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Elementos No. 110               Vol. 25 Abril-Junio, 2018, Página 33

Obra gráfica. La sangre y la lluvia

Yael Martínez/Orlando Velázquez
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Yael Martínez (1984, Guerrero, México)


Fotógrafo documental beneficiario del Premio Magnum Emergency Fund y del Premio Magnum On religion 2017 por la Fundación Magnum - Nueva York.
Cursó el Seminario de Fotografía Contemporánea 2010 del Centro de la Imagen. Ha participado en muestras colectivas en México, Chile, Brasil, Colombia, Suiza, Estados Unidos, España, Argentina y Noruega. Obtuvo la beca de Jóvenes Creadores del FONCA en las emisiones (2011, 2013 y 2016). Recibió el Premio de Adquisición XXXIV Encuentro Nacional de Arte Joven 2014 México. Finalista Eugene Smith Grant 2015 y 2016. Seleccionado Joop Swart Master Class Latinoamérica Word Press Photo 2015. Nominado para The Foam Paul Huf Award 2016-2018. Obtuvo el Segundo Premio del Photographic Museum of Humanity PHMuseum 2016 Grant. Seleccionado 4th Annual New York Portfolio Review, organizado por el New York Times en 2016. Nominado para el premio Prix Pictet y para el premio Infinity Awards 2017.
    Su obra forma parte de las colecciones del Bronx Documentary Center N. Y. La fundación Televisa, Museo de Arte Contemporáneo de Aguascalientes, la Fototeca Nacional del INAH y del Instituto Nacional de Bellas. Colección Toledo-INBA.

Orlando Velázquez (1989, Guerrero, México)

Artista gráfico e ilustrador, su trabajo explora conceptos de lo sagrado y lo profano a través del estado actual de violencia y muerte en el estado de Guerrero. Graduado del Centro Morelense de las Artes, su obra ha sido expuesta en México, Canadá, Estados Unidos y Francia. Seleccionado en la Bienal Internacional de Grabado y Estampa José Guadalupe Posada en 2017 y 2015 y en la Quinta Bienal Nacional de Artes Gráficas Shinzaburo Takeda 2016. Recibió el Premio de Adquisición XXXIV Encuentro Nacional de Arte Joven 2014 Aguascalientes, México y la beca Jóvenes Creadores del FONCA en la emisión 2016.


En la montaña de Guerrero hay comunidades que todavía realizan ceremonias prehispánicas. Son pueblos indígenas que ven la sangre y la lluvia como sagradas. Nuestro proyecto La sangre y la lluvia busca una manera de documentar los rituales y sacrificios de petición de lluvia; algunos de estos rituales no pueden ser fotografiados y partiendo de esta limitante se planteó la idea de trabajar con dos disciplinas (fotografía y gráfica) en los rituales que pudimos documentar. Al combinar la fotografía con el dibujo encontramos una forma de explorar las capas de lo físico y lo metafísico en estos rituales sin exponerlos ni violarlos.
    Para nosotros es muy importante representar de manera simbólica la relación que existe entre las personas, sus dioses y la naturaleza. Queríamos hablar sobre el estrecho vínculo que se mantiene entre ellos y cómo el ritual de la lluvia es más que un evento o una actuación, es una filosofía de vida que mantiene en equilibrio los ciclos de fuerzas sagradas como el viento, el Sol, la lluvia, la tierra. Donde, a través del sacrificio y el dolor, la sangre se dona con agradecimiento a la tierra, la generadora de la vida.
    Cuando visitamos este lugar sagrado pensamos en la fe y en lo que puede llevar a una persona a escalar una montaña, a cruzarla a pesar del clima, el dolor o la fatiga. Y pensamos en lo que hace que algunos miembros de la comunidad de Zitlala ofrezcan su dolor y su sangre para devolver algo a la tierra: el inmenso ser sagrado.
    “Pensarán que fue todo un sueño”, fue lo que nos dijo René antes de subir; él es Tigre de Zitlala y hace tres años sufrió un accidente cuando subía a la montaña, perdió el conocimiento y tuvo fracturas que pusieron en riesgo su vida. Afortunadamente lograron descenderlo del Cruzco para que recibiera atención. Nos dijo que la santa Cruz le dio oportunidad de vivir y seguiría subiendo a ofrendar a la montaña mientras tenga vida
    Cuando visitamos este lugar sagrado pensamos en la fe y en lo que puede llevar a una persona a escalar una montaña, a cruzarla a pesar del clima, el dolor o la fatiga. Y pensamos en lo que hace que algunos miembros de la comunidad de Zitlala ofrezcan su dolor y su sangre para devolver algo a la tierra: el inmenso ser sagrado.



© Yael Martínez. De la serie La sangre y la lluvia, 2017. (Fotos izquierda y derecha superiores).



© Yael Martínez
. De la serie Tierra mojada, 2016.



© Yael Martínez. De la serie Tierra mojada, 2016. (Fotos izquierda y derecha inferiores).

              
    “Pensarán que fue todo un sueño”, fue lo que nos dijo René antes de subir; él es Tigre de Zitlala y hace tres años sufrió un accidente cuando subía a la montaña, perdió el conocimiento y tuvo fracturas que pusieron en riesgo su vida. Afortunadamente lograron descenderlo del Cruzco para que recibiera atención. Nos dijo que la santa Cruz le dio oportunidad de vivir y seguiría subiendo a ofrendar a la montaña mientras tenga vida.
     El estado de ayuno, el mezcal, la deshidratación y el cansancio nos generaba un estado distinto en la percepción de la realidad; yo estaba a unos metros delante del grupo y escuché cómo una gran roca venía rodando desde arriba de la montaña, tuve miedo y grité: ¡una roca! Traté de esquivarla cuando esta ya me había golpeado en la parte inferior de mi pierna derecha en el tobillo, caí; miré hacia atrás y vi cómo la misma roca golpeaba en la cara a uno de los tigres que venían en nuestro grupo, el tigre perdió el conocimiento un par de minutos y los otros dos chicos me gritaban que regresara, estaba temblando, traté de regresar y varias rocas se desprendieron, me dijeron que no lo hiciera y en uno de esos intentos resbalé y me golpee la costilla izquierda; sentí un dolor muy intenso en todo mi cuerpo y traté de recuperarme.
    Fue una situación extrema y solo pedía que alguien nos ayudara, José pudo recobrar la conciencia y se puso de pie, su rostro lucía completamente desfigurado por el golpe de la roca, tomaron un pañuelo y le secaron la sangre del rostro y lo dejaron en el mismo sitio donde la roca había golpeado a José, y continuamos subiendo; antes de subir miré toda la sangre que se había derramado en el cerro, un tigre ya había ofertado sacrificio.
    Llegamos a la cueva y en el espacio reducido de la entrada rociaron a José con mezcal para desinfectar la herida. Le sugerí que bajara de la montaña porque el golpe se veía muy mal, pero rehusó. Yo entré con otro grupo de tigres a la cueva; la cueva era fría, húmeda, espiritual. Era otro mundo al de afuera, ya que a esa hora el Sol estaba ya en lo alto y el calor era sofocante. Estábamos dentro del corazón de la montaña y ahí ofrendamos nuestro sacrificio, las flores y las velas y cantamos a la cruz. Estaba en un lugar sagrado y después de la jornada el sueño tomaba forma, tomaba un sentido, ahora mis ojos miraban lo que miran los tigres en su ritual. Y en ese momento... ya se había ofrendado sangre para la lluvia.
    La sangre y la lluvia es un proyecto colaborativo apoyado por la Fundación Magnum Nueva York en colaboración con la New York University y The Henry Luce Foundation sobre el proyecto On religion.




© Yael Martínez/Orlando Velázquez. De la serie La sangre y la lluvia, 2016/2017.
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