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Elementos No. 51, Vol. 10, Septiembre - Noviembre, 2003, Página 43
El esceptismo filosófico antiguo y el problema de la justificación epistémica

Carlos Gutiérrez Rueda                 Descargar versión PDF


A decir verdad hay algunos puntos en mi razonamiento sobre los cuales no me atrevería a ser realmente aseverativo; pero que, considerando como un deber el buscar lo que ignoramos, nos volvemos mejores, más enérgicos, menos perezosos que si consideramos imposible y ajeno a nuestro deber la búsqueda de la verdad desconocida; esto me atreveré a defenderlo contra todo el mundo, en la medida de mi capacidad, por medio de mis conversaciones y mis obras. PLATÓN: Menón, o de la Virtud. En su intento por proveer una guía sistemática del estado actual de la epistemología, John Greco1 propone tres ejes en torno a los cuales se podría organizar el amplio debate sobre el problema filosófico del conocimiento. Esta propuesta se plantea por medio de tres preguntas: ¿qué es conocimiento?, ¿podemos conocer? y, si respondemos afirmativamente a esta última pregunta, aparece la tercera, ¿cómo conocemos que conocemos?

En lo que respecta a la primera pregunta, se puede decir que ésta pide como respuesta una definición de conocimiento tal como la que se ofrece en el contexto de la teoría clásica del conocimiento que lo define como "creencia verdadera más justificación".2 Independientemente de que existen otras formas de definir al conocimiento, para los fines e intereses que guiaron el presente ensayo, nos centraremos en una corriente epistemológica -el escepticismo- que se relaciona con las dos últimas preguntas. En efecto, el escepticismo filosófico al sostener que no es posible conocer, ofrece una respuesta negativa a la pregunta por la posibilidad de éste; y, al respaldar su postura ofreciendo razones para dudar, cuestiona las razones que evocamos para justificar al conocimiento que aducimos tener. Así planteado, el escéptico, cuando niega que podamos conocer, entra en abierto debate con el dogmático epistemológico, para quien el conocimiento es posible de varias maneras. El debate entre ambos demarca el denominado "problema de la justificación epistemológica" y es dentro de él que se encuentra la discusión aquí presentada.

ESCEPTICISMO FILOSÓFICO

Tal como ya se mencionó, el escepticismo filosófico es la postura que niega que el ser humano pueda conocer. Aunque esto parece una actitud extraña y extravagante, a lo largo de la historia de la filosofía se han presentado argumentos que abogan a favor de tal postura; y no sólo eso, si los analizamos, ¡parecen convincentes! ¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué algo que parece imposible, luego de un razonamiento parece posible? ¿Recurren los escépticos a alguna trampa argumentativa? ¿Cuál es esa trampa? Responder a estos interrogantes es una de las tareas de la epistemología. Y una de sus estrategias ha sido revisar cómo, a lo largo de la historia, los escépticos han argumentado a favor de la respuesta negativa a la pregunta: ¿es posible conocer? Antes de comenzar un somero recuento de los argumentos escépticos, una aclaración importante: el escéptico no niega la posibilidad de conocimiento sólo por negar -eso los convertiría en unos necios con los que no valdría la pena discutir. Más bien, y por eso resulta tan interesante el estudio de este problema tradicional de la epistemología, cuando se habla del escepticismo filosófico, se afirma que se trata de una cuestión de duda más que de negación. En este orden de ideas, Strawson3 nos dice que el escéptico no es, estrictamente, alguien que niega la validez de ciertos tipos de creencias, sino alguien que cuestiona, aunque sea sólo al inicio y por razones metodológicas, que nuestras razones para sostenerlas no son adecuadas.

Presenta sus dudas a la manera de un desafío [...]. En otras palabras el escéptico presenta preguntas relevantes a nuestras pretensiones de conocimiento y, además, argumenta por qué tales cuestionamientos son relevantes. Es más, la raíz griega del sustantivo "escéptico" viene del verbo griego skeptomai que significa "examinar" o "considerar" cuidadosamente. Rescatando esta visión filosófica del escepticismo, Thorsrud4 resalta dos características del mismo: a) éste ofrece, inicialmente, argumentos plausibles para su conclusión escéptica; y b) esa conclusión es radical en su alcance y fuerza, es decir, pretende negar la totalidad de la capacidad humana de conocer. Estas características significan que tales argumentos no son plausibles en el sentido de que sean psicológicamente persuasivos; más bien su plausibilidad consiste en que, en cada paso que avanza en su argumento, éste parece intuitivamente correcto. Y esto es lo que los hace filosóficamente interesantes pues nos presentan líneas de razonamientos que parecen intuitivamente plausibles pero su conclusión nos resulta, al mismo tiempo, absolutamente implausible. El trabajo aquí presentado se centra en una de las grandes familias del escepticismo filosófico, a saber, el que floreció en la Antigua Grecia en el contexto de la Academia Platónica y sus oponentes. Ahora bien, dado que no hay fuentes documentales de primera mano, para estudiar al escepticismo "antiguo" se suelen citar las siguientes fuentes indirectas: tanto Cicerón (104-66 a. C.) -Academica y De Natura Deorum- como San Agustín (354-430) -Contra Académicos- presentan al lector "moderno" el escepticismo académico. Por su parte, Sexto Empírico (quien vivió alrededor del año 200 d. C.) -Bosquejos Pirrónicos y Contra los Profesores- expone el escepticismo pirrónico. Diógenes Laercio (c. finales del siglo II de nuestra era, principios del III) -Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres- aunque ofrece datos importantes, se limita a presentar ambas escuelas.

DOS TIPOS DE ESCEPTICISMO ANTIGUO

Sexto Empírico, en sus Bosquejos Pirrónicos (1.1-3) presenta al escepticismo de la siguiente forma: Cuando la gente investiga algo, el resultado probable puede ser que, o bien se encuentre alguna respuesta o aceptar que no hay respuesta. Si no se encuentra, uno puede seguir buscando o concluir que no es posible encontrar la respuesta buscada. Lo mismo pasa en la búsqueda filosófica. Algunas personas han afirmado que han encontrado la verdad; por el contrario, otros han afirmado que ella no puede ser aprehendida; y más aún, otros la siguen buscando. Todos aquellos que creen haberla encontrado, son los Dogmáticos -por ejemplo, los seguidores de Aristóteles y Epicuro, los Estoicos y algunos otros. Los seguidores de Clitómaco y Carnéades, así como algunos otros Académicos, han afirmado que no es posible aprehender la verdad. Los escépticos [ skepticoi] continúan buscando. Siguiendo a Sexto, podemos identificar tres respuestas posibles a la pregunta por la posibilidad del conocimiento: a) los que responden afirmativamente, llamados dogmáticos; b) los que responden negativamente, denominados académicos; y c) los que se niegan a responder pues no tienen pruebas concluyentes. Estos últimos son los llamados, propiamente, escépticos. De estas tres respuestas, Klein5 distingue dos formas básicas de escepticismo filosófico: a) la línea académica, que muestra argumentos a favor de la idea de que no es posible conocer; y, por otro lado, b) los escépticos -que de aquí en adelante los llamaremos pirrónicos- quienes se niegan a participar en la discusión epistemológica planteada entre los dogmáticos y los académicos. Para estos últimos, tanto los dogmáticos como los académicos, podrían clasificarse como dogmáticos pues ambos grupos defendían posturas epistemológicas dudosas. Al respecto, el propio Sexto Empírico6 nos aclara: Los de la Academia Nueva, aun cuando también dicen que todo es inaprehensible, posiblemente difieran de los escépticos [pirrónicos] en eso mismo de decir que todo es inaprehensible. Ellos, en efecto, hacen de eso una afirmación tajante, mientras que el escéptico mantiene sus dudas de que pudiera ser también que algo fuera aprehensible. La cita anterior es precisamente la que sirve a Klein7 para señalar claramente la diferencia entre ambos tipos de escepticismo. La línea de demarcación está basada en el tipo de relación que mantenían, cada uno por su lado, con la postura dogmática. En efecto, mientras que los académicos pensaban que su punto de vista podría ser respaldado correctamente por algún(os) argumento(s) y así seguir en disputa con los dogmáticos, los pirrónicos, por su parte, dejaban de lado la discusión pues no tenían confianza en la justificación que pudieran ofrecer los razonamientos a la hora de discutir si el conocimiento era posible o no.

Estudiosos como Groarke y Popkin8 coinciden con la distinción anteriormente planteada pues afirman que se pueden distinguir, en la antigua Grecia, dos tipos de escepticismos. Ya fueren pirrónicos o académicos, los antiguos escépticos tuvieron como convicción central -por no decir, la sospecha- de que las afirmaciones filosóficas por medio de las cuales pretendemos aprehender alguna verdad, son, inherentemente, inciertas. Mientras unos suspenden el juicio frente a lo inevitable, los otros, con base en la argumentación, intentan mostrar que hay cosas que no se conocen con total certidumbre, por lo que, sólo vale la pena investigar lo posiblemente cognoscible. Aun cuando ambos tipos de escepticismo comparten la idea de que es sospechoso que alguien afirme que conoce, el académico etiqueta al conocimiento no como imposible, sino sólo probable. Por su parte, y como ya mencionamos, el pirrónico se abstenía de opinar sobre estos temas.

ESCEPTICISMO PIRRÓNICO

El escepticismo pirrónico fue formulado por Pirrón de Elis quién vivió alrededor del años 360-275 a.C. y no se conoce documento alguno escrito por él. Sin embargo, se hizo popular durante y después del primer siglo de nuestra era y de esa época sacamos las fuentes secundarias ya citadas para la exposición y estudio de su postura. Tal como lo mencionamos, la fuente principal para el pirronismo lo constituye la obra de Sexto Empírico -Esbozos Pirrónicos- texto que, a decir de los expertos, elimina la dificultad de no contar con fuentes primarias para estudiar el pirronismo pues se trata de una exposición detallada del escepticismo antiguo. Para este tipo de escepticismo, tanto los dogmáticos al afirmar que "algo puede conocerse", como los académicos al afirmar que "no puede conocerse nada", estaban enfermos pues sus argumentos eran muy pretenciosos. Así planteado, la búsqueda de conocimiento se convierte en una preocupación. Para llevar una vida más tranquila, los pirrónicos propusieron "curarse" de esa enfermedad por medio de la ataraxia (quietud o imperturbabilidad). Este estado mental era alcanzado con la suspensión de todo juicio acerca de cualquier pretensión de conocimiento que pase de las apariencias. Así, tranquilamente, la búsqueda de la ataraxia se convierte en una forma de vida. Esa suspensión de juicio no sólo era respaldada por afirmaciones tales como: "no hay cosa alguna honesta ni torpe, justa o injusta" y "nada hay realmente cierto, sino que los nombres hacen todas las cosas por ley o por costumbre; y que no hay más ni menos en una cosa que en otra";9 sino por la idea de que se puede contraponer a toda afirmación una contra-afirmación de igual peso. Esto es: no hay dogmas que postular ni condenas que emitir, sólo el análisis minucioso e implacable de cada afirmación dogmática con vistas a descubrir que, en realidad, el problema en cuestión es inaprehensible y el escéptico [pirrónico] no puede ni debe pronunciarse al respecto.10 Y en palabras del propio Sexto Empírico: El escepticismo es la capacidad de establecer antítesis en los fenómenos y en las consideraciones teóricas, según cualquiera de los tropos; gracias a la cual nos encaminamos -en virtud de la equivalencia entre las cosas y proposiciones contrapuestas - primero hacia la suspensión de juicio y después hacia la ataraxia.11 En resumen, según los pirrónicos, con lo que no se cuenta en las discusiones epistemológicas es con un criterio partir del cual decidamos qué es verdadero y qué es falso: para decidir la disputa que ha surgido acerca del criterio, debemos poseer un criterio aceptado por el cual podamos juzgar la disputa; y para poseer un criterio aceptado primero debe decidirse la disputa acerca del criterio. Y cuando la discusión queda reducida así a una forma de razonamiento circular, el descubrimiento del criterio se vuelve imposible, ya que no les permitimos a los filósofos dogmáticos adoptar un criterio por suposición, mientras que si se ofrecen a juzgar el criterio por otro criterio, los obligamos a regresar al infinitum.12 A esta forma de plantear la postura escéptica, Sosa13 la denomina "problemática pirrónica" que consiste, como ya decíamos en el apartado anterior, en la suspensión del juicio sobre la pretensión de conocimiento. Revisemos lo que nos dice Sexto Empírico sobre la suspensión del juicio que caracteriza a la línea pírrica del escepticismo: Se habla de la afirmación en un doble sentido, uno genérico y otro restringido.

En sentido genérico es una expresión que denota ya sea una afirmación ya sea una negación; por ejemplo, "es de día", "no es de día" [...] Pues bien, el "no afirmar nada" es la ausencia de la que hemos denominado afirmación en sentido genérico, en la que decíamos que se incluyen tanto la afirmación como la negación; de modo que el "no afirmar nada" sea esa forma nuestra de sentir, según la cual decimos que ni se establece ni se rechaza nada.14 Y en el capítulo XIII del mismo libro, de manera más clara, Sexto nos dice: Creemos que determinar no es simplemente decir algo, sino expresar en forma de asentimiento una cosa no manifiesta. Porque en ese sentido, seguramente, el escéptico aparecerá como que no determina nada, ni siquiera eso mismo del "nada determino". Y es que esa expresión no es una opinión dogmática -esto es, un asentimiento a algo no manifiesto - sino una expresión indicadora de nuestra forma de sentir. Por descontado, cuando el escéptico [pirrónico] dice "nada determino", afirma esto: "yo en este momento estoy en una situación de ánimo tal que ni establezco dogmáticamente nada de lo que cae bajo este estudio ni lo rechazo" [...].15 Las razones que aducían los pirrónicos para suspender su juicio las encontramos en la siguiente cita tomada de los Esbozos Pirrónicos de Sexto Empírico16 : El asunto a discutir es algo relacionado o bien con el conocimiento sensible o bien con el intelectual; pero de cualquier tipo que sea, estará sujeto a discusión. En efecto, unos afirman que sólo lo relacionado con el conocimiento sensible es verdadero, otros que sólo lo relacionado con el intelectual y otros que algunas cosas relacionadas con el sensible y algunas cosas relacionadas con el intelectual. Pues bien, ¿dirán acaso que esa discusión es superable?, ¿o que es insuperable? Si es insuperable, diremos que hay que mantener en suspenso el juicio, sin posible acuerdo. Y si es superable, querremos saber a partir de qué se resolverá. Los pirrónicos justifican así su suspensión del juicio.

ESCEPTICISMO ACADÉMICO

En otro orden de ideas, y como ya hemos venido exponiendo, hubo otro tipo de escepticismo en el mundo antiguo. De manera particular, se puede decir que el escepticismo académico recibe su nombre ya que surgió en la Academia platónica en el siglo III a.C. y se desarrolló a partir de la afirmación socrática "sólo sé que no sé nada".17 Si bien es cierto, la afirmación socrática no engloba toda la postura filosófica de los académicos, uno de sus directores, Arcesilao (c.315-241 a.C.), la usó como punto de partida y "conservó [de ella] el método refutativo en el que se reserva un amplio lugar al diálogo y a los discursos críticos".18 Por otro lado, Cicerón1 9 nos informa que Arcesilao comenzó, no por exponer cuáles eran sus posturas, sino a disputar en contra de lo que otro exponía: disertando contra las sentencias de todos, conducía a ella a muchísimos de modo que, cuando en una misma cuestión se encontraba igual peso de razones en pro y en contra, más fácilmente era suspendido el asentimiento en un sentido o en otro. Otro texto que nos informa sobre el "escepticismo académico" es El Adversus Matemáticos de Sexto Empírico; allí se atribuye la formulación teórica de este escepticismo al ya mentado Arcesilao y a Carnéades (c. 213-129 a.C.). Con él, se quiso mostrar, mediante un grupo de argumentos y acertijos dialécticos, que los filósofos dogmáticos [aquellos que aceptaban la posibilidad humana de conocer] no podían conocer con absoluta certidumbre las proposiciones que afirmaban conocer.20 Al argumentar a favor de la idea de que no conocemos con absoluta certeza, esta vertiente es vista como una condición humana; esto es: "no podemos conocer pues todo puede ponerse en duda". Lo anterior lo lograron formulando una serie de dificultades -en particular "oposiciones"- que tenían por objetivo mostrar que la información que obtenemos por medio de nuestros sentidos puede ser engañosa, o que no podemos estar seguros de que nuestro razonamiento es fidedigno y, en suma, que no poseemos criterios ni normas que garanticen cuál de nuestros juicios es verdadero o cuál es falso. Se puede presentar de forma esquemática el argumento Académico de la siguiente manera: 1) Para que algo sea considerado como "conocimiento" debemos estar seguros de que es verdadero; esto es, no-falso. 2) Contamos con dos vías para asegurarnos de que no es falso: por la información sensorial y por medio del razonamiento. 3) No estamos seguros de que estas vías sean completamente confiables. 4) Como no existe, o no se conoce, ningún criterio último que garantice el verdadero conocimiento, entonces siempre queda alguna duda de que el conocimiento sea verdadero. Por lo tanto: Nada es cierto. Cuando mucho, lo que llamamos conocimiento es algo probable. Así planteado, el escepticismo académico es visto como el punto de vista que afirma que todo puede ponerse en duda; esto es, más que negar rotundamente la posibilidad de conocimiento, se plantea como una forma de discusión que abre el campo a la revisión de las justificaciones de nuestras creencias verdaderas. Como de principio no niega la posibilidad del conocimiento, tal como lo harían los pirrónicos, algunos lo consideran como un escepticismo "medio".

ESCEPTICISMO ANTIGUO Y EPISTEMOLOGÍA CONTEMPORÁNEA: EL TRILEMA DE AGRIPA

Ahora bien, este planteamiento escéptico resulta interesante para la epistemología contemporánea en cuanto a la problematización que hace de la "justificación epistémica". En efecto, tal como he querido mostrar, la lucha argumentativa entre dogmáticos y el escepticismo filosófico gira en torno a si la justificación respalda o no a las creencias verdaderas que pretenden elevarse a la categoría del conocimiento. En términos actuales diríamos que esta temática está dentro de la discusión entre las diferentes teorías de la justificación epistémica: "lo que realmente está en disputa, por supuesto, es cómo se logra la justificación epistémica o cognitiva, el tipo de justificación pertinente al conocimiento".21 En efecto, una rama de epistemología actual se centra en el debate en torno a si las justificaciones ofrecidas realmente respaldan las creencias que tenemos por verdaderas: ¿cómo justificar las bases de nuestro propio conocimiento?, ¿qué criterio usar para distinguir las proposiciones falsas de las verdaderas? Tal es el problema epistemológico en cuestión que se resume en la búsqueda de certidumbre pues lo que se busca son criterios que, con toda seguridad, nos permitan discernir cuándo conocemos y cuándo no. En particular nos referiremos a dos teorías de la justificación: el fundamentacionalismo y el coherentismo.22 Pero, antes de exponer estas corrientes epistemológicas, será pertinente hacer algunos comentarios sobre la concepción del conocimiento que intenta refutar el escepticismo filosófico y que aquí está supuesta. En efecto, en este contexto se retoma la definición clásica del conocimiento que, según Tomasini23, es "la creencia verdadera acompañada de una justificación". Como se nota, bajo esta concepción de conocimiento, lo que se pide es que el conocedor cuente con buenas razones que respalden su afirmación "conozco x". Con lo anterior queda claro que la cuestión en disputa se centra en si las justificaciones realmente respaldan a la creencia verdadera. Si la respaldan, conoceré; si no, no puedo afirmar que conozco. En este orden de ideas, la concepción de conocimiento está planteada como algo que es reflexivo o justificado por alguna estructura de razones.24 Así, si uno afirma que conoce -en este sentido reflexivo-, entonces uno debe estar seguro de que conoce y, a su vez, debe estar respaldado por una cadena de razones que respaldarán o justificarán la afirmación de que conocemos algo. Esto es, si uno hace frente a algún cuestionamiento como el de los escépticos, uno debe asentir su propia afirmación "conozco x" sólo si se está seguro que conoce ya que cuenta con un respaldo. Una vez dicho lo anterior, podemos resaltar uno de los puntos rescatables del escepticismo antiguo: el Trilema de Agripa -que tiene su origen precisamente en los tratados escépticos que hemos venido citando. En sus Esbozos Pirrónicos, 25 Sexto nos informa que, además de los tropos ya expuestos (entre los párrafos 36-163), existen otros cinco y se los atribuye a "los escépticos más recientes". Posteriormente, Diógenes Laercio26 atribuye estos nuevos tropos a un tal Agripa del que poco se sabe. Revisando cuidadosamente ambos grupos de tropos presentados por Sexto, es claro que los atribuidos a Agripa presentan un enfoque formal novedoso pues fueron propuestos como un medio de ataque a los intentos de justificación dogmáticas desde el punto de vista de la lógica.27 En este sentido, Sosa28 comenta que la novedad lógica de los tropos de Agripa consiste en que centran su atención en la forma en que la afirmación final "conozco x" es respaldada por algún razonamiento. Y esta línea es la que seguirá el escepticismo hasta nuestros días (en particular, hablamos de los planteamientos de D. Hume y P. Gassendi,). Para mostrar lo anterior, retomamos el trabajo de John Greco29 quien presenta de manera sistemática este punto al organizar la afirmación escéptica de que las justificaciones no respaldan nuestras creencias verdaderas por medio del siguiente trilema: 1) Regreso al infinito: las justificaciones son una cadena sucesiva que no tienen fin; es infinita y, por lo tanto, no justifican correctamente a las creencias verdaderas.30 2) Las razones no justifican a las creencias verdaderas ya que, aunque tienen un punto final, ésta no justifica a la creencia que pretendemos considerar como conocimiento. 3) Círculo vicioso: las justificaciones no son lineales, sino circulares, esto es: regresan sobre ellas mismas y se cierran en un círculo vicioso sin justificar correctamente a la creencia que queremos considerar como conocimiento.31 El trilema presenta problemas a la forma en que los dogmáticos pretenden justificar sus creencias epistémicas. En efecto, el primer punto del trilema pretende atacar a los fundamentacionalistas, quienes, como Aristóteles, Descartes o Husserl, pretenden establecer un punto seguro y evidente a partir del cual se fundamente todo conocimiento.

Para ejemplificar esta postura epistemológica citemos a Descartes quien en la Segunda Meditación Metafísica32 afirma: "también tendré derecho a concebir grandes esperanzas si tengo la fortuna de hallar sólo una cosa que sea cierta e indudable". Según Sosa,33 el planteamiento "clásico" del fundamentacionalismo, propone lo siguiente.
• Toda creencia justificada se apoya en otras creencias también justificadas; así hasta llegar a unas últimas creencias que ya no se justifican en otras creencias sino que se autojustifican o son autoevidentes (metáfora de la pirámide).
• Aquí, en la estructura del conocimiento tenemos relaciones no simétricas de apoyo: cada nivel apoya -o justifica- al siguiente pero no a la inversa.
• Las cadenas de justificación son finitas: toda cadena de justificaciones tiene un punto terminal. Al respecto, los escépticos afirman que tal pretensión es imposible de justificar ya que no hay punto final a partir del cual derivar justificadamente nuestras creencias. Por otro lado, el tercer punto del trilema pretende argumentar contra los coherentistas. Éstos sostienen que la justificación del conocimiento no puede ser lineal tal como lo sostienen los fundamentacionalistas; más bien, sostendrían que esa cadena lineal es una cadena sin fin y, por ello, apelar al fundamento es algo erróneo.34 Esta teoría de la justificación epistémica defiende, más bien, la idea de que la cadena de justificaciones es una red que, como un todo, respalda las afirmaciones de conocimiento. Un ejemplo de una postura coherentista, nos lo ofrece Strawson3 5 quien, en 1992, nos invitaba a abandonar la noción de simplicidad perfecta en los conceptos; abandonemos incluso la noción de que el análisis siempre debe ser en la dirección de una mayor simplicidad. Imaginemos, en cambio, el modelo de una red elaborada, un sistema de ítems, conceptos, conectados tales que la función de cada ítem cada concepto, sólo podría entenderse, desde el punto de vista filosófico, captando sus conexiones con los demás, su lugar en el sistema -quizá aún mejor, la imagen de un conjunto de sistemas interconectados de esta naturaleza. SI éste se convierte en nuestro modelo, entonces no habrá razón ninguna para preocuparnos si, en el proceso de trazar conexiones desde un punto a otro de la red, nos encontremos retornando a, o pasando a través de, nuestro punto de partida. En efecto, bajo esta concepción, son las diferentes estructuras cognitivas, así como los patrones de razonamiento y hábitos de inferencia con los que investigamos y corroboramos nuestras creencias verdaderas. Una vez corroboradas, serán consideradas "conocimiento". Se puede exponer esquemáticamente la postura coherentista de la siguiente manera:36
• No es posible justificar a las creencias a partir de cadenas lineales de justificación de premisas a conclusiones ya que no hay premisas últimas, evidentes en sí mismas y que sirven de cimiento para el conocimiento.
• La justificación no se transmite linealmente ni tiene últimos fundamentos. Por el contrario, el coherentismo afirma que:
• La justificación es una propiedad que atribuimos a un conjunto de creencias consideradas globalmente.
• La justificación resulta de la coherencia (lógica, probabilística o explicativa) que exhibe una creencia dada con un conjunto suficientemente comprehensivo y coherente de creencias.
• En suma, la justificación para esta corriente epistemológica es un cuerpo estructurado de creencias (metáfora de la balsa). En contraste a esto, Agripa afirma que, si bien las razones regresan sobre ellas mismas, ese círculo se cierra viciosamente sobre sí mismo sin justificar la creencia afirmada. En este sentido, el reto para el coherentista consiste en mostrar cómo es que su justificación para que una creencia verdadera sea considerada "conocimiento", no cae en un círculo argumentativo vicioso.

CONCLUSIONES

En resumidas cuentas, el escepticismo filosófico aquí expuesto, puede ser valorado como relevante para la epistemología actual por tres razones: a) sus argumentos nos ofrecen razones para "dudar"; esto es, nos invitan a mantener una actitud crítica frente a las pretensiones de conocimiento apeladas por diferentes teorías; por otro lado, b) los argumentos aquí revisados, nos muestran cómo hacer frente a tales pretensiones epistemológicas por medio del ejercicio argumentativo; por último, c) la actitud crítica y el ejercicio argumentativo que proponen, podrían verse como una invitación al diálogo filosófico. Estas tres características nos recuerdan y, al mismo tiempo, nos invitan a tomar en cuenta la concepción platónica de la filosofía como la búsqueda de la verdad -más que la pretensión de su posesión. En efecto, el escepticismo, nos ofrece razones para seguir dialogando sobre si es posible el conocimiento lejos de cualquier afirmación dogmática. Se trata, pues, de una vertiente epistemológica que nos propone seguir investigando.

N O T A S

1 Greco, J., What is Epistemology?, en The Blackwell Guide to Epistemology,editores Greco, J. y Sosa, E., Nueva.York, Blackwell eds., 1999.
2 C. f. Platón: Teetetes o del Conocimiento; en especial: 201c - 210d, que son las párrafos donde se ofrece y discute esta definición.
3 Strawson, P. F., Escepticismo, Naturalismo y Argumentos Trascendentales, en Argumentos Trascendentales, C. Cabrera, (ed.) UNAM, México, pp.135-160.
4 Thorsrud, H., "Ancient Greek Skepticism", Internet Encyclopedia of Philosophy, (www.utm.edu/research/lep), 2001.
5 Klein, P., "Skepticism", Stanford Enciclopedy of Philosophy, California, Stanford Univesity Press, 2001.
6 ibid: I, 226
7 Klein, 2001, op. cit.
8 Groarke, J, "Ancient Skepticism", Stanford Enciclopedy of Philosophy, California, Stanford Univesity Press, 1998, Popkin, R., Historia del escepticismo de Erasmo a Spinoza, FCE, México, 1983.
9 Diógenes Laercio, Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres, Aguilar, Madrid, c.f libro IX.
10 Gallego, A. y Muñoz, T., Estudio introductorio a la traducción castellana de los esbozos pirrónicos, Madrid, Gredos, 1993.
11 Op. cit, I, 8.
12 Esbozos Pirrónicos, II, cap. IV, 20.
13 Sosa, E., "How to Resolve the Pyrrhonian Problematic: a Lesson from Descartes", Philosophical Studies, LXXXV; pp. 229-249; 1997.
14 Op. cit. I, 192.
15 Ibid: 197.
16 I; 169-170.
17 I; 169-170.
18 Pimentel, J., Introducción a las cuestiones académicas de Cicerón, México, UNAM, 1990.
19 Pimentel, 1990, op. cit., pp. XIX, XX.
20 Popkin, op. cit; p.11. 21 Sosa, E., "The Raft and the Pyramid", en Midwest Studies in Philosophy, vol. V; 1980
22 C.f. Greco, J, 1999, Sosa,, E., "Conocimiento y virtudes intelectuales. FCE México, 1992 y Revista Teorema, vol. 3, 2000.
23 Tomasini, A., Teoría del conocimiento clásica y epistemología wittgensteiniana, Plaza y Valdés (eds.), México, 2001.
24 C. f. Greco, J., 1999; y Bass, R., 2002, "Foundationalism, Skepticism, Coherentism".
25 1, XV; 164.
26 IX, 19 y 28.
27 Gallego y Muñoz, op. cit. p. 34.
28 1992.
29 Greco, 1999, op. cit.
30 Sexto ( ibid: 1; XV, 166) lo expone así: "el de 'a partir de la recurrencia ad infinitum' es aquel en el que decimos que lo que se presenta como garantía de la cuestión propuesta necesita de una nueva garantía, y esto, de otra; y así hasta el infinito; de forma que, como no sabemos a partir de dónde comenzar la argumentación, se sigue la suspensión de juicio." Y en 168 agrega: "al caer en una recurrencia ad infinitum, los dogmáticos parten de algo que no justifican, sino que directamente y sin demostración creen oportuno tomarlo por convenio."
31 En 169, Sexto nos dice: "El tropo del círculo vicioso ocurre cuando lo que debe ser demostrado, dentro del tema que se está investigando, tiene necesidad de una garantía derivada de lo que se está estudiando. En el caso, no pudiendo tomar ninguna de las dos cosas como base de la otra, mantenemos en suspenso el juicio sobre ambas".
32 AT VII; 7:24
33 Sosa, 1980, op. cit.
34 Bass, 2000, Sosa, 1992.
35 Strawson, P., Los límites del sentido, Cátedra, Madrid, 1992, pp.19-20.
36 Sosa, 1980. Carlos Gutiérrez Rueda, Departamento de Filosofía y Letras, Universidad Autónoma de Tlaxcala.
ruedac@hotmail.comuciones, etc.



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