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Elementos No. 44, Vol. 8, Diciembre - Febrero, 2002, Página 57
A chance operation

Oscar López Hernández                 Descargar versión PDF


Cuando los diarios publicaron la noticia de la muerte de John Cage, el 12 de agosto de 1992 , su obra 4’33’’ fue interpretada por cada lector conmovido por el evento.

Hace años, por ejemplo, luego que decidí dedicar mi vida a la música, descubrí que la gente distinguía entre ruidos y sonidos musicales. Decidí seguir a Varèse y pelear por los ruidos, con tal de estar entre los perdedores. John Cage



Alumno de Edgar Varèse, Arnold Schönberg y Henry Cowell, Cage legó al mundo una de las obras artísticas más influyentes del siglo xx.

Durante siglos la música había poseído una frontera bien definida: la tonalidad. Un sistema con límites precisos, que ha posibilitado que músicos de distintos idiomas y costumbres hablen un mismo lenguaje. En nuestros días, la música explora nuevos territorios, transgrede fronteras conformando universos más amplios.



Aunque muchos compositores siguen haciendo estructuras musicales –totalidades divisibles en partes–, muchos otros se ocupan de los procesos. La diferencia es aquella que se obtiene entre un objeto –una mesa, por ejemplo– y, digamos, la atmósfera. En el caso de la mesa, conocemos el principio y el final de todo y de cada una de sus partes. En el caso de la atmósfera, aunque notamos cambios en ella, no tenemos un conocimiento preciso de su principio ni de su fin. Ni principio ni intermedio ni fin (no un objeto, sino un proceso).

Creo que el término “vale la pena escuchar” depende de quien escuche. Creo que lo correcto sería decir que uno puede escuchar cualquier cosa. Aún no he escuchado sonidos que no disfrute, excepto cuando se vuelven sonidos demasiado musicales. Creo que comienzo a tener problemas cuando la música trata de controlarme. Tengo problemas, por ejemplo, con el coro del Aleluya. Pero si el sonido es inintencional, no tengo ningún problema.John Cage



Cage expuso sus propuestas sobre el arte en uno de sus libros más importantes, Silence, donde replantea la definición de música. Sus ideas musicales provienen de lo que podríamos llamar una interpretación occidental –y muy personal– del budismo zen.

Nacido en 1912 en Los Angeles, California, hijo de un inventor, John Cage creció en esa ciudad. Más tarde abandonó sus estudios para dedicarse a recorrer Europa y aprender arte y arquitectura. A su regreso, decidió centrarse en la música.



De vez en cuando tengo contacto con algunos discos. Pero creo que más bien estoy de acuerdo con las peticiones del Sindicato de Músicos en cuanto a la música en vivo. Estoy tan metido en ella y he llegado a disfrutar tanto los sonidos ambientales que realmente no necesito discos. No tengo manera de tocarlos. John Cage



Estudió con Henry Cowell, Adolf Weiss y Arnold Schönberg, quienes habían emigrado a Los Angeles a principios de la década de los treinta. De esa época, escribe Cage:



[...] ya de regreso en California conocí a Richard Buhlig, quien fue el primer pianista en ejecutar el Opus 11 de Schönberg. Aun sin ser él un profesor de composición acordó conmigo dirigir mis estudios de música. De él me pasé con Henry Cowell (al ver mis composiciones de 25 tonalidades que, aunque sin seriar, eran cromáticas y requerían la expresión de una sola voz para las 25 tonalidades antes de que alguna fuera a repetirse) y con Adolf Weiss, en preparación para mis estudios con Arnold Schönberg. Cuando pedí a Schönberg que me enseñara música me dijo: “Quizás no alcances a pagar mis honorarios”. Yo le contesté: “Ni los mencione. No tengo dinero”. Él me dijo: “¿Vas a consagrar tu vida a la música?” Esta vez contesté que sí. Me dijo que me enseñaría sin cobrar sus honorarios. Abandoné la pintura y me concentré en la música. Después de dos años se nos hizo evidente a ambos que yo no tenía sensibilidad para la armonía. Para Schönberg la armonía no era algo que daba colorido: era algo estructural. A través de ella uno podía distinguir una parte de la composición de la otra. Por eso me dijo que nunca podría escribir música. “¿Por qué no?” “Te toparás con una pared sin poder atravesarla.” “Entonces me pasaré toda la vida golpeándome la cabeza con esa pared.”

No podía aceptar la idea académica de que la razón de ser de la música era la comunicación [...]. Tomé la determinación de abandonar la música si no encontraba otra razón mejor para hacer música que la comunicación. Encontré la respuesta en Gira Sarabhai, una cantante hindú ejecutante de tabla: el propósito de la música está en serenar y aquietar la mente para volverla sensible a influencias sagradas. También encontré en los escritos de Ananda K. Coomaraswammy que la responsabilidad de un artista está en imitar la naturaleza en su forma de ser.

Ahora estamos aprendiendo la convivencia. He aquí a todo el mundo. Aunque las puertas permanecerán abiertas para la expresión musical de los sentimientos personales, lo que irá en aumento será la expresión de los placeres de la convivencia (como en la música de Terry Riley, Steve Reich y Philip Glass). Y, más allá de eso, una expresividad no intencional: la unión de sonidos y gente (donde los sonidos son sonidos y la gente es gente).

Si uno de nosotros no tiene una idea que abra las mentes de los demás, alguien más la tendrá. Todo está permitido si se toma el cero como base. Con frecuencia, ése es el punto que no se comprende. Si uno carece de intenciones, todo está permitido. John Cage



Al poco tiempo, Cage compuso sus obras para piano preparado: cambia el sonido del piano colocando objetos entre las cuerdas. Compone música para el bailarín Merce Cunningham.



La coreografía es creada sin ninguna base musical y los ensayos se llevan a cabo del mismo modo. Si es necesaria, la música se agrega al final. John Cage y yo hemos estado trabajando juntos muchos años precisamente porque creemos en la total independencia de ambos elementos: música y danza. Mientras nuestra colaboración progresa, este sentido de independencia crece más y más. Al principio, por ejemplo, acordábamos una estructura básica común, una estructura temporal con la que él desarrollaba su música y yo la danza, aun si, desde luego, ninguno de mis movimientos fuera a corresponderse con cierto sonido particular: simplemente coexistían. merce cunningham

Recibe influencias de otros artistas como Erick Satie, Marcel Duchamp, de las ideas de McLuhan y de Raushenberg, quien a través de sus cuadros blancos y negros le dio la idea para componer 4’33’’, obra en la que el intérprete permanece cuatro minutos y treinta y tres segundos en silencio frente al público, con el fin de propiciar que la percepción de los sentidos se agudice y así escuchar el silencio.



Tenía la idea muchos años antes de escribirla, pero no pensaba que la gente fuera a tomárselo en serio. Es decir, hay siempre sonidos que escuchar, y si interrumpimos el ruido que producimos tendremos una oportunidad para escucharlos. Vivo en Nueva York, en la Sexta Avenida y la calle 18. Es más o menos la columna vertebral de Manhattan. El tráfico es constante y los sonidos maravillosos. Nunca tengo un momento aburrido. No tengo piano, tengo percusiones que la gente me ha dado y que nunca he devuelto, pero no tengo muchas. Y ahora escribo música sin tocarla, ni siquiera lo intento fuera de casa. La escucho por primera vez en el estreno. Actualmente no escucho la música antes de escribirla. La escribo para poder escucharla. John Cage



La obra de Cage es vasta. Recomendamos, como primera aproximación, A chance operation. The John Cage Tribute, disco doble de la marca Koch: un homenaje a Cage con músicos que van desde David Tudor, su mejor intérprete, hasta Patrick Moraz y Anne Tardos, pasando por Kronos Quartet, Laurie Anderson y Frank Zappa (quien se encarga de 4’33’’).

El 12 de agosto de 2001, día en que John Cage hubiera cumplido ochenta y nueve años, comenzó a ejecutarse una partitura suya en el órgano de una iglesia en Halberstadt, Alemania, que ha de durar 639 años. El primer fragmento durará 16 meses de silencio. Los 635 años restantes contemplados por la partitura As slow as possible se ocuparán alargando cada nota en un segundo órgano para que el silencio de uno y el sonido del otro suenen por centurias.

Óscar López Hernández es conductor del programa
Movimiento perpetuo, Radio BUAP.



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