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Elementos No. 55-56, Vol. 11, Octubre - Diciembre, 2004, Página 39
John O'Leary: una visión peculiar

Patricia Acuña Castrellón                 Descargar versión PDF


John O'Leary cruza la frontera de norte a sur para llevar a cabo sus estudios de Antropología en el año de 1968 viniendo al encuentro de su propio destino que le fija una profesión distinta a la que inicialmente eligió y una patria adoptada, en la que ha permanecido por largo tiempo. La inusual dirección de cruce de fronteras comparada con la masiva en sentido apuesto, lo liga a una vivencia distinta a la de sus compatriotas que "visitan" o permanecen brevemente en este territorio y determina una visión completamente distinta a la de éstos. Él es el extranjero que adopta nuestra patria de cierta manera, pero más que eso permanece alrededor del mágico encuentro que lo atrapa en una forma definitiva y que le confiere un carácter diverso. No es la suya la visión del "turista", ni la del extranjero, ni la de un compatriota; su visión es un poco de todas, es la suya propia, personal, impregnada del carácter presente en su obra. John llega y permanece en un reducido espacio territorial y en éste no sólo desarrolla su vida personal sino su vida profesional como fotógrafo. No recurre a la exploración turística del espacio, por el contrario, se concentra en éste y profundiza en los mágicos aspectos de la realidad que lo cautiva.

El tiempo de su arribo no le permite renunciar por completo a la idiosincrasia de su propia cultura, que ya se encuentra arraigada en su persona, mas no tamiza con la visión del "extranjero" su experiencia de contacto con una cultura distinta, porque su visión no es como observador, no es extraña, no busca escudriñar con ansia de descubrir lo exótico; más bien retrata lo que toca con su propia experiencia, desarrolla un contacto, una relación que lo unen como un personaje (distinto al del contexto, pero no completamente ajeno a éste).Su relación tampoco es temporal y efímera, sujeta a un vaivén de ires y venires, su relación es con su propia comunidad, es permanentemente sujeta más bien a la complejidad de la relación humana, porque un “residente”, cualquiera que sea su nacionalidad y la patria adoptada, adquiere una categoría distinta, única, en la que convergen complejos aspectos: ni se es completamente ajeno ni completamente familiar, se es sí mismo. Es ésta la característica propia de su trabajo fotográfico; John no trabaja para una audiencia, ni de aquí ni de allá, no persigue un modelo que impacte aquí o más allá de su frontera de elección, trabaja para sí, en los aspectos de la realidad que le interesan; la traducción de éstos es subjetiva, está impregnada de una personalidad a la que atraen poderosamente los recónditos aspectos de rituales humanos: la mayordomía, la lucha libre, las pintarrajeadas. Manifestaciones antropológicas contemporáneas que encierran más allá de sus formas una actitud, una posición, la revelación de una postura del hombre en su contexto, en su propia vida.Se trata, de cierta forma, del mismo hecho “antropológico” que rodea la vida de John como fotógrafo, una postura frente a su cámara, un estándar y la manifestación franca de la propia visión sin mayores pretensiones. A pesar de que emerge el uso de procesos de color en el cuerpo de un trabajo desarrollado fundamentalmente en blanco y negro, no es antagónico; su línea de trabajo no encuentra contradicciones, más bien explora el encuentro con un nuevo contacto, muy contemporáneo y cuyos matices no son autóctonos, sino revisten un carácter híbrido, de transculturización, en el que sin duda vuelven a converger los aspectos personales de una historia propia ligada a su trabajo.Lo de John es, así, a la Juan O’Leary, lo que prefiere, lo que le gusta, lo que elije y lo que forma no sólo su propia visión sino su propia vida.

Patricia Acuña Castrellón es conservadora de colecciones y especialista en material fotográfico, BUAP.



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