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Elementos No. 37, Vol. 7, Febrero - Abril, 2000, Página 53
Circulaciones

Pedro Ángel Palou García                 Descargar versión PDF


En la disputa eterna entre la tradición y la revolución –incluidos sus vastos ejércitos–, habrá quienes recuerden a Duchamp o a Apollinaire para decir que todo es una recreación de lo ya hecho. Habrá también quienes, por el contrario, afirmen la innovación como el valor supremo y casi único en la obra artística. Ni unos ni otros, parece contestarnos Gerardo Suter.

En su trayectoria, ya vasta, su última instalación, Circulaciones, teje los hilos del cuerpo, la memoria y el tiempo. Los elementos de la trenza que nos sirven para vivir la experiencia de su instalación, para instalarnos de viaje, circulando, por su espacio. No nos llamemos a engaño: su ruptura es un largo camino, los resultados de esa búsqueda que es de vanguardia, son los logros de la madurez de una propuesta que aunque inicia en la fotografía dialoga con el lenguaje del video y con pistas sonoras. Se trata, pues, de una foto/video instalación que, estoy seguro, cambiará nuestra manera de ver, por lo que celebramos que el Museo Amparo de Puebla haya sido el recinto que acogió, durante los meses pasados, esta propuesta.

Desde 1978, en su primera exposición en Puebla, hasta la realizada en la galería de la Americas Society en Nueva York, en 1999, Suter ha sabido convivir con los espacios museográficos y convertirlos en espacios propios, personales. En su obra Circulaciones la ciudad será también un cuerpo, una memoria y un tiempo, el de la total interioridad. Cada quien circulará por su propia instalación con los textos y pretextos de Suter. No hay vuelta atrás, más que la oscuridad y por ello la memoria irá haciéndose de la superposición de imágenes y de múltiples velos que develan lo que cada uno experimentará ante ellos, siempre con la frase de Thomas Mann entre ceja y ceja: "La belleza te puede perforar como el dolor".

Hay, por supuesto, un dejo de melancolía en la impresionante sobriedad de Suter. Haces de luz que nos guían en la memoria, nos recuerdan que estamos hechos de carne, de arena, de tiempo. Tal vez del tiempo circular de sólo un minuto como en la pieza de arena expuesta en la tercera sala. Una melancolía del amor.

Kierkegaard descubre que tras la idea del amor se revela el sujeto viviente, el hombre de carne y hueso –había asistido en Berlín a los cursos de Schelling en la universidad. El filósofo pronunció la palabra favorita de Sören: realidad. El otro como presencia real, criatura extraña, ajena y posible enemiga del yo amante. Ver su Diario de un seductor donde propone la idea filosófica de un don Juan reflexivo. Ir al otro para conocer su misterio: "La conciencia aparece en él solamente bajo la forma de un conocimiento más elevado que se expresa como quietud... valiéndose de sus finísimas facultades intelectuales, sabía inducir en tentación a una joven" –Regina Olsen. Una vez develado el enigma de la amada, la abandona porque el amor se consuma en el descubrimiento. Para Kierkegaard el amor es sólo momentos prodigiosos, exaltados que se agotan una vez vividos. Los ojos que miran unos ojos que también miran. "La melancolía es una manera, por tanto, de tener; es la manera de tener no teniendo, de poseer las cosas por el palpitar del tiempo, por su envoltura temporal. Algo así como una posesión de su esencia, puesto que tenemos de ellas lo que nos falta, o sea lo que ellas son estrictamente", dice María Zambrano.

Para mí Circulaciones es un libro. Estoy en un libro que es un escenario abierto.

En él, como en la vida, viajo de lo público a lo privado, de lo pedestre a lo esencial, de lo portátil a lo denso. No es cierto. Estoy en un libro que es una biblioteca que es una casa que es una galería de retratos que es un estadio. En él grito, como los otros, los muchos otros que soy yo. No es cierto. Estoy en un libro que discute con sus máscaras como lo hacía Barthes. No es cierto. Estoy en un estadio que es un libro y que es también una calle (los antropólogos la llamarían calzada) donde, desde tiempos inmemoriales, se practica el ejercicio de la instrospección. Estoy en un libro construido con cenizas, escrito entre los renglones de la historia, como colándose por ellos. Estoy en un libro que es la ciudad: "Importa poco no saber orientarse en una ciudad. Perderse, en cambio, en una ciudad como quien se pierde en el bosque requiere aprendizaje". Requiere un guía dispuesto, un libro, o las ruinas del libro. No es cierto. Estoy en un libro que discute con la modernidad desde la periferia, desde la mirada estrábica del artista plástico latinoamericano, ex-traditado, obligado siempre a recordar una tradición perdida, forzado a cruzar la frontera, con un ojo puesto en la inteligencia extranjera y el otro en las entrañas de su patria.

La obra entera de Suter es un guiño, es el gesto supremo de la ironía. ¿Qué significa la risa en el proyecto moderno? Baudelaire define la modernidad como lo transitorio, lo fugaz, lo contingente. La risa irrumpe en ese escenario con una percepción lúdica. La vida aparece como un juego literario y el juego se transfigura en una metáfora de la existencia. El ritmo del mundo se mide con la ironía de lo pasajero, con la burla de lo efímero, con el humor ante la vacilación.

La risa comunica la levedad al orden del mundo.

Italo Calvino incorpora la levedad al corpus de los conceptos literarios.

Según su acepción, la levedad participa en un juego de oposiciones, esgrime una resistencia al peso de vivir. Como en la vida lo que elegimos y despreciamos por ser leve no tarda en revelar su propio peso insostenible –dice Calvino–, sería preciso invocar la risa. Porque el humor inyecta levedad en las cosas. ¿La levedad de Calvino es la transparencia de Suter?

¿Qué se entiende por la oposición entre peso y levedad? "El peso de vivir para Kundera –explica Calvino– está en toda forma de constricción: la tupida red de constricciones públicas y privadas termina por envolver toda existencia en una trama de nudos cada vez más apretados... el humor es lo cómico que ha perdido pesadez corpórea y pone en duda el yo y el mundo y toda la red de relaciones que lo constituyen... Transmite el sentido de la precariedad de los procesos que las han creado"; para los humoristas la levedad prevalece en las relaciones humanas y nos transmite la fugacidad de la existencia y lo contingente de cada acto, lo pasajero y azaroso que puede ser nuestro comportamiento.

Enrique Lynch, en su ensayo "La moral y la fábula" plantea una duda: "¿Por qué estoy tan dispuesto a ceder en mi autonomía moral cuando me pongo en contacto con la literatura?" (Y nosotros agregamos, con el arte, con la obra plástica, con la instalación, con la fotografía, con la mirada). La fábula y la sátira pertenecen a un género híbrido, bifurcado entre literatura y filosofía. Los relatos o narraciones morales que se producen en la confluencia entre un desasosiego suscitado por el sinsentido de los valores y un anhelo para reformar las conductas individuales. La idea de que la literatura sirve como técnica para cambiar las conductas anima la escritura de los moralidas. ¿En qué punto se tocan estas dos concepciones? Fábula y sátira revierten para moralizar. Sigue Lynch: "¿Por qué es lícito extraer un conocimiento moral de nosotros mismos por el mero hecho de recrear literariamente las acciones protagonizadas por otros?"

Mejor guardo silencio y los invito a circular libremente con Gerardo Suter por estos sus otros laberintos de la memoria, por esta retrospectiva que publica Elementos. No será poco lo que lo obtengamos, entonces, de enseñanza moral.

Pedro Ángel Palou García es Secretario de Cultura del Estado de Puebla.



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