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Elementos No. 43, Vol. 8, Septiembre - Noviembre, 2001, Página 60
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LOS CONFLICTOS DE LA ÉLITE POBLANA EN LAS ELECCIONES DE 1910-1917
ALICIA TECUANHUEY SANDOVAL
INSTITUTO NACIONAL DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DE LA REVOLUCIÓN MEXICANA/
INSTITUTO DE CIENCIAS SOCIALES Y HUMANIDADES-BUAP, 2001


No obstante la actitud generalizada de escepticismo hacia la historia política por parte de la “nueva historia”, con este libro Alicia Tecuanhuey se atrevió a cerrar la brecha entre politología e historia; es decir, preocupada por “el pasado como el camino para entender el presente”, aplicó el aparato teórico de la ciencia política para una mejor y más completa comprensión de los fenómenos históricos. Trabajos como éste permitirándesmentir aquella visión limitada de la historia política que la acusó –en aras de defender la historia social– de ser fáctica, descriptiva, tradicional, anquilosada, acumulativa, minuciosa, atomizada, individual y, por ende, elitista; básicamente se la identificó con la concepción metodológica positivista de la historia en su más ortodoxa expresión, y cuando no fue así, se la consideró partidista y aun apologética, pero de manera particular, y para mí lo más grave, fuera de moda.
    Además se la excluyó de la denominación de social como si al referirnos a la política aludiéramos a una esfera particular fuera o al margen de la sociedad. Se partía de la falsa consideración de que la historia política ya estaba hecha, lo cual tenía graves implicaciones tales como considerar el conocimiento histórico como un conocimiento concluido que no podía ser renovado, mejorado o superado a través del manejo de nuevas fuentes, de otras temáticas o bien de la aplicación de diferentes categorías, o que las nuevas generaciones no tendrían nada original que preguntarse sobre el pasado y que quedarían satisfechas con lo que sus mayores habían sentenciado. La historia es el estudio de las actividades humanas en el pasado, sin embargo, al margen de temáticas específicas, y a pesar de tener un cierto carácter acumulativo, el conocimiento histórico se renueva constantemente, no sólo por el aporte de otros datos, sino porque aparecen enfoques novedosos de acuerdo con las circunstancias temporales y espaciales, que tienen preocupaciones diferentes en torno al pasado y se formulan otras preguntas a las ya planteadas u ofrecen respuestas diferentes a las ya elaboradas, pero este cuestionamiento siempre se realiza en estrecho vínculo con el presente, de él surgen los cuestionamientos al pasado. Es decir, que el historiador se debe acercar a éste armado de las preguntas que su circunstancia le impone, y que necesita responder para explicar la problemática de su circunstancia. Pero ¿por qué surgen esas determinadas preguntas? Dicho de manera simple: porque no se han ofrecido respuestas o las que se han dado resultan insatisfactorias.
    Tal vez se argumente que todo conocimiento es significativo y no requiere de una justificación como la que parece que yo estoy exigiendo al conocimiento delpasado; pero si se quiere hacer significativo socialmente ese conocimiento, necesita atender no sólo el carácter puntilloso de la vida académica sino también ofrecer respuestas a los interrogantes sociales de su momento. Un gran historiador será precisamente aquel que pueda pulsar las inquietudes de su tiempo, buscar las respuestas y ofrecer una comprensión del proceso social. Sin embargo, sin aspirar a tal cosa, el historiador común y corriente sabe que su compromiso es dar claridad explicativa a los fenómenos sociales del pasado para comprender el presente. El libro que nos ocupa es un ejemplo de los caminos diferentes que pueden seguirse para hacer historia política.
    En el primer capítulo, Alicia Tecuanhuey analiza las últimas elecciones porfirianas, de amplia participación ciudadana; en el siguiente apartado, estudia el complejo año de 1911: elecciones locales, tanto las que tuvieron que suprimirse como las que se realizaron meses más tarde, y las generales para designar presidente y vicepresidente de la República, en las que, a diferencia de lo que    ocurrió de manera general, la votación disminuyó considerablemente. El capítulo tercero aborda las novedades del voto directo para designar legisladores federales poblanos, y los comicios locales que vuelven a atraer al electorado poblano; el cuarto, los avatares –que no resisten el calificativo de escasos– del año 1913: las elecciones extraordinarias estatales y las federales, que buscaban una salida política a la guerra civil que enfrentaba la nación. El último apartado, el quinto, puntualiza los comicios para integrar el Constituyente en 1916, y de manera particular las elecciones del 17, referidas a diputados federales y locales y al gobernador. Así, puede decirse que el título se queda corto, no insiste en que se trata de un trabajo que imbrica lo local y lo federal, precisamente uno de sus méritos.
    Enriquecen el libro múltiples cuadros y gráficas, además de varios apéndices: el que resume la experiencia política de los diputados propietarios de elecciones federales y estatales; el que incluye a los líderes de las organizaciones electorales de todo el periodo; el de resultados electorales y el anexo biográfico. Los investigadores que han trabajado procesos electorales para algún momento en particular de nuestra historia saben lo difícil que resulta localizar la información correspondiente. En ese sentido, la autora hace un aporte muy importante a los estudios históricos.
    Tecuanhuey reconoce explícitamente    que le interesaba “saber cuáles lógicas intrínsecas a las contiendas electorales propiciaron su desconocimiento como el medio aceptado socialmente para librar la disputa por la representación política y por qué”. Asimismo, reconoce que “El análisis secuencial de los comicios [le] permitió apreciar las tendencias y modalidades de la confrontación y poner a prueba la capacidad de los actores para generar mecanismos eficaces de identificación política” (p.26-27).
    La abundancia, la riqueza de una obra como la que nos ocupa es lo que suscita muchos comentarios, muchas inquietudes, y, sobre todo, el deseo de que la autora se extendiera y/o ahondara aún más en algunos puntos. Son los excesos del saber. El libro de Alicia Tecuanhuey ofrece aportes importantes: la posibilidad de emplear exitosamente las herramientas de dos disciplinas para alcanzar un conocimiento riguroso; nuevos datos para explicar el comportamiento de las élites y las agrupaciones políticas y los resultados de una comparación precisa de los procesos electorales en varios momentos. La secuencia, como ella misma reconoce, fue muy importante, pues, además de abundante en el número de comicios, se circunscribe a una etapa considerada definitoria de las posteriores. Los resultados de la investigación empírica arrojan conclusiones interesantes para quienes hemos sostenido que el proceso revolucionario no cambió el sistema político puesto en marcha de facto por el Porfiriato, por el contrario, lo confirmó por la vía legal. Ahora, con esta investigación, vemos que la cultura política prevaleciente tampoco sufrió alteraciones radicales –sólo unos cuantos buscaron los cambios y no los consiguieron. Nos dice Alicia Tecuanhuey sobre las elecciones de 1917: la vuelta al patrón porfirista, es decir, la reanudación de la cultura tradicional, manifiesta en los procesos electorales posrevolucionarios, fue la expresión del fracaso del proceso adaptativo, en virtud de que el vértice del sistema, el Ejecutivo, no pudo ser sustituido por otro órgano que dirigiera los cambios (p.280). Algunos problemas señalados en el libro llamaron particularmente mi atención.
    Uno es el de la gobernabilidad –me pregunto si en esos términos se lo plantearon como preocupación los actores políticos del momento. Otro punto es el de la pluralidad: ¿qué papel jugaba realmente este concepto hoy tan importante para nosotros? ¿Era motivo de inquietud para las facciones revolucionarias? El último: el de los partidos políticos. El libro muestra de manera contundente el esfuerzo por constituirlos; ya fueran de principios o personalistas parece que eran una necesidad social en el periodo estudiado, situación que no se comparte con etapas anteriores del Porfiriato. Así, quizá podamos considerar que este esfuerzo, que casi cumple un siglo, por constituir agrupaciones sólidas para apuntalar el sistema político mexicano ha tenido como contraparte los intereses del Ejecutivo en sus diferentes niveles de gobierno –y no me refiero a los de la agrupación que lo sostiene– sino precisamente los intereses personales de quien encarna en un momento determinado el poder ejecutivo.
    Dos puntos para debatir desde mi perspectiva, uno, la relevancia que la autora le da al Plan de la Empacadora suscrito por Pascual Orozco en 1912, al considerarlo “antecedente de la Constitución de 1917” (p.154, n.47). En todo caso el antecedente es el Programa de 1906 del Partido Liberal Mexicano, documento anterior al que se asemeja, pero sobre todo me inquietó que se dejara pasar la oportunidad para resaltar los vínculos que este movimiento contrario a Francisco I. Madero estableció con el clan Terrazas. El otro punto que me interesa señalar es la imagen que se ofrece de Madero como un manipulador de la política poblana, al “imponer” la candidatura de Nicolás Meléndez (pp. 269-270), y su comparación, en ese sentido, con Díaz. En lo que he leído sobre el periodo, en mi propia investigación sobre la XXVI Legislatura, y ahora en el trabajo de Alicia, no encuentro las evidencias de la intervención personal del líder revolucionario. Es decir, en mi opinión, no se ha demostrado de manera contundente que Madero violentara la ley para imponer candidatos. Porque tener preferencias por alguien y buscar su triunfo no significa imponer, y mucho menos, actuar ilegalmente.
    Después de leer Los conflictos de la élite poblana en las elecciones de 1910- 1917, puede uno explicarse por qué recibió el premio Salvador Azuela, 1998. Creo que en los últimos años en México, quienes más han trabajado en la historia política han sido los historiadores regionales de los siglos XIX y XX, pues siguiendo una de las posibles vertientes de los estudios regionales, han realizado estudios de coyuntura en torno a las relaciones entre el poder central y los poderes locales, que han venido a ofrecer nuevos elementos para la comprensión del sistema político mexicano. Tal vez hoy peque de pragmática, pero me parece que si necesitamos respuestas políticas para un sistema político a todas luces en crisis o, cuando menos, insatisfactorio para varios millones de mexicanos, es preciso saber cómo y por qué hemos llegado hasta aquí para proponer los cambios necesarios. El libro de Alicia Tecuanhuey nos ofrece conclusiones importantes que habría que tomar en cuenta.

JOSEFINA MAC GREGOR

Texto de la presentación del libro en el Instituto
de Ciencias Sociales y Humanidades de la BUAP,
el 18 de mayo de 2001.


LA PSICOLOGÍA DE INTERNET
PATRICIA WALLACE
PAIDÓS, 2001

Este oportuno y apasionante volumen explora los aspectos psicológicos del ciberespacio, un mundo virtual en el que personas de todo el mundo actúan e interaccionan de muchas maneras, nuevas e inusitadas, pero también, en ocasiones, alarmantes. Basándose en investigaciones afines a las ciencias sociales, la comunicación, la empresa y otros campos, Patricia Wallace examina la influencia que ejercen los entornos de Internet en nuestro comportamiento, para bien o para mal. Nuestra propia conducta en la red pasa a formar parte del entorno psicológico que Internet ofrece a los demás, dando forma así a las oportunidades necesarias para la creación de un nuevo territorio comunicativo en el marco de la interacción humana. Dado que el fenómeno Internet –y nuestra experiencia al respecto– todavía es muy reciente, este libro representa una excelente oportunidad para comprender paso a paso el curso de su desarrollo como tecnología social, capaz de influir en cualquier tipo de actividad humana.


NO Y SÍ SOBRE LA GÉNESIS DE LA COMUNICACIÓN HUMANA
RENÉ A. SPITZ
PAIDÓS, MÉXICO, 2001

Este libro presenta una investigación sobre los comienzos ontogénicos del hombre, sobre los procesos mediante los cuales la especie logra su dignidad de ser humano. Su tema es el origen de la semántica y de la comunicación verbal, los comienzos de los procesos del pensamiento y de la formación de conceptos. Y se centra sobre todo en la vida del bebé, en su segundo año de vida. El propósito es, finalmente, combinar estas exploraciones sucesivas en un cuadro panorámico en el que la ontogénesis del yo, el despliegue y la formación de las relaciones objetales, la fundación y el establecimiento de la estructura de la personalidad y el logro total de la relaciones sociales sean presentados desde un punto de vista psicoanalítico. Como dice Arminda Aberastury en su prólogo respecto a René A. Spitz: “Sus conclusiones sobre los primeros patrones de conducta son un aporte valioso por la agudeza y precisión en el detalle de sus observaciones. Estas condicionesexcepcionales de su libro permiten superar las divergencias que pudiéramos tener con algunos de sus puntos de vista, ya que constituyen un material lleno de riqueza que excita el afán de investigar en éste y otros campos. Por lo que enseña sobre los primeros patrones de conducta y su evolución ulterior, es un libro fundamental para todo aquel que se ocupa del hombre”.


¿LA CONSTRUCCION SOCIAL DE QUÉ?
IAN HACKING
PAIDÓS, 2001

En el debate sobre la construcción social hay implícita una cuestión importante: ¿qué se está construyendo en realidad? ¿Los hechos? ¿El género? ¿Una persona? ¿Un objeto? ¿Una idea? ¿Una teoría? Cada caso implica una noción diferente de construcción social, razón por la cual este libro se dedica a explorar un amplio abanico de ejemplos con el fin de revelar las profundas cuestiones que subyacen bajo formas enfrentadas de ver la realidad. Especialmente problemático se muestra el estatus de las ciencias naturales, tema en el que Hacking encuentra alguno de sus ejemplos más esclarecedores: desde el conflicto entre los enfoques biológico y social de la enfermedad mental hasta los distintos conceptos que está vertiendo la investigación actual sobre la geología de los sedimentos.
    Escrito con elegancia y fino ingenio por uno de los más distinguidos filósofos de la ciencia de la actualidad, este texto cuestiona los argumentos más habituales sobre la naturaleza del conocimiento y arroja luz sobre sus más oscuros recovecos.


EL BUEN PERDEDOR
MARCOS WINOCUR
UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE PUEBLA, 2001

El buen perdedor ha renunciado a la lucha.    Si por azar, un trofeo llega a sus manos, las abre dejándolo caer. En verdad, no está programado para los días que corren, abuelita desde ultratumba continúa regañándolo:
    –¡Eh, bueno para nada, no friegues, ya vete! ¿A dónde ir? A encerrarse con los libros, que acabará odiando. Por lo demás, siempre se puede optar por el destierro definitivo, suficiente parea transponer las puertas emparejadas del suicidio. Desde niño, los fracasos se le aparecen como espejos de doña Noojos, así llama a la muerte. Y un buen día, nuestro antihéroe se topa con inusual espectáculo al entrar al cementerio: ¡en su propia casa, mítin contra la muerte¡ Ella es El Gran Fracaso.
    Cuando sea derrotada –piensa el buen perdedor–, adiós al problema, todos seremos ganadores por igual.


EL PAGO DE LA NOVIA
MARÍA EUGENIA D’AUBETERRE BUZNEGO
EL COLEGIO DE MICHOACÁN/UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE PUEBLA, 2000

Cómo, cuándo, dónde y con quién casarse son decisiones que despiertan pasiones y opiniones entre contrayentes, familiares y la sociedad en general. Desde hace tiempo, estudios antropológicos y sociológicos han insistido en que los enlaces conyugales no son un asunto sólo de dos individuos sino de dos familias, cuando no de comunidades enteras, y más aún en el caso de comunidades transnacionales.
    Tomando el caso de una localidad poblana con raíces nahuas que ha experimentado procesos migratorios acelerados hacia los Estados Unidos desde los años ochenta, la autora incursiona con originalidad y agudeza etnográfica en esta cuestión. Documenta cómo las nuevas generaciones de migrantes gestan novedosas estrategias y prácticas matrimoniales acrisoladas en un incesante dialogar entre el costumbre y la invención. Muestra cómo el sistema matrimonial, visto como una armazón de principios para formar, regular y disolver las uniones conyugales, ha sido substancialmente reordenado a consecuencia de la migración transnacional.


HITOS EN LA HISTORIA UNIVERSAL DE LA MEDICINA
RAFAEL VALDEZ AGUILAR
UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE PUEBLA, 2001

Este libro está dirigido a los médicos y al personal de salud de otras disciplinas afines, a estudiantes de medicina y, en general, al público interesado en el desarrollo de la medicina y su impacto en la cultura universal. Es una recopilación de artículos y ensayos cortos, escritos en diferentes épocas en distintas revistas y suplementos culturales, así como textos inéditos, escritos específicamente para completar el mismo, procurando abarcar desde el inicio de la medicina occidental en el siglo XII a.C. hasta nuestro tiempo. Tiene como objetivo principal relacionar sucesos importantes que cambiaron el curso de la medicina occidental.
    El estudio de la historia universal de la medicina nos permite entender cómo ha evolucionado, su procedencia, su estado actual y su posible desarrollo futuro.



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