puede tener razón en que el aprendizaje de nuevas palabras se debe, en las actividades ordinarias, únicamente al uso de los elementos del lenguaje ordinario, pero parece poco plausible que se dé el significado de una nueva palabra sin con ello garantizar de alguna manera que hay condiciones que aseguren la verdad de la equivalencia de significados enseñada. Ello no quiere decir que los hablantes tengan un dominio “implícito” de la lógica, pero sí quiere decir que la estructura del lenguaje ordinario no es y no puede ser contraria a la de la lógica.13 De esta manera, lo correcto sería afirmar que el lenguaje tiene una forma lógica más que decir que los hablantes tienen un dominio implícito de la lógica, ya que Strawson señala acertadamente que atribuir un dominio implícito a los hablantes es invocar algo “misterioso” e “inverificable”.14 Además, un conocimiento implícito no es lo mismo que tener la capacidad de aprender algo. Los hablantes no tendrían un conocimiento implícito de la lógica, sino que tendrían la capacidad de aprenderla para poder encontrar la forma lógica que tiene el lenguaje. Quizá una buena manera de entender la tesis davidsoniana que afirma que el significado de las oraciones depende de su estructura sería decir que la forma lógica de las oraciones es una condición necesaria para el significado. Sin embargo, no sería suficiente porque, como es sabido, dos oraciones pueden tener la misma forma lógica, pero distinto significado15 y, recogiendo el aporte importante de Strawson, las diferencias de significado surgen en contextos específicos de uso del lenguaje.
El proyecto davidsoniano de brindar una teoría semántica partiendo de la forma lógica del lenguaje ordinario todavía no ha sido logrado. Davidson mismo señala que aún falta investigar la forma lógica de enunciados contrafácticos, subjuntivos, enunciados de probabilidad, enunciados causales, adverbios, adjetivos atributivos, términos de masa, verbos de creencia, de percepción, de intención y de acción. Además, como se indicó más arriba, parece que la sola investigación de la forma lógica del lenguaje no puede brindar una teoría satisfactoria del significado y la comprensión. Por ejemplo, siguiendo algunas sugerencias de Strawson, Dummett critica el modelo davidsoniano del significado en sus puntos más importantes.16, 17 La teoría alternativa presentada por Putnam es mucho mejor y, quizá, definitiva. Sin embargo, la noción de “forma lógica” manejada por Davidson es muy importante porque los hablantes podrían comprender algo falso, pero no algo ilógico. En ese sentido la propuesta de Putnam presupondría la noción de forma lógica, mas no las de “significado”, “verdad”, etc., nociones que habían sido el blanco de las críticas de Dummett. Estos autores tienen razón en indicar que para dar una teoría completa de la comprensión hay que atender a muchas más nociones que la de “verdad”, por ejemplo, las de “intención (de comunicar)”, “uso”, “funcionamiento”, “éxito (en la comunicación)”, entre otras. Estas consideraciones merecen ser señaladas, pero indudablemente requieren de un trabajo independiente para desarrollarlas con todo detalle.

NOTAS

1 Davidson D. “The logical form of action sentences” en Essays on actions and events, Oxford University Press (1980) 133-187.
2 Los estudios clásicos acerca del tema son, además de los de Davidson, los de Anthony Kenny (Davidson le otorga a él el crédito de haber sido el primero en señalar el problema de las oraciones de acción) en Action, emotion and will, Routledge and Kegan Paul, London (1963); Hans Reichenbach, Elements of symbolic logic, Macmillan Co., New Cork (1947); Roderick Chisholm, The descriptive elements in the concept of action, Journal of Philosophy 61 (1964) 613-624 y The ethics of requirement, American Philosophical Quarterly 1 (1964) 1-7.
3 La propuesta de Davidson consiste en considerar a los sucesos o eventos como entidades cuantificables de la misma manera en la cual se cuantifican mesas, personas, caballos, etc. Como puede verse, el problema de las oraciones de acción involucra también problemas ontológicos. Particularmente creo que Davidson peca de “sobrepoblar el universo” pues quizá los “sucesos” puedan reducirse a relaciones entre objetos. Además de esto, creo que su simbolización adolece de problemas no menores que el de la poliadicidad variable. Sin embargo, estas cuestiones merecen tratarse en un trabajo independiente.
4 El proyecto de Davidson sería una ampliación del tarskiano porque las condiciones y la definición de Tarski sólo fueron propuestas para los lenguajes formales. Tarski siempre se mostró escéptico acerca de la posibilidad de dar una definición de verdad para los lenguajes ordinarios que fuese “materialmente adecuada” y “formalmente correcta”, primero, porque los lenguajes ordinarios son sus propios metalenguajes y, segundo, porque los lenguajes ordinarios están en crecimiento (no son especificables). El optimismo de Davidson se basa en los logros de Chomsky y de la lógica en general.
5 Davidson D. “Truth and meaning” en Martinich AP (ed.), The philosophy of language, Oxford University Press (2001) 98-109.
6 Strawson PF. “On referring” en Linsky L (comp.), Essays on sense and reference, Chicago University Press, 165.
7 Strawson PF. Sobre la comprensión de la estructura de nuestro lenguaje en Libertad y resentimiento, Paidós, Barcelona (1999) 183.
8 Strawson PF. “Meaning and understanding. Structural semantics” en Analysis and metaphysics, Oxford University Press (1992) 97-108.
9 Strawson PF. Sobre la comprensión de la estructura de nuestro lenguaje en Libertad y resentimiento, Paidós, Barcelona (1999) 181-189.
10 Strawson PF. “Meaning and understanding. Structural semantics” en Analysis and metaphysics, Oxford University Press (1992) 99-108.
11 Strawson PF. Sobre la comprensión de la estructura de nuestro lenguaje en Libertad y resentimiento, Paidós, Barcelona (1999) 185-189.
12Juan Francisco Orea Retif me señaló esta cuestión, simplemente me he limitado a generalizarla a cualquier tipo de elemento semántico.
13 No tengo lo que considero un argumento contundente para demostrar que ningún lenguaje puede ser contrario a la lógica, pero me remito al desafío wittgensteiniano y davidsoniano de construir un lenguaje “ilógico”: no podría saberse si un lenguaje ilógico es un lenguaje.
14 Strawson PF. Sobre la comprensión de la estructura de nuestro lenguaje en Libertad y resentimiento, Paidós, Barcelona (1999) 183.
15 Por ejemplo, la forma de “Juan camina” y “Claudia baila” es la misma, Fx, pero sin duda son oraciones diferentes.
16 Dummett M. “Frege’s distinction between sense and reference” en Truth and other enigmas, Duckworth, London (1978) 116-144.
17 Dummett M. “What is a theory of meaning?” (I) en Guttenplan S (comp.), Mind and language, Oxford, Clarendon Press, 97-138.

Luis Estrada González, Facultad de Filosofía y Letras, BUAP. loisayaxsegrob@hotmail.com



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