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Elementos No. 58, Vol. 12, Abril - Junio, 2005, Página 63
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CUANDO ORESTES MUERE EN VERACRUZ
MARÍA STEN
UNAM, FCE, MÉXICO, 2004


José Luis Ibáñez comenta:

"[…] Para todo lector el acceso a laberintos en que se internan obsesivos antropólogos y críticos armados de erudición, aquí es siempre inmediato y propicio. El conocedor, el ya instruido y devoto, muy pronto reaccionará ante el paralelismo que María Sten propone y vigila; saludablemente pondrá en duda y debatirá las contraposiciones y similitudes entre lo trágico aristotélico y lo ritual ceremonioso de una Prehispania que la autora circunscribe en busca de "otro" sentido y "otros" funcionamientos. Todas las imaginaciones agradecerán las delicias de un viaje que Teseo no gozó; el honor de compartir un continuo entrar y salir con destreza por laberintos que (sin la guía de María Sten) son tan "arduos" como los que soñaba Borges. De Borges tomó también su imagen de "un ávido cristal" y con ella caracterizó la noble disposición de todo el libro, su intención de sostener a quienes van y vienen por entre los dos extremos: el simbólico nombre de un distante Orestes y las sonoras y sugestivas sílabas de un destino que aquí se llama Veracruz.

Doble y simultánea visión de culturas distintas, doble y simultáneo examen de contradictorias percepciones; vaivén de discusiones y proposiciones de lectura y, para cada paso indeciso, para cada cotejo en alguna oscuridad –por espesa que ésta fuese–, luces providenciales. Y ante curvas y cumbres peligrosas, una transportación bien coordinada y puntual."




EXCESO Y DONACIÓN.
LA BÚSQUEDA DEL DIOS SIN DIOS
ÓSCAR DEL BARCO BUENOS AIRES,
BIBLIOTECA INTERNACIONAL MARTÍN HEIDEGGER, 2003


Pensar en el espacio dejado por la “muerte de Dios” entendiendo como debe ser, ente, razón, voluntad, bien. La muerte del dios de la metafísica, del dios expropiado por las religiones y las iglesias, ha dejado lugar a la búsqueda del dios-sin-Dios, como doble genitivo, lo que se busca y lo que no se busca. La búsqueda de un dios-que-no-es-Dios, o que está, si fuera posible a hablar así, más allá de Dios. Un dios que aún no tiene nombre, que no puede tener nombre porque excede de todo concepto, toda imagen y toda palabra. Es este dios sin embargo, el que se (y el que “se”, supera infinitamente toda subjetividad) busca, sin que haya nadie que busque y que haya nada buscado. Precisamente esta búsqueda absurda y sin fundamento (en-abismo) es lo que se llama dios-sin-Dios. Una paradoja, pues se habla de lo que no se puede hablar, y eso de lo que no se puede hablar se convierte en el texto, en lo más digno de hablar, precisamente por ser imposible. Lo imposible es, sin ser, lo que llamamos absoluto, y lo absoluto se contradice desde que se nombra. No hay lengua que pueda decir eso, ni oreja, si lo dijera, que pueda escucharlo. Y si este libro dice algo, lo dice, verdaderamente, en lo que no se dice, no porque quiera ocultarlo sino porque no puede decirlo. Es lo más simple y, al mismo tiempo, lo más extraño. Los que entren en él, como dice el gran poeta, abandonen toda “esperanza”.




SPINOZA Y EL AMOR DEL MUNDO
DIEGO TATIÁNALTAMIRA,
ARGENTINA, 2004


Spinoza, depositario de una cultura trágica cuya lucidez desgarrada es la de los exiliados, los perseguidos, los despreciados, y luego misteriosamente excomunicado, puesto fuera de la comunidad, nos interpela quizás hoy más que nunca.Seguir escuchando a Spinoza significa, tal vez, tomar nota de un pensamiento radical que tiene el despojo y el desamparo por condición; hacer uso de la filosofía para el desierto que a pesar de todo –o por todo– no prescribe en ningún caso un desinterés por el mundo de los hombres ni justifica jamás una renuncia del pensamiento.Siempre que se quieran comprender los misterios de la libertad y de la esclavitud, Spinoza estará allí, planteando las preguntas correctas y enseñando a la vez la sospecha y la confianza, el deseo y la calma, la vida desatemorizada y la prudencia.Ahí está su modernidad para desvanecer cualquier patetismo político y denunciar como mera impotencia las cláusulas nihilistas, cualquiera sea su signo, para enseñarnos, ante todo, a no confundir el amor del mundo con una glorificación de lo existente.



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