Corren
(vuelan, más bien) tiempos difíciles para la
conservación de la naturaleza. Asistimos en los inicios del
siglo XXI a momentos que pueden ser realmente críticos para
el futuro de los procesos biológicos y ecológicos
sobre la Tierra. Por un lado, se agrava tanto la intensidad como la
magnitud de los problemas ambientales que afectan a gran parte de los
sistemas de soporte vital de nuestro planeta. Por otro lado, sin
embargo, disponemos de conocimientos con los que nunca antes
habíamos contado sobre la naturaleza de tales problemas,
así como de propuestas –siquiera
parciales– para su posible solución. Es decir,
quizás sea ahora o nunca cuando debamos tomar las medidas
oportunas para resolver los problemas ambientales que nos acechan, pues
de lo contrario podría ser demasiado tarde…
La inquietud por esta situación ambiental ha llevado a que
palabras como ecología estén realmente de moda.
Y, con ella, las de su familia lingüística:
ecologismo, medio ambiente, conservación, etc. Lo que, por
una parte, podría resultar útil "a la causa" de
la naturaleza, pero, por otra, también podría
introducir confusión, si es que los términos
cuentan con varios significados. Por ejemplo, ¿es lo mismo
ecología que ecologismo; es igual ecólogo que
ecologista; qué es medio ambiente; qué es
conservación; cuáles son las similitudes y las
diferencias que hay en el significado de estos términos?
El propósito de este texto es reflexionar, desde un punto de
vista centrado en el uso del lenguaje, sobre las relaciones que hay
entre estos conceptos, para así ayudar a una
utilización adecuada de los mismos, en especial en lo
concerniente a los problemas que afectan a la conservación
de la naturaleza y su posible solución.
¿QUÉ ES LA ECOLOGÍA?
La etimología de la palabra ecología nos ayuda a
comprender su significado. En origen, el término
ecología fue un neologismo acuñado en 1866 por el
biólogo alemán Ernst Haeckel, gran inventor de
nuevas palabras. Ecología deriva del griego, donde la
raíz oikos significa casa, y la terminación logos
hace referencia al estudio de una cierta materia; en un sentido amplio,
por lo tanto, la ecología consistiría en la
economía doméstica de la naturaleza, la amplia
casa en la cual vivimos. El propio Haeckel dio una
definición más extensa en 1869; en el lenguaje de
la época, dijo así:
Por ecología entendemos el cuerpo de conocimientos referente
a la economía de la naturaleza: la investigación
de todas las relaciones de los animales con su ambiente
orgánico e inorgánico, incluyendo sobre todo las
relaciones amistosas y de enemistad con los animales y las plantas con
los que en tales ambientes entran en contacto directo e indirecto. En
pocas palabras: la ecología es el estudio de todas las
complejas interrelaciones que Darwin consideraba como condiciones de la
lucha por la existencia.
Nótese la limitación que Haeckel hacía
del término ecología al reino animal, superada a
lo largo del desarrollo histórico de la misma,
así como la relación de la ecología
con la economía.
Una definición más académica de
ecología (compilada por nosotros a partir de varios libros
de texto modernos sobre ecología1-3 ) nos dice que la
ecología es la ciencia que estudia las interrelaciones que
los seres vivos establecen con su medio ambiente. Una apostilla
interesante, presente en algunas definiciones, agrega que como
resultado de tales relaciones se modifican los patrones de
distribución y abundancia de los organismos. Un
añadido más (aunque desde nuestro punto de vista
innecesario, como veremos más adelante) completa la
definición incluyendo las relaciones que mantienen unos
organismos con otros. Así entonces, una
definición más desarrollada de
ecología (aunque para nosotros internamente redundante)
podría ser la siguiente: ecología es la ciencia
que estudia las relaciones que los seres vivos establecen entre
sí y con su medio ambiente, resultado de las cuales se
modifican sus patrones de distribución y abundancia.
Así pues, no cabe duda de que entre todas las disciplinas de
las ciencias biológicas, la ecología es la
más heterogénea y la de mayor amplitud.
Figura 1.
Los
sistemas ecológicos se establecen sobre diferentes tipos de
estructuras y procesos, ordenados de modo jerárquico. Esta
jerarquía va desde la escala mas pequeña, que
afecta a los organismos y sus relaciones con el medio ambiente
inmediato, hasta la escala mas amplia, que aplica a la
biósfera, un sistema de máximo rango que engloba
a todo lo demás, pasando por las escalas intermedias de
sistemas como poblaciones, comunidades y ecosistemas.
Durante un tiempo el uso de la palabra ecología estuvo
limitado al área de conocimiento científico al
que hizo referencia Haeckel. Es decir, la ecología era
practicada por los ecólogos (y decimos "los" conscientes de
la escasez manifiesta de ecólogas en la época;
algo que, afortunadamente, ya no es así). Sin embargo, la
segunda mitad del siglo XX asistió a la
popularización del término ecología,
lo que implicó hasta cierto punto su
desvirtualización, con la inclusión de
significados no contemplados en su acepción original. Hoy en
día, no es raro escuchar o leer en los medios de
comunicación frases a favor de la ecología, o
incluso en defensa de la ecología… como si la
ecología estuviera amenazada o, aún peor, en
peligro. Tanto es así que, en su vigésima segunda
edición, el Diccionario de la Real Academia
Española (de aquí en adelante, DRAE;
consúltese, por ejemplo, su versión en Internet:
http://www.rae.es/) contempla tres acepciones del término
ecología, a saber: 1. Ciencia que estudia las relaciones de
los seres vivos entre sí y con su entorno; 2. Parte de la
sociología que estudia la relación entre los
grupos humanos y su ambiente, tanto físico como social, y 3.
Defensa y protección de la naturaleza y del medio ambiente.
Es más, como ejemplo del último significado, el
DRAE incluye la frase siguiente: "La juventud está
preocupada por la ecología…" Sin embargo, no es
lógico pensar que las siguientes frases, relativas a otras
ciencias, tengan un significado pleno: la juventud se
movilizó para defender a la física
subatómica, o hay que defender la astronomía de
largo alcance, o unámonos para luchar por las
matemáticas aplicadas…
FIGURA 2.
Hay, por lo menos, cinco
aproximaciones
diferentes que se pueden emplear en los estudios ecológicos.
Cada aproximación se enfoca sobre un nivel diferente de la
jerarquía ecológica comentada en la Figura 1, a
pesar de que se mantienen relaciones de unión entre las
distintas aproximaciones, conectando así los diferentes
planos del conocimiento científico.
Esta multiplicidad de significados puede inducir a
confusión. Está claro, a la vista de lo ya
expuesto, que es la primera de estas acepciones la que hace referencia
a la ecología como disciplina científica
encargada del estudio de las interacciones que se dan entre los
organismos y su medio ambiente. En efecto, los organismos se
estructuran en una jerarquía creciente de complejidad
biológica en poblaciones de la misma especie, en comunidades
de distintas especies, en ecosistemas completos a una escala
aún mayor, en paisajes, biomas, etc. (Figura 1). Las
preguntas que busca responder la ecología varían
conforme lo hace el sistema ecológico de
interés.3 Así, por ejemplo, la
ecología de organismos tiene que ver con los modos y maneras
en los que éstos reaccionan ante los retos que supone el
medio ambiente, y su variación tanto en el espacio como en
el tiempo, centrándose en el estudio de las adaptaciones.
Por su parte, la ecología de poblaciones se orienta
básicamente al estudio de las dinámicas de cambio
a lo largo del espacio y del tiempo de los patrones de abundancia de
las especies, analizando para ello las tasas de natalidad, mortalidad,
emigración, inmigración, etc. Finalmente, para
terminar estos pocos ejemplos, la ecología de comunidades se
enfoca al estudio de la estructura y el funcionamiento de las
colecciones de poblaciones de diversas especies que comparten un mismo
hábitat, incluyendo el análisis de los patrones
de diversidad biológica en y entre las comunidades (Figura
2).
FIGURA 3.
Un
modelo simplificado del funcionamiento del método
científico, mediante el cual se construyen
teorías a partir de la información disponible,
basada en observaciones, evidencias y resultados de experimentos. El
estudio de la información previa nos permite formular una
hipótesis, es decir, una suposición formal bien
razonada, comprobable y específica, de la cual emanan
predicciones que se pueden poner a prueba mediante un experimento
controlado. El análisis de la información
obtenida del experimento llevará a aceptar o rechazar la
hipótesis de trabajo de partida. En realidad, la ciencia es
un proceso cíclico, pues las conclusiones de los
experimentos suelen plantear más preguntas, que esperan
nuevas respuestas..
El análisis de estos u otros sistemas ecológicos
se realiza a lo largo de una amplia serie de escalas, que
varían tanto en el espacio como en el tiempo, todas ellas
válidas en función de los objetivos del estudio
en concreto. Por ejemplo, la variación espacio-temporal de
las poblaciones de fitoplancton se da generalmente dentro de un rango
de unos pocos kilómetros y unos pocos días,
mientras que los fenómenos de sucesión de unas
comunidades biológicas a otras después de una
perturbación se desarrollan en una extensión
espacial más o menos similar, pero a lo largo de
períodos que pueden superar los cientos de años,
pasando por los cambios cíclicos en el tamaño de
algunas poblaciones de pequeños mamíferos, como
ciertas especies de roedores, que se registran sobre superficies tan
grandes como los cientos de kilómetros, y por
períodos que están entre los años y
las décadas.
Como tal, la ecología es una ciencia, y por lo tanto sigue
el así llamado método científico. A
grandes rasgos, el método científico se basa en
la observación y la descripción de los
fenómenos naturales, que conducen al desarrollo de
hipótesis de trabajo que dan cuenta de tales
fenómenos (Figura 3). La puesta a prueba de las predicciones
emanadas de las hipótesis es una etapa necesaria del
método científico, que se realiza mediante
estudios observacionales o manipulaciones experimentales. Para ciertos
autores, la ecología no es más que la historia
natural consciente de sí misma.
En realidad, la ecología es una ciencia multidisciplinaria e
integradora, capaz de abarcar áreas del conocimiento en
biología que en principio no parecen tener ninguna
relación. Es esta multidisciplinariedad la que hace de la
ecología una ciencia rica, y en muchos casos compleja,
aunque sin duda fascinante… Es más, las
dimensiones humanas de la ecología hacen que los
conocimientos ecológicos sean hoy en día
necesarios en una sociedad que realiza un uso irracional de sus
recursos, provocan do cambios drásticos en los sistemas
ecológicos de los cuales depende la vida en la Tierra,
incluyendo nuestra propia vida. Esta faceta aplicada de la
ecología permite devolver a quienes financian los estudios
ecológicos (esto es, a la sociedad en general) una parte de
lo que ha sido previamente invertido, toda vez que ha sido transformado
en conocimiento útil.
¿QUÉ ES EL MEDIO AMBIENTE?
En la definición que hemos dado de ecología
figura un término que aún no ha sido explicado.
En efecto, ¿qué es medio ambiente? En este caso,
el DRAE acepta dos significados como válidos, a saber: 1.
Conjunto de circunstancias culturales, económicas y sociales
en que vive una persona, y 2. Conjunto de circunstancias exteriores a
un ser vivo. Obviamente, el primer significado es una
acepción muy limitada de medio ambiente, orientada al ser
humano. El segundo, aunque más amplio por su
aplicación a todo ser vivo, es igualmente restrictivo. En
realidad, el medio ambiente de un organismo no hace referencia tan
sólo a las condiciones físicas y
químicas, es decir, abióticas, presentes en el
exterior del organismo;1-3 todo ser vivo presenta también un
medio ambiente interno, determinado por el conjunto de variables
abióticas que condicionan el interior del mismo, como por
ejemplo la temperatura o el contenido de agua de los tejidos, la
presión osmótica o el pH de la sangre, o la
cantidad de oxígeno o de dióxido de carbono
disuelto en la misma.
Sin embargo, es aún más importante
señalar que el medio ambiente, interno o externo, no hace
referencia tan sólo a las condiciones abióticas
en las que se desarrolla un organismo, sino también a las
condiciones bióticas que lo condicionan, incluyendo en
él a otros organismos, y al resultado de sus relaciones con
ellos. En efecto, los seres vivos interactúan con su medio
ambiente, físico, químico y/o
biológico, dentro de sistemas ecológicos
concretos cuya magnitud se estructura conforme a la
jerarquía anteriormente comentada. Los sistemas
ecológicos constan tanto de componentes
abióticos, carentes de vida, como de componentes
bióticos, ya sean microorganismos, plantas o animales. Es
más, los seres vivos no sólo reaccionan ante las
características de su medio ambiente, sino que son capaces
de modificarlo como resultado de su propia actividad. Un buen ejemplo
de esto lo constituye el hecho de que la concentración de
oxígeno molecular presente en la atmósfera ha ido
cambiando notablemente a lo largo del tiempo geológico (de
hecho, aumentando), precisamente como resultado de la actividad
fotosintética de las plantas (Figura 4).
FIGURA 4.
Un ejemplo de cómo los
organismos pueden modificar notablemente su medio ambiente. La
concentración de oxígeno molecular presente en la
atmósfera –[O2 ] (%)–, indispensable
para la respiración de los seres vivos aeróbicos,
ha aumentado constantemente desde la aparición de las
plantas verdes sobre la Tierra. La función
fotosintética, realizada principalmente por tales
productores primarios, ha generado un subproducto, el
oxígeno, que ha cambiado el medio ambiente en el que se
desarrollaron
La etimología de las palabras viene una vez más
en nuestra ayuda. A nuestro buen entender, el significado actual de
medio ambiente está íntimamente relacionado con
la traducción y adaptación al español
del correspondiente término en inglés,
environment, que, a su vez, procede del francés environner,
cuyo significado es encerrar o rodear.4 Por lo tanto, medio ambiente
hace referencia a todas las circunstancias o condiciones que rodean a
un organismo, grupo de organismos o sistema ecológico
más amplio. Así entonces, se comprende nuestra
afirmación anterior de que una definición de
ecología que haga referencia general a las relaciones que
los organismos establecen con su medio ambiente, y referencia
explícita a las relaciones que mantienen con otros
organismos, implica sin duda una redundancia, pues esos otros
organismos están ya incluidos en la definición en
sentido más amplio de medio ambiente. En
ecología, el medio ambiente de un organismo (o, por
extensión, de un sistema ecológico de una escala
superior) es el conjunto de todas las circunstancias o
características presentes alrededor del mismo, incluyendo a
los demás organismos, sean o no de su misma especie.
Por todo ello, el estudio del medio ambiente es igualmente una labor
muy amplia y diversa, que necesita de numerosas aproximaciones
complementarias. Tanto es así que hay un cuerpo de
conocimientos, que toma forma en la actualidad, que se dedica al
estudio científico y sistemático del medio
ambiente específicamente humano, así como de
nuestro papel en él. A tal cuerpo de conocimientos se le
denomina ciencias del medio ambiente, o ciencias medioambientales. Las
ciencias medioambientales forman un área relativamente nueva
del conocimiento científico aplicado, e integran facetas
propias de las ciencias naturales con otras de las ciencias sociales,
las humanidades, la economía, la sociología, etc.
El enfoque en los estudios medioambientales se centra en el
análisis de los efectos de las actividades humanas sobre el
medio ambiente en el cual éstas se desarrollan,
así como en su impacto sobre otros sistemas
ecológicos. Esta multidisciplinariedad de las ciencias
ambientales, y su carácter integrador, permiten proponer
soluciones a los problemas detectados, lo que contrasta con los
resultados logrados desde otras aproximaciones más
teóricas.
De un modo muy resumido, algunos de los principales temas de estudio
actual en ciencias ambientales son los siguientes:4-7 1) la
gestión racional (aunque, generalmente, es irracional) de
los recursos naturales, incluyendo los alimentos, o las fuentes de
energía tradicionales y "alternativas"; 2) la
pérdida acelerada de biodiversidad que se registra durante
los últimos años a una escala global; 3) la
contaminación del aire, el agua y el suelo como resultado de
actividades principalmente industriales, incluyendo
fenómenos de máxima escala como el así
llamado cambio climático global por aumento en la magnitud
del efecto invernadero, y la destrucción del ozono
estratosférico por emisión de
clorofluorocarburos; 4) el efecto de tal contaminación sobre
la salud humana, y 5) el análisis económico de
las actividades de las sociedades humanas, y su relación con
el desarrollo humano y la sociedad del bienestar, en busca de un
"desarrollo sostenible" (o sustentable).
¿QUÉ ES EL ECOLOGISMO?
Ya antes dejamos claro nuestro punto de vista de que los significados
que el DRAE admite para el término ecología no
son todos igual de válidos. En concreto, desde nuestra
modesta opinión, la defensa y protección de la
naturaleza y del medio ambiente no deberían contemplarse
como parte de la ecología, sino del ecologismo y, mejor
aún, del movimiento de conservación de la
naturaleza, o conservacionismo. Pero entonces,
¿qué es el ecologismo? Una consulta
más al DRAE nos permite encontrar un único
significado para el término ecologismo: 1. Movimiento
sociopolítico que, con matices muy diversos, propugna la
defensa de la naturaleza y, en muchos casos, la del hombre en ella. El
ecologismo es, en efecto, una parte limitada de un concepto mucho
más amplio, como es el de conservación de la
naturaleza y de los recursos naturales.
La historia del movimiento conservacionista es muy amplia, y a lo largo
de su desarrollo se registran debates apasionantes entre puntos de
vista enfrentados con respecto a la conservación de la
naturaleza.4, 6 Es el caso de la conservación utilitaria,
simplemente pragmática, propugnada en sus
orígenes por Gifford Pinchot en los inicios del siglo XX, y
la preservación biocéntrica, con
raíces estéticas y filosóficas,
defendida por su contemporáneo John Muir. De acuerdo con los
postulados de Pinchot, la naturaleza en general, y los bosques en
particular, deberían conservarse, sí, pero no
porque resulten estéticamente bellos, o porque alberguen en
su seno criaturas silvestres del mundo natural, sino solamente porque
nos ofrecen beneficios económicos directos. Así,
el primer principio de la conservación, según
Pinchot, es el desarrollo y el uso de los recursos naturales
disponibles aquí y ahora, para el mayor beneficio de quienes
viven aquí y ahora. Por otro lado, el punto de vista de Muir
admite la validez de postulados estéticos y espirituales. Su
filosofía de conservación de la naturaleza queda
bellamente expresada en las siguientes frases:
The world, we are told, was made for man. A pre-sumption that is
totally unsupported by the facts… Nature's object in making
animals and plants might possibly be first of all the happiness of each
one of them… Why ought man to value himself as more than an
infinitely small unit of the one great unit of creation?
El mundo, así se nos ha dicho, fue creado para el hombre.
Una premisa que en absoluto se evidencia por los hechos… El
objetivo de la Naturaleza al crear a los animales y las plantas pudo
haber sido en primer lugar el bienestar de cada uno de
ellos… ¿Por qué debería el
hombre valorarse a sí mismo como algo más que una
unidad infinitamente pequeña de la gran unidad de la
creación? [Traducción del autor.]
Hoy en día, la postura del conservacionismo
pragmático de Pinchot se conoce como conservación
de la naturaleza, lo que implica el uso, es decir, la
gestión racional de los recursos naturales; mientras que el
conservacionismo bioético de Muir se denomina
preservación de la naturaleza, lo que
significaría proteger regiones naturales, lo más
vírgenes posibles, de las perturbaciones debidas a las
actividades humanas.
La historia del movimiento conservacionista es apasionante, pero no
tiene más cabida en este texto, salvo en lo que respecta al
medioambientalismo moderno, o ecologismo propiamente dicho. En efecto,
a lo largo del siglo XX, el desarrollo de industrias altamente
contaminantes, y los efectos a largo plazo de los agentes
tóxicos y nocivos emitidos a la atmósfera, las
aguas y los suelos, llevaron a ampliar el enfoque del movimiento a
favor de la conservación de la naturaleza. El
medioambientalismo propiamente dicho, que tiene sus raíces
en la obra Silent spring de Rachel Carson, y que combina una defensa
activa de la naturaleza con el uso de los medios de
comunicación de masas para la difusión de tales
acciones, o la participación en organizaciones no
gubernamentales, se popularizó en nuestro idioma como
ecologismo.
Desde nuestro punto de vista, quizás radique aquí
una parte importante de la confusión existente entre el uso
de los términos ecología y ecologismo,
incorporando metafóricamente la interacción del
medio ambiente. En efecto, la mayor parte de la difusión de
los textos científicos modernos se lleva a cabo a
través de la publicación de artículos
en revistas de carácter internacional, principalmente de
origen sajón, lo que implica que los principales avances de
la ciencia en general, y de la biología y la
ecología en particular, se han expresado utilizando la
lengua inglesa. En muchas ocasiones, incluso en publicaciones en
español se han venido empleando términos en
inglés, al carecerse aún de una
traducción aceptada por la comunidad científica;8
es el caso de fitness, life history, trade-off, etc. En
inglés, ecologist es el término que identifica a
quienes practican la ecología, es decir, a los
ecólogos y las ecólogas, mientras que
environmentalist es el término adecuado para los
practicantes del ecologismo (también llamado
medioambientalismo), es decir, a los y las ecologistas. A nuestro
entender, una traducción libre, sin duda fácil,
pero completamente errónea, de ecologist por ecologista, y
no por su verdadero significado de ecólogo o
ecóloga, ha llevado a que la confusión crezca.
Según el DRAE, la única definición de
ecólogo o ecóloga es: 1. Persona que cultiva la
ecología. Ahora bien, igualmente de acuerdo con el DRAE, hay
dos significados para el término ecologista: 1. Que propugna
la necesidad de proteger la naturaleza, y 2. Persona que es partidaria
de la defensa ecológica. Si aceptamos como válido
el tercer significado que el DRAE admite para el término
ecología, esto es, la defensa y protección de la
naturaleza y del medio ambiente, vemos que estas actividades (defensa y
protección) están incluidas en el
término ecologista, por lo que resulta, casi como por arte
de magia, que un ecólogo o una ecóloga es a la
vez… ¡un o una ecologista! Esta
confusión se manifiesta principalmente en medios de
comunicación de masas, en los que no siempre se presta la
atención debida al uso que se hace del lenguaje. A modo de
ejercicio, véase prácticamente cualquier ejemplar
de la revista National Geographic en español…
UNA APLICACIÓN HIPOTÉTICA
En realidad, los intereses de la ecología, y por lo tanto de
un ecólogo o de una ecóloga, no tienen por
qué ser los mismos que los del ecologismo, y por lo tanto de
un ecologista o una ecologista. Veámoslo de forma muy
resumida.
Imaginemos que, como resultado del trabajo de investigación
de una ornitóloga interesada en conocer las relaciones que
mantienen con su hábitat ciertas especies de aves de
montaña, se descubre que un paseriforme forestal presenta
una distribución geográfica muy limitada, unos
valores de abundancia muy bajos, y que tan sólo aparece
cuando en el bosque hay árboles de una determinada especie,
y además con una cierta edad, ni demasiado
jóvenes ni demasiado viejos: justo la que hace que los
troncos sean susceptibles al ataque por ciertas plagas de insectos, que
forman la práctica totalidad de la dieta de nuestra
pequeña ave. Supongamos, además, que cierta
compañía maderera local planea explotar de un
modo intensivo los recursos naturales del área
geográfica en la cual nuestra ornitóloga
está realizando su estudio, talando los pies de
árboles que no son demasiado jóvenes (cuyo
pequeño diámetro podría indicar falta
de rentabilidad económica), ni demasiado viejos (cuya madera
podría no ser útil a los fines a los que
será destinada). La tala programada por la empresa
podría comprometer la supervivencia de la especie de ave
cuya selección de hábitat estudió
nuestra ornitóloga. Pero esto… es un problema
medioambiental, no necesariamente un problema ecológico.
Es difícil ver desde el principio que la tala del bosque del
supuesto anterior no tiene por qué promover la
reacción de nuestra ornitóloga, sino, en su caso,
del ecologista o de la ecologista (o, más bien, de los
conservacionistas). Hasta cierto punto podríamos esperar que
nuestra ecóloga de campo también participase de
las actividades de defensa de la naturaleza que podrían
surgir alrededor del hipotético caso propuesto, pero ello no
es un resultado necesario de su condición como
ecóloga. Como tal, su labor busca responder una pregunta
inicial: la que motivó su estudio; en el caso del ejemplo,
cuál es la selección de hábitat que
realiza un cierto grupo de especies de aves. En este sentido, ella
aporta conocimiento científico, del cual no se
disponía previamente. Ahora bien, el problema medioambiental
derivado de una mala gestión de los recursos naturales, en
este caso de la posible desaparición local de cierta especie
de paseriforme, se debe abordar desde una óptica
conservacionista o, lo que viene a ser lo mismo en nuestro ejemplo,
ecologista. En la resolución de tal conflicto, sin duda el
conocimiento científico aportado por la ecóloga
va a resultar sumamente importante, cabe decir necesario, pues sin
él es muy probable que la tala propuesta se hubiera llevado
a cabo sin plantear ningún problema a la sociedad. La
decisión correcta sobre qué hacer en este caso no
corresponde a nuestra ornitóloga, sino a los estamentos
sociales capaces de tomarla, que deberían basarse, entre
otras informaciones, en los estudios de campo de nuestra investigadora.
En la solución a este conflicto convendría
considerar numerosos factores, y serían los practicantes de
las ciencias medioambientales quienes deberían realizar tal
labor. Por ejemplo, proteger de la tala los bosques en donde habita
nuestra especie de ave, ¿qué consecuencias
acarrearía para las poblaciones humanas que viven en el
área afectada por tal medida; cómo
influiría dicha protección sobre los recursos
económicos de la empresa maderera encargada de la tala;
qué opciones económicas podrían
proponerse para que el efecto económico de la
conservación fuera menor sobre los trabajadores de la
empresa; qué tan importante es perder cierta especie de ave
a una escala local, y a una escala regional; y si en lugar de una
especie que va a desaparecer… fueran varias?
¿Cuál es la escala biológica adecuada
a la cual hay que proteger o conservar a los seres vivos: individuos,
poblaciones, comunidades? ¿Tiene sentido conservar a la
población local de nuestra especie de ave, o es
más sensato centrar los esfuerzos de conservación
en especies que pudieran resultar prioritarias, o de mayor importancia
ecológica? Estas son tan sólo algunas de las
preguntas que deberían plantearse antes de poder tomar una
decisión racional al respecto de la gestión del
recurso del ejemplo. Lamentablemente, no hay una respuesta
fácil a las mismas, y afortunada o desafortunadamente su
resolución exige un nuevo trabajo de
investigación de campo y documentación de
gabinete, un trabajo necesariamente multidisciplinario que
permitiría el desarrollo profesional de nuevos
investigadores.
UNA NUEVA DISCIPLINA CIENTÍFICA: LA BIOLOGÍA DE
LA CONSERVACIÓN
La acelerada desaparición de la diversidad
biológica,9, 10 que tiene lugar a muy diferentes escalas, es
tan sólo un síntoma de una serie de
fenómenos que implican la desestructuración del
complejo conjunto de relaciones y procesos biológicos y
ecológicos. Tal es la naturaleza del entramado de la vida,
resultado de un largo proceso de evolución en la Tierra. Las
consecuencias de tal situación serán seguramente
adversas para los integrantes de nuestro planeta.
Consciente de ello, la biología ha desarrollado en los
últimos años (está desarrollando, de
hecho) un cuerpo doctrinal destinado a analizar, estudiar, medir y
pronosticar las consecuencias de la pérdida de biodiversidad
sobre los sistemas afectados, proponiendo en su caso medidas paliativas
para minimizar los efectos negativos. A tal rama del conocimiento se le
denomina biología de la conservación, y se
estructura como una ciencia multidisciplinaria que surge en respuesta a
la crisis ambiental representada por la pérdida de
biodiversidad. La biología de la conservación
tiene vocación de ciencia aplicada, siendo un
vínculo entre la ciencia básica y los
conocimientos tecnológicos.
La biología ha aportado conocimientos útiles a la
conservación y gestión de los recursos naturales,
incluyendo la diversidad biológica, como resultado de los
avances en los estudios en ecología. Sin embargo, a pesar de
los conocimientos emanados de tales áreas, no se ha
conseguido progresar sustancialmente en la conservación real
de los organismos y los sistemas ecológicos, lo que se debe
más bien a la ausencia de compromiso y a una falta de cambio
en los valores éticos de las sociedades humanas, aspectos
necesarios para limitar la gestión irracional de los
recursos naturales.11 Como ciencia, la biología de la
conservación ha contribuido a intensificar el papel de los
científicos en un área que hasta entonces
había estado principalmente en manos de técnicos
y gestores. Los procesos que provocan el declive de las poblaciones de
las especies son complejos en cuanto a sus interacciones, por lo que
deben ser objeto de diagnóstico mediante una
investigación ecológica propiamente dicha. En
condiciones ideales, el estudio y diagnóstico de los
problemas ambientales relacionados con la conservación de
los recursos naturales no puede abordarse a través del
trabajo episódico, fugaz, de empresas creadas ad hoc, como
consultoras de recursos naturales o pequeñas empresas
destinadas a realizar estudios de evaluación del impacto
ambiental, o, peor aún, por profesionales que operan de modo
aislado, por muy buenas que sean las intenciones de las unas o de los
otros. Para resolver los problemas objeto de este análisis,
es necesario invertir en la generación de conocimientos
aplicados, que garanticen un mayor papel de la biología de
la conservación en la gestión del patrimonio
natural.
REFLEXIONES FINALES
Ser ecólogo o ecóloga, ser estudioso o estudiosa
de cualquier grupo de organismos o sistemas ecológicos, o
ser biólogo o bióloga de la
conservación, y practicar al mismo tiempo el ecologismo, el
conservacionismo o el medioambientalismo, es decir, manifestar aquella
actitud de compromiso a la que hacía referencia la
definición del DRAE que antes reseñamos, no
siempre tienen que ir de la mano.
Despojar a los términos correctos en cada caso de la carga
peyorativa con que en ocasiones se les ha arropado ayudaría
a una mayor comprensión entre quienes realizan labores de
estudio y conservación de los recursos naturales, como hemos
pretendido ilustrar a lo largo de este texto.
NOTAS
1 Begon, M., Harper, J.L. y Townsend, C.R., Ecology. Individuals,
populations, communities, 3a. ed., Blackwell Science, Oxford, 1998.
2 Krebs, C.J., Ecology. The experimental analysis of distribution and
abundance, 5a. ed., Prentice Hall, 2001.
3 Ricklefs, R.E. y Miller, G.L., Ecology, 4a. ed., W.H. Freeman and
Company, New York, 2000.
4 Cunningham, W.P. y Saigo, B.W., Environmental science, 6a. ed.,
McGraw-Hill, Boston, 2001.
5 Freedman, B., Environmental ecology. The ecological effects of
pollution, disturbance, and other stresses, 2a. ed., Academic Press,
San Diego, 1995.
6 Miller, G.T., Environmental science. Working with the earth, 9a. ed.,
Brooks/Cole, Thomson Learning, Toronto, 2003.
7 Pepper, I.L., Gerba, C.P. y Brusseau, M.L. (editores), Pollution
science, Academic Press, San Diego, 1996.
8 Soler, M., Carranza, J., Cordero Rivera, A., Moreno, J., Senar, J.C.
y Soler, J.J., Traducción al español de los
términos ingleses más conflictivos utilizados en
etología, ecología y evolución,
Etología, 9, 2001, pp. 43-46.
9 Wilson, E.O. (editor), Biodiversity, National Academy Press,
Washington, 1989.
10 Reaka-Kudla, M.L., Wilson, D.E. y Wilson, E.O. (editores),
Biodiversity II: Understanding and protecting our biological resources,
National Academy Press, Joseph Henry Press, Washington, 1997.
11 Tellería, J.L., Biología de la
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José Antonio González Oreja, Departamento de
Química y Biología, UDLA-Puebla.
jgonzorj@hotmail.com