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Elementos No. 37, Vol. 7, Febrero - Abril, 2000, Página 27
Giovanni Battista Morgagni y la anatomía patológica moderna

Rafael Valdez Aguilar                 Descargar versión PDF


Antecedentes y contexto

A pesar de que la anatomía se había convertido en el eje del desarrollo científico de la medicina en los siglos xvi y xvii, es realmente a partir del siglo xvi, cuando se hizo más frecuente la práctica de disección de cadáveres para la enseñanza de la anatomía en medicina y con fines legales, especialmente a raíz de las aportaciones de Andrés Vesalio que fundó una nueva anatomía descriptiva humana con su obra publicada en Basilea, en 1543, Siete libros sobre la estructura del cuerpo humano (De corpori humani fabrica libri septem).1

La investigación anatómica se desarrolló notablemente durante todo el siglo xvi, especialmente por Vesalio y sus discípulos, que constituyeron la vigorosa escuela italiana de anatomía. Mientras mejor se conocía la estructura del cuerpo humano, mayor era el interés por conocer el funcionamiento del mismo a través de sus órganos. De una anatomía morfológica se pasó, de modo paulatino, a una "anatomía animata", dinámica, gracias principalmente a William Harvey quien descubrió la circulación de la sangre. Aun cuando la anatomía y la fisiología no constituían todavía un cuerpo sólido de conocimiento, ya que la enfermedad continuaba interpretándose por los médicos de la manera tradicional, la evolución de ambas disciplinas, al profundizar en el conocimiento de la estructura y la función del cuerpo humano, facilitó la resolución paulatina del problema de la enfermedad por medios científicos.2

La mayor incidencia de disecciones en cadáveres humanos trajo aparejado un aumento en el número de hallazgos anatomopatológicos tales como adherencias, fibrosis, úlceras, fístulas, cálculos y tumores, desconocidos hasta el momento, y a los que los clínicos y patólogos de la época no daban mayor importancia; en el mejor de los casos constituían observaciones casuales que servían para ilustrar algunas historias clínicas. Tal es el caso de Antonio Benivieni (fallecido en 1502), quien en un pequeño libro consigna un centenar de observaciones clínicas, a las que se agregan informes anatomopatológicos precisos.3

En los siglos xvi y xvii se incrementó el número de los hallazgos en los estudios anatomopatológicos y se multiplicó el interés por los mismos. Entre los ya numerosos testimonios al respecto, merece citarse a Teófilo Bonet, quien supo reunir en su libro Sepulcreto (Sepulcreto sive anatomia practica, 1679) un número importante de casos anatomopatológicos con su respectivo protocolo de autopsias.4 Sin embargo, fue el gran anatomista, también italiano, Giovanni Battista Morgagni, con su obra Cinco libros sobre la localización y causas de las enfermedades, por investigación anatómica (De sedibus et Causis morborum per anatome indagatis, 1761), quien constituye el inicio de la anatomía patológica moderna, así como el punto de partida de la medicina anatomoclínica y la base científica del futuro método anatomoclínico.

Vida de morgagni

Giovanni Battista Morgagni, a quien el claustro de estudiantes alemanes de la Universidad de Padua le otorgara el título de "Anatomicorum totios Europae princeps", nació en Forli, en la Romaña, el año de 1682. Desde temprano mostró un notable interés por los temas científicos y una gran inteligencia que asombraba a todos los que lo conocieron. Una vez realizados sus estudios elementales y preparatorios, matriculó en 1698, a los 16 años, en la Facultad de Medicina de la Universidad de Bolonia que, en esa época, era considerada como una de las mejores del continente europeo.

Es precisamente en esta universidad en la que Vasalva, discípulo de Malpighi, impartía clases de anatomía manteniendo viva la gran tradición de la investigación anatómica científica de la escuela italiana. Morgagni pronto se convirtió en el discípulo predilecto de dicho maestro. En 1701 se graduó como doctor en medicina y, en 1706, entregó a la imprenta su primera obra de anatomía humana que tituló Adversaria anatomica prima, en la que siguiendo la línea de su maestro Vasalva, se ocupaba en forma preeminente de la estructura anatómica de la laringe. A la edad de 25 años había sido nombrado lector y disector en el teatro anatómico de la Facultad de Medicina en Bolonia. En 1707, en una decisión sorprendente, dejó dicha universidad para dedicarse a la práctica particular de la medicina en su natal Forli y en Venecia. Poco tiempo duró en esta actividad ya que, en 1711, el senado véneto le ofreció la cátedra de Medicina Teórica de la Universidad de Padua; en 1715 se le otorgó el nombramiento de profesor de anatomía, cátedra que Morgagni conservó hasta su muerte.5

Si bien es cierto que a Morgagni se le recuerda más por ser el fundador de la anatomía patológica y de la medicina anatomoclínica, hay que señalar que también realizó importantes descubrimientos en el campo de la anatomía humana normal. En 1717 publicó su Adversaria anatomica altera, en la que muestra una atención especial al tejido adiposo, a la vesícula biliar y sus conductos, a la estructura del pulmón y a la musculatura del esófago y del intestino. Otro hallazgo anatómico importante realizado por este investigador fue el del cornete superior de la cavidad nasal, mismo que lleva su nombre; puso de relieve también detalles importantes de la laringe, de las glándulas y de la carúncula lagrimal; realizó asimismo una detallada descripción del oído interno, poniendo en evidencia el orificio que da paso al nervio ampular posterior.6 Ninguna parte del cuerpo humano escapó a sus investigaciones; describió el ligamento suspensor del pene, los orificios y los canales paraureterales, el lóbulo medio de la próstata y la fosa navicular de la uretra. En el intestino señaló la válvula iliocecal y los repliegues del intestino recto; éstos son conocidos actualmente como válvula y columna de Morgagni, respectivamente. En el corazón descubrió los nódulos de las válvulas sigmoideas de la arteria pulmonar. Finalmente dedicó también su atención al himen y a la mama, descubriendo en esta última las glándulas sebáceas situadas en la areola del pezón y que en su honor se denominan columnas de Morgagni. En 1771, después de una larga y fecunda vida, plena de gloria y reconocimientos, Giovanni Battista Morgagni falleció en Padua.7



Obra principal de morgagni

La obra escrita más importante de Morgagni, ya lo hemos señalado, es Cinco libros sobre la localización y causas de las enfermedades, por investigación anatómica, texto impreso en Venecia en 1761. A lo largo de toda la obra, Morgagni supera ampliamente los conocimientos anatomopatológicos vigentes hasta entonces. La ardua labor de Morgagni comprende unas setecientas páginas escritas, en las que refiere unas quinientas historias clínicas a las que adjunta el correspondiente protocolo de autopsias y el comentario epicrítico. El paralelismo existente entre las lesiones anatómicas y los síntomas clínicos constituyeron la base de sus historias anatomomédicas.

Morgagni se dedicó a correlacionar los hallazgos anatómicos en las piezas disecadas con los síntomas observados durante el padecimiento mortal del individuo. Estableció el método de investigación anatomomédico o anatomoclínico que desde entonces se ha venido usando en medicina clínica con excelentes resultados. Giovanni Battista llegó a la conclusión de que este método era fundamental; él comparaba los datos de la historia clínica con el protocolo de autopsia. La enfermedad, de acuerdo con esta línea de pensamiento, puede ser localizada, tiene un asiento, reside en los órganos, los cuales tienen una estructura anormal cuando están enfermos; y si su estructura es diferente, su función también tiene que serlo; este funcionamiento anormal es la causa de la aparición de las molestias y los hallazgos físicos en el enfermo. El carácter de la lesión anatómica determina la clase de enfermedad que prevalece.8

Una característica fundamental del método de Morgagni radica en el rigor y veracidad de sus investigaciones en la necropsia, así como en la fidelidad y fiabilidad de sus datos acerca de las lesiones que observa. La obra de Morgagni constituye la culminación del esfuerzo disectivo en favor de los cuadros anatomopatológicos –desde M. Malpighi, Antonio María Vasalva y Albertini, perfeccionados y coronados por su obra– y es el monumento más importante de la anatomía patológica del siglo xviii.

La anatomía patológica tuvo una gran repercusión científica y representó un progreso importante. Las entidades patológicas podían definirse con mayor exactitud. Enfermedades como la neumonía, la úlcera péptica, la cirrosis hepática y el cáncer cérvico uterino, se caracterizaron ya no sólo por un conjunto de síntomas clínicos, sino también por alteraciones anatómicas típicas. Además de su valor científico, la anatomía patológica tuvo importante aplicación práctica. Averiguar los cambios anatómicos ocurridos en el paciente permitía un diagnóstico más exacto que en el pasado. Este diagnóstico también determinaba en gran parte el tratamiento que debía realizarse. Más tarde, a principios del siglo XIX, las enfermedades se buscaron en los tejidos (Bichat), y después, en 1858, en la células (Virchow).

La obra de G.B. Morgagni fue retomada en Italia por otros anatomistas como L. Caldani de Bolonia, que en sus Instituciones patológicas (Padua 1772), declaró seguir a Boerhaave, Haller y Graub, al explicar las lesiones. En Nápoles surgió Domenico Cirillo (1739-1799), nacido en Grugno, interesado en su juventud por las ciencias naturales, particularmente la botánica, cuyos trabajos justificaron su elección a la Royal Society. Publicó Oservazioni... alla lue venerea, en Nápoles, 1783, sobre el tratamiento de la sífilis con ungüento mercurial. Los estudios de D. Cotugno, anatomista napolitano importante, en De ischiade nervosa comentarius (Nápoles, 1764), diferenciaban el síndrome de la artritis aguda de la ciática, resultante esta última de compresiones del nervio ciático. Cotugno describió la nefritis aguda y demostró la coagulación de la albúmina al calentar la orina de enfermos de hidropesía. Realizó también investigaciones sobre el control de la viruela y la tuberculosis pulmonar e hizo descripciones de las lesiones intestinales en la fiebre tifoidea.9



Notas

1 López Piñero, J.M., Historia de la medicina, Madrid, Biblioteca Historia 16, 1991, pp. 50-53.
2 Sigerist, H.E., Civilización y enfermedad, México, Fondo de Cultura Económica, Biblioteca de la Salud, 1987, pp. 195-198.
3 Riera, J., Historia, medicina y sociedad, Madrid, Ediciones Pirámide, 1985, pp. 196-197.
4 Ibid., p. 197.
5 Laín Entralgo, P., Historia universal de la medicina, Tomo 5, Barcelona, 1976, p. 24.
6 Ibid., p. 25.
7 Loc. cit.
8 Margotta, R., Historia de la medicina, México, Edit. Novaro, 1972, p. 222.
9 Riera, J., Op. cit., p. 198.

Rafael Valdez Aguilar es profesor de la Universidad Autónoma de Sinaloa.



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