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Elementos No. 55-56, Vol. 11, Octubre - Diciembre, 2004, Página 3
Cholula: su herencia es una red de agujeros

Anamaría Ashwell                 Descargar versión PDF


La historia antigua cholulteca forma parte de la historia mesoamericana; por otro lado, Mesoamérica –como término– hace referencia a un periodo aproximado de dos mil años de desarrollo cultural (entre 600 a.C. y 1521) circunscrito a un vasto territorio que abarca el sur de México, Belice, Guatemala, partes de Honduras, El Salvador y Nicaragua.1 Para estudiar el periodo del Clásico cholulteca contamos únicamente con la información que provee la arqueología, mientras que para el periodo del Posclásico existen además varios códices prehispánicos (entre ellos el Borgia, probablemente originario de esta región), y las crónicas de los religiosos que fungieron como testigos, actores y verdugos en los últimos momentos mesoamericanos. Estas "fuentes-documentos" nos ofrecen ricos contenidos –un tanto parciales– a partir de los cuales podemos interpretar la cosmovisión que rigió a la sociedad cholulteca mesoamericana; asimismo nos permiten analizar críticamente algunas características propias de dicha cultura, tales como su organización política, jerarquía sacerdotal y la gobernante. Sin embargo, sólo ciertos aspectos de la sociedad cholulteca mesoamericana se prestan a una reconstrucción hipotética mientras que los datos arqueológicos y los de la tradición histórica requieren ampliarse y vincularse entre sí. Persiste en los estudios mesoamericanos en general –y en particular, en el de Cholula– una suerte de “esquizofrenia
académica” (tal como lo señaló un historiador), debido a la cual el ámbito histórico no ha sido sujeto a un cotejo comparativo con el arqueológico.2 En Cholula, la procedencia multiétnica de los pueblos que conformaron el antiguo hueyaltepetl 3 mesoamericano a partir del siglo XII queda constatada tanto por la información arqueológica como por el estudio de la Historia Tolteca Chichimeca (HTC) y varias fuentes coloniales tempranas. Cada grupo étnico asentado en las inmediaciones de Cholula debió poseer, a su vez, un dios patrono que designaría la profesión del pueblo, su identidad cultural y su lengua. La autoridad de los gobernantes provino, como ha descrito Alfredo López Austin, de la asociación que se atribuía al gobernante con el dios patrono. La diversidad étnica propia de la sociedad cholulteca explica quizá por qué, a la llegada de los españoles, existían dos jerarcas en Cholula. Documentos coloniales4 describen un gobierno dual en Cholula, hecho que los datos arqueológicos tienden a confirmar también para Teotihuacan.5 Aquiach, quien empleaba como distintivo un águila, y Tlalchiyach, cuyo símbolo era un tigre, gobernaban Cholula, según la HTC, al arribo español en 1519. El Tlalchiyach Tizacozque (poseedor de las cuentas de tiza) y el Aquiach Amapame (poseedor de banderas de papel) –según descubre Luis Reyes García al comentar la HTC– ocuparon cargos supremos en el binomio dirigente que ya caracterizaba a Cholula antes de la incursión de los tolteca-chichimeca en el año de 1168. Luis Reyes García, además, precisó que el Aquiach Amapame debió estar relacionado con el culto a los númenes de la lluvia puesto que su imagen en la HTC consta de un glifo quiauitl = lluvia, así como porque las banderas de papel, según Sahagún, son un elemento ligado a los dioses de la lluvia.6 En Cholula –al igual que como quizá ocurrió en Teotihuacan y en otras ciudades contemporáneas– la composición multiétnica del hueyaltepetl exigió (posiblemente desde que se empezó a constituir como una gran ciudad-estado) una organización política dual. Entiéndase ésta como dos expresiones simultáneas de poder (uno gentilicio y otro territorial) que debía ser capaz de resolver los problemas derivados de la coexistencia geográfica de pueblos distintos con diversos dioses tutelares, y de ejercer inmersa en el contexto de un gobierno, como dice López Austin, a su vez supra-étnico.7 El Aquiach Amapame –quien residía en el Tlachihualtepetl– sustentó probablemente su autoridad en su identificación con el dios de la lluvia (la ancestral y cambiante deidad mesoamericana) y, como consecuencia, debió fungir como gobernante-sacerdote territorial del hueyaltepetl cholulteca.8 La identificación de Cholula con los númenes de la lluvia parece ser, particularmente, el elemento más antiguo de los cultos religiosos, equiparable a la vinculación que se efectúa de los mercaderes y su nobleza –en el Posclásico y según las crónicas coloniales– con Ehécatl-Quetzalcoátl. Paul Kirchhoff y Luis Reyes García proponen que la fiesta llamada tepeíhuitl (descrita en las crónicas sahagunianas) alude directamente a Cholula como ciudad sagrada de los dioses de la lluvia y deidad tutelar de los mercaderes nobles cholultecas. Esta celebración, de acuerdo con los informantes de Sahagún, se denominó tepeíhuitl,9 y evidencia la veneración ancestral de las culturas mesoamericanas por las montañas debido a que descargan las aguas de las lluvias, son las fuentes de los manantiales, y contenedores, en su interior, de las aguas primordiales que sustentan la vida. Incluso los “cerros hechos a mano” como el Tlachihualtepetl cholulteca, reproducen y simbolizan los montes donde habitan los dioses de la lluvia. En sus narraciones, los cronistas indígenas de Sahagún citaron los nombres de los cerros sagrados destacando al Popocatépetl e Ixtacíhuatl; pero más significativamente mencionaron aquellos donde los mexicas llevaban a cabo sacrificios “a honra de los dioses de los montes”. De entre ellos, Milnauátl es un cerro con denominación masculina (el cual no logró ser ubicado geográficamente por Kirchhoff y sus alumnos), y existen cuatro femeninos: Tepoxúchitl, Matlacuétl (ahora llamada Malinche), Xochitecatl y Mayahuel. Tres de estos últimos circundan Cholula y forman parte de la orografía de su primigenio altepetl. El cuarto cerro, Mayahuel (tampoco localizado por Kirchhoff y sus discípulos), lleva el nombre de la diosa del pulque y quizás aluda a su culto inmemorial –desarrollado en el valle poblano tlaxcalteca– que fue ejercido de modo continuo en los ritos funerarios en el Tlachihualtepetl cholulteca hasta la llegada de los españoles, según lo demuestra la arqueología. En el tonalpohualli (el calendario sagrado de 260 días), Mayahuel es la consorte de Pahtécatl y transforma con su poder la aguamiel en pulque.

Además, los códices narran que el pulque de los dioses fue donado a los hombres por la mediación del tlacuache.10 Como ya lo mencioné con anterioridad, en el valle Puebla-Tlaxcala se detecta un culto temprano al tejón (o a un animal similar, quizá un tlacuache), cuyos rituales vinculados a la tierra y a los ciclos agrícolas parecen ser muy antiguos en la región.11 Kirchhoff además nota

[...] que hay muy pocas regiones en México donde los pueblos se llaman Ometusco u Ometochco; hay dos Ometochco, eso es una región; la otra región [...] está cerca de Cholula; son las dos únicas, es decir, son raros los toponímicos de Ometochtli. En esta región los dioses del pulque deben haber tenido una importancia especial.12

De la veneración a las divinidades del pulque en Cholula, la investigación arqueológica proporcionó, con el tiempo, pruebas concluyentes. Un entierro ritual del Posclásico Tardío en la pirámide –con un plato ceremonial–, ofrece la imagen de un dios del pulque (identificado por su pintura facial y la forma de la mano enfrente de sus labios);13 este rescate sustenta, a su vez, la interpretación del Mural de los Bebedores (muy anterior al entierro y localizado en el edificio 3 del conjunto de la Plaza de los Altares en el Tlachihualtepetl cholulteca): representa a hombres y mujeres participando en una ceremonia en la que la comunicación entre lo humano y lo sagrado se establece a través del pulque.14 Quizás lo más importante en torno a la constatación arqueológica de este culto religioso asociado con el pulque, en Cholula y el valle circundante, radica en el dato extraído por Paul Kirchhoff de los documentos coloniales: las cuentas calendáricas de las deidades del pulque coinciden con las divinidades que se adoraban en los cerros, hecho por el cual se piensa que los dioses del pulque fueron considerados como una subdivisión de los tlaloques o númenes del agua en el Posclásico mexica.15 Con esta interpretación de las fuentes y la arqueología, Cholula pareciera siempre retornar a una primigenia asociación con ritos agrícolas y pluviales, y sus habitantes a una cosmovisión sagrada vinculada desde sus orígenes con las deidades de la lluvia. La HTC revela, además, que en casi todo el valle al oriente de la cordillera volcánica, es decir, al oriente de Teotihuacan (donde las crónicas sahagunianas ubican a los pueblos olmeca, xicalanca, xoxhteca, quiyahuitzteca y cocolca del mítico Tamoanchan), existieron poblaciones circundantes a Cholula, cuyos nombres aluden o los relacionan con el agua. El vocablo mismo de Cholula confirma dicha idea; Ángel María Garibay traduce Cholula como “los que huyeron”, pero otros autores –se cita a Ponce– indican que Cholula proviene de una palabra mucho más antigua que quería significar “lugar donde corre el agua o agua que corre”.16 En la Tira de Peregrinación, Cholula ostenta un glifo con el símbolo del agua y se interpreta como “agua que cae”. Otra versión explica que Cholula quiere decir “despeñarse el agua”, a partir del término chololoa. Algunos incluso sostienen que el nombre Cholula se deriva de una corrupción maya, puesto que al sur de la península yucateca se halla un Cholul.17 Esta información llevó a Kirchhoff y a sus discípulos a proponer una ubicación geográfica para la mítica Tamoanchan de las crónicas sahagunianas: se referían –según ellos– a un valle amplio con Cholula en su centro, que comprendía Amecameca, Chalco, Morelos, Huejotzingo y Atlixco.18 El cotejar el cantar mexica Aquí está un canto que se cantaba cada ocho años cuando la época de comer tamales de agua19 con las cuentas calendáricas, le permite a Kirchhoff finalmente vincular al dios patrono de los cholultecas con la lluvia y los mercaderes. En este cantar, Quetzalcóatl habla de sí como un mercader oztomeca que reina en Cholula en medio de una región con agua, humedad y neblina, entendiéndose este lugar como una alusión al Tlalocan que los mexicas asociaron con los volcanes. Escribe Kirchhoff:

Cholula es el único lugar del que sabemos en donde había dentro de un barrio (San Miguel Tianquisnahuac) una subdivisión que se llamó Oztoman y no sólo su cercanía a los volcanes, que era la región que para la gente el altiplano era Tlalocan, sino el continuo énfasis en cuanto a Cholula: de nubes, de neblina, de agua, etc. [...] yo he leído todo lo que he encontrado sobre los pochteca y los oztomeca y lo único que entiendo es su relación especial, primero con Cholula y posteriormente con Tlatelolco [...].

La crónica de Gabriel de Rojas (1581), así como la de Sahagún, narran que en Cholula los gobernantes provenían de un espacio geográfico específico cuya denominación aludía a la profesión de mercaderes: Tinaquiznahuac o Tinaguiznamanalco (actualmente el barrio de San Miguel Tianquiznahuac).20 Asimismo, Rojas describe a una divinidad con el nombre de Chiconauhquiauitl como la deidad patronal de la nobleza de comerciantes y en general, de toda la ciudad.

Chiconauhquiauitl significa 9 Lluvia y es la designación calendárica de Ehécatl-Quetzalcóatl. La asociación entre dioses del pulque, tlaloques, y el comercio se lleva a cabo así, –en Cholula– en el culto a Ehécatl-Quetzalcóatl, dios patrono de la ciudad en el Posclásico y perdura hasta la llegada de los españoles. Varias crónicas coloniales –entre ellas la de fray Diego de Durán (1570)– confirman que los cholultecas veneraron a Ehécatl-Quetzalcóatl como dios patrono hasta el inicio de la conquista de la ciudad por los españoles en 1519. Lo nombran como Quetzalcóatl pero lo describen con cuerpo de hombre y con los atributos del dios Ehécatl (el que barre los vientos para traer la lluvia), la primigenia deidad mesoamericana que se origina posiblemente entre las tradiciones huastecas y del Golfo. Todo indica, entonces, que los cholultecas practicaron un antiguo culto a las deidades del agua, con rituales asociados a los ciclos de la fertilidad agrícola (pulque), y que desde el Clásico Temprano estos ritos se fundieron y confundieron con la figura de Ehécatl, el dios del viento y las lluvias.La HTC sostiene que en el siglo XII, los tolteca-chichimecas (pueblos nahua parlantes, o por lo menos su aristocracia lo era) después de dominar Tula, en Hidalgo, se dirigen a Cholula para conquistarla. Muy probablemente ellos reintrodujeron el nombre de Quetzalcóatl y su símbolo (la sierpe con plumas de quetzal), al título del gobernante cholulteca. Sin embargo, la cronología tolteca, es decir, la relación entre la caída de Tula y la emigración de Topiltzin Quetzalcóatl y sus seguidores requiere estudiarse aún más.21 H.B. Nicholson advierte que la partida de Topiltzin Quetzalcóatl debió suceder mucho antes de la caída de Tula a comienzos del siglo XII. E. Florescano sostiene, por su parte, que la Tula de Topiltzin Quetzalcóatl fue Teotihuacan, retrocediendo el momento fundacional del toltecayotl al Clásico Temprano teotihuacano, mientras que la HTC habla de un “regreso” tolteca a Cholollan.22 Sin embargo, independientemente de la cronología tolteca, se ha atribuido a los gobernantes-sacerdotes tolteca la promoción –como lo explicó H.B. Nicholson– del culto al antiguo dios de la fertilidad y la lluvia (simbolizado como una sierpe emplumada) y fueron quienes acoplaron su nombre al título del gobernador en Cholula. Para el Posclásico cholulteca, entre las culturas del altiplano mesoamericano, este antiguo culto a los númenes de la lluvia y la fertilidad se había ya fusionado con el del dios Ehécatl-Quetzalcóatl.Su asociación como deidad de mercaderes en Cholula también apunta hacia la evolución de un estado militarista en dicha ciudad, si la historia mexica es alguna indicación: “[...] La guerra fue una acción condicionada por los pochtecatzin, comerciantes delegados por el Estado para realizar operaciones en el exterior” entre los mexicas del Posclásico, y no hay razones para suponer que no existieron las mismas condiciones y la misma evolución histórica en Cholula.23

CHOLULA COMO MORADA DE SU HISTORIA

La conquista militar española de la ciudad no sólo derrotó, sometió y destruyó al reino sagrado indígena, sino que también evidenció y fomentó la división entre los diversos tecpan y calpollis que conformaban la urbe antes de la conquista. El llamado Códice de Cholula,24 de 1586, así como un documento conocido como Lienzo de Cuauhtlanzingo (población que en el momento de la conquista pertenecía a Santiago Mixquitla), describen la sumisión política y la conversión religiosa temprana
de los linajes de la nobleza local por los dominadores españoles.La conquista espiritual25 o la colonización de las mentalidades26 hizo el resto. Después de pocos años de sometimiento a patrones y dioses occidentales, la ciudad indígena se transformó en una sociedad mestiza en la cual todo lo relacionado con el mundo anterior (incluyendo el color de la piel), fue profundamente despreciado. Y castigado.27 La explotación desmedida, las epidemias mortíferas y el traslado forzoso de cholultecas para obras y encomiendas de españoles creó un escenario de sometimiento humillante para la población indígena. La historia colonial cholulteca resulta difícil de describir sin considerar la degradación dramática que sufrieron los valores del mundo indígena anterior.Cholula tiene desde entonces una suerte de historia oculta y de ocultaciones. El saqueo y la destrucción efectuados por los conquistadores convirtió en ceniza y ruinas casi todo su legado indígena. La ciudad colonial misma se construyó derruyendo la arquitectura indígena anterior. Desde el inicio de la colonia sucedieron, además, cambios geopolíticos significativos cuyas consecuencias persisten hasta el presente: parte del hueyaltepetl cholulteca –que en tiempos prehispánicos abarcó un amplio territorio y un mosaico de pueblos y lenguas (nahuas, otomíes, chocho y mixteca-popolocas)– fue dividido, y la parte oriental, la llanura de Cuetlaxcoapa (que colindaba con poblaciones tributarias de los mexicas en el momento de la conquista), fue destinada por la Corona para la construcción
de la ciudad española Puebla de los Ángeles. El reino indígena de Cholollan fue declarado República de Indios en 1537 y desde este momento quedó subordinado y sometido a Puebla, la ciudad española. El reordenamiento interno de la urbe (que garantizó la renta tributaria de su población indígena a la Corona) se estructuró sobre la traza reticular del zócalo actual y empezó así la “desindianización” del casco central urbano de la ciudad. Aunque la ley prohibía el coasentamiento de españoles e indios,

[...] una inmigración de españoles marginales en búsqueda de fortuna fácil [...] traspasó las fronteras de la jurisdicción india. Su presencia se resintió en la disputa por el espacio central de la ciudad. En una actitud de prepotencia se instalaron en casas deshabitadas propiedad de indios, en contra de su voluntad sin querer pagar por ello y sin reconocer propietarios[...],

lo que, con el tiempo, significó el despojo por parte de los españoles de la zona céntrica de la ciudad, y provocó el desplazamiento de los indígenas hacia los barrios de origen prehispánico.28 Cholula, en la actualidad, continúa dividida entre “los del centro”, quienes según el vulgo ostentan el poder político y económico, y los diez “barrios”, guardianes de las “tradiciones” así como de los agravios y discriminaciones.Si la ciudad colonial se erigió sobre las ruinas de la indígena (como explicó John Paddock), la urbe moderna se montó, con igual furia destructiva, sobre el legado colonial.29 Es paradójico que en Cholula se haya mantenido hasta nuestros días, aquello que se propusieron los conquistadores en 1519: que nadie conociera ni valorara el pasado.La historia de la ciudad requiere todavía una investigación puntual respecto a la participación activa que sacerdotes regulares y seculares jugaron y juegan –casi sin interrupción y desde el inicio de la colonia–, en la evolución del aplastamiento del pasado en la imaginería popular. Sin embargo, “escasos y efímeros”, como dicen González-Hermosillo y Luis Reyes García, han sido los estudios serios que han prentendido corregir interpretaciones parciales o desentrañar los hilos de la historia antigua cholulteca. Incluso un trabajo de hace treinta años de científicos alemanes –en cooperación internacional y multidisciplinaria con mexicanos– quedó inconcluso y prácticamente todo lo que sabemos actualmente respecto al mundo prehispánico cholulteca proviene de excavaciones de sólo un edificio: la Gran Pirámide. John Paddock comenta: “así nunca se llega a conocer a una ciudad”.

El crecimiento acelerado de la capital del estado, y una conurbación sin regulaciones en el territorio circundante amenazan con destruir los últimos reductos vírgenes de basamentos arqueológicos que podrían permitirnos conocer las condiciones específicas del desarrollo histórico de Cholula entre 500-1000 d.C.: sobre el parcialmente explorado cerro Zapotecas (con el enorme basamento oval-circular de su juego de pelota), donde pervivió la población cholulteca el periodo de la decadencia teotihuacana,30 las actuales autoridades municipales y estatales promueven hoy la urbanización.31 La destrucción del legado arquitectónico cholulteca inculpa a sus ciudadanos y a las autoridades civiles y religiosas, pero la distorsión, manipulación, e incluso omisión de su historia, también. Es posible que sea ya irreversible el hecho de que la herencia cultural y arquitectónica cholulteca quede oculta o distorsionada: su historia, de innegable antigüedad, parece convertida en una red de agujeros, sin remedio alguno.

N OTAS1

Kirchhoff, P. y Margain, C., “La cultura mesoamericana”, conferencia dictada en 1958, Escritos selectos, vol. I, UNAM, 2002.2 Florescano, E., Quetzalcóatl y los mitos fundadores de Mesoamérica, Taurus, México, 2004.3 Según Molina (1970) altepetl se traduce como “cerro lleno de agua”. El prefijo huey se refiere al gran altepetl, es decir, a los múltiples pueblos que confluyen bajo su dominio.4 Gabriel de Rojas, Relación de Cholula de 1581 (existen varias ediciones incluyendo una del ayuntamiento cholulteca de este trienio 93-96). Esta información se repite en la HTC (1543-45) y en la Historia de Tlaxcala de Diego Muñoz Camargo (1576-1590).5 Manzanilla, L., “Organización sociopolítica de Teotihuacan: lo que los materiales arqueológicos nos dicen o nos callan”, Memoria de la primera mesa redonda de Teotihuacan, UNAM, 2002.6 HTC, nota aclaratoria, p. 149.7 López Austin, A. y López Luján, Mitos y realidad del Zuyua, FCE, 1999.8 La división interna en cuatro partes de Cholula, según se describe y se deduce de la HTC, obedecía a una concepción cardinal del orden cósmico (Este, Oeste, Norte y Sur) e “influyó, incluso, en la fisonomía de los grupos sociales y moldeó su estratificación [...] así también (sobre) el sistema dual de autoridades bipolares, propios de los estados teocráticos como militaristas, dimanados de una superficie terrestre dividida en dos mitades o de las contraposiciones cielo-tierra en permanente vasocomunicación (el Tlalquiach y el Aquiach, los dos sacerdotes supremos en Cholula), así como la complementariedad dialéctica de los opuestos expresada en términos de masculinidad/feminidad [...]”. Luis Reyes García y Francisco González Hermosillo, El Códice de Cholula, ibid., p. 56, nota no. 16.9 Sahagún, B., Capítulo XXXII “De la Fiesta de los Sacrificios que se hacían en las calendas del treceno mes, que se decía Tepeíhuitl”, Historia general de las cosas de la Nueva España, Alianza Ed., 1988, p. 154.10 Códice Fejérvary-Mayer, Vondobonensis, Vaticano B, Dresde y Nutal cuentan versiones de este mito. Ver López Austin, Los mitos del tlacuache, Alianza Ed., México, 1990.11 García Cook, A., “Una secuencia cultural para Tlaxcala”, Comunicación, Fundación México-Alemana para la investigación científica, octubre, 1974.12 Escritos selectos, UNAM, 2002, p. 167. Felipe Franco en Indominia del Estado de Puebla, México, 1946, dice: “Ometoxtla: una ligera observación de los componentes de este nombre indica que se formó del nahua ome, dos; tochtli, conejo y tla, por tlalli, tierra, todo como sinónimo de lugar; según eso Ome-Toch-tla, cambiado por el uso de Ometoxtla da el significado de “lugar de dos conejos”... otra opinión (sería que la palabra deriva de) otli, camino, metl, maguey, tochtli, conejo y tla como partícula abundancial, (que se traduce como) “camino de magueyes donde hay muchos conejos”. San Gabriel Ometoxtla correspondiente al antiguo municipio de Juan Crisóstomo Bonilla, de Cholula, es parte de una llanura donde hay muchos sembradíos de magueyes. En el municipio de Calpan, parte del antiguo territorio cholulteca prehispánico, en la falda oriental del Iztacíhuatl, por donde existe un camino antiguo que conduce desde la cabeza al volcán Popocatépetl, también está identificado con este nombre“.13 Los arqueólogos le identifican con Macuiltochtlo y con el signo calendárico 5 Conejo. El plato mortuorio alude al apaztli o lebrillo precioso donde presumiblemente Quetzalcóatl, según la leyenda de los soles, sangra su miembro para crear la vida. López Alonso, S., Lagunas Rodríguez, Z., Serrano Sánchez, C., Costumbres funerarias y sacrificio humano en Cholula prehispánica, UNAM, 2002.14 Rodríguez Cabrera, D., “El mural de los bebedores de Cholula, Puebla”, Arqueología mexicana, vol. X, núm. 59. Ver también “Los murales perdidos de Cholula, Puebla” y “La pintura mural de la Gran Pirámide de Cholula: los secretos del Tlachicualtépetl”, por el mismo autor, en Boletín informativo: la pintura mural prehispánica en México, Instituto de Investigaciones Estéticas, UNAM, año VII, núm. 14, junio, 2001.15 Por ejemplo, el signo 5 Conejo calendárico de Macuiltochtlo del lebrillo mortuorio encontrado en el entierro en Cholula corresponde a Tezalquallitztli que, según Sahagún, corresponde también a la celebración de Tláloc, Chachiuhtlicue y Quetzalcóatl.16 Cayetano Reyes, Altepetl: ciudad indígena. Cholula en el siglo XVI, UNAM, tesis inédita, México, 1976.17 Franco, F., Indominia geográfica del Estado de Puebla, México, 1946.18 HTC, nota no. 6, p. 137.
19 Garibay, Ángel María, Veinte himnos sacros de los nahuas, UNAM, 1995, p. 152.
20 Los sitios mencionados en libros de bautizos, en el mapa de Cholula y en la Suma de Visitas del siglo XVI pertenecientes a San Miguel Tianquiznahuac son: Calmecac, Cuitlixco, Izcoloco, Oztoman, Panchimalco, Pochtlan, Tezcauacan y Tollan. HTC, Barrios de Cholula, mapa no. 6.
21 La fase arqueológica designada como del apogeo tolteca en Tula, Hidalgo, corresponde a un periodo demasiado breve y demasiado reciente como para suponer que se trata de la Tollan civilizadora de la HTC, según lo anotó Paul Kirchhoff. Este periodo tolteca en Tula, Hidalgo, es de 950-1150 d.C. El lapso entre la decadencia de Teotihuacan, 600 d.C., y el auge de Tula, Hidalgo, comprende siglos, cuando precisamente existe un alto desarrollo cultural en el valle Puebla-Tlaxcala y específicamente en Cholula.
22 La figura de Topiltzin Quetzalcóatl que provoca la emigración tolteca chichimeca a Cholula en 1168, según al HTC, no debe confundirse con al deidad antigua asociada iconográficamente con la serpiente emplumada: "[...] la serpiente emplumada, el monstruo celestial relacionado con la lluvia y al fertilidad en distintas partes de Mesoamérica desde el Clásico Temprano (especialmente en Teotihuacan) es mucho más antiguo y anterior al periodo cuando Topiltzin Quetzalcóatl floreció... los sacerdotes tolteca bien pudieron haber promovido el culto de este antiguo dios primigenio del viento y la fertilidad y adoptaron su nombre [...]". Nicholson, H.B., Topiltzin Quetzalcóatl; once and future lord of the toltecs. University Press of Colorado, 2001, p. 243. Ver también Florescano, Enrique, Quetzalcóatl y los mitos fundadores de Mesoamérica, Ed. Taurus, México, 2004.
23 Lameiras, J., "El militarismo en Mesoamérica; siglo XVI", Temas mesoamericanos, CONACULTA, 1996.
“[...] el Lienzo de Cholula, que muchos llaman Códice de Cholula, pero me parece un poco absurdo” decía Paul Kirchhoff (Escritos selectos, IID, p. 202) fue traducido al inglés por Bente B. Simmons, Tesis UDLA, 1962 (existe fotocopia en la biblioteca pública de San Pedro Cholula). González-Hermosillo A., F. y Reyes García, L., Códice de Cholula: la exaltación testimonial de un linaje indio, CONACULTA-INAH, 2002, es la reciente traducción al español de este documento de 1586 a la primera mitad del siglo XVII rescatado por Lorenzo Boturini Benaduci en Cholula. El documento original se encuentra bajo custodia del INAH.25 Ricard, R., La conquista espiritual de México, Ed. Jus, 1946.26 Gruzinski, S., La colonización de lo imaginario: sociedades indígenas y occidentalización en el México español. Siglos XVI-XVIII, FCE, 1995.27 Ver Castillo Palma, Norma A., Cholula: sociedad mestiza en ciudad india, UAM-Plaza y Valdés, México, 2001.28 Castillo Palma, N., Cholula: sociedad mestiza en ciudad india, ibid., pp. 40, 204.29 Paddock, J., Cholula en Mesoamérica. , ibid., p. 60.30 Mountjoy, J. y Petersen, D., Man and land in prehispanic Cholula, Vanderbilt University, 1973.31

El gobierno municipal del trienio 2000-2003, con el licenciado Oaxaca Carrión como presidente municipal de San Pedro Cholula, y el gobierno estatal del licenciado Melquíades Morales, fueron los promotores de este desarrollo urbano sobre el cerro Zapotecas que, hasta la fecha, (mayo de 2004) no provocó ningún pronunciamiento del INAH regional.
Anamaría Ashwell, abada@mail.gedas.com.mx



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