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Elementos No. 57, Vol. 12, Enero - Marzo, 2005, Página 54
Armas, gérmenes y acero, un gran avance en la teoría de la ciencia

Mauricio Schoijet                 Descargar versión PDF


Guns, germs and steel: the fates of human societies de Jared Diamond (Norton, 1997) es un libro extraordinario. Es sabido que las especulaciones filosóficas que buscaban encontrarle un sentido a la historia comenzaron en el siglo XVIII con filósofos idealistas como Vico, Herder y Hegel. En la actualidad difícilmente podemos aceptar ideas vagas como la de que una sociedad domina a otras porque tiene más conciencia de sí. En ese siglo también apareció la gran obra de Montesquieu sobre El espíritu de las leyes, en la que se describían diversos modos de gobierno en varios países y épocas y se esbozaba un determinismo geográfico, es decir, la idea de que factores físicos como el clima y el suelo influían sobre las formas políticas de diferentes sociedades. A mediados del siglo siguiente y principios del XX, Herbert Spencer y Francis Galton trataron de integrar una teoría de la sociedad con la biología, planteando la inferioridad biológica de los socialmente inferiores e intentando explicar la sociedad desde una teoría de la herencia que hoy sabemos errónea. A partir de las ideas de Galton se formuló una seudociencia, que sirvió para fundamentar teóricamente al racismo que acompañó a la expansión imperialista sobre Asia, África y América Latina.

El materialismo histórico tal como fue expresado por Marx y Engels es una parte esencial de una teoría de la historia, pero se refiere sólo a las sociedades de clase. No da respuesta a una pregunta fundamental, la de la manera en que diversas etnias fueron pasando de ser sociedades sin clases a sociedades de clases, caracterizadas además por la existencia del Estado. En su Origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, Federico Engels responde parcialmente, inspirado en la obra del antropólogo estadounidense Lewis Morgan, al plantear que el auge de la familia patriarcal, de la propiedad privada y del Estado está ligado al crecimiento de las fuerzas productivas, y por consiguiente a la posibilidad de acumular bienes.


Hay también una teoría hidráulica de formación del Estado, propuesta por Karl Wittfogel, según la cual el Estado habría surgido por la necesidad de tener un grupo especializado en la construcción y mantenimiento de obras de riego. Además de que hubo sociedades en que surgió el Estado sin que se construyeran obras de este tipo, Diamond niega que haya sido el caso en las que sí lo hicieron, ya que los datos arqueológicos sugieren que las obras hidráulicas fueron construidas mucho tiempo después de la formación de los Estados. En el siglo XX hubo considerables avances en el esclarecimiento de varias temáticas dentro del materialismo histórico, por autores como Antonio Gramsci, Louis Althusser y Nikos Poulantzas, pero éstos se refieren a las sociedades de clase. Además se escribieron libros de historia claramente inspirados en esta corriente, por ejemplo los de Christopher Hill y E.P. Thompson. Pero no hubo adelantos importantes en lo que se refiere a la transición a las sociedades de clase, hasta que apareció el libro de Jared Diamond. Éste no solamente representa un gran salto adelante en la construcción de una teoría de la historia, sino que constituye un progreso en la integración de las ciencias, puesto que muestra la influencia de las condiciones naturales, es decir, biogeográficas, en la constitución de las sociedades de clase. Es también un demoledor alegato contra el racismo. En tanto que en el ámbito académico hay pocos defensores abiertos del racismo, la historia, tal como la han escrito hasta ahora los historiadores, no es incompatible con una interpretación racista. Ésta supone que los europeos tendrían una esencia que los habría hecho más dispuestos al desarrollo del conocimiento y de las innovaciones tecnológicas, lo que les permitió no solamente “descubrir” a América y Australia sino someter a los aztecas, incas y africanos y colonizar los vastos territorios ocupados por etnias menos abiertas a la innovación. Los poco innovadores o renuentes a aceptar innovaciones generadas en otras sociedades habrían sido dominados por los innovadores. Diamond niega categóricamente esta visión, postulando que las diferencias entre civilizados y atrasados no tienen relación con ninguna característica intrínseca, sino que los innovadores fueron favorecidos por ciertas características biogeográficas que jugaron un papel determinante en el desarrollo de sus sociedades.El libro de Diamond no da respuesta a todas las preguntas, y el mismo autor acepta sus limitaciones, planteando que no presenta una teoría acabada sino sólo un programa de investigación, y que no es fácil explicar 13,000 años de historia de todos los continentes en 400 páginas. Pero sí responde a algunas cuestiones fundamentales respecto a cuáles fueron las razones por las que algunas sociedades se desarrollaron de manera más temprana; a las diferentes velocidades de difusión de varias innovaciones que tuvieron un papel principal en la historia, tales como la agricultura, la ganadería, la metalurgia, la escritura y la formación del Estado, así como de la distinta resistencia a varias enfermedades, que en última instancia permitió a algunas sociedades dominar, exterminar o asimilar a otras; y a las razones por las que algunas sociedades de formación más tardía y aisladas de otras sociedades de clase, como las de los aztecas y los incas, sucumbieron fácilmente ante la conquista española. El avance primordial habría sido la aparición de la agricultura, que produjo la sedentarización. La agricultura permite por una parte un crecimiento de la población fuera de escala con la de las sociedades de cazadores-recolectores; por otra, la diferenciación de clases, con formación de una clase de guerreros, paralela a la del Estado. La domesticación de animales no sólo permitió aumentar sustancialmente la disponibilidad de alimentos, sino que jugó un papel importante en el terreno militar, como es el caso del caballo, esencial para los ejércitos. Las sociedades agrícolas pudieron desplazar o aniquilar a los cazadores-recolectores, tanto por la fuerza del número como por contar con organizaciones para ejercer la violencia, provistas además de mejores armas, apoderándose de las tierras aptas para la agricultura y marginando a los segundos hacia áreas semidesérticas. La innovación de Diamond está en considerar los datos de la biogeografía, en cuanto a la presencia en diversas áreas geográficas de especies vegetales y animales domesticables, y los de la geografía, en cuanto a contigüidad de ecosistemas, y existencia de barreras geográficas y ecológicas a la difusión de determinados cultivos y especies ganaderas. El desarrollo temprano
de la civilización en Eurasia, a partir del surgimiento de la agricultura hace 10,500 años y de la ganadería quinientos más tarde en la Mesopotamia o Media Luna Fértil (actualmente Irak, parte de Siria y Turquía) y su posterior difusión hasta alcanzar a las Islas Británicas cinco mil años más tarde, en la misma época en que la primera aparecía en Perú, la Amazonia, Mesoamérica, y un poco después en el Este de Estados Unidos, se explican por el mayor número de especies animales y vegetales domesticables y por la colindancia de ecosistemas similares a lo largo de miles de kilómetros en Eurasia, continente que tiene un eje Este-Oeste sin barreras geográficas ni ecológicas importantes.

En las Américas no sólo había menos especies disponibles, sino que existían estas barreras, derivadas en parte de que el continente tiene un eje Norte-Sur, lo que habría obstaculizado la difusión de especies entre Mesoamérica y las regiones andinas de Sudamérica. El desierto de Sahel en Africa jugó ese mismo papel. En Australia, la gran extensión semidesértica del norte y centro impidió la difusión de la agricultura desde la gran isla de Papúa-Nueva Guinea hacia las regiones fértiles del sur. Aquellas sociedades que fueron las primeras en desarrollar la agricultura y la ganadería, fueron también las primeras en que apareció el Estado, hace seis mil años en la Mesopotamia, cuatro mil en China, dos mil quinientos o dos mil en América. Diamond incorpora además un adelanto fundamental en la integración de la historia humana con la historia biológica, que fue precedido por estudios de historiadores sobre el impacto de la conquista europea sobre la población indígena de las Américas, en términos del papel del ganado en la transmisión de enfermedades, la coevolución de humanos y microorganismos y las consiguientes hecatombes que los europeos causaron en las Américas, Australia y Oceanía al desatar epidemias de patologías a las que ellos se habían vuelto resistentes. Sobre este tema recomiendo el excelente libro de William H. Mc Neill (Plagues and peoples, Anchor Press, Garden City, New York, 1976). Por supuesto que no faltará algún historiador que pretenda descalificar al libro de Diamond considerándolo una nueva forma de determinismo geográfico. El determinismo geográfico del siglo XVIII era una forma de materialismo vulgar, pero en este caso tenemos una visión mucho más compleja: el ecosistema no es el determinante, sino su relación con otros ecosistemas y con barreras ecológicas. Diamond aplica de manera brillante varias ciencias, como la biogeografía, la microbiología, la epidemiología, la lingüística y la arqueología, en una investigación histórica de las líneas generales de la historia de sociedades que no nos dejaron documentos. El trabajo de Diamond es un caso típico de investigación transdisciplinaria, es decir, de una temática que requiere ser necesariamente abordada desde varias ciencias, hecho por un outsider que invadió de una manera sumamente exitosa el terreno de los historiadores, ya que nunca tuvo una formación escolarizada en historia. Es profesor de fisiología y además hizo investigaciones biogeográficas. Hay que mencionar que esta falta de formación se nota en el tratamiento de dos temas muy importantes, el de las razones por las cuales a pesar de contar con los medios necesarios para enviar flotas a explorar el océano Índico en el siglo XV, China nunca intentó conquistar a otros países como Indonesia, Sri Lanka o Madagascar; y el del papel del individuo en la historia, que trata en unas pocas páginas en el epílogo. Diamond atribuye el desinterés de los chinos a factores coyunturales, sin incluir elementos históricos, excepto la existencia de luchas por el poder en la corte imperial. Por razones aún no aclaradas, China experimentó un proceso de decadencia, y creo que habría que estudiar la historia china con más detalle para encontrar una explicación más plausible.El tratamiento del papel del individuo en la historia se centra en la actuación de Hitler, y es más que desconcertante. Parece desconocer completamente la obra de Georgi Plejanov, quien escribió un importante ensayo sobre este tema. Pero además, Diamond no menciona para nada la historia europea anterior al ascenso de Hitler al poder. ¿Pudiera ser que considera que esta historia previa no tiene mayor importancia, que el régimen nazi y la Segunda Guerra Mundial se explican solamente por la perversidad y carisma de un personaje en particular, y que ni el triunfo de la Revolución Bolchevique en Rusia, ni la frustrada revolución proletaria en Alemania en 1918-23, ni la histeria que la primera revolución desató en la burguesía de muchos países hubieran tenido ninguna relación con el auge del fascismo? Cae en una forma de irracionalismo desenfrenado, totalmente contradictorio con las cuatrocientas páginas anteriores. La otra posibilidad sería que un autor que muestra un conocimiento fenomenal de las ciencias ya mencionadas sea totalmente ignorante de la historia del siglo XX. El caso de Diamond sugiere que hay un gran vacío en la práctica de los historiadores, porque si en efecto un outsider pudo hacer una contribución tan importante, fue porque éstos no estaban interesados en generar teorías totalizadoras, sino que suponían que su tarea se limitaba a analizar o comentar documentos que les permitieran describir ciertas sociedades o aspectos de éstas en determinadas épocas históricas. Es posible también que muchos se muestren escépticos ante una tentativa de tal envergadura, es probable que esto sea producto de condicionamientos ideológicos que operen como obstáculos epistemológicos cuyo efecto es limitar la búsqueda de explicaciones universales para conformarse con historias de menor alcance. Sea como fuere, Diamond ha realizado una hazaña intelectual, y tarde o temprano los historiadores tendrán que definirse sobre su validez.


Mauricio Schoijet, Departamento El hombre y su ambiente,
Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco.
schoijet@prodigy.net.mx



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