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Elementos No. 54, Vol. 11, Julio - Septiembre, 2004, Página 39
Cholula: su herencia es una red de agujeros Parte I

Anamaría Ashwell                 Descargar versión PDF


CHOLULA, GIGANTES Y XELHUAN:
EXÉGESIS DE UNA PLACA CONMEMORATIVA

El Ayuntamiento de San Pedro Cholula, en el trienio de 1993-1996,1 comisionó al muralista de la historia tlaxcalteca, al maestro Desiderio Hernández Xochitiotzin, la ilustración de un texto que se tituló “Leyenda sobre la Fundación”. El texto y la ilustración se fundieron en bronce y la placa se colocó ceremoniosamente en los portales de la ciudad, a un costado de la entrada del Ayuntamiento.2 La leyenda dice:

[...] en la época del diluvio moraban sobre la tierra los gigantes, muchos perecieron sumergidos en las aguas [...] solo siete hermanos se salvaron en las grutas de la montaña del Tlalocan. Xelhua, el gigante, fue al sitio que después se le llamó Cholollan y con grandes adobes fabricados en Tlalmanalco y conducidos de mano en mano por una fila de hombres [...] comenzó a construir la pirámide en memoria de la montaña en que fue salvado. Irritado Tonacatecutli, padre de todos los dioses, que la obra amenazaba con llegar a las nubes lanzó al fuego celeste y con una piedra en forma de sapo mató a muchos de los constructores [...] dispersándose los demás y no pasó adelante la construcción [...] el monte artificial subsiste todavía atestiguando el poder de Xelhua [...]3

La fuente de esta cita es Mariano Veytia (1717-1807),4 o más propiamente Mariano Fernández de Echeverría y Veytia y Edward Kinsborough (1795-1837), es decir, se trata de una historia sobre la fundación de Cholula que estos autores del siglo XVIII recogieron de los documentos y códices mexicanos acopiados por Lorenzo de Boturini, después de su llegada a México en 1735.

El grueso de la obra de Mariano Veytia es de preocupación moral y religiosa, aunque con celo novohispano escribió también una historia de la fundación de Puebla y sobre la historia antigua de México. Fray Juan de Torquemada, cuya Monarquía indiana fue publicada en 1615, fue una fuente importante para Veytia, y Torquemada había recurrido directamente a algunos códices mexicanos. Veytia también debió tener acceso directo a algunos documentos mexicanos originales de la colección de Boturini para la elaboración de La Historia antigua de México: es preciso recordar que entre los códices y manuscritos acopiados por Boturini estaban incluidos no solo la única transcripción (de Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, 1578-1648) de los Anales de Cuauhtitlan y La leyenda de los Soles (1558), que dan cuenta sobre gigantes y las eras solares en la cosmogonía mesoamericana, sino también la Historia Tolteca Chichimeca (HTC, 1565), documento híbrido con textos en náhuatl y pictografías, que relata la conquista tolteca-chichimeca y sitúa a Xelhuan, jefe de los nonoalcas, en el Valle de Puebla.5 La versión pictográfica de Desiderio Hernández Xochitiotzin provino, a su vez, de las reproducciones facsimilares de la magna obra de Edward Kingsborough Antiquities of México. Entre 1831 y 1848, Kinsborough publicó en nueve volúmenes su versión de la historia del México antiguo, con facsimilares de códices mexicanos (Mendocino, Telleriano- Remensis y Vaticano, entre otros). Los dos últimos volúmenes se imprimieron póstumamente debido a que el autor fue encarcelado por las deudas contraídas en la compra de papel y murió de tifo, en una cárcel de Dublín, a los 42 años.

Sin embargo, su obra divulgó la primera reproducción litográfica del llamado Códice Vaticano A, o Ríos, en la cual se alude con un pictograma a la leyenda sobre los gigantes que crearon la pirámide de Cholula.

Las fuentes originales de esta versión de los gigantes en la fundación de Cholula, de Veytia, Kingsborough, y así de D.H. Xochitiotztin y finalmente del Ayuntamiento cholulteca en el trienio de 1993-1996, entonces, podemos remitirlas a los códices y documentos mexicanos de la colección de Boturini Benaduci y, en particular, al Códice Vaticano Latino 3738, o Vaticano A, que se conserva actualmente en la Biblioteca Apostólica Vaticana en Roma.6 El Códice Vaticano A es también conocido como el Códice Ríos porque fue un religioso de la orden de Santo Domingo, llamado fray Pedro de los Ríos, quien, alrededor de 1562, lo mandó pintar a un tlacuilo indígena en las ciudades de México y Puebla. Algunas de las figuraciones del códice provienen de otros códices, y ya Alexander von Humboldt había señalado que mostraba semejanza con el Códice Telleriano-Remensis.

Después de muchas investigaciones e intensos debates,7 hoy se acepta que el Códice Vaticano A del padre Ríos es una copia que Ríos mandó realizar del Códice Telleriano Remensis. Las alusiones a Cholula y a la región de Puebla provienen del hecho de que el padre Ríos, antes de morir (1564-65), estuvo asignado al convento de Santo Domingo, en Puebla, y muy probablemente algunas partes del códice se compusieron allí.

Sin embargo, por ser copia del Telleriano-Remensis y destinado al Vaticano, se introdujo, además de las aportaciones del tlacuilo historiador nativo comisionado por Ríos, el comentario de dos escribanos en italiano cuyo lenguaje teológico y moralista no solo los delata como monjes sino como españoles. El resultado es un documento pictográfico híbrido que propone un conjunto de especulaciones europeas sobre el origen de los habitantes de Mesoamérica y que funde elementos iconográficos occidentales con las del propio tla- cuilo-historiador indígena y confunde, además, etapas y diversas tradiciones culturales mesoamericanas.8 Se trata, entonces, como es el caso con todos los códices coloniales, de una narración histórica obtenida desde una memoria indígena inducida por preguntas, imágenes, predisposiciones y prejuicios de religiosos cristianos.

Estos primeros cronistas cristianos, después de una inicial cerrazón que llevó a la destrucción de todos los documentos pictográficos e históricos que atesoraban la memoria de los antiguos cholultecas, comprendieron prontamente la importancia que tenían las imágenes para los indígenas cholultecas y utilizaron esta disposición para convertirlos al cristianismo. Motolinía describió, por ejemplo, la importancia que tenían las figuraciones para lograr la confesión de los cholultecas, y contó que mientras estuvo en Cholula, ante tantos cholultecas que buscaron la confesión, él prohibió se escuchara a ninguno, si ellos no escribían sobre papel sus pecados, “llevándolos pintados con caracteres como los que de nosotros e confiesan por escrito”.9 Así, promovidos, los códices como el Telleriano-Remensis y el Vaticano A narraron la zaga de Xelhuan y los gigantes en Cholula no solo con el lenguaje cristiano sino con una secuencia espacial occidental que distorsionó esencialmente la cosmovisión religiosa de los cholultecas prehispánicos.

En cuanto al origen antiguo de Cholula en los mitos cosmogónicos mesoamericanos, el Códice Vaticano A ubica a la ciudad en la edad del Chalchiuhtlicue, del primer Sol, es decir, en el comienzo mismo del tiempo cósmico y sagrado de Mesoamérica; se trata de una era solar que concluye por un diluvio y que, con variantes, viene narrada en otras fuentes coloniales:

[...] esta era la primera edad que ellos dicen, en la cual reinó el agua hasta que vino a destruir al mundo que habían multiplicado aquellos dos primeros hombres que el principio tenían aquel gran señor trino. Según su cuenta, aquella edad duró cuatro mil y ocho años, y cuando vino este gran diluvio dicen que los hombres se transformaron en peces y los peces grandes ellos los llaman tlacamichin, que quiere decir hombre pez. Dicen los más ancianos de México que escaparon de este diluvio: un solo hombre y una sola mujer, de los cuales después fue multiplicado el género humano. El árbol en que se escaparon llaman aueuete; y dicen que vino este diluvio en la letra diez, según su computación, que ellos representan con el mismo signo del agua, el cual, para mayor claridad, meteremos en su calendario. Durante la primera edad dicen que no comían pan, salvo cierto género de maíz silvestre que se dice atzitziutli. Llamaron a esta primera edad conitzal [...] lo que quiere decir “cabeza blanca” [...].



Y seguidamente introduce dentro de la era mítica y antigua de gigantes, el nombre de un “capitán” Xelhua que la Historia Tolteca Chichimeca (1545-1565) nos dice fue el gobernante de los nonoalca-chichimecas. La HTC explica que después de la caída de Tula, en un año 1 tecpal, es decir, en 1116, Xelhua emigra con su pueblo a la región de Tehuacán- Teotitlán y Coztcatlán. El Códice Ríos lo describe así:

[...] Otros dicen que no sólo escaparon de este diluvio aquellos dos del árbol, sino que otros siete quedaron escondidos en ciertas grutas y que, pasado el diluvio, salieron y repararon (repoblaron) el mundo repartiéndose por él, y aquellos que después los sucedieron adorábanlos como dioses, cada uno en su nación. Así los tepanecas adoraban a uno que se decía Ueueteotl, y los chichimecas a Quetzalcóatl y los coluas a Ciuacouatl, porque de ellos salieron sus generaciones, y por eso tomaban muy en cuenta el linaje, y donde se encontraban decían: “yo soy de tal linaje” y a aquel primer fundador suyo le adoraban y le hacían sacrificios y decían que aquel era el corazón del pueblo [...].
[...] Hubo, en esta primera edad, gigantes en este país, a los que llamaron tzocuilicxe que de tan desmesurada grandeza que refiere un religioso de la orden de Santo Domingo, llamado fray Pedro de Ríos, quien es el que recopiló la mayor parte de esta pintura, que vio con sus propios ojos un diente molar de la boca de uno de ellos, que encontraron los indios de Amecamecan andando adornando las calles de México en al año de 1556 [...] Uno de aquellos siete, que dicen haber escapado del diluvio, dicen que multiplicándose [...] se fue a Cholula y ahí comenzó edificar una torre que es aquella de la cual ahora aparece la base de ladrillos. El nombre de este capitán era Xelua. La edificaba para, en caso de venir el diluvio otra vez, poder escapar en ella. La base tiene 1800 pies de largo. Y estando ya en gran altura, cayó del cielo un rayo y la destruyó matando mucha gente. Y por ese temor los mexicanos, de quienes era patrón un tal Uemac (¿?), deliberaron juntos para pedir consejo a su dios [...] el cual les ordenó que ayunaran ocho años [...] Y testimoniaron el ayuno [...] la tierra los tragó. Y los que quedaron han profetizado la destrucción de Tula, que vino poco después [...].




Aclarando de paso la participación del propio fray Ríos en la propagación de lo que debió ser un mito indígena muy antiguo sobre los gigantes en los tiempos del primer Sol (viene contado también en los Anales de Cuautitlan, por ejemplo) pero situando a estos gigantes como vasallos de un “capitán” Xelua, en Cholula.

Debemos a Paul Kirchhoff10 el primer estudio comparativo de fuentes coloniales tempranas que aclaró finalmente las confusiones que el Códice Ríos introdujo y propagó sobre la presencia del “capitán Xelhuan” en Cholula así como de algunos otros aspectos de su historia antigua cholulteca. Los nonoalca-chichimecas de Xelhuan en la Historia Tolteca Chichimeca, como lo hizo notar Paul Kirchhoff, fueron uno entre siete pueblos chichimecas, y Xelhuan es uno entre los cuatro gobernantes nonoalcas (Ueuetzin, Quauhtzin, Citlalmacuetzin son los otros), que emigraron desde Tula hacia el Valle de Puebla a principios del siglo XII. La HTC refirió que por instigación del sacerdote gobernante Huemac, los nonualcas emigraron quince años antes que los tolteca chichimeca a Cholula (quienes, a su vez, arribaron a Cholula en 1168 en una zaga migratoria que duró más o menos 36 años). A este mismo grupo étnico y al mismo acontecimiento se refirió también fray Toribio de Motolinía en sus Memoriales (1543):



[...] dicen que estos indios de la Nueva España traen principio de un pueblo llamado Chicomoztoc que en nuestra lengua castellana quiere decir “siete cuevas”. Comienza a contar de un anciano viejo de que ellos toman principio llamado por nombre Iztacmicoatl. Este de su mujer llamada Ilancueitl hobo seis hijos. El primero llamaron Gelhua [...] o Xelua [...] este pobló a Cuauhquechulan (Huaquechula) y a Itzucan (Izúcar), Tzepatlan (Epatlán), Teopantlan y después a Teoacan (Tehuacán), Cuzcatlan (Cozcatlán), Teutitlan (Teotitlán), etc. [...].11

La ruta de emigración de los nonoalcas chichimecas la trazó Paul Kirchhoff desde varias fuentes y así se pudo establecer que pasaron de Tula a Cuernavaca, Tepoztlán, Amecameca, Quauhtinchan, Huaquechula, Tehuacán y por la mixteca chocho-popoloca hasta Teotitlán en la región mazateca: en total, 76 lugares que llegaron a constituir un amplio territorio conquistado y poblado por los nonoalca-chichimecas de la avanzada de Xelhuan. Sin embargo, según lo anotó Kirchhoff, ninguna fuente menciona que Xelhuan se detuvo en Cholula salvo el Códice Vaticano A, que lo ubica como constructor de la pirámide en Cholula en la improbable fecha de 1194. Solo un gobernante de un subgrupo nonoalca que participó en la conquista de Chalco quedó registrado en un documento de Quauhtinchan como un nonoalca que encontró su muerte en Cholollan en un año 6 tochtli y la HTC lo identifica como Timal, un apellido que aún se preserva en varias familias del barrio de Santiago en la Cholula actual. Esto podría indicar que algunos subgrupos nonoalcas se detuvieron en Cholollan e incluso se quedaron a residir aquí, pero todos ellos llegaron, a comienzos del siglo XII, a una ciudad cuyo centro ceremonial, es decir su pirámide, llevaba ya muchos siglos de haberse erigido.

Xelhuan no fue, entonces, un “capitán”, como narra la leyenda de Veytia en la placa “conmemorativa de su fundación” en Cholula, siguiendo el Códice Ríos; menos aún el constructor de la pirámide cholulteca, y con seguridad este guerrero nonoalca chichimeca que la HTC dice murió en el camino, quien tuvo una estatura normal, nunca estuvo en la gran Cholollan.

En las tradiciones orales de los barrios de Cholula, sin embargo, desde una memoria promovida históricamente por las enseñanzas de los frailes franciscanos y el clero regular y sobre la cual ha insistido el Ayuntamiento del trienio 1993- 1996, que colocó una placa alusiva, se insiste en atribuirle a un “capitán” y a “gigantes” antiguos el momento de la fundación de su ciudad. Las diversas tradiciones orales generalmente ya no recuerdan ni concuerdan en el nombre del guerrero fundador, pero existen varias versiones, en diversos barrios, sobre los huesos de gigantes, siempre descritos como de “gentiles”, que continúan apareciendo, casi de manera idéntica a como se le apareció ese molar al propio padre Ríos en Amecameca, en 1556 (según el Códice Vaticano A).12 La periodización cosmológica del mundo mesoamericano del Códice Ríos (que se cuenta con variantes en varias tradiciones y códices coloniales), con sus ideas semejantes sobre un gran diluvio al inicio y los cuatro soles o edades (cada uno con un dios reinante, una o dos características específicas y un cataclismo que lo clausura), pertenece a los mitos más antiguos y de larga duración de la historia mesoamericana.

Quizás porque está estructurado y tiene una estrecha relación con los ciclos agrícolas, su función sagrada y de cohesión o identidad cultural perduró incluso entre tradiciones actuales de culturas indígenas de México.13 Sin embargo, cada grupo cultural, en este proceso de integrar sistemas ideológicos heterogéneos de larga duración histórica, a lo largo y ancho del territorio mesoamericano, debió introducir sus aportaciones específicas al mito cosmogónico. La alusión a Cholula en varias fuentes tempranas demuestra no solo que los cholultecas están entre los primeros pueblos mesoamericanos, sino también habla de su centralidad en los relatos fundacionales de las culturas del altiplano. La historia antigua de Cholula, como lo demuestra y lo deforma el Códice Ríos, pertenece (en palabras compuestas entre Miguel León Portilla y Alfredo López Austin) a “la trama y la urdimbre [...] de los relatos fundacionales que constituyen con cierta homogeneidad subyacente [...] ‘el texto ’ primordial de Mesoamérica”.14 Es muy probable que en Cholula o sus alrededores, el padre Ríos pudo haber recogido una tradición específica que atestiguó de la presencia de gigantes en el momento inicial y sagrado del nacimiento de las culturas y los hombres en esta región. La presencia de los gigantes en el mito cosmogónico, durante la era que concluye con el diluvio, se repite en códices prehispánicos y coloniales,15 aunque en el Códice Ríos los gigantes están situados expresamente en Cholula y confundidos, a su vez, con la migración nonoalca de la HTC muy posterior.16 Como ya lo comenté, El Códice Ríos o Vaticano A es un documento híbrido, con pictogramas elaborados desde la tradición indígena del tlacuilo-historiador y con representaciones que estilísticamente provienen de Europa. Lo que es importante para dilucidar su referencia a los gigantes en Cholula, en tiempos primigenios de Mesoamérica, es que si bien en esta primera edad de Chachiuhtlicue, la diosa de los lagos y ríos que arrasa con el mundo y los hombres con un gran torrente pluvial, está dibujada dentro de la tradición estilística mesoamericana y tenemos referencias a su importancia en esta región desde otras fuentes, el gigante, pintado a sus pies en el Códice Ríos, está trazado al estilo europeo. A un lado de su figura se escribió en náhuatl la palabra “tzocuillicxeque”, que Luis Reyes García traduce como “los que tienen tres pies” e identifica con la tradición nahua de aquellos seres de la época oscura primordial. Y al otro lado de la figura, el texto en italiano, dice “como gigante”. Todo ello nos hace suponer que el tlacuilo indígena no tuvo conocimiento de una tradición pictórica propia para rendir la leyenda de los gigantes en Cholula dentro de una estilística mesoamericana. Sin embargo, se vio compelido a representarla, quizá, porque el padre Ríos había sabido de su existencia por tradiciones orales en la región y se ocupó incluso de reunir pruebas físicas para el Virrey de la presencia de estos gigantes en el valle poblano con un molar que desenterró en 1556, en Amecameca.

Si el mito del origen de los hombres en la cosmovisión mesoamericana tenía ubicado o no a los gigantes específicamente en Cholula, en los tiempos primordiales; si existie- ron códices que atesoraron esa memoria pero la tradición del tlacuilo que pintó el Códice Vaticano A no los conoció, es solo uno de los muchos aspectos de la historia antigua y del lugar que Cholula ocupó en el universo mítico mesoamericano que permanecen todavía en el misterio.

La investigación arqueológica, sin embargo, nos ha podido situar a Cholula, como lo indican los mitos fundacionales de las eras solares, entre los primeros centros habitacionales urbanos mesoamericanos; es decir, como una de las ciudades matrices cuyas tradiciones contribuyeron y participaron del conjunto de creaciones y mitos toltecas según serán narrados por los nahuas en el momento de la conquista y destrucción de Mesoamérica. Cholula surgió, efectivamente, cronológicamente, en los tiempos originales de Mesoamérica. Y persistió como una ciudad viva, hasta el presente, cuando todas las demás ciudades contemporáneas se extinguieron.

CHOLULA: UNA INIMAGINABLE ANTIGÜEDAD

La arqueología nos demuestra que Cholula es el resultado de un prolongadísimo proceso civilizador: durante milenios se desarrolló a partir de la intervención de múltiples pueblos, con diversas culturas y lenguas, en un vasto valle al oriente de las cordilleras volcánicas y de la cuenca de México en el altiplano mesoamericano.

El desarrollo humano arcaico en este valle poblano tlaxcalteca tiene evidencia de presencia humana que data de por lo menos 20,000 años a.C., y Cholula está entre sus más antiguos centros urbanos. Aquí, hombres y mujeres se asentaron, primero como recolectores y cazadores, después domesticaron el maíz, perfeccionando con el tiempo las técnicas del cultivo y del riego hasta la aparición de los primeros grandes centros ceremoniales en el periodo preclásico temprano (1500 a 400 a.C.).

Para tener una idea de la antigüedad de los hombres y sus culturas en este valle basta recordar que: • Al margen del antiguo cauce del río Atoyac, arqueólogos encontraron evidencia de una ocupación humana que se inició en 7000 a.C. y que en sus dos primeras fases abarcó un tiempo de ocupación de más de 4500 años.17 • Una veintena de plantas y árboles frutales (chile, calabaza, aguacate, maíz, amaranto y algodón) fueron especies identificadas y algunas domesticadas en arcaicos cultivos, entre 6000 y 7000 a.C., en el valle de Tehuacán.18 • Existen evidencias arqueológicas que demuestran que 3000 a.C., las culturas del valle poblano tlaxcalteca ya encorralaban al perro (Cannis familiaris) como alimento; entre 1600 a 1200 a.C. (cultura Tzompantepec), en áreas circundantes a Cholula así como en otras regiones del valle, existieron núcleos de población sedentarios, con prácticas agrícolas y sistemas de riego incipiente así como cultos religiosos complejos.19
Si se piensa en Cholula únicamente en el periodo clásico (200-800 d.C.), es decir, en el momento del auge y declive de Teotihuacan, como ya lo han advertido otros investigadores,20 se elimina la contribución histórica milenaria del alto desarrollo humano y cultural alcanzado en el valle poblano tlaxcalteca con anterioridad.21 Los materiales cerámicos de la fase más antigua (Tzompantepec, 1600-1200 a.C.) en el valle poblano tlaxcalteca atestiguan de esta contribución: la confluencia de las culturas del Golfo y de otros centros culturales en Chiapas y Guatemala hacia el valle son notables; en la fase Tlatempa (1200 a.C.- 800 d.C) la cultura olmeca se reconoce en dos villas (y en seis asentamientos en total) clasificando al valle dentro del horizonte cultural olmeca; un horizonte cultural propiamente del altiplano se muestra muy tempranamente, entre 800 y 400 a.C., en aldeas y villas; y un notable desarrollo cultural religioso que los arqueólogos describieron como “culto al tejón” o a algún animal similar por la presencia de incensarios y figurillas de barro, es detectado. En este periodo (y de manera notable en la fase Texcoloc, 800-350 a.C.) se multiplican los centros © Adriana Zehbrauskas, Oaxaca, México, 1997. © ceremoniales que dan muestra de una cultura religiosa y cívica más estructurada en las inmediaciones y en Cholula: pueblos que debieron contar ya con una teocracia incipiente, es decir, con sacerdotes-gobernantes asociados al incremento demográfico y a una creciente urbanización, con plazas, centros cívicos, plataformas y templos.22 De manera importante la explotación del maguey y del quiote se multiplicó en el valle: se han descubierto hornos construidos de manera central en los pueblos, al grado de que algunos arqueólogos consideran que la vida en el valle “giró en torno a ellos”.23 Entre 600 y 300 a.C. tenemos, en la inmediaciones de Cholula, poblados cívico-religiosos con estructuras arquitectónicas que alcanzan quince o más metros de altura, estructuras estucadas, la presencia de panteones sagrados y áreas de juego de pelota que rápidamente se reprodujeron en otros centros cívico-religiosos del valle. Los arqueólogos encontraron también una notable influencia de culturas del Occidente en el valle, que se sobreponen o se funden con aportaciones del Golfo, sur y sureste de Mesoamérica.

Este es el periodo del auge del comercio y, por consecuencia, de un sector comercial que se ve fortalecido por el otro desarrollo cívico importante, en la cuenca del Valle de México, del otro lado de la cordillera volcánica. Una cultura denominada “proto Teotihuacan” ocupará a partir de entonces espacios en el norte y el oeste de Tlaxcala, y coincide en tiempo (alrededor de 600 a.C.) con la creciente nucleación poblacional en torno a Cholula. Al mismo tiempo Adriana Zehbrauskas, Oaxaca, México, 1997.

que otros centros cívico-religiosos en el valle son abandonados o se despueblan en favor de Cholula (entre 300 y el inicio de la era cristiana), entramos en la fase que los arqueólogos llaman “proto Cholula”: de una pequeña villa, Cholula se transforma rápidamente en una enorme ciudad.24 “La Conejera”, como fue bautizada por los arqueólogos del proyecto INAH en 1970, es la estructura piramidada más antigua del centro ceremonial cholulteca: data de aproximadamente 200- 100 a.C. Un entierro, de un hombre de 18 a 20 años, con deformación craneal, que fue encontrado en su interior,25 demuestra la influencia de prácticas mortuorias de las culturas olmeca del Golfo y del sureste de México aunque, también, por los adosamientos posteriores, de la relación que Cholula tendrá, a partir de entonces, con las culturas de la cuenca del Valle de México, es decir, Teotihuacan. El alto desarrollo cultural de las culturas del valle poblano tlaxcalteca, sin embargo, dejó sus huellas en la Conejera: justo antes del adosamiento (entre 200- 350 a.C.) de tableros que la asemeja y la distingue de monumentos teotihuacanos, hay indicios de que este templo fue abandonado y sellado con tierra. Se trata del aporte cultural de una historia antigua, exhibida por la clara separación entre los vestigios preclásicos de los primeros pobladores de Cholula y los adosamientos teotihuacanos posteriores, que indican el alto desarrollo independiente de las culturas del valle poblano tlaxcalteca y de Cholula, a los cuales nos referimos escasamente.26 Cholula no comienza entonces con Teotihuacan,27 aunque fue en el horizonte clásico, al quedar todas las culturas © Adriana Zehbrauskas, Juazeiro do Norte, Brasil, 1998.

del altiplano subordinadas a su enorme poderío, entre 200- 800 d.C., cuando se convirtió en la gran urbe comercial, la ciudad sagrada comercial, como la llamó Paul Kirchhoff.28 La investigación arqueológica y la clasificación de su cerámica dio cuenta del intenso comercio mesoamericano que se organizó desde la ciudad: mercancías traídas del más remoto sureste y sur de Mesoamérica, desde las costas del Golfo, desde y hacia el noroeste, llegan a Teotihuacan y a otras ciudades desde Cholula. La afluencia y la intensificación de los contactos con los pueblos de la costa del Golfo y la Huasteca son también notables a lo largo de este periodo y tendrán, presumiblemente, importancia en la adopción, en el periodo postclásico (900-1500 d.C.), del dios Quetzalcóatl- Ehécatl, el que barre los vientos, como deidad tutelar de la ciudad y sus habitantes. Dos serpientes emplumadas labradas en el canto de una piedra, por influencia de las culturas olmeca o por vía de Teotihuacan,29 tres estelas con cenefas serpentinas similares a la de Tajín, Veracruz, decoraciones con barras, trenzados y estrellas de mar policromadas, se descubren en los adosamientos posteriores hechos a la Conejera (entre 300-400 d.C.) y fortalecen la presunción de la relación de la sierpe con el agua celeste y terrenal y, si Teotihuacan es alguna indicación, con las instituciones y poderes políticos que reinaron entonces sobre la ciudad.30 La investigación arqueológica también descubre enterramientos rituales y evidencias de sacrificios humanos, algunos infantiles, que apuntan a un culto cholulteca, temprano, a los númenes de la lluvia.31 Se descubre también la orientación © Adriana Zehbrauskas, Oaxaca, México, 1997.

de la pirámide de Cholula que se desvía 26 grados Este a Sur, en dirección a la salida del Sol durante el solsticio de invierno, y 26 grados Oeste a Norte, hacia la puesta del sol en el solsticio de verano, así como estructuras escalonadas que dan cuenta de precisas observaciones astronómicas y calendáricas en su arquitectura monumental.32 Al periodo entre 200 y 350 d.C. corresponden también los adosamientos a la pirámide de decoraciones policromadas, decoraciones descritas como “insectos” que dan la impresión de ser cráneos humanos y que se despliegan horizontalmente como sucede con decoraciones en el Templo de la Serpiente Emplumada de Teotihuacan. Y también el mural policromado llamado de Los bebedores: unos personajes que llevan puestos únicamente un máxtlatl o braguero, algunos con tocados de tela y de plumas mientras otros, notablemente, portan una máscara de un animal; sobre los cuales una investigadora concluyó:

[...] en los sitios que poseen pintura mural que han sido estudiados por el grupo de especialistas del proyecto La Pintura Mural Prehispánica en México, nunca hemos encontrado nada similar a lo largo de los siglos de la historia mesoamericana.33

Es paradójico que toda descripción o explicación posible de esta antigua historia arqueológica cholulteca debe partir de documentos escritos y pictográficos correspondientes a culturas distintas y a muchos siglos posteriores. Ello induce a equívocos y errores: cualquier explicación de sus significados tempranos, no hay que olvidarlo, solo puede ser una interpretación probable. La sierpe, por ejemplo, tiene una antigua representación (1150-500 a.C.) y su culto evoluciona con diversas simbolizaciones y múltiples significados en Mesoamérica: asociada a la tierra y al agua, con el ciclo de crecimiento del maíz, se escurre en la profundidades y se alza en un vuelo estelar, posiblemente después del clásico temprano (alrededor de 200 d.C.), cuando adquiere plumas del quetzal, hasta que, a finales del clásico (entre 800 y 900 d.C.), su naturaleza divina aparece encarnada en los gobernantes que asumieron sus atributos, promovieron su culto y se sirvieron de su poder mítico para dar abolengo y legitimidad a ciertas dinastías toltecas.

Si consideramos que todavía no hay certezas acerca del lenguaje que se habló en Teotihuacan,34 si consideramos que la Tula mítica, el gran hervidero cultural desde el cual se diseminaron las tradiciones culturales de Mesoamérica es todavía una discusión abierta y que no tenemos conocimientos de las lenguas, es decir la procedencia étnica,35 ni de los atributos específicos de estas tempranas deidades, cuando la sierpe y los entierros con sacrificios rituales hacen su aparición en Cholula, solo podemos concluir, como lo hizo Paul Kirchhoff en 1962, que toda la historia antigua cholulteca –arqueología, historia, etnología– permanece, aún, en la etapa de ser investigada y descubierta.

N O T A S

1 Presidido por el doctor Alfredo Toxqui Fernández de Lara.

2 Conjuntamente con el develamiento de la placa, se publicó un pequeño folleto conmemorativo: Comentarios en torno a los caídos en la ciudad sagrada de Cholula. Allí se especifica que Xelhuan, hijo de “Iztacmixcóhuatl e Ilancuey”, llegó a Cholula en el año 3079. La fuente de este cálculo es Manuel Orozco y Berra, Historia antigua y de la conquista de México, Porrúa, 4 vol., 1960. Mariano Veytia da el año 3979 para la estancia de Xelhuan en Cholula. Un breviario escolar, publicado en Puebla, de Félix Angulo Castaño: Cholula, cien notas de información general, Puebla, 1963, debió ser la fuente inmediata de toda esta narración. En el folleto conmemorativo, a modo de epígrafe, se dice: “Los historiadores no juzgan, analizan. Los humanistas y los políticos, hacen el papel de jueces para crear otra Historia” (el énfasis es mío). Se promovieron en este trienio municipal (no hay precedente en ningún otro) también otras y diversas publicaciones sobre la historia de Cholula. Para ello quedó integrado un consejo editorial: Pbro. Lic. Rafael Amador Tapia Zúñiga (cura párroco de Cholula); Presidente Municipal, Dr.

Alfredo Toxqui Fernández de Lara; Lic. Ramón Reyes Almazán; C.P. Alejandro Velásquez Amescua; Marciana Martínez Vela; Lic. Gloria Patricia Rojas Vázquez; C.P.A. Ángel Bravo Colombo; L.T. María Guadalupe Galindo Vega; D.G. Laura Enciso Rojas. Toda esta “historia nueva” promovida desde el Ayuntamiento en este trienio, sobre todo con la publicación de textos sin comentarios críticos y la mayoría proveniente de fuentes eclesiásticas coloniales, debería ser, alguna vez, tema de un análisis propio.

3 La cita completa tomada de Mariano Fernández Echeverría y Veytia , Historia antigua de México, es: “La leyenda cuenta que en la época del Diluvio moraban sobre la Tierra gigantes, de los cuales muchos perecieron sumergidos en las aguas, algunos quedaron convertidos en peces y sólo siete hermanos se salvaron en las grutas de las montañas de Tlaloc.

Xelhua, el gigante, fue al sitio que después se llamó Cholula y con grandes adobes fabricados en Tlalmanalco, otros señalan Amecameca, sitio distante, que fueron conducidos a brazo por una fila de hombres distribuidos entre ambos puntos, comenzó a construir la Pirámide en memoria de la montaña en que fue salvado. Irritado, Tonacatecuhtli, padre de todos los dioses, porque la obra amenazaba con llegar a las nubes, lanzó fuego celeste y con una gran piedra en forma de sapo mató a muchos de los constructores, dispersó a los demás y no pasó adelante la construcción”.

En resumen: Veytia afirma que la pirámide de Cholula la construyeron los toltecas, quienes junto con xicalancas y tzapotecas, fundaron la ciudad.

Esta edificación fue producto del temor que provocó entre ellos la posibilidad de otro diluvio y fue destinada a ser un observatorio. Veytia también menciona la profecía de Quetzlacoátl quien visitó Cholula en su camino hacia Coatzacoalcos, y dice que el observatorio estaba dedicado a Quetzalcóatl porque “atribuían al aire la causa de la destrucción”. Mariano Veytia, Historia antigua de México.

4 Mariano Fernández de Echeverría y Veytia, nació en Puebla el 16 de julio de 1718 y fue enterrado en la iglesia de San Francisco el 25 de febrero de 1780. En mayo de 1737 figuró como abogado de la Audiencia y en ese mismo año viajó a Europa. En 1744, en Madrid, conoció y asistió a Lorenzo Boturini Benaduci, deportado a España después de que todos sus documentos históricos le fueron confiscados en México. La colección de documentos recopilados por Boturini sufrió a partir de ese momento un progresivo deterioro y, antes de 1746, cuando fue absuelto por el Consejo de Indias, los documentos ya no estaban en su poder. Después de 1800 estos documentos mexicanos pasaron a ser propiedad de Antonio León y Gama (1735-1802), de el padre José Antonio Pichardo (1748?-1875) y de Veytia.

Alexander von Humboldt adquirió, en 1802, de los herederos de León y Gama, algunos, incluyendo el llamado Códice Boturini o Tira de Peregrinación, y los entregó a la Biblioteca Nacional de Berlín donde permanecen hasta hoy. Lord Edward Kinsborough (1795-1837) incluyó facsimilares de estos documentos en su magna obra, Antiquities of México, en 1826. La colección de documentos de Boturini se encuentra hoy distribuida entre la Biblioteca Nacional de Berlín, como colección Aubin-Goupil en la Biblioteca Nacional de París, y 42 manuscritos en el Museo Nacional de Antropología, el Archivo Histórico del INAH y en la Biblioteca Nacional de México. En 1768, Veytia se integró a la orden de los Agustinos. Su Historia antigua de México (México, 1836) se publicó en tres volúmenes y, póstumamente, la Historia de la fundación de la ciudad de Puebla de los Ángeles en la Nueva España, en 1931.

5 La HTC permaneció en Quauhtinchan por lo menos hasta 1718, y entre 1736 y 1743 pasó a ser propiedad de Lorenzo Boturini. En 1743 le fue confiscada a Boturini y permaneció en la Secretaría del Virreinato hasta 1830-1840. Joseph Marius Alexis Aubin (quien vivió en México entre 1821- 1840), en 1840, la trasladó a Francia y la vendió al anticuario Goupil en 1889. En 1898, la HTC fue donada a la Biblioteca Nacional de París. Konrad Theodor Preuss y Ernst Mengin la publicaron por primera vez en 1937, con el texto en nahua y una traducción al alemán. Ver Paul Kirchhoff, Lina Odena Güemes y Luis Reyes García , Historia Tolteca Chichimeca, FCE, 1989. Muy probablemente Veytia solo tuvo acceso a la versión de los mismos hechos narrados sobre la zaga de Xelhuan por fray Toribio de Benavente y sus Memoriales (1543), y reproducidos por fray Juan de Torquemada en su Monarquía indiana de 1615. Torquemada explica que tuvo acceso a los códices originales en que se menciona la fundación de Cholula y de otras poblaciones y al gigante Xelhuan. Es muy probable que él se refería al Códice Ríos o Vaticano A. La colección de los manuscritos y documentos de Veytia, desde 1921, es parte del acervo documental de la Universidad de Texas. El Códice Veytia titulado “ Modos que tenían los Yndos para celebrar sus fiestas en tiempos de la gentilidad y figuras ridículas de que se usaban. Recopiladas a expensas y solicitud del Lizenciado don Mariano Fernández de Echeverría y Veitia, Caballero profeso de la Orden de Santiago que es una de las partes que debe adornar la Historia General de la Nueva España que escribió el mismo autor”, se encuentra en la Real Biblioteca de Madrid y demuestra el acceso que Veytia tuvo a los códices mexicanos de la colección de Boturini.

6 Existe una edición facsimilar con anotaciones de F. Anders, M. Jansen y Luis Reyes García, en México, editada por el FCE en 1996.

7 El Códice Telleriano-Remensis fue discutido en un seminario sobre el Grupo Borgia en el verano de 1982, en Dumbarton Oaks, Harvard University, en Washington D.C.

8 F. Anders, M. Jansen, Luis Reyes García, Religión, costumbres e historia de los antiguos mexicanos; libro explicativo del llamado Códice Vaticano A.

FCE, México, 1996.

9 Fray Jerónimo de Mendieta , Monarquía indiana, Porrúa, 1970.

10 “Los pueblos de la Historia Tolteca-Chichimeca: sus migraciones y parentescos”, en: Revista Mexicana de Estudios Antropológicos, vol. 4, 1940, pp.

77-104. Y con la colaboración de Luis Reyes García y Lina Odema Güemes, La Historia Tolteca Chichimeca, FCE y Gobierno del Estado de Puebla,1989.

11 Fray Toribio de Benavente , Memoriales, UNAM, México, 1971, p. 10.

12 La versión de doña Tranquilina Pantle , del barrio de Santiago Mixquitla, en Cholula, la recogí en el libro “Creo para poder entender: la religiosidad popular en los barrios de Cholula, BUAP, 2002. Ver también Ligia Rivera Domínguez, Historia mítica de la pirámide de Cholula, Cuadernos del ICSI, BUAP, 1998. En el breviario escolar de Félix Angulo Castañón, de 1963, obra ya citada, también viene repetida la historia pero, más importante aún, esta leyenda, a partir de entonces, se enseñó en las escuelas de Cholula.

13 Ver la obra de Alfredo López Austin. En particular, “La cosmovisión mesoamericana” en Temas mesoamericanos, INAH, México,1996.

14 Miguel León Portilla, “Mitos de los orígenes de Mesoamérica”, en Arqueología mexicana, vol. X, núm. 56.

15 Por ejemplo Anales de Quauhtitlán y en La Historia de los mexicanos por sus pinturas, (cuyo autor probablemente fue el franciscano Andrés de Olmos).

16 Se trata de fuentes obtenidas por cronistas religiosos del primer periodo colonial, con participación de un tlacuilo-historiador indígena y de tradición mexica tardía.

17 La bibliografía de esta investigación se encuentra resumida y comentada por Ángel García Cook y Leonor Merino Carrión en “ Condiciones existentes en la región poblano-tlaxcalteca al surgimiento de Cholula”, Notas Mesoamericanas, núm.10, UDLA, 1971.

18 Douglas S. Byrnes ed, Pre History of the Tehuacan Valley, University of Texas Press, 1967.

19 Ángel García Cook, “Una secuencia cultural para Tlaxcala” en Comunicaciones, Puebla, 10/19/74. “Historia de la tecnología agrícola en el altiplano central desde principios de la agricultura hasta el siglo XIII”, en Historia de la agricultura, 1989, INAH.

20 J. Paddock, “Cholula en Mesoamérica”, Notas Mesoamericanas núm. 10, UDLA, 1987, y A. García Cook y L. Merino Carrión, op.cit.

21 Y también con posterioridad a Teotihuacan. Ver también John Paddock (1987) para la argumentación más sólida sobre el desarrollo independiente que muestra Cholula con respecto de Teotihuacan en varias etapas arqueológicas.

22 Peter Tscholl, et. al., Catálogo arqueológico y etnohistórico de Puebla- Tlaxcala, Köln, 1977.

23 Abascal (1975) citado por A. García Cook (1987).

24 Joseph Mountjoy y David Petersen, Man and land at prehispanic Cholula, Vanderbilt University, 1973.

25 Las obras consultadas son: Javier Romero, Estudio de los entierros de la pirámide de Cholula, SEP, Museo Nacional de México, 1937; Eduardo Noguera, El altar de los cráneos esculpidos de Cholula, SEP, Departamento de Monumentos, México, 1937; Sergio López et.al., “Enterramientos humanos”, Proyecto Cholula, INAH, 1970; Sergio López et. al., Costumbres funerarias y sacrificio humano en Cholula prehispánica, UNAM, 2002; Zaid Lagunas Rodríguez, “El uso ritual del cuerpo en el México prehispánico”, en Arqueología mexicana., vol. XI, núm 65, 2004.

26 Eduardo Noguera, La cerámica arqueológica de Cholula, editorial Guarania, 1954. Ángel García Cook, op.cit., 1989.

27 De hecho, ni termina con Teotihuacan. Ver John Paddock (1987).

28 Paul Kirchhoff, Cholula, la ciudad sagrada comercial, inédito, 1967.

29 La evolución iconográfica de la sierpe desde su aparición entre culturas olmecas formativas de Mesoamérica la discute Román Piña Chan , Quetzalcóatl: serpiente emplumada, FCE, 1977. Ver también el número monográfico: “La serpiente emplumada en Mesoamérica” en Arqueología Mexicana, vol. IX, núm. 53, 2003. La serpiente emplumada de Teotihuacan, según lo sugieren algunos investigadores como Karl Taube, es, en este periodo del clásico temprano, símbolo de las aguas pluviales y las aguas que corren por la superficie terrestre. Su característica asociación con gobernantes y la posible confusión con Ehécatl en fuentes coloniales es estudiada tanto por H.B. Nicholson como por E. Florescano.

30 Karl Taube, “La serpiente emplumada en Teotihuacan”, Arqueología Mexicana, vol. IX, núm. 53.

31 Una publicación que resume la información arqueológica obtenida en las investigaciones del Proyecto Cholula (INAH-1969) sobre la pirámide es la de Sergio Suárez y Silvia Martínez , Monografía de Cholula, Puebla. Se trata de un pequeño folleto que tiene la virtud de hacer accesible toda la información técnica y cronológica de las exploraciones arqueológicas en la gran pirámide. Fue promovido y publicado por este mismo trienio municipal de 1993-1996 en San Pedro Cholula.

32 Franz Tichy, “Orientación de las pirámides e iglesias en el altiplano mexicano” en Comunicaciones IV, Fundación Alemana para la Investigación Científica, 1971.

33 M.A. Uriarte, “Cholula” en Pintura mural pre-hispánica, CONACULTA, 1999.

34 Karl Taube propuso recientemente la posibilidad de que en Teotihuacan se habló un proto náhuatl. “The writing system of a ancient Teotihuacan” en Ancient American, Center for ancient american studies, Washington DC, 2000.

35 Correspondiente al preclásico teotihuacano, John Padddock prefiere la clasificación pre-urbano para Cholula y para el valle poblano tlaxcalteca.

En este periodo el valle oaxaqueño estuvo habitado por zapotecas: “[...] la población del Valle de Puebla Tlaxcala, entonces, y por muchos siglos después, era del grupo lingüístico otomangue, al que pertenecen también los zapotecas. El término tetlamixteca [...] se refiere a una agrupación que en sentido lingüístico es arbitraria. Sin embargo, geográficamente es real.

[...] mixteca, mazateca, ichcateca, chocho, popoloca, cuicateca, chinanteca, amuzgo, triqui [...] tetlamixteca, que en nahuátl quiere decir “cercano al mixteca”, se designa [...] a este grupo de pueblos [...] los nahuas llegaron a Tlaxcala y al norte del valle de Puebla entre 1210 y 1230 [...] cuando Teotihuacan ya estaba extinta [...]” Jiménez Moreno sospecha que hubo un elemento nahua (junto con mixtecas y chocho popolocas) entre el grupo olmeca xicalanca que estuvo [...] en Cholula durante 500 años; [...] por lo tanto la población del Valle de Puebla en los tiempos de Teotihuacan era la misma que se encontraba en el Valle de México durante al llegada de los nahua: otomí y tetlamixteca [...]” en “Cholula en Mesoamérica”, ibid., p. 29.

Anamaría Ashwell, aashwell@gmail.com



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