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Elementos No. 47, Vol. 9, Septiembre - Noviembre, 2002, Página 23
El esceptismo mitigado

Carlos Gutiérrez Rueda                 Descargar versión PDF


Muchos filósofos afirman que el argumento a favor de la imposibilidad de conocer, el escepticismo, es insostenible. Su razonamiento adopta la forma de la tradicional paradoja del mentiroso: "al afirmar que no es posible conocer algo, me contradigo pues afirmo que conozco algo; al contradecirme, no puedo sostener que no es posible conocer".
Expertos como Duque, Popkin, Silva y Stroud1 señalan que a lo largo de la historia de las ideas filosóficas se pueden identificar claramente dos corrientes del escepticismo. Ambas, siendo formuladas en el mundo antiguo, significan "una visión filosófica que plantea dudas acerca de lo adecuado o fidedigno de las pruebas que pueden ofrecerse para justificar alguna proposición".2 Una de ellas fue formulada por Pirrón de Elis. Ese escepticismo es percibido como una forma de vida. Eso obedece a que con afirmaciones tales como "no hay cosa alguna honesta ni torpe, justa o injusta" y "nada hay realmente cierto, sino que los hombres hacen todas las cosas por ley o por costumbre; y que no hay más ni menos en una cosa que en otra",3 los pirrónicos planteaban un abandono de todas las creencias sobre cómo son o deben ser las cosas. Ese abandono pretendía ser una forma de liberarse de las preocupaciones que conlleva la búsqueda del conocimiento verdadero y así acceder a una vida de contento y tranquilidad.
La otra corriente surgió en la Academia platónica y se conoce como escepticismo moderado o mitigado. En él se quiso mostrar, "mediante un grupo de argumentos y acertijos dialécticos, que los filósofos dogmáticos [aquellos que aceptaban la posibilidad humana de conocer] no podían conocer con absoluta certidumbre las proposiciones que afirmaban conocer".4 Más que una forma de vida, el escepticismo adopta aquí la forma de condición humana con respecto a la posibilidad de conocimiento. En este contexto, el escepticismo es visto como el punto de vista que afirma que todo puede ponerse en duda y se ubica dentro de la denominada teoría tradicional del conocimiento.
Una versión más moderna de esta vertiente del escepticismo aparece en el marco de la teoría clásica del conocimiento. Allí se toman como modelo los argumentos de René Descartes (1596-1650) quien, intentando establecer la posibilidad de conocimiento absolutamente certero, es decir, aquel que no da lugar a duda alguna, establece como método la duda misma pero, sólo como hipótesis de inicio ya que al ejercitar la argumentación a lo largo de sus Meditaciones Metafísicas, y como lo muestra abiertamente en el Discurso del Método, su objetivo es vencerla o "derrotarla". Así, al plantearse la necesidad de seguir un método para la adquisición del conocimiento verdadero -método que nos llevará a despejar cualquier duda- y al establecer un criterio de certeza (ideas claras y distintas), el argumento escéptico adquiere un nuevo enfoque. En efecto, el escepticismo pasa a jugar un papel metodológico en la búsqueda de conocimiento cierto y certero. Para ello, la duda escéptica es planteada en primer lugar y, poco a poco, con argumentos válidos se la intenta derrotar. Ése es el camino que sigue Descartes.
En este contexto, el del problema clásico del conocimiento, encontramos a David Hume (1711-1776) como máximo exponente del escepticismo. La obra filosófica de este autor de origen escocés, busca argumentar que no es posible alcanzar la certeza en el conocimiento planteada por los filósofos (cfr. Descartes). De hecho, pudiera parecer que por los temas tratados por el empirista inglés -el principio de inducción, la inferencia causal y la creencia en el mundo externo- y su argumentación en contra de la posibilidad de que obtengamos conocimiento necesario en cuanto esos tres temas, es correcta. Pudiera parecer también que las afirmaciones de Hume sobre la imposibilidad de conocer las causas de los fenómenos, o en cuanto a la imposibilidad de asegurar que nuestras inducciones son totalmente seguras, así como haber puesto en duda nuestra creencia en el conocimiento del mundo que está fuera de nuestra mente, nos llevarían a calificarlo como un escéptico en todos los sentidos.
Sin embargo, si analizamos la diferencia entre ambos tipos de escepticismo, habrá que recordar que el escéptico es un filósofo y, como tal, entiende que "lo específico de la filosofía no son propiamente las conclusiones de un autor, sino también los argumentos que conducen a ellas".5 En este sentido habrá que ubicar los argumentos escépticos, pues la diferencia entre los pirrónicos o radicales y los moderados no está ni en el punto de partida ni en el de llegada (la conclusión), pues ambos "dudan" que haya un criterio universalmente válido que sirva como parámetro para tomar partido entre dos postura contrarias; más bien, la diferencia está en la forma de llegar -objetivos y finalidades- que cada uno plantea, en la forma en que cada uno encara la "ausencia de criterio". En ese sentido, el escepticismo no debería ser percibido como un punto de partida ni de llegada, sino como un medio que plantea dudas legítimas sobre nuestra posibilidad de conocer. De hecho, Strawson6 afirma que

[...] el escepticismo es una cuestión de duda más que de negación. El escéptico no es, estrictamente, alguien que niega la validez de ciertos tipos de creencias, sino alguien que cuestiona, aunque sea sólo al inicio y por razones metodológicas, que nuestras razones para sostenerlas no son adecuadas. Presenta sus dudas a la manera de un desafío [...].

El escéptico moderno no cree que las razones que ofrecemos para justificar un conocimiento o una creencia, realmente la justifiquen. En efecto, si atendemos a la bibliografía reciente y especializada en teoría del conocimiento7 veremos que una de las grandes discusiones gira en torno a si las justificaciones que se ofrecen para sostener tal o cual creencia, realmente la justifican. En este contexto, el escepticismo se ubica dentro del problema del conocimiento como sigue: si definimos al conocimiento como una creencia verdadera que está justificada, encontramos que la definición contiene tres elementos: a) la creencia: si conozco algo es por que lo creo; b) la verdad: si conozco algo, ese algo es verdadero pues no puedo conocer algo que sea falso; y c) la justificación de la creencia: si sostengo que tengo una creencia justificada, debo ofrecer razones de por qué creo que mi creencia es conocimiento. El escepticismo se plantea en torno al último elemento de la definición de conocimiento, pues un escéptico siempre cuestionará si nuestra justificación para creer que tenemos conocimiento de algo es adecuada.
En otro orden de ideas, se puede establecer una forma distinta de delimitar el terreno en que el escéptico presenta sus objeciones a la justificación del conocimiento. Ésta consiste en afirmar que el escepticismo en su forma moderna no se aplica a todo lo que creemos. En efecto, hoy en día separamos los "lujos" de las necesidades epistemológicas;8 así, con esta distinción, se dice que es posible tener conocimiento o creencias fidedignas acerca de algunas cosas, o en ciertas áreas, aunque no en otras. Por ejemplo, es posible creer que se tiene la suficiente evidencia para considerar a la ciencia como conocimiento -en un sentido fuerte- y, al mismo tiempo, dudar de las creencias religiosas. En este caso, las creencias religiosas serían un "lujo" epistemológico pues, aunque no las tuviéramos, no pondríamos en juego creencias habituales. Ésta es otra forma de presentar al escepticismo mitigado.
Así, de lo anteriormente dicho se muestra que el escepticismo es una postura epistemológica relevante o, al menos, significativa y no puede vérsele como algo sin sentido, incoherente o que se autorrefuta. Lo anterior señala que si se quiere elaborar una teoría del conocimiento completa y por medio de ella dar cuenta de cómo es posible el conocimiento humano, se deben analizar los argumentos de los filósofos escépticos.

[...] la motivación para tomar en cuenta a tales argumentos [los escépticos] es metodológica. El punto es establecer si se les puede refutar -o, más que refutarlos, establecer si esta "refutación" es entendida como un argumento retóricamente adecuado; por ejemplo, que un filósofo en medio de un acalorado debate, deje sin posibilidad de respuesta a un oponente persistentemente escéptico.9

EL ESCEPTICISMO DE DAVID HUME

Lo que quiero mostrar consiste en rechazar la interpretación tradicional de Hume como un escéptico en todos los sentidos; esto es, verlo como un filósofo que argumenta que no es posible conocer algo. Más bien, defenderemos la idea de que el escepticismo humeano tiene límites y es posible calificarlo como mitigado. Para esta presentación se revisaron en particular tres obras del filósofo estudiado: Tratado de la naturaleza humana, editado originalmente en 1739 por Selby-Bigge (y de la que aquí se sigue la paginación), Resumen del tratado de la naturaleza humana, que data de 1749, y la Investigación sobre el conocimiento humano, de 1758 (libro del que también se sigue la paginación de Selby-Bigge).

SUPUESTA VALORACIÓN NEGATIVA DE HUME
SOBRE EL CONOCIMIENTO MEDIATO

Como se sabe, Hume comienza su Investigación sobre el conocimiento humano10 siguiendo a Locke11 dividiendo los objetos de la razón en relaciones de ideas y cuestiones de hecho. Estas cuestiones de hecho pueden ser conocidas por medio de la experiencia y la memoria o por razonamientos causales.12 En esa misma sección13 argumenta que no es posible adquirir conocimiento universal y necesario por medio de los razonamientos causales. A partir de esto, Stove14 afirma que Hume hace una valoración negativa de los razonamientos causales, lo que llevaría a considerar a Hume como un escéptico en cuanto al razonamiento inductivo.
Sin embargo, no hay razón que justifique que Hume haya hecho tal valoración negativa. Por el contrario,

[...] el que Hume demuestre que los razonamientos inductivos no son formalmente válidos, no significa que, para él, haya que rechazarlos y prescindir de ellos [...]. Para Hume, los razonamientos realmente importantes son los inductivos, porque una parte considerable de nuestras creencias y nuestras acciones están basadas en ellos y sólo valiéndonos de ellos podemos sobrevivir.15

VALORACIÓN POSITIVA DE HUME
SOBRE LOS RAZONAMIENTOS CAUSALES

Al identificar como errónea la supuesta valoración negativa de los razonamientos causales, se puede identificar a Hume como un escéptico mitigado16 ya que hace una valoración positiva del conocimiento de las cuestiones de hecho, aunque ese conocimiento sea probable y no sobrepase la experiencia de la vida cotidiana.
Esta supuesta valoración positiva es propuesta por Hume en, al menos, cuatro ideas centrales:
a) El razonamiento inductivo es un razonamiento con entidad propia irreductible al razonamiento deductivo. Es claro que en más de un lugar del Tratado de la naturaleza humana,17 y en la página 35 de la Investigación sobre el entendimiento humano distingue dos clases de razonamiento:

Todos los razonamientos pueden dividirse en dos clases, a saber, el razonamiento demostrativo o aquel que concierne a las relaciones de ideas y el razonamiento moral o aquel que se refiere a las cuestiones de hecho y existencia.

Y, por otro lado, distingue entre las "reglas para distinguir cuando una cosa es causa y cuando es efecto" y las reglas de la lógica formal.18 Con ellas, Hume pretende19 distinguir entre los argumentos causales correctos de los incorrectos; de hecho, los argumentos causales correctos dan origen a creencias razonables.20
b) El razonamiento inductivo es inevitable y natural. Aquí debemos hablar de lo que se entiende por "naturalismo" en la obra de Hume. Taylor21 comenta que cuando se afirma que Hume sostiene ideas naturalistas con respecto al entendimiento, significa que el organismo humano se adapta conscientemente a las cosas tal como son, y viene expresado en la forma de comportarse (tanto en la actividad física como mental), en lugar de ser un modo de intuición intelectual (cfr. Tratado: III, 3). Laird22 afirma que Hume establece un paralelismo entre la naturaleza humana y la naturaleza en general:

[...] la conclusión apropiada de Hume podría haber sido, pues, alguna doctrina de ideas innatas; esto es, podría haber mantenido que los hombres están equipados con cierto instinto de razón, previo a la experiencia, de igual modo que los pájaros están equipados con un instinto de construcción de nidos.

Y es esta percepción del razonamiento inductivo como natural la que lo lleva a defender un escepticismo moderado.
Remitiéndonos directamente a la obra de Hume diremos que éste identifica como base del conocimiento a la experiencia. En la página 42 de la Investigación nos propone que imaginemos a una persona que

[...] ha adquirido experiencia y ha vivido en el mundo tiempo suficiente como para haber observado qué objetos o acontecimientos familiares están constantemente unidos [...] inmediatamente infiere la existencia de un objeto de la aparición de otro.

Al ser inevitable, el razonamiento inductivo no necesita justificación; es decir, que es parte de la experiencia natural del ser humano. A este principio se le conoce como el Principio de Derivación y se dice que afirma que cualquier idea, cualquier conocimiento que pretenda tener contenido cognoscitivo, debe derivar de una impresión.
c) La inducción está justificada vindicativamente dada su necesidad para guiarnos en la acción y su utilidad para la sobrevivencia. En la Investigación (45) Hume nos dice:

[...] sin el influjo de la experiencia estaríamos en total ignorancia de toda cuestión de hecho, más allá de lo inmediatamente presente a la memoria y a los sentidos. Nunca sabríamos ajustar los medios a fines o emplear nuestros poderes naturales en la producción de cualquier efecto. Se acabaría inmediatamente toda acción, así como la mayor parte de la especulación.

En el Tratado, sección XI, 225, afirma algo parecido:

[...] tengo que distinguir entre principios permanentes, irresistibles y universales, como es la transición debida a costumbre que va de causas a efectos y de efectos a causas, y principios variables, débiles e irregulares, como aquellos de que he hablado recientemente. Los primeros constituyen la base de todos nuestros pensamientos y acciones, de modo que, si desaparecieran, la naturaleza humana perecería o se destruiría inmediatamente.

En estos párrafos es claro que Hume destaca el valor y la utilidad en cuanto a la supervivencia del ser humano de la inducción, y su naturalismo plantea que hay cierta justificación de ella.
d) El razonamiento inductivo proporciona un conocimiento probable, aunque válido, pudiendo en algunos casos esa probabilidad ser casi una certeza. Éste es el punto central del argumento. Recuérdese que Hume hace una división entre el conocimiento relativo a relaciones de ideas y el conocimiento concerniente a cuestiones de hecho; además establece que la certeza absoluta del primero es dada por lo presente a los sentidos y a la memoria, mientras que el segundo, en cuanto está basado en inferencias causales, es sólo probable.23 Sin embargo, en el mismo texto, pero en otras partes,24 afirma que no es el mismo grado de probabilidad de todos los argumentos y algunos de ellos proporcionan, desde el punto de vista práctico, una certeza.

El Sr. Locke divide los razonamientos en demostrativos y probables. Desde este punto de vista tenemos que decir que sólo es probable que todos los hombres han de morir o que el sol saldrá mañana. Pero, para ajustar más nuestro lenguaje al uso común, debemos dividir los razonamientos en demostraciones, pruebas y argumentos probables, entendiéndose por pruebas aquellos argumentos derivados de la experiencia que no dejan lugar a duda o discusión.25

Esa certeza probable está en función de la evidencia de cada caso; cada caso observado y las circunstancias en las que ocurre la observación ofrecen diferente grado de certeza.26 Y lo más importante que señala Hume, habrá que tener en cuenta el grado de analogía entre los casos observados: cuanto mayor sea la analogía, mayor será el grado de certeza de nuestra inferencia.27
De los cuatro puntos anteriores se sigue que Hume hace una valoración positiva del razonamiento inductivo, considerándolo como un proceso racional, por lo que no puede ser considerado escéptico en todos los sentidos. Más que oponerse al proceso general de la inducción, Hume se opone a la utilización incorrecta de los razonamientos inductivos. Por ejemplo, en cuanto a tener cuidado con la analogía nos dice:

[...] sólo cuando dos clases de objetos se encuentran constantemente conjuntados, podemos inferir la una de la otra, y si se presentase un efecto completamente singular y que no se pudiera incluir en ninguna especie conocida, no veo que pudiéramos formar conjetura o inferencia alguna acerca de su causa.28

En suma, Hume señala la diferencia entre la mala utilización del razonamiento inductivo -por ejemplo planteando malas analogías- y el uso general de los razonamientos inductivos.

EL ESCEPTICISMO PROPUESTO POR HUME

Una vez hecha la delimitación anterior, resulta pertinente preguntar ¿en qué consiste el escepticismo sostenido por David Hume? Guerrero afirma que el escepticismo del autor que estudiamos consiste en negar que tengamos conocimiento universal y necesario de las cuestiones de hecho:

[...] ningún objeto llega a descubrir, por las cualidades que aparecen a los sentidos, ni las causas que lo han producido ni los efectos que surgirán de él, y sin la ayuda de la experiencia nuestra razón no podrá jamás realizar una inferencia acerca de lo realmente existente y de las cuestiones de hecho.29

Esta afirmación cuenta con tres elementos: a) negar que podemos conocer algo que trascienda el campo de la experiencia y de la vida cotidiana; b) negar que la razón deductiva es el fundamento de la acción, el conocimiento y la moral;30 por el contrario, como ya se ha mostrado, Hume asume un punto de vista naturalista de la razón: además de la razón, hay una serie de principios naturales, pasiones y sentimientos que escapan a la racionalidad; c) negar que la razón deductiva tenga la rienda de nuestras vidas.
De lo anterior se sigue que Hume, efectivamente, es un escéptico; sin embargo, los argumentos humeanos que abogan por tal postura epistemológica cuentan con límites y, por tanto, podríamos calificarlo de mitigado. Al respecto, Montes31 afirma que Hume

[...] puede ser escéptico y no es escéptico al mismo tiempo, porque lo es bajo diferentes perspectivas. Es escéptico en el sentido en que la razón no puede transgredir el límite de lo transfenoménico, pero no lo es en cuanto que la fuerza de la naturaleza nos impulsa a creer en la realidad externa.

A pesar de tal clasificación, el filósofo inglés nos invita a seguir investigando:

[...] que satisfaga tu pasión por la ciencia, pero que tu conciencia sea humana y tal que tenga inmediata referencia a la acción y a la sociedad [...] Sé filósofo; pero, en medio de toda tu filosofía, continúa siendo hombre.32

NOTAS

1 Duke, F., Estudio preliminar, en Hume, D., Tratado de la naturaleza humana, Tecnos, Madrid, 1988; Popkin, R., Historia del escepticismo de Erasmo a Spinoza, FCE, México, 1983; Silva, C., "El escepticismo en el Ensayo de John Locke", en Trueba, C. (comp.), Racionalidad: lenguaje, argumentación y acción, UAM/Plaza y Valdés, México, 2000; Stroud, B.,El escepticismo filosófico y su significación, FCE, México, 1991.
2 Popkin, R., op. cit., p. 17.
3 Diógenes Laercio, Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres, Editorial Aguilar, Madrid, cfr. libro IX.
4 Popkin, R., op. cit., p. 11.
5 De Salas, J., Prólogo a Investigación sobre el entendimiento humano, Editorial Alianza, Madrid, p. 11.
6 Strawson, P.F., "Escepticismo, naturalismo y argumentos trascendentales", en Cabrera, C. (ed.), Argumentos trascendentales, UNAM, México, pp.135-160.
7 Cfr. Greco, J., "What is epistemology?", en The Blackwell guide to epistemology, Greco, J. y Sosa, E. (eds.), Blackwell, New York, 1999. Steup, M., "The analisis of knowledge", en Stanford Encyclopedioa of Philosophy, University of Stanford Press, 2001. Tomasini, A., Teoría del conocimiento clásica y epistemología wittgensteiniana, Plaza y Valdés, México.
8 Scruton, R., Filosofía moderna, Cuatro Vientos, Santiago de Chile.
9 Greco, op.cit.
10 Secc. IV, parte I, p. 25.
11 Locke, J., Ensayo sobre el entendimiento humano, Gernika, México, libro II, cap. I, p. 2.
12 Cfr. Investigación, p. 26.
13 Pero en pp. 27-31.
14 Stove, D.C., Probability and Hume's inductive skepticism, Clerendon Press, Oxford.
15 Guerrero, J.A., "El escepticismo de Hume' en Salas, J. y Martín F. (comps.), David Hume, Editorial Complutense, Madrid,1998, pp. 25-39.
16 Ibid. Guerrero sigue a Cassidy, "The nature of Hume's inductive skepticism: a critical notice", en Ratio 19, 1977, pp. 45-54; García Roca, J., Positivismo e ilustración: la filosofía de David Hume, Universidad de Valencia, España, 1981; Zabeeh, F., "Hume's problem of induction: an appraisal", en Livingston, D. y King, J.T. (eds.),Hume. A re-evaluation, Fordham University Press, New York,1976.
17 Pp. 95, 124, 413, 448, 458, 463.
18 Tratado, Libro I, parte III, sección XV; y en la sección 11 de la Investigación, en especial pp. 136, 145 y 148).
19 Cfr. Tratado, p. 175.
20 Cfr. secciones X y XI de la Investigación.
21 Duque, F., op. cit.
22 Obra citada en el mismo estudio.
23 Investigación, sección II, en especial p.18.
24 Pp. 58, 110, 127.
25 Investigación, p. 56.
26 Tratado, pp. 130, 136; Investigación, pp. 110-111, 36.
27 Investigación, p. 58; Tratado, p. 142.
28 Investigación, p. 48.
29 Investigación, p. 27.
30 Tratado, parte III, sección III; p. 413.
31 Montes, M.J., "Interpretaciones contemporáneas de la filosofía de Hume en España", en Salas, J. y Martín F. (comps.), David Hume, Editorial Complutense, Madrid, 1998, pp. 25-39.
32 Investigación, sección I, p. 9.


Carlos Gutiérrez Rueda es profesor del Departamento de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Tlaxcala.



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